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Se crea en Madrid la Mezquita de la M-30 (Centro Cultural Islámico), la más grande de Europa

HECHOS

El 21 de septiembre de 1992 se inauguró en Madrid el Centro Cultural Islámico.

22 Septiembre 1992

Paso tolerante

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

LA INAUGURACIÓN, ayer, en Madrid, del Centro Cultural Islámico y de la mezquita que alberga en su interior -la más grande de Europa- constituye un paso más de los muchos que la sociedad española está dando en los últimos años para recuperar la tradición tolerante de siglos pasados.En el año conmemorativo del V Centenario un hecho así adquiere especial relieve. El año 1492, señalado principalmente por la gran aventura exterior de las Indias, también lo fue por el triunfo de la intolerancia frente a dos colectividades integrantes de la España de entonces: la judía y la mulsumana. De ahí que la apertura en la capital de España de un centro cultural y religioso de una de las tres confesiones que convivieron durante siglos en territorio español sea una muestra de recuperación de la memoria histórica de nuestro país y de reencuentro con una tradición lamentablemente interrumpida. Y con mayor relieve al coincidir en el tiempo con los actos de desagravio ofrecidos a la comunidad sefardí, cuyos antepasados fueron aherrojados de la vieja Sefarad hace 500 años.

El actual Estado democrático español, asentado en la Constitución de 1978, ha puesto las bases para la consolidación efectiva de la libertad e igualdad religiosas. Los acuerdos de cooperación con los protestantes (250.000), judíos (12.000) y musulmanes españoles (200.000), aprobados recientemente por el Parlamento, plasman el reconocimiento público del notorio arraigo de estas tres confesiones en la historia y sociedad españolas. La inauguración, ayer, del Centro Cultural Islámico es una muestra de este reconocimiento. Y del talante abierto de los españoles de hoy hacia las diferentes religiones.

22 Septiembre 1992

La Mezquita de Madrid

ABC (Director: Luis María Anson)

En la orilla este de la M-30 uno de los paisajes más representativos del Madrid de los años noventa, se levanta la arquitectura de la nueva gran mezquita madrileña, solemnemente inaugurada ayer por el Rey. Erigida con una importante contribución financiera de los países árabes, la mezquita albergará el culto islámico de las minorías musulmanas transeuntes o afincadas en la capital de España en trance de crecimiento por la incoercible presión migratoria, impulsada por las abismales diferencias de renta que separan a los habitantes de una y otra de las riberas mediterráneas.

Pero más relevante que su significación funcional, como inauguración de un servicio religioso, la apertura de una mezquita en el corazón de España cobra un sentido simbólico de la más alta densidad histórica. Es el envés de la otra España la del zaragozana Avempace, el cordobés Averroes, Abentofail de Guadix; la de Maslama de Madrid, traductor de planisferio de Ptolomeo: la de los delicados zéjeles, tan presentes en las Cántigas del Rey Sabio y en los cantares del Arcipreste; la de la Córdoba de los Omeyas, rival de Bizancio. Abril una gran mezquita en Madrid significa retomar uno de los veneros de nuestra propia idiosincrasia nacional.

La inauguración de una mezquita en el confín más occidental del Occidente europeo pone un contrapunto de luz, de tolerancia, de razón.

Como escribe Bruno Etienne en ‘El islamismo radical’, el Corán es forzosamente radical, porque afirma una incompatibilidad filosófica y teológica que excluye el compromiso con otra religiones. Ni la noción de Estado de Derecho ni el acervo de los derechos humanos son de fácil conciliación con una praxix aplicativa coránica rigurosa. Pero frente a la violencia integrista chiíta, cargada de agresividad hacia el mundo occidental, tal y como se expresó en sus inicios la revolución iraní, la historia y la realidad del mundo musulman de hoy acreditan la posibilidad de la coexistencia incluso desde situaciones de acusada hegemonía islámica. Sólo la inseguridad y el miedo satanizan la idea del extranjero, del infiel, del otro. España, a la que la Corona ha restituido su confianza en si misma, debe enorgullecerse y mostrar sin recelo este testimonio de pluralidad y respeto que alza su minarete, cercado por rascacielos de multinacionales, sobre el torrente de la circulación urbana de Madrid.

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