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Rafael Reig rompe con el diario PÚBLICO

HECHOS

El 4.11.2009 el columnista de PÚBLICO, D. Rafael Reig, dio a conocer su salida del periódico por diferencias con el director, D. Félix Monteira.

EL Sr. MONTEIRA, SOBRE LA SALIDA DEL Sr. REIG EN REBELIÓN.ORG:
11.11.2009

Pascual Serrano: También ha llamado gratamente la atención a los lectores de Público la presencia de firmas reconocidas entre la izquierda pero de nula presencia hasta ahora en los grandes medios. Sin embargo, la ausencia de una de ellas, Rafael Reig, quien, según ha contado, abandona el periódico al no permitirle seguir en la sección de opinión ha provocado críticas de algunos lectores y colaboradores. ¿Cuál es su opinión?

Félix Monteira: Nuestra ambición es dar cabida a opiniones plurales, críticas y a contracorriente de los intereses dominantes. Es nuestro principal empeño. Sobre Rafael Reig, es la primera vez que se me pregunta sobre su ausencia en nuestras páginas y agradezco que se me dé la oportunidad de explicarme, aunque tengo que precisar de antemano que no puedo hacer un juicio de parte. Reig forma parte de nuestro proyecto desde el origen y fue durante meses el responsable de opinión. En casi 11 meses que llevo al frente del periódico no se produjo nunca ni un amago de retocar ni precisar un solo texto de opinión, de él o de otros, por eso me sorprende que algunos hayan planteado su salida en términos de libertad de expresión. Eso no cabe en nuestra cultura. Rafa Reig hizo este verano, en el suplemento Libre que se publicó durante todo el mes de agosto, unos excelentes artículos sobre los libros que marcaron cada año de nuestras vidas. De ahí nació la idea de convertirlo en nuestro crítico-analista de la sección de Culturas. Él es escritor y un especialista en el campo de la Literatura. Hablamos largamente sobre el tema y la necesidad de aprovechar sus conocimientos y el valor de su firma en esa sección. La propuesta era darle un espacio de una página entera cada miércoles y cada sábado para convertirlo en una de nuestras referencias. Había, claro, un interés del periódico. Los dos estábamos de acuerdo en que él iba a hacer opinión y, a la vez, análisis o interpretación. Tanto es así que prometió enviar su primer artículo al siguiente sábado y yo lo anuncié en la reunión diaria con los redactores jefes. Al día siguiente se lo pensó y decidió declinar la oferta. Él tiene todo el derecho a reconsiderar su decisión; yo aún me siento comprometido con la oferta. Por eso no entiendo alguna interpretación, bienintencionada, sin duda, que niega todo valor al resto de la redacción y los colaboradores. En el propio periódico y en las firmas de un escrito publicado en Rebelion.org algunos colaboradores han expresado sus críticas. Las he asumido sin apostilla alguna y sin necesidad de que nadie me consultara de antemano. Son las reglas del juego. El director debe ser criticable o puede resultar condenado, pero alguien que pretende descalificar al periódico entero debe preguntar antes qué ha pasado, cuáles son los hechos. El propio Reig cuando era jefe de opinión hizo cambios y tenía derecho a ello. Si me atengo a lo que él me ha escrito, el que mejor ha comprendido lo que ha pasado es el propio Reig y tiene mi estima por ello. Puede que por razones de ego él y yo no nos hayamos entendido, pero estamos condenados, antes o después, a volver a trabajar juntos. Al menos, eso espero.

03 Noviembre 2009

YA NO ESCRIBO EN PÚBLICO

Rafael Reig

Qué alivio, ha dicho mucha gente. Menos mal que se acaba el tostón. Reconozco que el comentario que más gracia me ha hecho ha sido el de una persona que decía: ¡Oh no! ¡Maldición! Si no escribe ya en Público, el pelmazo tendrá tiempo libre para escribir más en privado, y se pondrá a perpetrar alguna de sus nauseabundas novelas. ¡qué Dios nos pille confesados! Tienes razón. Qué Dios se apiade de ti. No he escrito ningún e-mail de despedida, aunque hace poco le propuse a un amigo editor un libro sobre el nuevo género del e-mail de despedida (tan de moda en este tiempo de EREs y despidos masivos). Una poética del género, tipología, varios modelos y una antología comentada. A lo mejor me pongo a ello (depende del anticipo, je, je). No sé si tengo muchos lectores o pocos, pero aunque sólo sean un puñado, creo que tengo que dar una explicación. Ahí va.

El jueves me llamó el Jefe de Opinión, que el director quería verme. Fui el viernes. Me comunicó el viernes la decisión, ya tomada, de trasladarme de Opinión a Cultura. Podía aceptarlo y negociar qué haría en Cultura o podía rechazarlo, pero se había decidido que el periódico me quería en Cultura. Ni siquiera con una rebaja sustancial de mi salario podía seguir en Opinión. Hablamos de qué posibilidades había en Cultura, qué podía hacer, hice algunas propuestas, rechacé otras, examinamos la cuestión, a mi modo de ver con buena voluntad y generosidad por ambas partes. Dije que me lo pensaría y me fui a casa. Me lo pensé. Y decidí rechazar la propuesta, siempre que implicara salir de Opinión. Así se lo comuniqué al director al día siguiente. Como eso no era discutible, ya no escribo en Público. En otras palabras: me negué a aceptar el cambio de sección que se me proponía. Esto es todo.

Mi posición es que no me convence el cambio ni entiendo por qué el periódico quiere que cambie de Opinión a Cultura. Como es natural, es un derecho de la empresa. También es un derecho del trabajador el reclamar explicaciones y encontrarlas satisfactorias o no. A mí no me satisficieron y dije que no. No me considero agraviado. Quiero decir: no más que cualquier otro trabajador, porque siempre es la empresa quien decide si tú trabajas o no, en qué, a qué precio, con qué finalidad. Más bien me considero afortunado porque, de vez en cuando (no siempre, por desgracia), puedo decir que no. Por supuesto que mi trabajo consistía en expresar opiniones en público (con minúscula) y eso tiene otras implicaciones, es distinto que si yo fuera, pongamos, celador de un hospital y me trasladaran de planta. No digo que más o menos importante, pero de naturaleza distinta por la naturaleza del trabajo, un trabajo que consiste en el uso en público de la palabra. Ésa es otra reflexión que hago a menudo, con carácter general, pero prefiero hacerla sin entrar (¡precisamente yo!) en mi caso personal. ¿Quién administra la esfera pública? ¿Quién decide quién puede o no hablar en público, de qué, hasta qué límite, cuándo, con qué finalidad? Cómo digo, es un reflexión interesante, y más si hablamos de un periódico que regala libros deMarx y Gramsci. Pero como digo, siendo parte interesada, prefiero no hacerla ahora y no hacerla a partir de mi propio caso. Me voy a saltar, por ahora también, la evocacón sentimental, que es un clásico en los e-mails de despedida. He escrito en todos los números de Público, desde el número cero. Bueno, hasta el día siguiente a la reunión, ese día apareció mi último artículo. Y claro que atesoro entrañables recuerdos, amistades inquebrantables y un largo aprendizaje, etc.

reig_lucia

 Aquí estamos Lucía y yo con Rapa, muy al principio de la historia del periódico.

¿Qué crees tú que estaba mirando yo tan absorto, embelesado? ¿El sin duda importante papel sobre el que discutíamos o el hipnótico escote de Lucía por encima de su hombro? Acertaste.

04 Noviembre 2009

A propósito de la salida de Rafael Reig

Amador Fernandez Sabater

Supongo que me gustaba la “Carta con respuesta” de Rafael Reig por las mismas razones que a todo el mundo: porque daba qué pensar.

Pensar no es opinar sobre lo que la agenda mediática y política dictamine a cada momento: ayer Estatut, hoy Gürtel, mañana lo que sea.

Pensar no es cargarse de razón, dar caña al de enfrente o desahogarse insultando.

Pensar, como decía Albert Camus, “es aprender de nuevo a ver” y en el juego mediático de preguntas/respuestas dirigidas nada nos toca, nos afecta, nos transforma verdaderamente, ni altera nuestra manera de ver y vivir.

Pensar es pues, en primer lugar, interrumpir en nuestra cabeza ese ruido estrepitoso que día a día no nos lleva a ninguna parte, nos deja como estábamos, confirmados en lo que ya pensábamos.

Pensar es problematizar, im-poner nuestros propios problemas, buscar nuestras propias palabras, elaborar y dar sentido propio a lo que nos afecta, luchar a muerte contra los clichés y las respuestas automáticas (de izquierdas o de derechas) que nos hacen tan previsibles, tan gobernables.

Encontraba casi siempre algo qué pensar en la sección de Reig. Me gustaba que escribiera en primera persona, que se revolviese contra los tópicos apoyándose en observaciones y experiencias muy cotidianas, que no hablase sólo de lo que toca hablar o que lo cogiese a contrapelo cuando lo hacía, que no entrara en el circo cotidiano PPSOE, que no rehuyese las contradicciones y los clarooscuros de la realidad. No sentía que hablase desde la política (como me ocurre con el 95% de los opinadores mediáticos), sino desde la vida.

Vale que no era así siempre, que cien veces se lo puso a sí mismo muy fácil (respondiendo a una monja escandalizada por no sé qué o a un progre indignado por no sé cuánto), que otras cien veces afirmaba un personaje más que un pensamiento, pero a mí ya me parecía increíble que alguien pudiera dejar caer algo que rumiar casi cada día.

Ese pequeño espacio de pensamiento ya no está. Esto no me deja indiferente, me siento concernido porque esa sección de “Cartas” representaba también una manera de concebir la intervención en el periódico que siento próxima a lo que trato de hacer (con otros enfoques, talentos y medios) desde ‘Fuera de lugar’.

Es decir, no lamento la marcha de Reig porque a partir de ahora el periódico vaya a ser menos izquierdista o anticapitalista (de hecho, las críticas que he dirigido al periódico desde su aparición -más sutiles o másdirectas- han ido siempre por otros lados bien distintos). Desgraciadamente, el anticapitalismo se ha vuelto una posición muy estereotipada y, por tanto, muy poco creíble en el fondo. Eso explica quizá que sea incapaz, aún en tiempos de una crisis tan gorda como la que atravesamos, de poner en el centro del debate público la necesidad de una auténtica transformación social.

Lamento la marcha de Reig porque, sean cuales sean las razones que hay detrás, el periódico se volverá ahora irremediablemente más convencional, más previsible, menos valiente, menos estimulante.

Sobre esas razones, no veo mucha transparencia informativa. ¿Acaso es impensable que un periódico explique las razones que motivan decisiones tan sensibles como ésta? A lo mejor son buenas razones, a lo mejor la fórmula de la “Carta con respuesta” estaba agotada, a lo mejor hacía buena falta (quizá más falta que una crítica del sistema político) que alguien cuestione a fondo el tinglado cultural, yo qué sé. Explicarlo sería un gesto que habla de otra manera de entender y practicar la relación con el público que finalmente sostiene el periódico. Y de paso quizá sea, en el mundo 2.0 de las audiencias activas, la única vía a transitar que no lleve directamente al precipicio.

Amador Fernández Savater

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