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Los medios de comunicación se empeñan en condenar y ridiculizar el alarmismo en vez de centrarse en concienciar con la prevención

Se cancela el Mobile World Congress de Barcelona por miedo al Coronavirus a pesar de que las autoridades españolas niegan riesgos

HECHOS

El 12 de febrero se hizo público que la Organización del Mobile World Congress anulaba el evento del año 2020.

Para la mayoría de periodistas españoles como D. Fernando Berlín, las marcas del MWC estaban actuando por ‘alarmismo’ porque no había riesgo real de coronavirus.

Sin razones

EL PAÍS (Directora: Soledad Gallego Diaz)

La suspensión del Mobile obedece a una reacción histérica no justificada

La cancelación del Mobile World Congress que debía celebrarse entre el 24 y 27 de febrero ha convertido a Barcelona en una de las principales víctimas, fuera de China, de la epidemia del coronavirus Covid-2019. Pero no por la amenaza directa del mismo, sino por la reacción histérica que ha provocado. El miedo ha demostrado ser más contagioso que el propio virus y ha alcanzado a Barcelona, donde no existen motivos de alarma. Los organizadores de la feria de telefonía más importante del mundo, a la que se esperaban 110.000 asistentes, decidieron el miércoles cancelar el encuentro ante el goteo de deserciones. Una treintena de empresas habían anunciado que no acudirían para evitar riesgos, pero el número total de expositores y empresas inscritos superaba los 2.800.

Como han reiterado las autoridades sanitarias, la decisión se ha tomado sin que existan razones de salud pública que la justifiquen. Se ha actuado como si hubiera un alto riesgo de epidemia, cuando solo hay miedo a esta. Las explicaciones que el jueves dieron los responsables del Mobile — “dar prioridad a la salud y la seguridad”— no son convincentes. Los organizadores de eventos tan relevantes deberían tener el temple de tomar decisiones ajustadas a la realidad y no dejarse arrastrar por meras hipótesis amparadas en puras conjeturas.

Habrá que analizar también si las medidas de seguridad adicionales a las recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que adoptaron ante las primeras cancelaciones no produjeron el efecto contrario del que pretendían y alimentaron la alarma que condujo a la cadena de bajas. Con el ánimo de tranquilizar y dar la impresión de control, anunciaron que se prohibiría la entrada de viajeros procedentes de Hubei, una medida superflua, pues los habitantes de esa región ya están confinados y no pueden viajar. Luego se dijo que tampoco se permitiría la entrada de personas que no pudieran acreditar haber estado fuera de China los 14 días anteriores. Ninguna de estas prevenciones era exigida por las autoridades sanitarias y pudo tener un efecto bumerán, como suele ocurrir con las reacciones compulsivas que no responden a criterios racionales.

La OMS hace un seguimiento estricto de la epidemia. Las medidas adoptadas por China han logrado contenerla dentro del perímetro acotado por las restricciones de cuarentena. Hasta este jueves se contabilizaban 1.369 muertes entre casi 60.000 infectados, de las cuales al menos 1.310 se han producido en la región de Hubei y solo dos fuera de China. El cambio de criterio en el registro de casos acordado el jueves puede llevar a confusión. Hasta ahora solo se tenían en cuenta las muertes confirmadas mediante análisis de ácido nucleico, una prueba que precisa tiempo. Ya no se espera a esa confirmación; se incluyen todos los casos con diagnóstico clínico, lo que ha llevado a notificar 242 muertes en un solo día.

El protocolo es evitar la sobreactuación y estar preparados para actuar en cuanto sea necesario, algo que en nuestro país está garantizado. Los dos casos que se han detectado de personas infectadas en otros países se han controlado sin dar lugar a situaciones de riesgo o alarma. Lo mismo cabía esperar en la celebración del Mobile. La suspensión sienta un nefasto precedente que causa graves daños económicos y éticos, siendo el más importante la erosión de la confianza en las autoridades sanitarias.

14 Febrero 2020

Mobile: Daño sin razón científica

EL MUNDO (Director: Francisco Rosell)

LA CANCELACIÓN del Mobile World Congress, un evento que iba a congregar a casi 3.000 empresas en Barcelona y genera un impacto económico cercano a los 500 millones de euros y los 15.000 empleos, es una pésima noticia. Los esfuerzos coordinados de todas las administraciones no han conseguido retener la edición de este año en la capital catalana. El goteo progresivo de compañías que anunciaban su baja aduciendo miedo al contagio del coronavirus iba achicando las esperanzas de que pudiera celebrarse un evento de estas características, en el que la delegación china ostenta una representación determinante. El enorme daño infligido a la economía barcelonesa, y por tanto para la española, es ya un hecho.

La mala suerte ha querido que el primer gran congreso mundial que coincide con la fase expansiva del nuevo virus haya sido el Mobile. Ahora bien, estrictamente hablando no se ha cancelado por razones sanitarias –ni Barcelona ni Cataluña ni España en su conjunto son zonas en riesgo apreciable de contagio– sino más bien económicas. La economía global se basa en la confianza, y el miedo la destruye sin atender a razones científicas: una vez se pone en marcha la bola de nieve de la aprensión, la cascada de reacciones se sucede de forma incontenible. De poco ha servido que el ministro de Sanidad insistiese en negar cualquier problema de salud pública, aunque le asistiese la razón. El Mobile es un evento privado, y son sus organizadores los que evalúan los riesgos y los que deciden. Otros congresos pueden ahora padecer el efecto dominó, y será tan revelador que lo padezcan como lo contrario. En ese sentido, nos preguntamos por qué la feria de Ámsterdam se mantiene.

Es cierto que las últimas ediciones del Mobile no han estado exentas de especulaciones que cuestionaban la idoneidad de Barcelona para acogerlo. El deterioro de la imagen de Barcelona en estos años, fruto tanto de la gestión populista de Ada Colau –turismofobia, aumento de la criminalidad– como del estallido del proceso separatista –la fuga de miles de empresas, las barricadas ardiendo tras la sentencia–, no contribuyeron a buen seguro a tranquilizar a los organizadores, que reclaman estabilidad política y social para hacer negocios en un entorno favorable. Por eso Isabel Díaz Ayuso, antes de que se declarase ninguna epidemia global, ofreció Madrid como alternativa en el caso de que Barcelona dejara de representar la opción preferida para el sector. En todo caso, si han pesado otras razones de las aducidas para la cancelación lo sabremos el año que viene, cuando la preocupación por el coronavirus haya desaparecido. El contrato de los organizadores con la Fira de Barcelona está vigente hasta 2023. Si la única razón de esta suspensión ha sido el temor a una epidemia, no hay razón para creer que en 2021 el Mobile no volverá a Barcelona.

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