22 agosto 1973
Figura clave en la lucha contra el comunismo
Richard Nixon nombra Henry Kissinger nuevo Secretario de Estado, siendo el primer judío que llega a ese cargo en Estados Unidos
Hechos
El nombramiento se hizo público el 22.08.1973.
Lecturas
Ideólogo de la política exterior de Estados Unidos desde hace años, Henry Kissinger acaba de ser nombrado secretario de Estado en sustitución de William Rogers.
Nacido en Alemania en 1923, Kissinger emigró a Estados Unidos cuando tenía 15 años, para escapar a las persecuciones nazis.
Ciudadano de Estados Unidos desde 1943, combatió en la Segunda Guerra Mundial como oficial del servicio de contraespionaje, estudió en Harvard y fue luego profesor de ciencias políticas.
Ha sido consejero de Kennedy y de Nixon, en cuestiones de política internacional.
Se le considera uno de los mayores representantes del pensamiento conservador norteamericano en las últimas décadas.
El Análisis
Con su nombramiento como Secretario de Estado, Henry Kissinger no solo se convierte en el primer judío en ocupar el cargo más alto de la diplomacia estadounidense, sino también en la figura más influyente —y polémica— de la política exterior de su país en plena Guerra Fría. Arquitecto de los acuerdos de París que permitieron la salida de Estados Unidos de Vietnam (la guerra acabará en 1975), y artífice del histórico deshielo con China, su currículum impresiona. Pocos pueden tejer con igual destreza los hilos de la realpolitik global.
Pero el prestigio de Kissinger no está exento de controversia. Para muchos, es también el rostro más cínico de la geoestrategia: un hombre dispuesto a sacrificar principios democráticos con tal de frenar el avance del comunismo. Su nombre aparece inevitablemente ligado a la sangrienta desestabilización de Camboya, el apoyo a dictadores como Pinochet en Chile, y su ambigua relación con regímenes autoritarios en América Latina y Asia. Sus admiradores ven en él un defensor del interés nacional; sus críticos, un burócrata del cinismo geopolítico.
Con Kissinger, la política exterior de Estados Unidos entra en una etapa sin adornos morales: la estabilidad por encima de la ética, el pragmatismo por encima de los discursos. Su legado apenas comienza, pero ya promete dividir a generaciones. Para unos, el pacificador. Para otros, el estratega implacable. Para todos, una figura imposible de ignorar.
J. F. Lamata