1 agosto 2004
Primarias EEUU: Los Demócratas eligen al senador John Kerry como candidato para tratar de evitar la reelección del presidente George W. Bush
Hechos
El 1 de agosto de 2004 se celebraron las convenciones para la elección de candidatos a la presidencia de Estados Unidos de América.
04 Marzo 2004
El otro es Kerry
Definitivamente, será John Kerry el rival de Bush en las elecciones presidenciales de noviembre. La rotunda victoria del senador por Massachusetts en las primarias del supermartes, en ocho de nueve Estados, le catapulta como aspirante demócrata a la Casa Blanca. Al también senador John Edwards sólo le queda arrojar la toalla después de quedar en un lejano segundo lugar en la mayoría de las votaciones. Su capacidad y la franqueza de su discurso harían de él un excelente compañero de candidatura para Kerry.
Un calendario electoral absurdo ha propiciado que Estados Unidos tenga por delante ocho interminables meses de campaña que, a juzgar por los primeros escarceos, será tan dura y marrullera como dilatada. Kerry va a tener la rara oportunidad de contar con el tiempo suficiente para proyectarse como alternativa creíble. Las debilidades de Bush son muchas, con vértices como Irak, las masivas rebajas fiscales a los ricos, un déficit estratosférico o su cruzada ultraconservadora en las costumbres. Y quizá se agudicen a lo largo del año, a medida que vayan decantándose situaciones exteriores (Irak, Afganistán) de cuya evolución puede depender su suerte. Pero el actual inquilino de la Casa Blanca compite con una formidable maquinaria y grandes presupuestos que difícilmente podrá emular Kerry. Los estadounidenses tienen serias dudas sobre la honestidad de Bush, pero todavía le valoran muy por delante de Kerry en carácter y liderazgo políticos.
John Kerry ha demostrado en estos meses una consistencia superior a la que se le suponía. El aspirante demócrata ha encadenado triunfos en caucuses y primarias con inesperada facilidad. Los votantes de su partido han tenido claro que apostaban por un candidato con posibilidades. Pero el senador tiene flancos vulnerables, como es la abierta contradicción entre su prédica actual inequívocamente liberal y sus votos frecuentes en el Senado por algunas de las grandes causas republicanas.
Quizá esta incongruencia tenga menos consecuencias en la campaña presidencial que el peso de las etiquetas que pueden marcar definitivamente a un rival. En este sentido, el distante Kerry -así le perciben sus conciudadanos- debe guardarse sobre todo de parecer un liberal bostoniano. Algo que en el conjunto de EE UU, y especialmente en el decisivo sur, equivale a ser una especie rara sin contacto con la realidad.
07 Julio 2004
Kerry acierta
Con la elección del telegénico senador John Edwards como aspirante a la vicepresidencia de EE UU, el candidato demócrata a la Casa Blanca ha dado el paso decisivo para poner la campaña electoral en velocidad de crucero. A partir de ahora y hasta los ritos de la convención demócrata -a finales de mes, en Boston-, John F. Kerry tiene el tiempo justo para acabar de perfilarse ante la opinión pública como el hombre que puede desbancar a Bush de la presidencia en unas elecciones muy especiales, las primeras desde el 11-S y la guerra de Irak.
Edwards es sobre el papel la decisión adecuada en la carrera hacia el poder. Pese a su corta experiencia política, el senador por Carolina del Norte ha demostrado en las primarias de su partido, de las que se apeó a comienzos de marzo, su capacidad dialéctica y una franqueza de discurso que suple las carencias de Kerry. El candidato presidencial demócrata, pese a haber gastado 60 millones de dólares en publicidad desde que consiguiera la nominación, no es hoy mucho mejor conocido del público que entonces. Sobre Kerry, que hasta ahora ha basado su estrategia electoral en asistir desde un segundo plano al desgaste de Bush por la situación iraquí, planea la sombra de su frialdad. El senador por Massachussetts ha conseguido recaudar vía Internet 150 millones de dólares para su campaña, pero sigue sin suscitar el fervor de las bases demócratas.
La designación de Edwards, su rival más consistente en las primarias, debe aportar el toque populista que la campaña de Kerry necesita. Pese a su condición de millonario, como todos en los dos tickets presidenciales, el senador por Carolina del Norte puso el énfasis durante las primarias en la urgencia de acortar el foso entre la América de los acomodados y la de los perdedores. Como extravertido sureño y mucho mejor comunicador, Edwards está llamado a cubrir el déficit de atractivo que Kerry padece en el sur, donde sigue a la zaga de Bush en las preferencias de los votantes. El sur -donde ser y parecer un liberal bostoniano es anatema- es un espacio político decisivo y la asignatura pendiente de JFK.
Cuando tras la convención republicana de agosto comience en serio la pelea por la Casa Blanca, a los demócratas presumiblemente no les bastará esperar la autodestrucción de Bush. La designación de Edwards debe marcar entonces la naturaleza de una campaña en la que Kerry deberá convencer a los estadounidenses de que puede empuñar el timón del barco.
23 Agosto 2004
La guerra de Kerry
Cuando Estados Unidos se encuentra inmerso en una guerra equivocada en Irak, es, sin embargo, otro conflicto librado hace 25 años en Vietnam el que centra la campaña electoral entre Bush y Kerry. En aquella guerra, Kerry mandó una patrullera en el Mekong y recibió dos medallas por heroísmo. ¿Debidas o indebidas? Los republicanos sostienen lo segundo en una campaña amarillenta de anuncios en televisión pagados por amigos de Bush en Tejas, que, pese a su burdo contenido, han dañado, temporalmente, las posibilidades de Kerry de llegar a la Casa Blanca.
No puede ser ajeno a la elección de ese tema el hecho de que su propio candidato, el actual presidente Bush, se libró por enchufe de ser destinado a Vietnam y parte de cuya documentación sobre su servicio militar ha desaparecido misteriosamente, o que el vicepresidente Cheney consiguió retrasar suficientemente, cinco veces, su incoporación a filas hasta que EE UU se hubo retirado de Indochina. Pero seguramente ha sido un error estratégico de Kerry plantear sus logros en sus cinco meses de destino en Vietnam -guerra que luego criticó- para demostrar su capacidad como comandante en jefe en tiempos bélicos. Ante el ataque de los republicanos, conscientes de que Bush tiene que rebañar todos los votos posibles -y son 2,5 millones los veteranos de Vietnam-, Kerry se mantuvo a la defensiva, pero ahora se ha visto obligado a contraatacar, también por medio de anuncios en televisión no pagados directamente por su partido.
Ésta es la campaña electoral más cara en la historia de EE UU, con ambos candidatos prácticamente igualados a este respecto. Eran previsibles los golpes bajos. El equipo de Bush es un especialista en la táctica de difamar. Más aún cuando, a 11 semanas de la cita con las urnas, Bush tiene la iniciativa y aún le queda la convención de su partido en Nueva York a partir del próximo lunes. Ha logrado que se hable más de lo que ocurrió en el Mekong 25 años atrás que de lo que está pasando estos días en Nayaf, o del insuficiente ritmo de creación de empleo. Claro que, por primera vez desde la guerra de Vietnam, la política exterior y de seguridad está en el centro de una campaña electoral. Y más que plantearse la pregunta de Clinton en 1992 sobre si los votantes en EE UU estaban mejor o peor que cuatro años antes, elemento crucial es la credibilidad del candidato demócrata para ejercer como comandante en jefe de la mayor potencia del planeta. El resto del mundo opina, mayoritariamente al menos, que Bush ha demostrado no ser el adecuado para el cargo. Pero el resto del mundo no vota en estas elecciones cruciales para todos.