18 marzo 1922
Reino Unido encarcela a Gandhi, activista pacífico en defensa de la independencia de La India, la mayor colonia del mundo
Hechos
La sentencia se conoció el 18 de marzo de 1922.
Lecturas
Las autoridades británicas condenaron el 18 de marzo de 1922 a 6 años de prisión al líder indio Mohandas Karamchand Gandhi, a quien el pueblo indio concede el título de Mahatma (alma grande). Gandhi fue detenido hace una semana, después de que formulara un llamamiento a la desobediencia civil contra las autoridades coloniales. Desde ese momento, en todos los templos de la India se ora por el líder nacionalista.
Además de la desobediencia a lo civil, o resistencia no violenta, Gandhi ha utilizado la propaganda de la rueca como medio para boicotear el monopolio británico en el suministro de tejidos y otras manufacturas. El apóstol nacional y religioso de la India nació en Porbandar, en 1869, y estudió en la universidad de Alimadabad, para perfeccionar a luego sus conocimientos jurídicos en Londres. De 1893 a 1914 Gandhi luchó por los derechos políticos de los emigrantes indios en Sudáfrica, el estado del Apartheid. Y allí estableció su método de resistencia no violenta.
Tras Gandhi se ha desarrollado su enorme movimiento a favor de la independencia nacional que no hay duda que seguirá creciendo.
Gandhi cede la presidencia de su partido, Partido del Congreso de La India, a Nehru, en 1936.
El Análisis
El 18 de marzo de 1922, un tribunal británico ha condenado a seis años de prisión al hombre que el pueblo de la India llama Mahatma, “el alma grande”: Mohandas Karamchand Gandhi. Su crimen, a ojos de las autoridades coloniales, no es otro que haber llamado a la desobediencia civil frente al dominio británico en la mayor colonia del planeta. Su verdadero “delito” a ojos de millones de indios es haber dado voz y forma a una aspiración que late desde hace décadas: la independencia.
Gandhi no es un caudillo armado ni un agitador violento. Su arma es la resistencia no violenta; su estrategia, la desobediencia civil; su propaganda, la rueca, símbolo de un boicot al monopolio británico sobre los tejidos y de un retorno a la autosuficiencia económica. A través de ella, el Mahatma ha sabido convertir un gesto cotidiano en una bandera política.
Su biografía es un puente entre Oriente y Occidente. Nacido en Porbandar en 1869, formado como jurista en Londres, y forjado políticamente en Sudáfrica entre 1893 y 1914, donde defendió los derechos de los emigrantes indios frente al régimen del apartheid, Gandhi descubrió que la no violencia podía ser un arma más poderosa que cualquier fusil. De vuelta a su patria, esa lección se ha convertido en un movimiento de masas.
Su encarcelamiento ha encendido una llama. En todos los templos de la India se reza por él, pero fuera de la India también crece su prestigio: desde periódicos europeos hasta voces norteamericanas se hacen eco de este hombre menudo, vestido con un simple dhoti, que desafía al Imperio más vasto del mundo con nada más que su fe en la justicia y su negativa a obedecer leyes que considera inmorales.
Los británicos, en su cálculo político, quizá crean que seis años de prisión bastarán para acallarle. Pero la historia enseña que las ideas, una vez plantadas, son más difíciles de encadenar que los cuerpos. Gandhi, tras las rejas, puede convertirse en símbolo aún más poderoso que en libertad. Y el símbolo que representa —la lucha pacífica por la libertad— es una semilla que, tarde o temprano, germinará en la independencia de la India.
J. F. Lamata