1 junio 1987
"hay gays en el Consejo de Ministros, lo que pasa es que estas cosa no se dicen porque son vergonzantes", asegura el candidato de la coalición liderada por el PCE a la alcaldía de Madrid
Ramón Tamames (Izquierda Unida) lanza acusaciones contra el PSOE: «Hay secretarios de estado que esnifan cocaina como Luis Yañez»
Hechos
El 1.06.1987 D. Ramón Tamames candidato de Izquierda Unida a la alcaldía de Madrid, participó en un debate en Antena 3 Radio moderado por Antonio Herrero en el que aludió a D. Luis Yañez.
Lecturas
El líder de la Federación Progresista, D. Ramón Tamames Gómez, es el candidato de Izquierda Unida a la alcaldía de Madrid en las elecciones del 10 de junio de 1987, rivalizando con los candidatos D. Juan Barranco (PSOE), D. José María Álvarez del Manzano (Alianza Popular) y D. Agustín Rodríguez Sahagún (CDS). Sobre ellos dijo al iniciar su campaña: «Que los madrileños no caigan en el Barranco y no pidan peras al Manzano, Sahagún sería un buen alcalde de Ávila».
El momento más polémico del Sr. Tamames llegaría el 1 de junio de 1987 cuando en Antena 3 Radio se celebra un debate entre el Sr. Tamames en nombre de Izquierda Unida y el Sr. Emilio García Horcajo en nombre del PSOE, moderando el debate D. Antonio Herrero Lima. Durante el debate el Sr. Tamames acusa a los socialistas de practicar una ‘moral victoriana’ en relación a la actividad policial en la lucha del ayuntamiento contra el tráfico de drogas, entonces el Sr. García Horcajo acusó a Izquierda Unida de estar potenciando a organizaciones que promueven la legalización del cannabis, ante lo cual el Sr. Tamames le contestó al Sr García Horcajo que más valía que se callara porque «Yo sé que hay secretarios de Estado que esnifan cocaína». Es entonces cuando el periodista D. Antonio Herrero solicitó al Sr. Tamames que diera nombres y este lo dio: «Luis Yáñez, según mis noticias esnifa y estoy seguro de que hay otros muchos». El Sr. Tamames aseguraba que el consumo de drogas está despenalizado, por lo que el Sr. Yáñez era muy libre, pero que lo que le molestaba era la hipocresía de la doble moral en el PSOE. Y añadió que el PSOE debería tratar con más respeto a los gays «porque puede haber también gays en el consejo de ministros, lo que pasa es que estas cosas no se dicen porque son vergonzantes».
Tras la emisión del debate el propio D. Luis Yáñez, Secretario de Estado de Coperación Internacional comparecía en Antena 3 Radio el mismo 1 de junio de 1987 para lamentar que D. Ramón Tamames llegara a unos extremos «a los que no había llegado ni la Extrema derecha». El 3 de junio de 1987 el Sr. Yáñez confirmaba una demanda civil contra el Sr. Tamames, en la demanda solicita 10 millones de pesetas como indemnización. La demanda fue realizado por el despacho de abogados de D. José María Mohedano, antiguo abogado comunista ahora en el PSOE. Desde Izquierda Unida se defienden recordando que hay un diputado autonómico del PSOE, D. Juan Torner, condenado por tráfico de cocaína.
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Al ser el Sr. Tamames diputado y estar, por tanto, aforado, la jueza encargada de investigar el suceso, Dña. Manuela Carmena, tuvo que pedir un suplicatorio al Congreso. Este es votado el 4 de febrero de 1988 votando a favor que se pueda juzgar al Sr. Tamames PSOE y CiU, mientras que votaban en contra Alianza Popular, CDS y PNV. El debate parlamentario para su convalidación se produce el 11 de febrero de 1988 en el que se produjo un debate parlamentario al respecto entre el Sr. Tamames y el Sr. Martín Toval en nombre del PSOE. El 16 de mayo de 1988 el Sr. Tamames comparece junto a su abogado D. Jesús Santaella, ante el juzgado de la Sra. Carmena ante el cuál manifiesta que acusó al Sr. Yáñez de esnifar cocaína en respuesta a una provocación y para denunciar la doble moral socialista por afirmar que luchan contra la droga y mantener comportamientos distintos.
La sentencia se hizo pública el 16 de septiembre de 1988, la jueza Dña. Manuel Carmena condena al diputado D. Ramón Tamames a rectificar públicamente sus afirmaciones. Pero rechaza el pago de la indemnización de 10 millones que este solicitaba y lo limita al pago de lo cueste la publicación del escrito de rectificación en los periódicos El País, Ya, Diario16, ABC, Cinco Días y Expansión.
12 Febrero 1988
El suplicatorio de Tamames
EL PLENO del Congreso concedió ayer el suplicatorio solicitado por los tribunales de justicia para procesar al diputado Ramón Tamames, actualmente adscrito al Grupo Mixto, en relación a la demanda civil por presunta vulneración del derecho al honor interpuesta por el secretario de Estado para la Cooperación Internacional, Luis Yáñez. Ramón Tamames acusó a Yáñez, en el curso de un debate radiofónico celebrado en vísperas de las elecciones de junio pasado, de esnifar cocaína. Como el diputado no aportó ninguna prueba, parece razonable no dar crédito a sus palabras, teniendo en cuenta además que la frase se dijo en el contexto siempre proteico y deslenguado de una campaña electoral. El que el Congreso de los Diputados eleve ahora esta anécdota a la categoría de posible delito que merece el pronunciamiento de los tribunales indica hasta qué punto la mayoría de sus señorías ha perdido la memoria y gusta distraerse con nimiedades.La sensibilidad de quienes se sienten heridos por las palabras de Tamames, es decir, los diputados socialistas que han inclinado la votación a favor del suplicatorio, estaba al parecer más embotada cuando alguno de sus propios compañeros de escaño y ahora miembro del Gobierno identificó a sus oponentes políticos con tahúres del Missipí, borrachos mitineros o incluso golpistas que entran en el Parlamento en la grupa del caballo de Pavía. La inmunidad parlamentaria en unos casos y la tolerancia propia de la política en otros hicieron que los ofensores no tuvieran que pagar su osadía. Que ellos mismos pretendan ahora buscar un escarmiento en cabeza ajena resulta cuanto menos una paradoja.
Aunque se discrepe de la actitud verbal de Tamames no puede negarse que su comentario sobre los supuestos hábitos de drogadicción de un oponente político no es otra cosa que una frivolidad. Su negativa posterior a rectificar y su empecinamiento en no solicitar disculpas a Luis Yáñez le convierten en un maledicente o en un maleducado, pero ésta no debe ser razón suficiente para romper la tradición parlamentaria de proteger los excesos verbales de los diputados. Por otra parte, Luis Yáñez no necesita acudir a los tribunales o a su propio partido para dejar sentada su honorabilidad personal, que además nunca estuvo en duda.
Tamames asegura que su suplicatorio proviene de una maniobra política del poder. Y es fácil caer en la tentación de darle la razón, porque de otra manera no se explica que ahora se abra la espita del suplicatorio y del proceso.
En efecto, no faltan argumentos para considerar temeraria la posición del PSOE, especialmente teniendo en cuenta que no hay precedentes de suplicatorios concedidos contra un parlamentario en ejercicio y que este mismo partido se ha mostrado hasta ahora como un celoso guardián de la inmunidad. Si a ello se añade que, en caso de duda, más vale quedarse corto que pasarse en materias que tengan que ver con la libertad de crítica política, se comprenden los motivos del Partido Nacionalista Vasco, Alianza Popular y el Centro Democrático y Social para negarse a respaldar el incoherente giro socialista, que parece responder más a un deseo puntual de venganza que a un frío análisis de las consecuencias que puede acarrear al Parlamento su actitud partidista.
El Análisis
Lo que empezó como un debate sobre drogas terminó pareciendo un guion descartado de Berlanga. Ramón Tamames, siempre dispuesto a soltar titulares como si fueran confeti, decidió que en plena campaña electoral lo mejor era ponerle picante al asunto y acusar a Luis Yáñez de esnifar cocaína. Ni pruebas, ni matices. Directamente a la yugular. Yáñez, ofendido, reaccionó como quien pisa una raya que no debía estar ahí: con indignación, una demanda y diez millones de pesetas en juego. El Congreso, mientras tanto, convirtió el episodio en una telenovela parlamentaria, pidiendo suplicatorios y votando como si Tamames hubiera revelado secretos de Estado en lugar de soltar lo que muchos vieron como un chascarrillo pasado de vueltas.
Lo mejor de todo es que, tras el ruido y la furia, la sentencia acabó siendo más tibia que un café con leche en vaso de cristal. Tamames tuvo que rectificar, pero sin pagar ni un duro a Yáñez, dejando la sensación de que al final todo quedó en una pelea de recreo con algo más de boato. Eso sí, el episodio dejó claro que la doble moral política puede ser tan inflamable como el polvo blanco que mencionó Tamames. Porque, mientras unos defendían la libertad de expresión parlamentaria, otros se rasgaban las vestiduras olvidando que el insulto y la exageración son, para bien o para mal, parte del kit de campaña electoral. La moraleja, si es que la hay, es que en política no siempre gana el que más razón tiene, sino el que mejor esquiva las demandas.