18 julio 1992
Resquebrejamiento de Euskadiko Ezkerra: El sector crítico crea Euskal Ezkerra (EUE) para integrarse en Eusko Alkartasuna, mientras que el sector oficial inicia un proceso para integrarse en el PSE-PSOE

Hechos
Fue noticia el 18 de julio de 1992.
Lecturas
Cronología del fin de Euskadiko Ezkerra
28 de octubre de 1990 | Unas elecciones que encienden las alarmas. Euskadiko Ezkerra llega a las autonómicas encabezada por Kepa Aulestia y obtiene aproximadamente 79.000 votos, el 7,8% y seis diputados. No es una desaparición electoral, pero sí un resultado decepcionante para una organización que aspiraba a consolidarse como tercera vía entre el nacionalismo del PNV y el socialismo del PSE. Además, la dirección había descartado previamente un entendimiento electoral con Izquierda Unida. El problema comienza a parecer estructural: EE dispone de dirigentes conocidos y una identidad política muy definida, pero su espacio electoral parece tener un techo demasiado bajo.
Enero de 1991 | EE entra en el Gobierno vasco. José Antonio Ardanza constituye un Gobierno de coalición PNV-EA-EE. Euskadiko Ezkerra alcanza así una posición institucional importante, pero el acceso al Gobierno no resuelve su discusión estratégica. Dentro del partido cristalizan dos grandes corrientes: Renovación Democrática, encabezada por Juan María Bandrés y próxima también a Mario Onaindia y Jon Larrinaga, considera que EE debe profundizar su evolución socialdemócrata y aproximarse al PSE; Auñamendi, donde se sitúa Aulestia, quiere conservar una izquierda vasquista autónoma y contempla preferentemente una aproximación a Eusko Alkartasuna. No es una división sencilla entre «españolistas» y «nacionalistas»: ambos sectores siguen considerándose socialdemócratas y vasquistas. Lo que cambia es dónde creen que está el aliado natural de EE.
8-10 de febrero de 1991 | El IV Congreso: EE se parte prácticamente por la mitad. El congreso de Leioa demuestra la profundidad de la fractura. Aulestia abandona la secretaría general y respalda a Xabier Gurrutxaga; Renovación Democrática presenta a Jon Larrinaga. Vence el sector de Bandrés por un margen mínimo: Larrinaga es elegido secretario general —con la extraordinaria circunstancia de recibir más votos en blanco que favorables— y Bandrés continúa como presidente. Por sólo once votos de diferencia, el Congreso decide solicitar el ingreso de EE en la Internacional Socialista. Es una victoria de Renovación Democrática, pero tan estrecha que deja al partido prácticamente ingobernable.
Primavera de 1991 | Dos Euskadiko Ezkerra dentro de las mismas siglas. Las elecciones municipales y forales vuelven a mostrar las limitaciones electorales de EE. Mientras tanto, los dos sectores interpretan de manera opuesta el futuro: Bandrés, Larrinaga y Onaindia ven cada vez más lógico construir junto al PSE una gran izquierda autonomista vasca; Aulestia y Auñamendi temen que esa operación signifique simplemente que el PSOE termine absorbiendo a EE.
Septiembre de 1991 | La crisis del Gobierno Ardanza provoca la ruptura. El detonante definitivo llega desde Eusko Alkartasuna. EA respalda en distintos ayuntamientos mociones relacionadas con el derecho de autodeterminación impulsadas por HB, provocando su expulsión del Gobierno vasco. La dirección de EE acepta permanecer en el Ejecutivo de Ardanza, mientras cinco de sus seis parlamentarios autonómicos, pertenecientes a Auñamendi, se enfrentan a la posición oficial. La disputa estratégica se transforma así en un conflicto disciplinario.
21 de septiembre de 1991 | Expulsión de Aulestia. La Asamblea Nacional de EE expulsa por indisciplina a Kepa Aulestia y otros cuatro diputados autonómicos críticos. La votación refleja nuevamente un partido dividido: 47 delegados del sector oficial actúan frente a los 42 de Auñamendi, que se niegan a participar en las votaciones de expulsión. Aulestia califica aquella jornada como la más amarga de su vida política. El resultado tiene algo paradójico: la dirección conserva las siglas de Euskadiko Ezkerra, pero pierde cinco de sus seis parlamentarios vascos.
Finales de 1991 | Nace Euskal Ezkerra. Los expulsados y buena parte del sector Auñamendi abandonan definitivamente EE y constituyen Euskal Ezkerra (EuE). Aulestia pretende mantener precisamente aquello que considera que Bandrés está liquidando: una izquierda vasca, socialdemócrata y nacional diferenciada tanto del PNV como del PSOE. El nuevo partido inicia el acercamiento a Eusko Alkartasuna, confirmando las dos salidas que se habían enfrentado dentro de EE: unos caminarán hacia el PSE; los otros, hacia EA.
1992 | La EE que queda elige al PSOE. Eliminada ya la oposición organizada de Aulestia, desaparece el principal obstáculo interno para la convergencia socialista. Bandrés, Larrinaga y, especialmente, Mario Onaindia defienden que la integración no debe entenderse como una rendición, sino como la creación de una nueva izquierda vasca capaz de disputar al PNV la hegemonía política. La aspiración es reproducir, salvando las distancias, una fórmula semejante al PSC catalán: un partido vinculado al PSOE pero con una identidad política vasca propia.
9 de enero de 1993 | PSE y EE dan luz verde a la fusión. Los órganos de ambos partidos aprueban separadamente el documento de convergencia. La nueva formación se define sobre dos pilares: socialismo democrático y autonomismo, y pretende convertirse en alternativa al «nacionalismo conservador» del PNV. Txiki Benegas está llamado a ocupar la presidencia, Ramón Jáuregui seguirá como secretario general y Mario Onaindia tendrá una posición destacada.
21 de febrero | Euskadiko Ezkerra aprueba su desaparición. Un congreso extraordinario de EE aprueba definitivamente la integración: 318 militantes respaldan la fusión. No todos acompañan a Bandrés. Algunos veteranos y cargos públicos, entre ellos Roberto Lertxundi, Xabier Markiegi, Javier Olaberri o José Luis Lizundia, por diferentes razones no se incorporan al nuevo partido. La dirección calcula que alrededor del 65% de sus cargos públicos sí lo hará.
27 de marzo de 1993 | Nace el PSE-EE. El Teatro Arriaga de Bilbao acoge el congreso de convergencia bajo el lema «Socialistas vascos, juntos, una nueva mayoría». Oficialmente no se presenta como la absorción de un partido pequeño por otro mucho mayor, sino como el nacimiento de una organización nueva: Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezkerra (PSE-EE). José María «Txiki» Benegas es elegido presidente, Ramón Jáuregui, secretario general, y Mario Onaindia, vicepresidente. Los procedentes de EE reciben diez de los cuarenta puestos de la nueva ejecutiva.
La pretendida igualdad tiene, sin embargo, límites aritméticos evidentes. El PSE contaba con alrededor de 8.500 militantes frente a unos 2.100 de EE, y ni siquiera todos estos últimos aceptaron la integración. El nuevo partido conserva las dos siglas y otorga posiciones visibles a los euskadikos, pero orgánica y electoralmente el socio mayoritario es indiscutiblemente el PSE. Bandrés, hasta entonces presidente de EE, ni siquiera reclama un gran cargo: queda como militante. Jáuregui anuncia que el nuevo PSE-EE pretende inaugurar una etapa «posnacionalista», mientras Bandrés resume el cambio de prioridades: frente a la división entre nacionalistas y no nacionalistas quiere situar la confrontación entre derecha e izquierda. Euskadiko Ezkerra ha dejado de existir.


18 Julio 1992
¿Fin de Euskadiko?
EUSKADIKO EZKERRA (EE) no sólo no se ha recompuesto desde su último congreso, en’ febrero de 1991, en el que la formación política vasca se dividió en dos partes casi iguales, sino que está en trance de desaparecer como tal. La radical divergencia manifestada entonces entre quienes abogaban por un giro hacia el nacionalismo abertzale y quienes defendían la marca de origen del partido como una opción de izquierda nacional vasca y plural puede dar al traste con un original ensayo de centrar la vida política en Euskadi en algo más que en la estéril pugna entre nacionalismo y no nacionalismo.En estos momentos, tanto el sector escindido tras el congreso de febrero del año pasado, agrupado en la formación Euskal Ezkerra, como el que conserva la siglas de EE mantienen sendos y paralelos procesos de convergencia con Eusko Alkartasuna (EA) y con el Partido Socialista de Euskadi (PSE-PSOE), respectivamente. Los primeros renunciaron formal y explícitamente a la apuesta política de marca de EE a cambio de un hipotético modelo neonacionalista basado en la unidad entre el «nacionalismo progresista» y el «nacionalismo de izquierda». Pero tampoco EE como tal parece encontrarse en condiciones de mantener dicha marca: el difícil envite de su unificación con los socialistas vascos, de naturaleza todavía desconocida -¿absorción?, ¿aproximación mutua?, ¿nueva formación?-, puede terminar en su integración pura y simple en el PSE-PSOE más que en una convergencia política entre las dos formaciones.
En ambos casos, el proceso se enfrenta a dificultades ideológicas, organizativas y personales nada desdeñables, vinculadas unas a la específica situación política de Euskadi y otras al todavía inconcluso diseño de los modelos de socialismo vasco y del nacionalismo radical y democrático. Pero de su superación depende que tales procesos den como fruto proyectos políticos renovados en ambas direcciones o se salden en meras operaciones de recuperar los cuadros que surgieron en el seno de EE. Sería este último un triste e inmerecido final para un partido que ha ocupado en el País Vasco un espacio electoral reducido, pero que ha sido, en sus sus 15 años de existencia, un poderoso factor de integración y racionalidad en una sociedad, como la vasca, marcada por la violencia.
La convergencia del sector histórico de EE con el PSE-PSOE, fiel a lo que estas siglas representan, plantea si cabe mayores dificultades que el reciclaje que pretende Euskal Ezkerra en el seno del partido de Garaikoetxea. El encaje de la antigua escisión de EE en el proyecto nacionalista de EA tiene, sin duda, menos alcancé que la conjunción de EE con el PSE-PSOE. Ello no quita para que las resistencias y las desconfianzas sean parecidas. La futura relación orgánica entre EE y el PSE-PSOE, sea cual sea la forma que adopte, no debería en ningún caso ser el entierro de lo que ha significado en la reciente historia de Euskadi la dinámica de unión de nacionalistas y no nacionalistas en un mismo proyecto político. Más bien tendría que ser la ocasión para lanzarla de nuevo con mayores bríos en el seno de la sociedad y del electorado vascos.
El Análisis
El final de Euskadiko Ezkerra tiene algo más profundo que la desaparición de otro pequeño partido de la Transición: representa la conclusión de un viaje político extraordinario. EE había nacido alrededor del mundo político de ETA político-militar, aceptó las instituciones democráticas, contribuyó decisivamente a que los polimilis abandonasen las armas, se fusionó después con buena parte del Partido Comunista de Euskadi y fue abandonando sucesivamente el independentismo revolucionario y el marxismo hasta encontrarse convertida en una formación socialdemócrata, autonomista y vasquista. Llegados a ese punto, sus dirigentes tenían que resolver una pregunta elemental: si eran simultáneamente socialistas y nacionalistas vascos, ¿qué sustantivo pesaba más? Aulestia eligió conservar una izquierda nacional vasca y terminó caminando hacia EA; Bandrés, Larrinaga y Onaindia decidieron que eran ante todo hombres de la izquierda democrática y acabaron junto al PSOE. El electorado, que había reducido EE a menos de 80.000 votos en 1990, hacía además difícil justificar indefinidamente un espacio propio. Y pocas biografías simbolizan mejor el recorrido que las de Mario Onaindia y Teo Uriarte: ambos fueron militantes de ETA, ambos fueron condenados a muerte en el proceso de Burgos y ambos terminaron convirtiéndose en defensores inequívocos del Estatuto y de la Constitución española. Para quienes desde ETA siguieron considerando la democracia una traición a la causa nacional, aquellos antiguos compañeros pasaron de camaradas a enemigos y tuvieron que vivir bajo amenaza terrorista. Que hombres procedentes de ETA terminen pudiendo gritar «¡Viva la Constitución!» no demuestra sólo cuánto había cambiado Euskadiko Ezkerra: demuestra cuánto había cambiado una parte de la sociedad vasca. EE desaparece porque su ciclo electoral parece agotado, pero puede reivindicar un éxito político bastante más importante que conservar unas siglas: haber demostrado que era posible recorrer todo el camino desde las armas hasta la defensa de las instituciones contra quienes continuaban utilizándolas.
J. F.
