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El anciano de EL PAÍS llamó 'chivato' al anciano del ABC, que lo había acusado de ex espía de la URSS

Se recrudece la polémica entre los columnistas Carlos Semprún Maura (ABC) y Eduardo Haro Tecglen (EL PAÍS)

HECHOS

Durante los años 1996 y 1997 los columnistas de los diarios EL PAÍS, D. Eduardo Haro Tecglen y del ABC, D. Carlos Semprún Maura (ambos vinculados en el pasado al Partido Comunista de España).

 

16 Julio 1996

LAS FRESAS DE POLANCO

Carlos Semprún Maura

Un periodista del imperio Polanco me contaba hace ya no recuerdo si dos o tres años, cuando de forma tan monótona como bestial los agricultores franceses atacaban y destrozaban camiones con fresas españolas, que su jefe de área o redactor-jefe, les exhortaba a comentar ampliamente estos acontecimientos. ‘Pero si ya lo hacemos, informamos de todo’, decían por lo visto los periodistas del grupo, a cargo de estos eventos. ‘¡Más! ¡Más!’, aullaban los jefes de área o redactores-jefes, hasta que uno, preso de patiróticas convulsiones lanzó la explicación de tanto nerviosismo: ‘¡Es que Polanco tiene muchas fresas!’ Por lo tanto Polanco también tiene fresas. Surge una pregunta: ¿qué es lo que no tiene Polanco? Se sabía que tenía PRISA, Santillana, CANAL PLUS – gracias a Mitterrand – se sabía que tenía radios, que vendía chatarra subvencionada a Uruguay, que cenaba con Fleipe y algunos más, que poseía media España, pero no sabíamos entonces que además tenía fresas. ¿A lo mejor acaba de venderlas para comprar chocolate?

Yo no conozco personamente al señor Polanco, ni falta que me hace, hablo de lo que vende, además de fresas, o sea imagen. Debo reconocer en este como en otros casos mi esquizofrenia: mi yo franciscano y libertario, que ama a los humildes -incluso cuando se rebelan – y hasta a los pájaros, y mi yo escritor – de alguna manera habrá que llamarlo – que se interesa por los personajes. A mi primer yo no le gustan los poderosos, más bien los aborrece, pero no es absurdo que un escritor se interese por un self made man, como Polanco, Jesús de. Las biografías de los grandes capitalistas tienen siempre un interés sociología ya veces un interés novelesco. Y a toas luces Polanco es un gran capitalista. A este tipo de capitalistas se les llama en Francia ‘capitaines d´industrie’ Pues no, clama desde su retrete, cada vez más lujoso, pero retrete, uno de los siervos del señor Polanco. ‘¿Y a Polanco, aquien los voraces y amarillentos envidiosos de la prensa y sus ganster acusan de capitalismo? ¡Como si ellos fueran una comuna de Aragón en la guerra civil!’. Se habrá reconocido el estilo ecuánime de la ‘hiena estilográfica’ Haro Tecglen (EL PAÍS, 26.04.1996). Lo de ‘hiena estilográfica no es invento mío, ni suyo, así fue como calificó Alejandro Fadejev, uno de los maestros de Haro, a… Sartre, antes de la conversión de éste al estalinismo. Lo de gran capitalista no es un insulto, es un hecho, pero ¿cómo salir de la contradicción cuando cada semana se limpia las botas y da coba a su señorito capitalista ya lmismo tiempo finge ser el último de los anti-capitalistas? En cuanto a lo de las comunas de Aragón’  se merece un premio. El ‘Comillas’, por ejemplo. No, nadie está ni es, comuna de Aragón; primero porque han pasato sesenta años y, segundo, porque sus camaradas estalinistas, sñeor Haro, las liquidaron a tiro limpio. No del todo, no lo lograron, pero esa fue la intención de las ropas comunistas al mando de las cuales estaba Enrique Líster, el ‘fusilador’. No es la pirmera vez, ni será la última que Haro Tecglen pone a cocer su peucliar olla podrida, con los verdugos y sus víctimas. Loa con el mismo lirismo a Orwell y a quienes quisieron asesinarle, a Montseny y a Ibarruri a los anarquistas y a los comunistas, y así sucesivamente. Esto no demuestra sólo confusión mental, revela una angustia, ¿dónde está la Meca ya que no en Moscú? ¿Dónde la línea política correcta, si la embajada ya no dice nada? ¿dónde la rentabilidad de los sacrificios militantes? No lo tiene muy claro y, como tantos ancianos, se aferra al pasado, donde todo parece tener sentido, con tal de mentir y ocultar los conflictos a menudo sangrientos, entre ‘rojos’ o ‘republicanos, porque en España la democracia tuvo don emeigos: el franquismo y el estalinismo. Pero, ¿qué se peude esperar de alguien que le trata a Lech Walesa de nazi?

Y, sin embargo, este es el precio que hay que pagar en aras de la libertad de expresión. Porque lo único importante, en definitiva, es eso, esa libertad y no las mentiras de unos o los insultos de otros. Tomemos otros ejemplos: el mini-escándalo que ha tenido lugar en Francia con el último libro de Roger Garaudy, mitos fundadores de la política israelí. ¡Es grotesco! JAmás hubiera podido soñar el autor con semejante publicidad. ‘El antisemitismo es el socialismo de los imbéciles’, escribió Jean Jaures y esta es probablemente una de las pocas cosas diveritdas a la vez que acertadas que escribió ese buen señor. Pero los lectores españoles deben saber que Roger Garaudy siempre ha sido un imbécil. fue uno de los estalinistas más imbéciles del siglo, siguió siendo imbécil cuando se reconvirtió al cristianismo y ha alcanzado las cimas más vertiginosas de la imbecilidad como musulmán. No, igual de vertiginosas uqe cuando estalinista. Pero procesarle porque, subvencionado por Arabia Saudí, ha escrito un libro para ‘demostrar’ que el genocidio judío se ha exagerado mucho y que Israel se ha aprovechado demasiado de esta situación en beneficio de sucios intereses, es la banalidad, eso se dice todos los días en la prensa árabe progre tercermundista, sueca o nicaragüense. Es una de las mentiras más difundidas por el mundo. Ocurre que tras la Segunda Guerra Mundial se estableció en Francia y otros países una censura que puede resumirse así: prohibido hablar del Gulag, y a cambio, prohibimos la propaganda nazi, anti-semita, etcétera. Resulta que prohibir, mediante la ley y los tribunales, la expresión de temas racistas, justificar los crímenes contra la Humanidad’ no hace sino fomentar el racismo. Y lo que aún puede ser peor, alimentar la idea que el anti-semitismo es una expresión de rebeldía, ya que está prohibido por los ‘principes que nos gobiernan’. Yo estoy totalmente convencido de que hay que suprimir ésta como las demás censuras, expresión del tremendo complejo occidental nacido de la colaboración con los nazis en el exterminio, no logrado del todo, de las razas inferiores. Está claro que Faurisson jamás hubiera existido si no se le hubiera censurado. Y todo el mundo se habría olvidado del imbécil de Garaudy, sin este nuevo y torpe asunto de censura. Francamente ¿quién hubiera leído su libro, aparte de Goytisolo?

El que escribe estas líneas fue un niño, no republicano, los niños no tienen opiniones políticas, esa es otra bobada demagógica, pero sí hijo de republicano y además desterrado, a quien le tocó vivir en Francia durante la ocupación nazi cuando aparecieron las primeras estrellas amarillas en ciertas solapas y luego desaparecieron solapas, estrellas y personas. Desde entonces no he cesado de angustiarme e indignarme contra el racismo en general y el antisemitismo en particular. Creo haber visto y leído todos al respecto, hasta las tesis ‘revisionistas’. Pero repito, no liquida el racismo por Decreto-Ley, esto no hace más que alimentarlo. Un poco de lógica, señores: ¿alguien podría escribir que el ‘Gulag’ no ha existido jamás y no le pasa nada y el imbécil de Garaudy escribe, después de tantos otros, que se ha exagerado en relación con el genocidio de los judíos y se le procesa? ¿Por qué? Está claro que ambos mienten. Y mienten sobre las dos tragedias más sangrientas de nuestro siglo.

Carlos Semprún Maura

28 Agosto 1996

HACIA EL AÑO 2000

Eduardo Haro Tecglen

ABC no tiene desperdicio, como dicen del cerdo. Martín Ferrand mira a Aznar como una reencarnación de Maura. ¡El abuelo de Semprún! (El abuelo de los Semprunes, mejor dicho: no hay que olvidar a Carlos, el chivato, el acusica, también en ABC, tan integral).

Aunque el futuro no vaya a ser el elemento fuerte de mi riqueza biográfica, aún me queda el rabo (de yacaré) por desollar – lo harán los que me muerden cada día: los buitres domésticos de Prometeo, porque algo habré querido tomar que no era mío – y espero conocer el año dos mil, para el que, tiempo más atrás no tenía esperanzas.

Será por la tozudez de la ciencia por alargar la vida humana cuando todo el mundo les dice que no lo hagan: hijos criados posibles, viuditas, Barca, actuarios, asilos institucionales, especialistas en despidos y jubilaciones, empresarios.

La inquietud es que, en él, me estarán esperando Aznar y Clinton. Les veo y les oigo anunciar su trabajo para entonces: Clinton viaja en un expreso que se llama Siglo XXI: y Aznar, el muchacho – le llamo así por mi antiguo conocimiento de su abuelo: un día hablaré más de él, sin que eso suponga ventaja ni desdoro para el nietecillo – no cesa de citar el futuro. ‘El Gobierno’ dice ahora, ‘debe apostar por el futuro y dejar al a justicia el apsado.

¡Pero si no se lo deja! Le esconde los papeles, manda escuadras de fiscales a liberar los apresados por los jueces, se ampara en el periódico antiguo (por el abuelo, digo, que escribía en él desde Franco)

El pasado es más suyo que el futuro, y esa sonrisa sin atributos que esgrime parece garantizárselo. He citado muchas veces una frase de Nietzsche: «¡Quién vería tu sonrisa sin deshacerse en lágrimas!» Pero jamás pensé que iba a adecuarse tanto a la de Aznar.

No sé si, con ella y con algunas leyes infames como las que le van prosperando entre las manos a cambio de algunas ignominias sobre el pasado podrá durar cuatro años más. Digo leyes infames, citando a Lorenzo Contreras, ABC, ayer: ‘…la infame legislación laboral vigente y la que se perfila todavía con peores rasgos» (¿quién se quejará al defensor del pueblo de esas infamias si el adjunto es su hermano Manolo?)

Es una inspección hacia el futuro. Sin embargo, en el mismo periódico – ABC no tiene desperdicio, como dicen del cerdo – Martín Ferrand mira a Aznar como ‘un pregón de esperanza renovada’, y con la fantasmagoría de una reencarnación de Maura. ¡El abuelo de Semprún! (El abuelo de los Semprunes, mejor dicho: no hay que olvidar a Carlos, el chivato, el acusica, también en ABC, tan integral).

¿Qué hace uno en este país sin tener una dinastía dominante? Lo que veo en Aznar es esa sonrisa que incita a la pena y al susto; lo que veo en Clinton es, también, el nuevo conservadurismo: nuevo porque es más duro, más cerrado, más viejo que el viejo que es el de Dole, tan tonto.

Eduardo Haro Tecglen

20 Septiembre 1996

ADJETIVO

J. Amat, A. López Campillo, R. Muñoz Suay, J. Marcos y J. Muguerza

A los abajo firmantes les sorprendió desagradablemente la lectura en el número 7.051 (28 de agosto), página 33, columna tercera, del periódico, de una nota firmada por uno de sus colaboradores habituales en la que se calificaba a Carlos Semprún de «chivato». Todos nosotros hemos colaborado estrechamente con Carlos Semprún en diferentes momentos de la lucha contra el sistema político anterior ‘ colaboración militante que se ha transformado con el paso del tiempo en amistad y respeto mutuo, a pesar de las diferencias de opinión actuales. Por eso consideramos el adjetivo utilizado por el autor de la nota como inadecuado por falso. Creíamos que el método consistente en levantar falsos testimonios para desacreditar al contrario había deja do de tener curso entre la ciudadanía demócrata. Pues todos sabemos que insultar al adversario nunca ha mejorado ni la lógica ni la capacidad de razonar del que recurre a tal procedimiento.

24 Septiembre 1996

INQUIETANTES ARREGLOS DE CUENTAS

Eduardo Haro Tecglen

A uno de los firmantes de la carta, Ricardo Muñoz Suay, le acusaron los hermanos Semprún de confidente de la policía franquista en el momento del caso Uninci (productora de cine de su partido), y así me lo dijeron a mí para que "tuviera cuidado".

Unas cuantas personas se inquietan porque califiqué de «chivato» al escritor de ABC Carlos Semprún. Pensaba entonces, concretamente, en que en un par de artículos en ese periódico aseguraba que yo estaba al servicio de la Unión Soviética en la célula de espionaje de Unión de Lara: es decir, un hecho que, de ser cierto, supondría un delito grave. Lo peor es que él, por su posición en el partido comunista entonces, sabía que no era cierto, y lo sigue sabiendo. No es el único caso. A uno de los firmantes de la carta, Ricardo Muñoz Suay, le acusaron los hermanos Semprún de confidente de la policía franquista en el momento del caso Uninci (productora de cine de su partido), y así me lo dijeron a mí para que «tuviera cuidado» y no me aproximase a él. Ricardo recordará que en el mismo instante le busqué y fui con él con Nieves (la Nieves de antaño, parafraseando a Villon) y con Pilar a comer una paella y reímos de los canallas calumniadores: de los chivatos. Hoy son amigos entre sí, agrupados por su caída en la derecha. Me alegro. Pero me inquieta ver estos arreglos de cuentas.

Eduardo Haro Tecglen.

31 Octubre 1996

POR SI LAS MOSCAS...

Carlos Semprún Maura

¿Por qué Tuñón y Tecglen se consideran gravemente insultados cuando se hace la menor alusión a una Embajada soviética? Ya sabíamos que en la lucha antifranquista estaban en la sombra, en la retaguradia, pero algunos pensaban y nos decían que eso se justificaba porque hacían 'otra cosa'. Pues, por lo visto, no hacían nada.

No te enfades, Carmlos, pero para mí, Carrillo tiene pinta de cura de aldea gallego y Claudín de funcionario soviético’ me dijo Juan Antonio Bardem, Avenida de Neuilly, en París y yo no me enfadé porque era la primavera de 1956 y todas las tardes, en la terraza del ‘Rouquet’ leía en Le Monde, el informe secreto atribuido a Jruschov en donde se contaba una mínima parcela de los horrores del estalinismo, al lado de los cuales la pinta de los dirigentes, francamente, no tenía la menor importancia. Poco después estaba en Madrid, con el informe a cuestas y todas nuestras conversaciones giraban en torno suyo.

Luego vinieron los acontecimientos de Polonia y sobre todo de Hungría, y yo, muy tardiamente y tontamente, me dí cuenta de donde estaba, o sea en un partido ultra reaccionario, fascista-rojo, y me largué. Transcurrieron, sin embargo, algunos percances y, en realidad, antes de largarme definitivamente estuve una breve temporada en Bruselas; me habían arrinconado allí y no entiendo por qué el atolondardo de Manuel Azcárate en su premio Comillas – ¡horrendo libro! – me suplanta en el trabajo ‘puramente técnico’ de ‘Nuestras Ideas’, cuando él era el subdirector y Fernando Claudín el director. La chochez es algo tremendo.

Unos meses antes, allá por 1955, Carrillo, en el espléndido piso de Colette Leloup – ¿se había casado ya con Jorge? Creo que aún no – Boulevar Saint-Germain, nos informó que Tuñon de Lara y un grupito de españoles amigos suyos estaban en relaciones directas con la Embajada soviética en París y que había que dejarles tranquilos. Cuando se publicó la ‘autobiografía de Federico Sánchez’, en la que se cuenta este dato, Tuñón amenazó con llevar al autor ante los Tribunales. Evidentemente no lo hizo.

En otras ocasiones tuvieron lugar conversaciones al as uqe yo asistía como una butaca más, porque después de haber informado sobre mis actividades en los medios universitarios madrileños, me callaba o me iba; fueron citados los nombres de Haro Tecglen, Novaís, Zamorano y tal vez alguno más que no recuerdo, como formando parte del grupito liderado por Tuñón. No se trataba de una célula de espionaje, eso suena a James Bond 007, y no hubo para tanto, pero es revelador que la memoria se eche ese farol. No, eran humildes informadores y uno puede fácilmente imaginar el destino de sus informes: la cesta de papeles o el cubo de basura.

Cuando salió el libro de Federico Sánchez, Fernando Claudín, en una entrevista, repsondió ‘Une fois n´est pas coutume’ algo bastante sensato en relación con las graves acusaciones del autor contra Tuñón de Lara. Recordó que durante decenios, los comunistas españoles, como los franceses, italianos y demás, consideraban a la URSS como la patria de los trabajadores, su defensa como un deber sagrado, el PCUS, como el partido líder y que por lo tanto todo lo que pidieron los soviéticoas se realizaba a rajatabla y era un honor realizarlo.

Yo mismo en mi breve periodo de militancia estalinista (1953/1956) si cualquier dirigente del PCE me hubiera dicho: ‘Hemos pensado en ti para tener relaciones directas con los camaradas soviéticos, también lo hubiera considerado como un honor; los camaradas soviéticos eran representados por secretarios de Embajada, corresponsales de Pravdda o agentes del KGB sin tapujos.

Claro, después de 1956, habiendo iniciado entones mi brillante carrera de anticomunista visceral, hubiera sido harina de otros costal y además no me lo hubieran propuesto, mis discrepancias con la línea eran patentes y de todas formas no lo hubiera aceptado. ¿Por qué, entonces, tantos aspavientos? ¿Por qué Tuñón ayer, Tecglen hoy, se consideran gravemente insultados, cuando se hace la menor alusión a una Embajada soviética, que no era sino la representación de la paz y el progreso en territorio enemigo, en territorio capitalista, para todos los comunistas y simpatizantes? Me entran ganas de preguntar ¿o sea, ni eso? ¿vuestros sentimientos filosoviéticos fueron meramente platónicos, ninguna acción, por modesta que fuera, apoyó vuestras convicciones? Ya sabíamos que en la lucha antifranquista estaban en la sombra, en la retaguradia, pero algunos pensaban y nos decían que eso se justificaba porque hacían ‘otra cosa’. Pues, por lo visto, no hacían nada. A menos que mientan, claro.

Lo mismo ha ocurrido con las Embajadas en las democracias populares y cn la cubana; siempre han sabido, siguiendo el ejemplo soviético y en nombre del internacionalismo proletario, o de la lucha por la paz, según las épocas, reunir a tontos útiles junto a sus gestapos. Cuando ocurrió el cisma chino-soviético, fueron las Embajadas albanesas quienes se encargaron en Europa de distribuir las novelas de Kadaré y el dinero para alimentar a los grupos ‘maoistas’. ¡Ah, el dinero! El oro de Moscú, de Berlín o de Pekín.

Cuando salió la firma de Anguita en el recibo de un cobro de dinero soviético en tiempos de Gorbachov, no sé si ustedes recuerdan que don Julio, con esa caradura impresionante que le caracteriza, afirmó que su firma había sido falisficada. Inmediatamente, Carrillo afirmó que don Julio mentía, que cuando él, Carrillo, había sido secretario general el PCE no había recibido oro de Moscú, pero que después de su expulsión, sí. Estas mentiras repetidas y latosas también forman parte de la mascarada comunista.

Es, sin embargo, sintomático que ni siquiera reivindiquen hoy, todo o parte del gran proyecto comunista de transformación del mundo, ese sueño convertido en pesadilla, con sus ruinas por doquier y sus millones de cadáveres, esa gran mentira que aún defienden, pero a hurtadillas, instalando tenderetes con viejas medallitas en Rastros imaginarios.

Claro, es un fracaso impresionante, rotundo e histórico y menos mal, pero la humanidad ha perdido casi un siglo en deshacerse de ese siniestro totalitarismo con ‘rostro humano’. Porque humano también es, desgraciadamente, el rostro de Hitler o de Stalin.

Ese Stalin que idolatraban y que ahora ni se atreven a nombrar. No, no es el valor ni la entereza lo que distingue a los residuos estalinistas. Esta es la realidad, esto es lo importante, y en este contexto saber cuántas tazas de café o copas de vodka se tomaron Fulano o Mengano, en ésta u otra embajada ¿qué le importa al mundo?

Carlos Semprún Maura

27 Enero 1997

MANOLO

Eduardo Haro Tecglen

Cuando leo a veces - Carlos Semprún - que estaba a sueldo - ¡conmigo! - de la embajada soviética, siento un cosquilleo que en otros tiempos hubiera sido indignación. Ya, nada. (Nota: finalmente, C. S. ha aclarado que ‘lo oyó decir': buena fuente para calumnias desde ABC, allí vale todo).

Me llamó con urgencia: su amiga – de ya bastantes días – les puso en la calle, él y Sergio estaban en un portal con su equipaje. No pude ir hasta después de comer en casa de un rico armenio blanco con Bardem, a quien también le pareci necesario, ¡los rojos! Se comía con vodka de mesa. Salí al aguacero de París y jueves – (…)

Vivía a salto de mata. Fue negro de una hispanista francesa que apenas hablaba español, escribía en Le Journal de Geneve o en La France Catholique: los hechos que comentaba eran la historia de España de cada día: el antifranquismo. Había que prestarle hasta el bono de metro. Cuando leo a veces – Carlos Semprún – que estaba a sueldo – ¡conmigo! – de la embajada soviética, siento un cosquilleo que en otros tiempos hubiera sido indignación. Ya, nada. (Nota: finalmente, C. S. ha aclarado que ‘lo oyó decir’: buena fuente para calumnias desde ABC, allí vale todo). En fin, tuvo una cátedra en Pau; ovlvió a España con la pseudodemocracia – el postfranquismo – y fue rechazado en muchos sitios. Murió aspirando a la Academia de la Historia. a la dela lengua, el obre sabio. Hizo cosas que no debía para poder llegar a eso. Había resistido cárceles, exilios, ayunos. Ah, todos esos años de guerra a guerra, de miedo en miedo, de céntimos por línea, de deseo de revindicación, que es una sed que nunca se paga, tendrían algo que ver con el conjunto de enfermedades que hacen que en su necrología se diga que ‘murió de vejez’. A los 81 años.

Eduardo Haro Tecglen

17 Febrero 1997

GRITOS Y MURMULLOS

Carlos Semprún Maura

Para terminar de una vez para siempre con aquello de chivatos y embajadas, repito por tecera vez que, efectivamente, oí decir, a Santiago Carrillo en 1955, que la Embajada soviética en París les había pedido – ordenado – que ‘liberaran’ a un grupito de españoles: Tuñón, Haro y a otros de las ‘tareas militantes’ porque ‘hacían otras cosas’, para ellos.

Cuando el pasado lunes 20 de enero, hojeando EL PAÍS, me topé con la reproducción de un artículo de Pedro J. Ramírez, confieso que me extrañé. EL PAÍS no acostumbra loar competidores y reproducir sus artículos. Más me extrañé aún al leer dicho artículo, que me pareció muy bien, aunque discrepe sobre algún punto. Por ejemplo, yo no creo en la ingenuidad de Julio Anguita, pienso que él sabe que, como jefe de una jauría minoritaria pero vociferante, es ‘algo’ mientras que si IU y el PC, formaran parte de una alianza más amplia, frente popular o unión de las izquierdas, él no sería más que uno de lmontón. Y en cuanto a lo de la pinza es tan absurdo, como imposible (hay absurdos posibles). Después de haber terminado el artículo de PEdro Jota que relata evidencias en torno a Polanco, ¿es o no es uno de los capitalistas más poderosos de España? Me fijé en el recuadro en donde se explica la infamia de Pedro Jota, porque se le vio en un balcón junto a José María Aznar. Con sus respectivas esposas ¡cuidado! Yo no veo dónde está el crimen. Un director de periódico tiene el derecho y hasta el deber de relacionarse con políticos en el gobierno, como en la oposición. Y ucalquiera tiene el derecho de preferir Aznar a González o al revés. A esto se le llama, creo, libertad de opinión, en los países democráticos. Acabo de leer el excelente libro de memorias de Jean François Revel, cuyo títul budista es ‘Un ladrón en la casa vacía’ y si algunos le critican por sus posiciones liberales y otros le felicitan, nadie le echa en cara haber cenado con Giscard, Balladur o Chirac. Ni siquiera con Mitterrand, del que fue amigo y colaborador cuando estaba en la oposición y con quien luego rompió y le criticó ferozmente. Este tipo de sectarismos sólo se da en las Batuecas, o sea en EL PAÍS.

Luego se vio que sólo constituía la avanzadilla de una gran campaña en defensa del imperio Polanco. Javier Pradera escribió un artículo contra Cebrián y, en el último momento se dio cuenta de lo que estaba escribiendo y cambió el nombre de su amadísimo consejero delegado, por el de Pedro J. Ramírez. El domingo 26 de enero y los días siguientes, las cosas se claran cuando EL PAÍS dedica sus páginas para explicarnos que el pobre Polanco se ha convertido en Fuerte Álamo y está atacado por todas partes, con lo cual todos los David Crockett de España y de Iberoamérica deben cerrar filas en su defensa. Y tanto batiburrillo ¿por qué? ¿cuál es el objetivo de tantas picas de Flandes? Pues, el fútbol, señores, ¡el fútbol! No el euro, Maastricht, el paro, Filesa, el GAL, los papeles del CESID, ninguno de los temas ralmente importantes han suscitado tanta histeria en la prensa. Sólo el fútbol ha podido con los nervios de los mayordomos de Polanco. Pese a vivir en mi agradable exilio parisiense, tan alejado del mundanal ruido que me cuesta trabajo entender las maniobras de tal o cual juez, pongamos por caso, soy consciente de que el fútbol en televisión es muy popular en España y que detrás de los millones de telespectadores, van y aumentan los millones de la publicidad, el nervio de la guerra. También entiendo que a través del fútbol y su monopolio es el imperio POlanco el que quiere conquistar nuevos territorios, como si no tuviera ya bastantes. (Que nadie me pregunte que es eso de la televisión diigtal, porque no entiendo ‘ni mu’, prometo informarme) Está visto que los siervos del imperio Polanco, desde su buque almirante en la Prensa escrita, seguros de sí mismos porque millonarios a la vez que progres, no toleran la menor crítica. Así EL MUNDO, cuya redacción está atiborrada de progres, y ABC, en donde también colaboran algunos, se ven acusados de todos los crímenes por atreverse a criticar al astro de Santillana, al genio de los Cárpatos, al sol de medianoche, a Polanco.

Otra manifestación de histeria en el mismo periódico, menos colectiva y más personal ésta, hemos podido observarla con el berrinche de Eduardo Haro Tecglen, al no obtener un sillón en la Real Academia de la Lengua. Porque ese señor que cada dos por tres se declarar rojo y republicano, no se contenta, por lo visto; con su confortable poltrona en la prensa y radio polanquistas, quiere además consagración oficial, la más tradicional y conservadora posible poltrona en la prensa y radio polanquista, quiere además consagración oficial, la más tradicional y conservadora posible. No sé si ustedes se habrán fijado, cómo, sabiendo que Camilo José Cela se opuso rotundamente a su elección a la Real Academia, Tecglen, desde entonces, no para de darle coba. Pero me imagino que Don Camilo lo habrá notado mucho antes que yo. El delirio ‘académico’ de Tecglen le llevó, según su costumbre, a insultar a una serie de escritores y periodistas, entre los que tuve el honor de figurar yo. ¡El colmo! Yo, con mi castellano bastardo y mis galicismos, que tengo que ver con la Real Academia, ¡pobre de mí! Pero es que para insultar, cualquier pretexto le sirve a ese señor. Ustedes recordarán que la respuesta de ABC a esos improperios fue tan tajante como generosa. Haro Tecglen no se paró en tan buen camino y quiso explicarnos que Carmen Martín Gaite no está en la Academia. Pero como no da pie con bola desde hace siglos, esto le valió una respuesta airosa de esta escritora, tan admirable por su talento, como por su independencia.

Además, ¿cómo podría ser elegido a la Real Academia una persona que ni siquiera conoce el sentido de la palabra ‘chivato’? El chivato o soplón: ‘dícese de la persona que acusa en secreto y cautelosamente’ (Diccionario de la Academia). Por lo tanto no corresponde en absoluto, a quien publica en la Prensa artículos, más o menos afortunados, pero firmados con su nombre y apellidos. El chivato o soplon informa anónimamente y en secreto a la Policía, a las Embajadas, a empresas competidoras, a partidos políticos totalitarios – los democráticos, no los necesitan – etcétera. Esto viene como miel sobre hojuelas para manifestar, con mucho retraso, mi agradecimiento a mis amigos, quienes protestaron, mediante carta al director de EL PAÍS, precisamente porque Haro Tecglen me insultó en varias ocasiones tratándome de chivato. En realidad he tenido ocasión de comentar varias veces este lamentable asunto con Ricardo Muñoz Suay, Antonio López Campillo y Jorge Amat, pero aún no he tenido ocasión de darles las gracias a Julián Marcos y sobre todo a Javier Muguerza. Digo ‘sobre todo’ porqie si Julián y yo nos vemos muy de vez en cuando a Javier no le he visto desde 1954, hace cuarenta años ¡Cuarenta! y aún se acuerda de mí y me echa una mano amistosa. Gracias.

Pero Haro Tecglen es como el mal rayo que no cesa y con motivo de la muerte de Tuñón de Lara vuelve a atacarme: ‘finalmente, C. S. ha aclarado que ‘lo oyó decir: buenafuente para calumnias desde ABC, allí vale todo’. Para terminar de una vez para siempre con aquello de chivatos y embajadas, repito por tecera vez que, efectivamente, oí decir, a Santiago Carrillo en 1955, que la Embajada soviética en París les había pedido – ordenado – que ‘liberaran’ a un grupito de españoles: Tuñón, Haro y a otros de las ‘tareas militantes’ porque ‘hacían otras cosas’, para ellos. Punto final. En cambio, debo constatar que Haro Tecglen en su delirio paranoico se ha puesto a chismorrear malévolamente y a mentir en torno a la vida privada de ciertas personas. Además de ser de muy mal gusto es arriesgado, porque ¿y si un día, alguien, furioso, se pusiera a contar la suya? Yo no, nunca lo he hecho, ni me interesa, además bastante tiempo he perdido con esa Momia. Tout dela pue, Monseur!’.

Carlos Semprún Maura

NA LARGA GUERRA. 

El enfrentamiento entre D. Carlos Semprún Maura y D. Eduardo Haro Tecglen se prolongaría durante años. Mientras que el Sr. Semprún dedicaría artículos de página de completa contra su rival, este optaría por pequeñas referencias despectivas de una línea en artículos sobre otros temas:

Referencias de Haro Tecglen a Carlos Semprún
«El intento de bilingüismo no sólo estropeael idioma, sino también la mentalidad: Carlos Semprún». (EL PAÍS, 15-09-1995).
«Los hay hasta segregando abeceina – Carlos Semprún, que personaje – en el PP y entre los gubernamentales» (EL PAÍS, 21-11-1995)
«Los Semprunes, no hay que olvidar a Carlos, el chivato, el acusica, también en ABC, tan integral» (28-08-1996)
«¿Cómo puede ABC Seguir publicando artículos de Jiménez Losantos, de Semprún? (EL PAÍS, 23-12-1996)
«Esperanza Aguirre citando a Carlos Semprún Maura como ejemplo de intelectual sano y liberado. El disparate» (EL PAÍS, 29-5-1997)
«Los que me dañan no son los de la antigua derecha. Los malos son los renegados: López Amor, Jiménez Losantos, Carlos Semprún» (EL PAÍS, 10-07-1998)
«Leo en Jiménez Losantos una crítica atroz» (EL PAÍS, 10-01-1999)
«Carlos Semprún me parece simplemente despreciable en esos aspectos: literarios, o políticos» (EL PAÍS, 23-12-2000).

El Análisis

¿Mejor o peor dictadura según el color?

JF Lamata

Para los medios pequeños siempre es útil polemizar con los que son más grandes para que, al ser respondidos, incrementen su notoriedad. Por tanto, polemizar con el Sr. Haro Tecglen, columnista diario de EL PAÍS, el generalista más leído, le venía de perlas al ABC del Sr. Anson. Aunque fuera fichando como columnista al ex comunista D. Carlos Semprún Maura. Dentro de lo raro que era ver a un antiguo comunista echando en cara a otro antiguo comunista lo muy comunista que había sido, pero la ventaja que tiene ser un ex comunista es que puedes ser ferozmente anti-izquierdista sin miedo de que te acusen de franquista.

El Sr. Semprún Maura logró encontrar algo que irritó lo suficiente al Sr. Haro como para llamarle ‘chivato’, su contacto con las embajadas de la Dictadura de la Unión Soviética. Y aunque parece bastante lógico que todos los del PCE en los cincuenta y antes mantuvieran estrechos contactos con la dictadura soviética, entre otras cosas porque a eso había obedecido la creación del PCE, a ser ‘la sección española’ de la Internacional Comunista de Stalin. Al Sr. Haro le gustaba que se recordara su militancia contra la Dictadura franquista, pero sin que pasara a analizarse su complicidad con la Dictadura soviética.

J. F. Lamata

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