14 mayo 2004

Elecciones La India 2004 – Sonia Gandhi gana, pero renuncia a asumir el cargo de primera ministra

Hechos

ELECCIONES UNIÓN INDIA 2004

  • Alianza Nacional Democrática (Behari Vajpayee) – 187 escaños
  • Partido del Congreso (Sonia Gandhi) – 222 escaños

14 Mayo 2004

Vuelven los Gandhi

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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La magia de la dinastía Gandhi ha funcionado otra vez en India, y Sonia Gandhi, de 57 años, jefa a su pesar del histórico Partido del Congreso, se convertirá en los próximos días, tras ocho años de oscuridad y casi contra todo pronóstico, en la primera ministra de uno de los países más revolucionados y prometedores del mundo. Su hijo Rahul, el relevo generacional, la acompañará en un Parlamento de 545 escaños, en el que la alianza nacionalista gobernante que hasta ayer encabezaba el octogenario Atal Behari Vajpayee ha perdido un tercio de sus escaños. Las elecciones habían sido convocadas anticipadamente para aprovechar una ola de prosperidad desconocida en una nación de claroscuros chirriantes.

La viuda del asesinado primer ministro Rajiv y nuera de la asesinada primera ministra Indira ha sido empujada al timón de la democracia más poblada del mundo por el voto de millones de campesinos solemnemente pobres, que, ajenos al eslogan gubernamental India brilla, se han sentido al margen de la relativa prosperidad urbana impulsada durante los últimos años por el Gobierno marcadamente hinduista de Vajpayee. A estos votantes del Congreso en los Estados más miserables les ha importado poco el balbuciente manejo del idioma hindi por Sonia Gandhi, su origen turinés o su escueta expresividad, argumentos todos ellos en los que han confiado en exceso sus adversarios pese a ser India un país de clanes y castas.

No es probable ningún viraje relevante en la política india. La potencia regional asiática suele sentirse más concernida electoralmente por cuestiones puramente locales o, como mucho, del ámbito de sus caleidoscópicos Estados.

El Gobierno que forme Sonia Gandhi no tendrá más remedio que continuar una liberalización que es crucial para el papel global que pretende desempeñar la tercera economía de Asia y el segundo país más poblado del planeta. Para tranquilidad de todos, el partido vencedor ya ha anunciado que se considera absolutamente comprometido, como el primer ministro dimisionario, con la búsqueda de la paz con el archienemigo y vecino Pakistán.

Sí cabe esperar que los aliados izquierdistas del Congreso -cruciales para completar los 273 diputados que trazan la frontera para formar Gobierno y que han obtenido sus mejores resultados en años- impongan una marcha más lenta a las reformas económicas, sobre todo a las privatizaciones. Sonia Gandhi hablaba anoche de poner «un rostro humano» a las leyes del mercado.

La carismática dinastía Gandhi-Nehru, marcada por la tragedia, ha dirigido India a través del laico partido del Congreso durante 35 de sus 57 años de independencia. Para muchos, su aplastante derrota de 1996, a consecuencia de la cual Sonia Gandhi entró a empellones en política, señaló el comienzo de su extinción. Los resultados de ayer demuestran que el entierro era prematuro.

20 Mayo 2004

El mutis de Gandhi

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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La renuncia de Sonia Gandhi a la jefatura del Gobierno indio, anunciada tumultuosamente en el Parlamento de Delhi y mantenida pese a los reiterados requerimientos de sus correligionarios, no cambiará nada importante en el rumbo que el histórico Partido del Congreso -inesperado vencedor de las elecciones- vaya a imprimir al gigante asiático. El candidato escogido directamente por ella, el respetado ex ministro de Finanzas Manmohan Singh, recibió ayer el encargo presidencial de formar el nuevo Gobierno de la India. Pero el clímax vivido en los últimos días dice mucho sobre las circunstancias y limitaciones en que se desenvuelve la vida política en la considerada mayor democracia del planeta.

A la voz interior de la líder del Congreso no es ajena sin duda la presión de sus hijos, Rahul y Priyanka, prolongación política de la dinastía, que consideran suficiente el asesinato fanático de su padre, Rajiv Gandhi, hace 13 años. Pero el único y consistente argumento esgrimido por Sonia Gandhi, a la que centenares de millones de los más pobres dieron su voto para que empuñase el timón, es su deseo de impedir la desestabilización del próximo Gobierno a manos de quienes no toleran que una mujer de origen extranjero dirija los destinos de la nación.

India es un país políticamente chovinista. Si en sus ancestrales códigos una mujer carece de identidad propia -es hija de su padre o esposa de su marido-, en el caso de Sonia Gandhi esa condición se agrava por haber nacido fuera, aunque su ciudadanía sea india. Al partido hinduísta Baratiya Janata (BJP) le ha faltado tiempo tras su humillante derrota electoral para organizar una violenta embestida nacional contra la nuera «italiana» de Indira Gandhi. Los diputados de una formación que se presenta a sí misma como moderna, pero que bebe en las peores tradiciones del fundamentalismo religioso y nacionalista, anunciaron, junto con sus aliados, que no asistirían a su toma de posesión y que se afeitarían la cabeza en señal de protesta.

El inmediato horizonte de la tercera economía de Asia parece a salvo de bandazos. Tanto el Congreso -que con sus socios izquierdistas tendrá al menos 320 escaños de los 545 del Parlamento- como el saliente BJP están a favor de pacificar definitivamente las relaciones con el rival nuclear y archienemigo Pakistán. Y hay acuerdo entre los dos partidos sobre la necesidad de avanzar en la liberalización económica de uno de los países más poblados y prometedores del mundo. A

puntala esa percepción el hecho de que el recambio de Sonia Gandhi al frente del Gobierno de coalición sea Manmohan Singh, arquitecto de la apertura económica india en 1991, bien visto por los mercados financieros y primer sij que llega a tan alta magistratura.