23 agosto 1992
La revista DAILY MIRROR se ha cebado con la condesa inglesa
Las fotos de Sarah Ferguson, esposa del príncipe Andrés, con John Bryan, sacuden la imagen de la Familia Real británica
Hechos
En agosto de 1992 la prensa española informó que Sarah Ferguson abandonaría el país.
Lecturas
Los diarios sensacionalistas DAILY MIRROR (propiedad del grupo MGM presidido por David Montgomery) y THE SUN (propiedad de Rupert Murdoch) se ceban en el primer miembro de la familia real británica que protagoniza un divorcio sonado.

La revista española ¡HOLA!, cuyo director-propietario es Eduardo Sánchez Junco es la que compró al MIRROR los derechos de difusión de esas fotografías en España y las llevó a la portada de su revista en su número del 27 de agosto de 1992.
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Cronología
1985-1986 | Diana presenta a Fergie. Sarah Margaret Ferguson, hija del comandante Ronald Ferguson y procedente de un ambiente estrechamente relacionado con el polo y la aristocracia británica, conoce desde niña al príncipe Andrés, segundo hijo varón de Isabel II, pero es durante la década de los ochenta cuando su relación se vuelve sentimental, favorecida particularmente por Diana, princesa de Gales. Andrés es entonces uno de los miembros más populares de la familia real: oficial de la Royal Navy, había servido como piloto de helicópteros durante la guerra de las Malvinas. El compromiso se anuncia en marzo de 1986 y el 23 de julio de 1986 se casan en la abadía de Westminster. La reina concede a su hijo el título de duque de York y Sarah pasa a ser duquesa de York.
1988-1990 | Las princesas Beatriz y Eugenia. Nacen sus dos hijas: Beatrice Elizabeth Mary, el 8 de agosto de 1988, y Eugenie Victoria Helena, el 23 de marzo de 1990. Exteriormente los York representan una de las ramas más modernas y espontáneas de los Windsor. Sarah es divertida, extrovertida y poco protocolaria, lo que inicialmente beneficia su popularidad. Pero esa misma personalidad empieza a alimentar una prensa sensacionalista cada vez más agresiva: su peso, su ropa, sus viajes, sus amistades y sus gastos se convierten en material habitual de los tabloides.
1990-1991 | Un matrimonio que prácticamente no convive. El problema fundamental es mucho menos espectacular: Andrés y Sarah apenas se ven. La carrera naval del príncipe obliga a largas ausencias y Ferguson sostendrá posteriormente que durante sus primeros cinco años de matrimonio llegaron a pasar juntos apenas unas decenas de días al año. La relación se deteriora mientras los tabloides comienzan a vincular sentimentalmente a Sarah con otros hombres. Particular importancia adquiere el estadounidense Steve Wyatt, cuya amistad con la duquesa genera abundantes informaciones y fotografías. A comienzos de 1992 la crisis matrimonial ya resulta difícil de ocultar.
19 de marzo de 1992 | Separación oficial. El Palacio de Buckingham anuncia formalmente la separación del duque y la duquesa de York. No existe todavía divorcio y Sarah conserva su título, pero queda claro que el matrimonio ha fracasado. La reina expresa su pesar. El anuncio se produce además cuando otro matrimonio real, el de Carlos y Diana, atraviesa una crisis cada vez más pública. El problema de los Windsor empieza a dejar de parecer una sucesión de incidentes aislados para adquirir aspecto de crisis familiar.
Primavera-verano de 1992 | John Bryan. Sarah mantiene una estrecha relación con John Bryan, financiero estadounidense y antiguo conocido suyo. En agosto pasa unos días con sus hijas, Bryan y otras personas en una villa alquilada en el sur de Francia, cerca de Saint-Tropez. Aunque ya está separada de Andrés, sigue siendo duquesa de York y miembro de la familia real. Los fotógrafos saben que allí puede encontrarse una exclusiva extraordinaria.
20 de agosto de 1992 | Las fotografías. El Daily Mirror publica una espectacular exclusiva fotográfica. Sarah aparece tomando el sol en topless junto a Bryan y, en las imágenes que convierten la historia en escándalo mundial, el estadounidense aparece besándole o chupándole los dedos de los pies. La portada y las páginas interiores eliminan cualquier posibilidad de discreción. No estamos ante una revelación política ni ante la demostración de una conducta ilegal: es pura intimidad convertida en mercancía periodística. Pero la protagonista continúa siendo la nuera de Isabel II y las fotografías llegan en el peor momento posible para la monarquía.
Balmoral | El desayuno imposible. La casualidad aumenta la humillación. Sarah se encuentra con sus hijas en Balmoral, residencia escocesa de la reina, cuando las fotografías aparecen. Los periódicos llegan a la casa y la duquesa tiene que afrontar el escándalo en presencia de la propia familia real. Las memorias posteriores de Ferguson convertirán aquella mañana en una de las escenas más incómodas de toda la crisis. Sarah abandona Balmoral precipitadamente con Beatriz y Eugenia.
Agosto de 1992 | ¿Quién tomó las fotografías? El fotógrafo fue Daniel Angeli, conocido paparazzo francés. Las imágenes habían sido tomadas a gran distancia con teleobjetivo mientras Ferguson se encontraba en una propiedad privada. El episodio plantea inmediatamente una cuestión que quedará durante años detrás de las guerras entre celebridades y tabloides: ¿hasta dónde llega el interés público y dónde comienza simplemente el derecho de una persona, incluso perteneciente a la familia real, a no ser fotografiada clandestinamente durante unas vacaciones privadas? La legislación y la jurisprudencia británicas de la época ofrecían una protección de la intimidad bastante menor que la que posteriormente desarrollaría el derecho europeo.
1992-1993 | Una duquesa convertida en presa. La cobertura no termina con las fotografías. Sarah se convierte en uno de los objetivos favoritos de la prensa popular británica, especialmente del universo de los tabloides. El Mirror, The Sun, Daily Mail, Daily Express y otros periódicos compiten alrededor de cada aparición, amistad o movimiento de la duquesa. Bryan concede entrevistas y explica su versión de la relación; la televisión estadounidense también convierte el escándalo en entretenimiento. Sarah pasa de princesa informal y simpática a personaje al que buena parte de Fleet Street trata como una celebridad caída en desgracia.
Argentina | La huida de los fotógrafos. En el periodo posterior al escándalo Sarah realiza diversos viajes fuera de Gran Bretaña, incluida Argentina, intentando alejarse temporalmente de la presión mediática y desarrollar actividades propias. Conviene, sin embargo, no describirlo como un «exilio argentino» estable: Ferguson no trasladó definitivamente su residencia a Argentina. Fueron viajes y estancias dentro de una etapa en la que trataba de reconstruir una vida independiente mientras seguía formalmente casada con Andrés.
¿Pleitos? A diferencia de posteriores grandes litigios de miembros de la familia real contra los tabloides, el episodio Bryan no desembocó en una gran sentencia británica que castigase al Daily Mirror y se convirtiera en referencia jurídica. Existieron protestas y controversias sobre la invasión de intimidad y sobre la obtención y explotación de las fotografías, pero el marco británico de 1992 proporcionaba pocas armas eficaces frente a este tipo de periodismo. Ése es precisamente uno de los elementos históricos interesantes: fotografías íntimas obtenidas mediante un teleobjetivo desde el exterior podían producir una enorme humillación sin que la persona fotografiada dispusiera de una protección comparable a la que existiría posteriormente.
Diciembre de 1992 | El desastre ya es institucional. Cuando Isabel II pronuncia en noviembre su célebre expresión annus horribilis, las fotografías de Sarah son sólo una parte del cuadro. En 1992 se separan Ana y Mark Phillips, se separan Andrés y Sarah, se publica Diana: Her True Story de Andrew Morton, el matrimonio de Carlos y Diana queda públicamente destrozado y en noviembre se incendia el castillo de Windsor. El 9 de diciembre, John Major anuncia ante la Cámara de los Comunes la separación formal del príncipe y la princesa de Gales. Lo que en marzo podía parecer el fracaso matrimonial de los York termina formando parte de la mayor crisis pública de los Windsor en décadas.
1996 | Divorcio. Andrés y Sarah terminan divorciándose formalmente el 30 de mayo de 1996. Ferguson deja de ser Her Royal Highness, aunque conserva la denominación Sarah, Duchess of York. Lo llamativo será lo que ocurra después: frente a la hostilidad que había caracterizado tantas rupturas públicas de los Windsor, Andrés y Sarah conservarán una relación extraordinariamente cercana, compartirán durante largos periodos residencia familiar y criarán conjuntamente a sus hijas. El matrimonio había fracasado; la relación personal entre ambos sobrevivió mucho mejor que el matrimonio.
21 Agosto 1992
Los tribunales permiten la publicación de las fotos de Sarah Ferguson por su interés público
La justicia ha dictaminado que la vida privada de la familia real interesa al público permitiendo así publicar las polémicas fotos de la Duquesa de York.
Tras la decisión de un tribunal británico, ante la falta de legislación concreta y por su interés público, ayer se publicaron en el Reino Unido las conmprometidas imágenes de Sarah Ferguson en «topless» junto al millonario tejano John Bryan. El escándalo volvió a salpicar ayer a la familia real británica al aparecer en varios periódicos la foto de uno de sus más polémicos miembros, la Duquesa de York, abrazada y besada por su teórico asesor financiero, el multimillonario americano John Bryan, en una piscina de Saint Tropez, en el sur de Francia. Los abogados de Bryan intentaron infructuosamente conseguir un mandato judicial. para evitar que esas fotografías fueran impresas, pero ante la ausencia de una normativa específica que regule la privacidad en el Reino Unido, los tribunales decidieron que los periódicos podían publicarlas. El Daily Mirror -que vendió todos los 3,5 millones de ejemplares que lanzó a la calle- hizo ayer un despliegue con las 22 fotografías de la pareja, en situaciones comprometedoras para quien todavía es la esposa de uno de los hijos de la Reina y que, por lo tanto, sigue recibiendo una sustanciosa aportación económica de las arcas del Estado. El asunto ha vuelto revitalizar la vieja polémica de si es ó no necesario tipificar una normativa específica de defensa de la intimidad como existe en otros países.
La decisión de los tribunales permitiendo la publicación de estas fotografías ratifica implícitamente el dictamen emitido por la Press Complaints Commission -el órgano de autocontrol de la propia prensa británica- hace sólo unas semanas con motivo del «affaire» del ministro David Mellor con una actriz. La organización reconocía que el público tiene derecho a conocer la conducta privada de los políticos si puede afectar a sus actividades públicas. Quienes ostenten un cargo público, argumentaba el órgano autorregulador de la prensa, deben quedar siempre sometidos al escrutinio público. Ayer mismo, tras la «revolución» originada en el país por las nuevas fotos de la Duquesa de York, el presidente de la Press Complaints Commission -en la que están presentes miembros de la prensa seria y de los tabloides y personajes representativos de la sociedad británica-, Lord McGregor of Durris, volvió a rechazar posibles leyes sobre la privacidad y afirmó que proteger la intimidad de personas privadas podría terminar protegiendo la mala conducta de personajes públicos. De nuevo en este caso de la duquesa de York, como lo fue en el del ministro Mellor, el concepto de «interés público» es el pilar central sobre el que se sustenta el derecho de la prensa a informar. Un pilar cuya interpretación ha originado polémica en la prensa y en el propio Parlamento, sin que hasta ahora se haya conseguida encontrar una posición definitiva al respecto. La colisión entre el derecho de los periódicos a informar y del público a ser informado, y el derecho a la intimidad y a la privacidad, sigue siendo una frontera difícilmente definible.
En 1990, una comisión creada a instancias del propio Gobierno y presidida por el ilustre abogado sir David Calcutt, rechazó la idea de sacar adelante una ley sobre la privacidad. El director de The Times, Simon Jenkins, aseguró ayer a la cadena de televisión ITV que «no es responsable pensar que unas fotos interesantes para el público se hubieran dejado de publicar. Hubiera sido ultrajante que se publicaran en toda Europa y no en nuestro país». Jenkins recordó también que los británicos, a través de los presupuestos del Estadó, financian las actividades de la familia real, «lo cual nos da derecho a conocer detalles de su vida». Ayer mismo, Buckingham Palace emitió un comunicado en el que desaprobaba la publicación de «unas fotos tomadas en esas circunstancias». El editor del Daily Mirror, Richard Stott, señaló que la publicación estaba justificada por la propia hipocresía que ha rodeado las relaciones entre la Duquesa de York y John Bryan desde que se hicieron públicas hace siete meses. «Las fotografías muestran a un hombre que ha intentado, con bastante éxito y cinismo, manipular a la prensa», afirmaba el periódico en un editorial. «No sabemos si el príncipe Andrés (el marido de Sarah Ferguson) o la Reina sabían que clase de hombre está «ayudando» a la Duquesa en estos momentos difíciles», añadía. El propio John Bryan, tras ver rechazado en los tribunales su intento de paralizar la publicación de estas fotografías, atacó la invasión de su intimidad y la falta de una ley adecuada en el Reino Unido. «No hay duda de que mi privacidad y la de la duquesa de York han sido manifiestamente violadas» declaró.
El Análisis
El espectáculo de Sarah Ferguson en topless, John Bryan a sus pies y el Daily Mirror convirtiendo unas vacaciones privadas en portada nacional parece confirmar en este verano de 1992 que la monarquía británica ha perdido algo más importante que la compostura de alguno de sus miembros: ha perdido el control de su propia imagen. Los matrimonios de Isabel II pueden conservar toda la liturgia de Westminster, Balmoral y Buckingham, pero fuera de los palacios los tabloides ya no reconocen territorio sagrado. Sarah puede reprocharles con razón que un teleobjetivo haya penetrado en una propiedad privada; también es evidente que su comportamiento proporciona a una prensa despiadada exactamente la mercancía que busca. Y los York son sólo una parte del problema: mientras Andrés y Sarah están separados, Carlos y Diana protagonizan otra guerra matrimonial ante millones de lectores. La Corona británica conserva su enorme prestigio institucional, pero sus príncipes se han convertido en personajes de prensa del corazón.
Desde España resulta tentador contemplar el espectáculo con cierta superioridad. Juan Carlos y Sofía, Felipe, Elena y Cristina ofrecen en 1992 una imagen incomparablemente más ordenada y la prensa española trata a la Familia Real con una deferencia que The Sun o el Mirror difícilmente reconocerían. Pero quizá la comparación engañe. La diferencia puede no consistir únicamente en que los Borbones sepan comportarse mejor que los Windsor, sino en que los medios españoles han decidido que determinadas cosas sobre la Corona sencillamente no se publican. Ya circulan rumores sobre aspectos de la vida privada del Rey y empiezan a aparecer excepciones —El Mundo tantea con mucha más cautela terrenos que durante años habían permanecido vedados—, pero sigue existiendo un pacto tácito de respeto, prudencia o silencio alrededor de Zarzuela. En Londres ese pacto se ha roto; en Madrid todavía parece inconcebible. Tal vez dentro de algunos años podamos saber si España tenía una Familia Real ejemplar o, simplemente, una prensa mucho más respetuosa con sus secretos.
J. F.