3 abril 1922

El Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) tendrá la última palabra para los nombramientos en el Presidium (Jefatura del Estado) y el Consejo de Comisarios del Pueblo (Jefatura del Gobierno)

Lenin convierte a Rusia en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), controladas por un partido único que dirigirá Stalin, el PCUS

Hechos

El 3 de abril de 1922 se produjo la designación en el PCUS.

Lecturas

Con la victoria de los comunistas en la Guerra Civil de Rusia, comenzó una nueva configuración del antiguo Imperio ruso, que se transformó en Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

En el pleno del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética del 3 de abril de 1922, que desde su creación había tenido todos sus poderes concentrados en la persona de Vladimir Lenin, se designó para el nuevo cargo de ‘secretario general’ a la figura de José Stalin, a propuesta del propio Lenin, en reconocimiento de los servicios de Stalin al Estado en el campo militar y en el civil.

Con esta designación Lenin mantiene sus poderes dictatoriales en la URSS / Rusia como Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo y líder de la revolución, pero delega en todo lo referido al partido en Stalin.

Lenin morirá en 1924.

El Análisis

El nacimiento de un nuevo imperio bajo la sombra de un secretario

JF Lamata

La creación formal de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en diciembre de 1922 marcó el fin simbólico de la guerra civil rusa y el nacimiento de una nueva potencia ideológica y política. Lo que en sus orígenes fue una revolución popular contra el zarismo, una esperanza de regeneración democrática tras siglos de autocracia, se transformó en un Estado federal solo en apariencia. En la práctica, fue un régimen rígidamente centralizado, articulado en torno al Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), que se erigía como el único intérprete legítimo de la voluntad del pueblo.

Lenin, enfermo pero aún al mando, y Trotsky, arquitecto militar de la victoria roja, se perfilaban como las figuras fundamentales del nuevo sistema. El PCUS no sólo gobernaba, sino que controlaba cada aspecto de la vida soviética, desde la economía hasta la cultura, pasando por las milicias, la propaganda y la enseñanza. Se trataba de un partido que no admitía oposición, porque la oposición era entendida como traición a la revolución. En ese entorno de poder concentrado y vigilancia constante, se tomaron decisiones de gran calado —algunas visibles, otras, discretas pero decisivas.

Entre estas últimas destaca una aparentemente inocua: el nombramiento de Iósif Stalin como secretario general del Partido Comunista el 3 de abril de 1922. Ningún corresponsal extranjero, ni siquiera muchos cuadros del propio partido, fueron conscientes de la trascendencia de ese acto. Aquel “hombre gris”, georgiano, de pasado irregular y verbo tosco, parecía destinado a tareas de organización interna, sin influencia política real. Pero ese puesto le permitiría, en silencio, controlar el acceso al poder, tejer redes de lealtades, marginar a rivales como Trotsky y, en definitiva, convertir un título administrativo en el eje del poder soviético. Mientras los ojos del mundo seguían mirando a Lenin y temiendo a Trotsky, Stalin comenzó a levantar su imperio personal, no con discursos, sino con expedientes.

Así nació la URSS: como un proyecto revolucionario consolidado a golpe de victoria militar, ideología de hierro y estructura monolítica. Y también como un Estado en el que el poder absoluto comenzó a cambiar de manos sin que nadie lo notara, cuando la historia ya había girado, pero aún no se oían sus pasos.

J. F. Lamata