19 agosto 2014

Los dirigentes de UPyD Irene Lozano y Carlos Martínez Gorriarán acusan a su eurodiputado de 'mezquindad' y 'corrupción' por hacer esa declaración

El eurodiputado de UPyD, Sosa Wagner, desautorizado y vapuleado por sus propios compañeros tras pedir pactos con Ciudadanos

Hechos

  • 19.08.2014 D. Francisco Sosa Wagner, eurodiputado de Unión Progreso y Democracia (UPyD) fue replicado por un artículo de Dña. Irene Lozano, diputada de Unión Progreso y Democracia el día 21.08.2014.

Lecturas

En las elecciones europeas del 25 de mayo de 2014 el partido político centrista Unión Progreso y Democracia (UPyD) logra 1.018.492 votos y 5 eurodiputados mientras que o Ciudadanos, otro partido centrista, se queda en 496.034 votos y 2 eurodiputados, pero a partir de ese momento la intención de voto de Ciudadanos en las encuestas empieza a subir a la vez que la presencia de su líder en medios, D. Albert Rivera Díaz es mucho más frecuente que la de la lideresa de UPyD, Dña. Rosa Díez González.

El 19 de agosto de 2014 el eurodiputado de UPyD y portavoz del partido en Estrasburgo D. Francisco Sosa Wagner publica un artículo en El Mundo en el que pide la unión de UPyD con Ciudadanos y lamenta que la dirección de su partido tenga prácticas autoritarias con expulsiones constantes de afiliados críticos.

El 21 de agosto de 2014 la diputada de UPyD y miembro de la dirección Dña. Irene Lozano Domingo publica un artículo en El Mundo contra D. Francisco Sosa Wagner: “va a resultar difícil que alguien te iguale en mezquindad”. Ese mismo 21 de agosto de 2014 el diputado de UPyD y también miembro de la dirección D. Carlos Martínez Gorriarán publica un mensaje público en Twitter en el que hice que el Sr. Sosa Wagner “es corrupción política pura” y “mentiroso 100%”.

Gorriaran

El 22 de agosto el Sr. Sosa Wagner respondía, también en El Mundo, pidiendo que se discutiera su propuesta de unión y no en su persona. El eurodiputado D. Fernando Maura Barandiarán publica su propio artículo en El Mundo el 23 de agosto respaldando a Sosa Wagner.

El 15 de octubre de 2014 la dirección de UPyD acuerda destituir a D. Francisco Sosa Wagner como portavoz de UPyD en el parlamento europeo.

El 17 de octubre de 2014 D. Francisco Sosa Wagner anuncia que renunciaba a su acta de eurodiputado y que se retiraba de la política decepcionado con UPyD. Le sustituye como eurodiputado D. Enrique Calvet, también situado en posiciones críticas a la dirección del partido.

19 Agosto 2014

Después de las europeas

Francisco Sosa Wagner

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Es verdad que se trata de dos partidos distintos, pero existen los suficientes puntos de encuentro entre ellos para pensar en la redacción, por expertos capitaneados por Rosa Díez y Albert Rivera. UPyD debería liberarse de las prácticas autoritarias que anidan en su seno, prácticas que desembocan en la expulsión constante de afiliados o en su sepultura en vida cuando deciden permanecer en sus filas acogidos a un ominoso silencio.

Desde una modesta organización ciudadana, surgida en el País Vasco para luchar contra el terrorismo y desenmascarar a sus cómplices, nació el partido Unión, Progreso y Democracia, cuyas siglas (UPyD) forman parte del actual paisaje español y de nuestro vocabulario político. Gracias al valor y al esfuerzo personal de Rosa Díez, esta formación está presente hoy en el Congreso de los Diputados, en algunas comunidades autónomas, en muchas corporaciones locales, en el Parlamento Europeo… Como expresivamente dijo la propia Rosa en alguna ocasión, UPyD era una frágil embarcación que se hacía un hueco entre los grandes paquebotes dominantes en la política española.

La empresa no ha sido fácil y los sinsabores que ha tenido que sufrir su fundadora ya están escritos con tinta dolorosa en las páginas de la Historia de España. Es el precio que ha debido pagar por atreverse a desafiar, armada con el utillaje de sus argumentos, al sistema político nacido en la Transición y perforar el mundo hostil y compacto crecido a su amparo. Rosa ha querido ser ignorada por el paisaje, pero ella, como ocurre con algunos actores de teatro, ha sabido sacar la cabeza por un rincón del escenario para hacerse visible.

La ciudadanía liga la creación de UPyD con la lucha contra el peligro que los nacionalismos suponen para la estabilidad de España y del Estado, también contra los excesos y despilfarros que ha propiciado y propicia el sistema autonómico y, en general, con el intento de regeneración de una democracia la magnitud de cuyas manchas ahora estamos comprobando con calambres de cólera.

Pero UPyD ha sabido además, y en pocos años, fabricar una respuesta convincente a los problemas generales de la sociedad, y así en sus publicaciones, en las actividades de sus grupos de trabajo y en los acuerdos de sus congresos se pueden hallar las ideas que sus afiliados han tejido sobre la educación, la energía, el campo o la ganadería, la gestión forestal, la sanidad, la economía y las finanzas, la defensa, el urbanismo, etcétera. Lo digo y lo escribo con conocimiento de causa y con la conciencia –que quiero dejar bien clara– de que mi participación en toda esa vasta obra ha sido muy modesta.

La pequeña odisea de UPyD es así, en su humildad concentrada en el tiempo reciente de esta España desgreñada, una odisea nimbada por el éxito. La Historia, sin embargo, está buscando siempre mármoles flamantes en los que escribir sus planes, y por eso se impone meditar acerca de los ritmos nuevos que se avecinan.

En este sentido, me limito a coincidir con muchos expertos al señalar que las pasadas elecciones europeas han significado un revulsivo inesperado de nuestro panorama político. Dijérase que, cuando afrontábamos una cita electoral de escaso atractivo y lo hacíamos con las legañas sin limpiar a conciencia y los ojos nublados por ellas, la vida que se ha asomado tras las urnas nos ha sacado del sopor y nos ha lanzado a un presente que tiene algo de abismático.

Para UPyD, pese a su aumento de diputados en Estrasburgo, ha supuesto un pequeño varapalo, pues no ha sabido recoger votos de la masiva y un poco humillante pérdida de votos de los grandes paquebotes; pero es que además ha germinado un movimiento que, gracias a sus habilidades, a su respuesta sencilla a problemas complejos y a la atención atolondrada que le prestan algunos medios, puede acabar estrellándolos contra el acantilado.

Eso no es malo en sí porque la democracia se diferencia de los sistemas autoritarios en que en ella existen ventanas que, de vez en cuando, se abren y airean el ambiente. El problema se halla en la baja calidad de las propuestas nuevas y en el aire demagógico que las hincha como a un globo de feria; y en el efecto que sobre otras formaciones políticas está teniendo, a alguna de las cuales la vemos ya dando tumbos a la espera de que algún milagro le haga recuperar la mesura perdida.

UPyD cuenta, además, con la entrada en escena de un competidor en su mismo espacio, ocupado por votantes muy próximos, que es el partido de los Ciudadanos de Cataluña. Nacido en aquella región, ha tenido la valentía de presentarse en el ruedo nacional cosechando un éxito estimable, pues son dos los diputados que se sientan en los escaños europeos.

Adviértase que, de resultas de todo ello, hoy tenemos básicamente: dos partidos políticos grandes (PP y PSOE) y dos pequeños (UPyD y Ciudadanos) que están a favor del orden constitucional y de la democracia representativa y son defensores –críticos pero defensores– del legado de la Transición; dos partidos nacionalistas que están, como siempre, por la destrucción del Estado e incluso por la separación de España de los territorios en que obtienen sus votos; y dos partidos –comunista y Podemos– cuyas ilusiones políticas acampan claramente extramuros de la Constitución y aun de la citada democracia representativa.

Las aflicciones que padece el pueblo español son tan acuciantes que la estrategia, vista desde los partidos pequeños constitucionales aludidos y desde los mensajes de las encuestas de opinión, resulta clara: es preciso unir esfuerzos y lograr un acuerdo entre ellos para acudir a las próximas elecciones locales y autonómicas y, después, a las generales. Como dijo Fernando Savater –con justicia el maître à penser de UPyD– con ocasión del segundo congreso de esta formación política (noviembre de 2013), «precisamente por la madurez y fortaleza alcanzadas por UPyD ha llegado el momento de acercarse a alguna otra formación política emparentada con nosotros».

Es verdad que se trata de dos partidos distintos, pero existen los suficientes puntos de encuentro entre ellos para pensar en la redacción, por expertos capitaneados por Rosa Díez y Albert Rivera, de un «compromiso electoral común» basado en 10 o 12 acuerdos primordiales. UPyD, conviene recordarlo, ha tenido como emblemas de sus campañas Lo que nos une o La unión hace la fuerza: pues bien, es hora de demostrar que se cree en ellos y que no han sido puros embelecos electorales.

Sabiendo, por supuesto, que ambas organizaciones padecen defectos y carencias: Ciudadanos no cuenta con una respuesta propia, elaborada en congresos democráticos, a los problemas sociales en su conjunto; y UPyD debería liberarse de las prácticas autoritarias que anidan en su seno, prácticas que desembocan en la expulsión constante de afiliados o en su sepultura en vida cuando deciden permanecer en sus filas acogidos a un ominoso silencio.

Porque lo que está en juego es algo que a muchos nos convoca con premura: la necesidad de reforzar la alternativa política representada por estas dos organizaciones, respetando la singularidad de cada una de ellas, para avanzar en la construcción de un orden constitucional renovado, basado en la moderación, en el estudio sereno de los problemas sociales y económicos, así como en la búsqueda de soluciones lúcidas, ésas que saben aventar con un cortés corte de manga todo aquello que ronde la superficialidad o busque el parentesco con la extravagancia.

Se impone, pues, actuar libres de ridículos y obstinados sectarismos, extemporáneos en la grave hora presente.

Creer en la unión y en el progreso desposados con una ciudadanía movida por las turbinas de la razón es acaso una ingenuidad, pero es una ingenuidad fecunda. Es más: sólo un ejército de ingenuidades como ésta será capaz de traernos una España en la que habite el menor número posible de veneno.

Francisco Sosa Wagner

21 Agosto 2014

Querido Paco

Irene Lozano

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Querido Paco, va a resultar difícil que alguien te iguale en mezquindad.

Yo también figuré en las listas como independiente, querido Paco Sosa, como tú la primera vez que fuiste el candidato europeo de UPyD. Transcurrido algún tiempo, te afiliaste, por estrechar tu compromiso con el partido, supongo, y por contribuir a financiarlo. A mí me ocurrió lo mismo: me convencí aún más de que el proyecto de UPyD es imprescindible para que nuestro país no vuelva al blanco y negro de los años 40, esa lejana España de posguerra en la que naciste.

Cualquiera de los que estamos en una institución, siempre que no hayamos perdido el sentido de la realidad, hemos visto la verdad palmaria: el escaño que ocupa una persona lo han conquistado muchas. Yo misma celebré actos de campaña defendiendo la lista que encabezabas, como un valladar frente a las componendas del bipartidismo, agotado en España y en Europa… Para mi sorpresa, votaste a Jean-Claude Juncker como presidente de la comisión. Y no me sentí representada, no ya en su ideología conservadora, sino en tu incoherencia.

En fin, yo soy lo de menos: en cada lugar de España que visité durante la campaña –Murcia, La Coruña, Valencia, Madrid…– encontré a una militancia ilusionada, dispuesta a arrebatar horas a su familia y amigos para preparar tu mitin, el mío… Gente que nunca va a cobrar un céntimo y que quiere lo mejor para el país… Gente sin cuyo trabajo ni tú ni yo estaríamos en un Parlamento. En tu caso, esto es especialmente cierto: según la última encuesta del CIS, no te conoce ni el 12% de los españoles, y tu campaña es la peor valorada por los encuestados, que aprecian más la ejecutoria del partido.

Sin duda, una parte de culpa de ese mal desempeño la tengo yo, que contribuí en todo lo que pude a tu reelección. Me sorprende, sin embargo, que en tu diagnóstico sobre el resultado de UPyD en las europeas no hayas considerado –así sea momentáneamente– el factor cabeza de lista como una parte del problema. Cuando escribas tu hoja de servicios al país, no descartes la posibilidad de haberte equivocado.

Hay gente de UPyD que puede coincidir contigo en la necesidad de pactos con otros partidos, aunque esta cuestión ya se dirimió en nuestro último congreso. En cambio, va a resultar difícil que alguien te iguale en mezquindad. Porque quienes no comparten el criterio de la dirección, lo pudieron decir hace nueve meses en el Congreso de UPyD, aquél que tú presidiste y en el que se votaron resoluciones como el punto 1.4.1 de la Ponencia Política: «UPyD será lo mismo en Cataluña que en el resto de España». Eso lo han aprobado los delegados. No te vi presentar enmienda alguna, ni voto particular de ninguna clase. De hecho, ningún delegado lo planteó, lo que da idea de la escasa preocupación entre los afiliados.

En fin, si has cambiado de opinión, también lo podrías explicar en el Consejo Político de UPyD del que formas parte, y tratar de convencer a los demás: las ideas son la materia prima de que está hecha la política, pero necesitan gente que acuda a los foros de debate a defenderlas. Francamente, me resulta asombroso haberte oído hace unos meses defender que UPyD no debía reeditar el fracaso del PSOE y el PSC en cuestión de pactos, y verte ahora en este lance. ¿Cuándo encarnabas un espíritu libre y valiente? ¿Antes de las elecciones, o ahora que tienes tu plan quinquenal? Lo peor es que tu artículo no está destinado siquiera a convencernos de tus ideas más recientes, sino a desacreditar a UPyD. Dices que es un partido «autoritario y sectario». Y en esa frase escrita con el azul acerado de las reyertas, has hecho ciertas las palabras de Buffon: «El estilo es el hombre».

Querido Paco, tú te has presentado bajo esas siglas autoritarias. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Cómo enjugar tu colaboracionismo? ¡Dios mío! Quienes nunca hubiéramos concurrido a las primarias del Partido Comunista de China no entendemos cómo pudo tu espíritu libre tolera tantos años de mordaza y flagelo. Espero que pronto puedas explicar la falta de autonomía política y financiera con la que te has desempeñado en Bruselas estos años. El control sobre tus votos, tus dineros, etcétera… ¡Ha sido terrible! Mira que darte cuenta de tan odiosas prácticas a raíz de tu pésima campaña…

Algo sí debes de estar haciendo mal, pues yo tengo el escaño a medio metro de la dirección del partido y actúo con bastante autonomía como diputada. A miembros de think tanks y de la sociedad civil con los que trato les llama la atención esa independencia, infrecuente en la política española. No entiendo que ahí, en Bruselas, a 2.000 kilómetros de Rosa Díez, viváis en el Gulag. Parece ser que sientes su aliento en el cogote todo el tiempo, salvo cuando votas a Juncker contra el criterio del partido, porque este autoritarismo no multa a los diputados por votar diferente.

En todo caso, y aquí nuestras vidas paralelas se alejan, yo estoy comprometida con el programa y los votantes de UPyD. De hecho, si algo vale la pena, entre los muchos sinsabores de la política, es saber que uno está haciendo algo mucho más grande que uno mismo. Se camina más despacio, pero se llega más lejos acompañado. También se ríe uno más. Algo ha escrito Zygmunt Bauman al respecto: la cuestión hoy día no es hallar las ideas más brillantes, sobran ideas respecto a cómo conseguir una sociedad más libre y justa; la cuestión es conseguir la fuerza para llevar esas ideas a la práctica. Al final, suele suceder que mientras uno debate cómo mejor actuar para lograr esa sociedad, va mostrando su propia naturaleza, a veces con un simple acto o una sola frase. Me alegro de conocerte un poco mejor. Perdona que no me levante.

Irene Lozano

22 Agosto 2015

Puntualizaciones a una polémica

Francisco Sosa Wagner

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Ante el debate surgido con motivo de mi artículo publicado en este diario el pasado martes, día 19, quiero hacer algunas breves puntualizaciones:

1. Aquí no hay un enfrentamiento entre Rosa Díez (y ahora Irene Lozano) con Sosa Wagner. Por Rosa Díez, y lo mismo por Irene Lozano, siento el máximo respeto personal y político. Por tanto, no entro en las consideraciones de esta última porque jamás firmaré una descalificación de ella. Por supuesto, que en mí se acumulan vicios y defectos lo empecé a intuir nada más brotar las primeras erupciones del acné y el paso del tiempo no ha hecho más que corroborarlo.

2. Pero de lo que se trata en estos momentos es de un asunto objetivo, planteado tras los resultados de las elecciones europeas que han sacudido nuestro escenario político. Mi propuesta consiste en que un grupo de jóvenes expertos, conocedores de ambos partidos, capitaneados por Rosa Díez y Albert Rivera, analicen las posibilidades de un pacto entre ambas formaciones para afrontar las próximas citas electorales. Sabiendo que hay elementos que nos diferencian, pero también otros que nos unen. Insisto: ver las posibilidades; si existen, actúese en consecuencia. Si no existen o los afiliados no lo desean, desístase.

3. Por parte de UPyD, no es obstáculo alguno el punto 1.4.1 de las resoluciones del congreso de noviembre de 2013 que dice «UPyD será lo mismo en Cataluña que en el resto de España». ¡Faltaba más! Naturalmente que será lo mismo como también único será su mensaje en toda España, pero eso no excluye que pueda compartir trabajo político con otras siglas si previamente ha existido un acuerdo programático. Lo que sí hubo en ese congreso fue un atronador aplauso cuando Fernando Savater (el GPS de nuestro partido, como él gusta humorísticamente de llamarse) dijo que era llegado el momento, «vista la madurez alcanzada por UPyD, de pensar en posibles alianzas con formaciones homólogas».

4. A principios de verano, escribí una carta a Rosa Díez en la que me permitía hacerle una serie de observaciones sobre asuntos políticos y europeos, motivados por el comienzo de la legislatura en Bruselas, y donde acababa diciéndole que ahora más que nunca veía indispensable la existencia de una formación política como la que ella valientemente había fundado y ello por razones que me gustaría explicarle. Esta carta, enviada con acuse de recibo, y en la que yo pedía expresamente respuesta, nunca la obtuvo..

5. En cualquier caso, ahora, y ya con la vista puesta en el futuro, nos encontramos con que Rosa Díez afirma que «en UPyD no mandan ni Sosa, ni Savater ni Rosa Díez sino los afiliados». De acuerdo. ¿Por qué no se promueve una consulta directa sobre este asunto entre todos los afiliados? Eso sí: utilizando los participantes en el debate los mismos medios, entre ellos, la página web del partido que deberá estar abierta a todas las opciones sin censura alguna. Debo advertir que mi artículo no ha aparecido en ella ni tampoco mis declaraciones a los medios de comunicación.

6. Conclusión: oríllense las querellas personales porque debilitan el organismo y creo que producen dispepsia. Además, valoro mucho el trabajo que desarrollan mis compañeros. Y dirijamos nuestra mirada, si es que se desea, a mi concreta propuesta.

Francisco Sosa Wagner

23 Agosto 2014

El doble debate en UPyD

Fernando Maura

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Estoy asistiendo con mucho interés al debate que se está produciendo a través de los medios respecto de distintas cuestiones que afectan a UPyD, tanto en lo que se refiere a su política de alianzas como en lo relativo a la gestión interna de su proyecto. Empezaré diciendo que la polémica me parece saludable: los debates políticos de los partidos, no por desarrollarse en el interior de los mismos, dejan de interesar a los ciudadanos. Por supuesto, siempre que no pongamos «la turbina en la cloaca», como decía un político español de principios del siglo pasado y, lamentablemente, ya lo está haciendo alguien.

La primera de las reflexiones con las que mi compañero en el Parlamento Europeo, Francisco Sosa Wagner, abría el debate se refería a la necesidad de un pacto entre UPyD y C’s. Un debate que resolvió –se le ha contestado– el segundo Congreso de nuestro partido celebrado el pasado mes de noviembre.

Hasta aquí, la contestación es correcta. Lo que ocurre es que, entre la fecha de la asamblea del partido y ésta, ha acontecido en España un tsunami político: las elecciones del 25 de mayo. Es verdad, son comicios en los que el voto de protesta es muy considerable, pero ya las decisiones de algunos relevantes actores han definido un nuevo mapa político en España en el que empieza a observarse que no sólo es preciso cambiar de políticas, sino de políticos: aparece Podemos, la ciudadanía no soporta ya los vicios de la vieja forma de hacer política, los tics autoritarios de los aparatos en los partidos tradicionales han quedado ya desenmascarados y hasta en la más alta magistratura del Estado se ha producido un relevo que toma forma en una persona que encarna a una generación de españoles que han vivido toda su edad adulta en democracia.

Y el 25-M también ha afectado al espacio político que pretende representar UPyD. La aparición, ya indudable, de C’s como fuerza política nacional, con la mitad de los votos que ha obtenido nuestro partido, ya no confina a la formación de Albert Rivera en el sólo escenario catalán. Y, por otra parte, la irrupción del fenómeno Podemos, que debería ayudar a UPyD a reforzar más si cabe nuestra dimensión institucional y alejarnos de cualquier tentación populista y demagógica, si alguna vez existiera entre nosotros.

Es preciso, a mi juicio –en lo que coincido con Sosa– abrir un proceso de reflexión respecto a la defensa del espacio político de la regeneración democrática en España, que debe circunscribirse al ámbito institucional despojándolo de cualquier pretensión populista; pero sería necesario convenir que ese espacio ya no pertenece de exclusivamente a UPyD.

Por eso, no deberíamos convertir nuestro congreso de noviembre en una especie de arma flamígera que enarbolar contra cualquiera que ponga en evidencia lo evidente: que las cosas están cambiando y que UPyD, un partido que nació para el cambio, debería tomar nota de que los tiempos están cambiando.

Pero Francisco Sosa apuntaba una segunda cuestión que no debo tampoco soslayar: la relativa a la gestión de la democracia interna en UPyD.

Como liberal que soy, siempre he creído en la necesidad y la conveniencia del debate interno y en alentar la participación de afiliados y simpatizantes en la toma de decisiones que afectan a la marcha del partido. Ha sido mi obsesión, y he procurado –seguro que con muchos errores– practicarla en el ámbito de actuación que me ha correspondido como responsable del área de internacional de UPyD hasta este pasado 18 de agosto.

Creo, por lo tanto, encontrarme en condiciones de afirmar que la democracia interna consiste en las formas –esenciales en democracia– pero también en el fondo, la materia misma. Y en este sentido, está muy bien que hayamos tenido más de 400 procesos de primarias en UPyD, pero no estaría de más que después integráramos a todos los que han participado en ellas como parte que son de nuestro proyecto; es razonable y conveniente que la dirección del partido –no sólo sus principales dirigentes– muestre su parecer sobre el candidato a presidir la Comisión Europea, por ejemplo, pero teniendo en cuenta previamente el criterio de todos sus diputados europeos, y en especial el del líder de la delegación de UPyD en esa institución, elegido además en primarias por sus afiliados; está muy bien decir que no existe mandato imperativo en las decisiones de nuestros cargos públicos, pero es imprescindible no cerrar la comunicación con ellos si no gusta lo que han votado.

La democracia son las formas, desde luego. Pero todas las formas y no sólo las reglamentarias. Y también lo es la materia, la obsesión por la participación y la tolerancia con los discrepantes.

En política, como en la vida, la tolerancia, la consideración por el contrincante, la flexibilidad, los derechos de las minorías, el respeto de las ideas de los demás y la garantía de espacios para la crítica constructiva son valores que marcan la diferencia entre los proyectos generosos, integradores y con ambición por cambiar la realidad, y los proyectos que se convierten en algún momento de su historia en patrimonio de unos pocos.

Fernando Maura es eurodiputado de UPyD.

El Análisis

ROSA PIERDE EL FAVOR MEDIÁTICO

JF Lamata

En absoluto se debe quitar méritos a Dña. Rosa Díez que logró meter cuchara cuando todos la daban por muerta entre PP y PSOE y colarse en el Congreso de los Diputados de Madrid en las complicadas elecciones generales de 2008, algo que ninguna formación de ámbito nacional que no fuera PP, PSOE o IU conseguía desde la desaparición política del Duque de Suárez. Sin embargo la Sra. Díez tampoco puede negar que a su éxito también influyó el apoyo de determinados ‘gurús’ mediáticos, en especial de el diario EL MUNDO de D. Pedro J. Ramírez y la COPE de D. Federico Jiménez Losantos.

Para septiembre de 2014 ni EL MUNDO era ya del Sr. Ramírez ni en la COPE impartía mandobles el Sr. Jiménez Losantos, pero es que además, desde sus entornos se fue especialmente crítico con la Sra. Díez por aquello. Estos medios tenían ya otra figura política en la que confiar si descartaban el bipartidismo: D. Albert Rivera, el líder de Ciutadans, con quien la Sra. Díez estaba condenada a guerrear si no estaba dispuesta a repartir el turrón del ‘centro’ con él.

J. F. Lamata