28 abril 2011

La presentadora replica diciendo que para los trabajadores de TVE la etapa de Zapatero ha sido 'la etapa de libertad' y Cospedal le recuerda que ella no representa a todos los trabajadores del TVE mientras ella sí representa a su partido

Tensión en ‘Los Desayunos’ de TVE entre Ana Pastor y Dolores Cospedal por atreverse el PP a criticar la RTVE del Gobierno Zapatero

Hechos

El 26.04.2011 Dña. la Secretaria General del PP, Dolores Cospedal, acudió al programa ‘Los Desayunos’ de TVE manteniendo un intercambio de opiniones sobre los informativos de esa cadena.

Lecturas

El 26 de abril de 2011 en el programa ‘Los Desayunos’ de TVE de Dña. Ana Pastor García es entrevistada la secretaria general del Partido Popular, Dña. María Dolores Cospedal García. Durante la entrevista el tertuliano D. Miguel Ángel Liso le pregunta por la posición del PP respecto a la RTVE. La opinión crítica de la Sra. Cospedal García causará un tenso debate entre esta y Dña. Ana Pastor García. A la afirmación de la Sra. Pastor García de que la etapa de RTVE del Gobierno Zapatero es la etapa ‘de la libertad’ responde la Sra. Cospedal García puntualizando que “esa es su opinión”, a lo que la señora Pastor García le responde que al igual que lo que comenta ella “es su opinión” obligando a la Sra. Cospedal García a recordarla que ella no está dando una opinión personal, está dando la opinión de su partido, el PP: “Yo no sé si usted representa a todos los trabajadores de TVE; pero yo sí represento a mi partido”.

La Sra. Pastor García será inmediatamente defendida desde medios progresistas como el diario El País o el programa ‘Julia en la Onda’ de Onda Cero en la sección de D. Ferrán Monegal Torros.

El 28 de abril de 2011 se producirá un nuevo enfrentamiento entre el PP y periodistas de RTVE en la entrevista a la dirigente del PP Dña. Ana Mato Adrover en el programa ‘En Días como Hoy’ de D. Juan Ramón Lucas Fernández en Radio Nacional de España en la que esta ratifica las críticas del PP a la presunta manipulación de TVE y RNE contra el PP y a favor del PSOE forzando un debate entre la política y el locutor. La Sra. Mato Adrover asegura que el PP privatizará las televisiones públicas autonómicas como Telemadrid, Canal Nou o TVG cuando tenga la mayoría parlamentaria que le permita cambiar la ley.

29 Abril 2011

Matar al mensajero

Fernando Vallespin

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Ponen en cuestión a todo un conjunto de profesionales del periodismo que no bailan al son que ellos van marcando a través de su amplia Brunete mediática, pero a los que tampoco pueden acusar impunemente de "progubernamentales".

Ana Pastor, la excelente conductora del programa Los desayunos de TVE, no podía dar crédito a las palabras de Dolores de Cospedal cuando, con todo el desparpajo del mundo, acusó de parcialidad a favor del Gobierno a los servicios informativos de las cadenas públicas estatales. La perplejidad de la periodista no solo se manifestó al recordar el ejemplo de descarado partidismo de algunas cadenas autonómicas, la mayoría de ellas en territorios gobernados por el PP. Tuvo que aludir también a que el presidente de la corporación RTVE había sido nombrado por consenso entre los dos grandes partidos. ¿A qué venía, pues, esa afirmación de Cospedal lanzada a las ondas sin aportar más razones que dicha aseveración desnuda? La respuesta solo la sabe ella, pero desde fuera podemos intuir que hay algo más.

Lo que hay, por un lado, es que las encuestas ya no dan esa aplastante victoria a su partido. Están, por decirlo de alguna forma, «raras». Tanto las de aquellos medios que les son favorables, que no les garantizan la ventaja habitual, como las de otros más alejados de sus intereses. Ese nerviosismo se ha visto acentuado, por otra parte, al tomar conciencia de que la crisis económica puede que ya no sea el tema central de la recta final de las elecciones generales. Si no hay novedades en el comportamiento de los mercados, les puede ocurrir como a la oposición portuguesa, que después de haber provocado la caída del Gobierno a partir de la misma estrategia del PP -es decir, el «cuanto peor, mejor»- no tengan ninguna seguridad de acabar ganando. Solo así se explica su agresiva agitación de la política antiterrorista y, ahora, el poner en cuestión a todo un conjunto de profesionales del periodismo que no bailan al son que ellos van marcando a través de su amplia Brunete mediática, pero a los que tampoco pueden acusar impunemente de «progubernamentales».

No nos equivoquemos, la oposición del PP se ha caracterizado por eludir la confrontación argumentativa, el aportar razones cada vez que elevaba una crítica al Gobierno, y por apostar por una estrategia de acción cuyo objetivo prioritario era el desprestigio del presidente del Gobierno. Sin Zapatero como contrincante, y ante la orfandad de propuestas concretas, solo le queda asegurarse su capacidad para construir la realidad a través de los medios. De este modo, y como estamos viendo a lo largo de las últimas semanas con la excarcelación de Troitiño y otras cuestiones relacionadas con el País Vasco, se aseguran la posibilidad de marcar la agenda del debate público. La densa cortina de humo que han conseguido extender en todos estos temas tiene un objetivo claro, hacer olvidar la exitosa política antiterrorista del Gobierno y atacar a Rubalcaba para anularlo como alternativa a Rajoy. Y, sobre todo, ocultar su ausencia de ideas y que sus escándalos de corrupción no centren el debate de las próximas elecciones locales.

Lo más relevante de la democracia en la que vivimos, aquí y en otros lugares, es que los principales actores políticos han renunciado ya a confrontar sus posiciones con el adversario. Lo que importa es la definición de lo que ocurre para ajustarlo a los intereses de cada una de las partes. Ya no se trata de «deliberar» para poder guiarnos por el mejor argumento, sino el «enmarque» (framing) de lo existente para que ese dibujo previo de lo real encaje como un guante con los objetivos políticos de cada cual. La «opinión» sobre lo que sea la realidad suple, en consecuencia, a la realidad en sí misma. Esta deviene así en un mero dato provisional, en un instrumento maleable al servicio de aquello que en cada momento interese objetivar. Post-truth democracy, democracia que ya no aspira a la verdad, lo llamaba The New York Times refiriéndose a la última campaña electoral de Bush.

Es obvio que para ello cualquier partido necesita disponer de medios de comunicación que trasladen a la ciudadanía su particular visión de lo que ocurre. Y esto es precisamente lo que preocupa a Cospedal, la existencia de medios a los que no puede imputar el prejuicio de la «parcialidad». Uno de los grandes logros de Zapatero fue el haber conseguido que los medios públicos estatales dejaran de ser un instrumento más del Gobierno de turno. Sus elevados índices de audiencia y sus grandes dosis de profesionalidad sirven además de contrapeso a la hegemonía mediática de la derecha que encontramos en otros lugares. Lo que seguramente se busca es desprestigiar o presionar a mensajeros que ahora más que nunca pueden resultarles incómodos.

Fernando Vallespin

28 Abril 2011

La opinión

Arcadi Espada

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Me interesó mucho el diálogo que mantuvieron la política Cospedal y la periodista Pastor la otra mañana, desayunando en la televisión pública. Me interesó hasta lo que no se vio. Es decir, a la política C como tomando medidas de la casa, a ver qué muebles pongo, y a la periodista P cual ventoso mascarón de la Numancia socialdemócrata. En un momento dado la política C aventuró una opinión, una de tantas de las que vierte día y noche en platós y púlpitos, sin mayor anclaje en los hechos ni razón empírica. La televisión pública manipula, eso dijo, para añadir acto seguido que la práctica de la objetividad le era ajena. Me sonreí cuando la oí hablar de la objetividad. La primera lección que dan en las clases de periodismo españolas, salvo en una, es que la objetividad no existe. Lo que sin duda representa un alivio para el lacio alumnado. ¡Un trabajo menos!

Sorprendentemente, cuando la periodista P oyó eso no le preguntó qué datos traía. Una pregunta que habría obligado a la política C a un ejercicio de objetividad. Qué va. Sólo se le ocurrió contradecirla. Eso no es cierto, dijo. La política C le replicó enseguida que eso sería su opinión. Y fue entonces, abriendo de nuevo la boca la periodista P, cuando se instaló el drama. Con ingenua arrogancia la periodista P le dijo que, en efecto, era una opinión, como la suya. Me sorprendió la inteligencia de la respuesta de la política C. Con una sonrisa tranquila e implacable, propia del que ha cobrado la pieza, le hizo ver que era una opinión como la suya pero que valía diez millones menos: el número de votantes del PP, así por lo grueso. La periodista P la escuchó, balbuceó y ya no levantó cabeza.

Fue una dura y vibrante lección de periodismo. El objetivo del político convencional sólo es la suma de opiniones. Una, ciento, un millón. El movimiento de las mareas. De ahí, por ejemplo, que algunos políticos, y algunos del PP para no ir más lejos, legitimen las prácticas digitales más infames, incluida la del robo, temerosos de que las mareas internáuticas perjudiquen esa parte de su hegemonía basada en el aluvión. A los políticos les impresiona mucho menos la verdad que la masa. Frente a la vertiente cuantitativa de la democracia los periodistas deben oponer hechos y preguntas. Por desgracia, y cada vez con mayor abundamiento, sólo ofrecen opiniones. Y no sólo eso: en su delirio han llegado a confundir los votos con el share, y a pensarse a sí mismos en términos de representatividad. Menos mal que la política Cospedal lo dejó dicho, y espero que sea por una buena temporada. Usted no es nadie y sus opiniones nada. Esto que jamás habría podido decir de un hecho.

27 Abril 2011

No es un caso aislado

Carlos Cuesta

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De Cospedal acaba de denunciar un asunto que llevamos tiempo sufriendo quienes, desde las privadas vemos día a día la evolución de TVE. Asuntos de una importancia decisiva, como el caso Faisán, las dificultades de España para eludir un parón financiero o los escándalos sobre personas del PSOE, disfrutan de un tiempo mínimo. Pero no sólo es una cuestión de cálculo, que también. Se trata de un asunto que se combina con decisiones legislativas de una gran gravedad como el impulso a un Consejo Estatal de Medios Audiovisuales, como el deseo de controlar las tertulias privadas imponiéndonos deberes de neutralidad y proporcionalidad, y lanzando insultos desde el Hemiciclo como los vertidos por Rubalcaba a tertulias como la nuestra en Veo7, asegurando que somos la extrema derecha. La denuncia de Cospedal no es un hecho aislado.

27 Abril 2011

Quieren propaganda

Lucía Méndez

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A María Dolores de Cospedal no le gustan los informativos de TVE. Es natural. TVE da noticias y ella lo que quiere es propaganda. Dos conceptos difícilmente compatibles. El PP, por razones que nada tienen que ver con el respeto a la libertad de expresión y al pluralismo, la ha emprendido contra la televisión pública. A pesar de que ni la televisión del PSOE en la época de Felipe González ni por supuesto la del PP en tiempos de Aznar, han concedido un trato tan favorable a la oposición como en los últimos siete años. Desde cualquier punto de vista mínimamente imparcial y no sectario, esta televisión pública es la menos gubernamental de los últimos 20 años de democracia. Sabemos cuál es el concepto de imparcialidad informativa del PP: TELEMADRID y CANAL 9. Y sospechamos que el PP está un poco intoxicado por las tertulias del Tea Party.

29 Abril 2011

Ofensiva contra el periodismo incómodo

Rosario G. Gómez

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El PP cuestiona la imparcialidad de TVE y convierte de nuevo la información en arma electoral

El manual se repite. Como cada vez que se aproxima una campaña electoral, la televisión pública se convierte en la diana de la oposición. Afloran los argumentos de manipulación y sectarismo, se cuestiona la objetividad, la neutralidad y el pluralismo, se miran con lupa los telediarios y se ataca sin respiro a los servicios informativos. Salvo que en esta ocasión el escenario ha cambiado. El presidente de RTVE no es ya un apéndice del Gobierno. Su nombramiento corresponde al Parlamento, donde es necesaria una mayoría de dos tercios. O lo que es lo mismo, el acuerdo PSOE-PP.

Cuando falta menos de un mes para los comicios municipales y autonómicos del 22-M, el PP ha redoblado su campaña contra TVE. Y la ha escenificado ante las cámaras. La secretaria general, María Dolores de Cospedal, aprovechó su paso por Los desayunos de TVE el pasado martes para acusar a la televisión pública de falta de independencia. No supo encajar las preguntas incómodas de contertulios que tenía enfrente (de medios tan disparares como el grupo Zeta o el diario La Razón) ni la intrépida réplica de la presentadora, Ana Pastor.

Ayer fue la vicesecretaria de Organización, Ana Mato, la que se enzarzó en una discusión en el programa de RNE En días como hoy a cuenta del pluralismo informativo en la corporación estatal. Mato dijo que no ha visto «tanta manipulación en una televisión pública» y tal nivel de «abuso» por parte de Gobierno. «Las televisiones públicas nunca deben de estar gobernadas ni dirigidas ni teledirigidas por los Gobiernos», dijo mientras sostenía que las noticias de los ERE falsos de Andalucía no aparecen en los telediarios.

Los datos, sin embargo, revelan lo contrario. Entre el 1 de enero y el 23 de abril, los telediarios han emitido en las dos ediciones con más audiencia (15.00 y 21.00) 76 noticias sobre es escándalo de los ERE falsos en Andalucía, lo que traducido a tiempo equivale a una hora y media. Del caso Faisán, otra de las banderas del PP, se han emitido en el mismo periodo 60 informaciones (una hora y cinco minutos), según el minutado de la corporación, que no coincide con el de los populares. Cronometrar los tiempos se ha convertido en una verdadera preocupación del presidente de RTVE, Alberto Oliart. «Está obsesionado por el equilibio y por que nadie se desfase ni medio segundo», recalcan sus colaboradores.

Muestra del pressing que el PP está ejerciendo sobre la televisión pública es la declaración de principios anunciada ayer: se compromete a no interponer ninguna reclamación a las privadas que vulneren la ley que les obliga a dar a cada partido, durante la campaña, una cobertura proporcional a los resultados que obtuvo en las elecciones anteriores. Y todo porque el PP confía en «la objetividad e independencia» de los profesionales de las privadas. Pero advierte de que reclamará «el estricto cumplimiento» en las públicas.

Paradójicamente, el PP anuncia esta medida días después de presentar una reclamación (aunque más tarde dio marcha atrás) contra TVE, Telecinco, Cuatro y La Sexta por la información que ofrecieron sobre las listas electorales del PP con imputados en Valencia. Por eso, el PSOE considera que tal compromiso, adquirido en pleno «acoso y derribo» de TVE, no es más que una maniobra destinada de nuevo a presionar y minar la pluralidad.

La supuesta deriva manipuladora de la televisión pública solo es vista por el PP. Otros partidos de la oposición, como IU, ERC y PNV, aseguran que los telediarios no «chirrían» ahora como lo hacían en los tiempos en los que eran dirigidos por Alfredo Urdaci (en la etapa de José María Aznar como presidente del Gobierno). En esta línea coincide Román Gubern, catedrático de Comunicación Audiovisual de la Universidad Autónoma de Barcelona, para quien «el actual sistema de TVE es bastante modélico». Y aunque considera que todo el mejorable asegura que los telediarios no se pueden tachar de partidistas o sectarios. Frente a las quejas del PP, que tildan de «encerrona» la entrevista de María Dolores de Cospedal, Gubern sostiene que «los presentadores tratan con tacto exquisito a los invitados y dan la voz a ambos bandos, algo que no ocurre en otras cadenas».

Desde TVE, los trabajadores rechazan de plano las acusaciones de manipulación y niegan actuar como altavoz del ningún partido. La presidenta del Consejo de Informativos de TVE, Yolanda Sobero, defiende con firmaza a los profesionales: «Podemos cometer errores, no somos pluscuamperfectos, pero estamos atentos a cualquier mala práctica profesional. Y nunca ha habido tantos controles para vigilar la calidad de la información». Aunque el PP mantenga que sus críticas van dirigida a la dirección política de TVE, los periodistas creen incompatible que se diga de ellos que son grandes profesionales y a la vez sectarios. «Decir que nos dejamos manipular», dice Sobero, «y que escribimos al dictado es una descalificación general preocupante. Suena a tácticas de otras épocas».

A Santos Ruesga, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid y consejero de la corporación a propuesta de UGT, la estrategia del PP le sugiere un intento de «amedrentar» a los profesionales. «Parece que quieren meterles miedo. Lamentablemente ese objetivo funciona. Lanzan ataques personales y colocan la espada de Damocles sobre su cabeza como diciéndoles: ‘te tengo apuntado’. Pero nadie puede dudar de que ahora los telediarios son más equilibrados y neutrales».

La desgubernamentalización fue una apuesta política de Zapatero. En 2006 acabaron los tiempos en los que el director general era nombrado por el Gobierno de turno y la televisión pública era su correa de transmisión. La reforma de Zapatero revolucionó un modelo que había pervivido durante medio siglo.

«Es lícito el debate sobre el pluralismo y la independencia, pero sorprende que a la gente que gestiona Telemadrid o Canal 9 no se le caiga la cara de vergüenza», comenta Santos Ruesga. Tanto Canal 9 como Telemadrid están en manos del PP. En dos años, el caso Gürtel ha sido prácticamente invisible en la cadena valenciana y en Telemadrid todavía se recuerda aquella tarjeta que su director general Manuel Soriano remitió a la presidencia de la Comunidad junto a un documental sobre el 11-M informando que había quedado «bastante bien» tanto desde un punto de vista cinematográfico como «ideológicamente».

Pocos entes regionales han seguido los pasos de RTVE. Gubern asegura que en las comunidades autónomas, por su propia estructura de poder, existe una visión que tiende a «favorecer» al partido que gobierna. Y recuerda que Oliart, ex ministro de UCD, fue elegido por consenso. Fue a finales de 2009 gracias a un pacto entre Zapatero y Rajoy. Pero el consenso se rompió pronto. Cuatro meses después de aquel pacto, el PP comenzó a caldear el ambiente. En abril de 2010 ya se percibía el desencuentro. El secretario de Comunicación del PP, Carlos Floriano, arremetía contra la línea informativa de la televisión pública y exigía la dimisión de Oliart. Denunciaba la «manipulación y el sectarismo» de Telezapatero.

Los populares comenzaron entonces a sentirse «defraudados» y «traicionados» por Oliart y a pedir su dimisión en la comisión de control parlamentario. El endurecimiento en sus ataques se plasmó cuando su portavoz, Gerardo Conde, fue sustituido por Ramón Moreno Bustos. Los telediarios se convirtieron en el campo de batalla: «Son sectarios y faltan a la neutralidad y a la objetividad, manipulan y son una desvergüenza informativa», decía Moreno Bustos.

La ofensiva se recrudece ahora, a las puertas de unas elecciones. Algo que no es nuevo ni sorprendente. «La proximidad de una campaña electoral atiza el fuego. Todo se convierte en arma arrojadiza. En España hay una larga tradición de partidizarlo todo», apunta Gubern. Conscientes de estar en el punto de mira de los políticos, Yolanda Sobero reivindica la independencia y rechaza cualquier tipo de presión. «Nosotros informamos sobre política y sobre la campaña electoral. Sin embargo, nos quieren convertir en parte de la campaña». Muchos creen que la cantinela de los telediarios no cesará y que la estrategia del PP irá in crescendo.

29 Abril 2011

Objetivo: anular y lanzar avisos

Carlos E. Cue

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Durante la tormentosa comisión de investigación del 11-M, un diputado del PP se sinceró en los pasillos del Congreso: «Ya hemos logrado nuestro objetivo. Nadie puede seguir este asunto día a día, pero hemos conseguido emborronarlo tanto que la gente ya tiene la sensación que buscábamos: que esto es un lío en el que PSOE y PP son igual de liantes y todos tienen cosas que ocultar».

En privado, varios dirigentes del PP no ocultan la doble intención de la campaña contra TVE. Por un lado, el mismo que en la comisión del 11-M: enmarañar tanto la situación, lanzar la idea de que TVE con el PSOE es igual que con el PP, que quede anulada o reducida la credibilidad de la que se ha convertido en la principal cadena informativa de España, con los telediarios más vistos del país.

La otra intención que solo se admite en privado es más sutil. Consiste en lanzar un aviso a todos los responsables de TVE para que tengan mucho cuidado a la hora de tratar los temas más sensibles para el PP, en especial el caso Gürtel o el caso Faisán.

Y sin embargo, lo que en ningún caso estaba previsto en el PP es que la campaña adquiriera estas dimensiones. Querían lanzar el mensaje, colarlo entre su público más fiel y hacer que llegara a los responsables de TVE, pero no que se convirtiera en un elemento central de la campaña.

De hecho, el PP, que siempre juega a lanzar varios discursos, se había cuidado mucho para que esas críticas a TVE no las pronunciaran ni Mariano Rajoy ni ninguno de los miembros de la cúpula. La campaña era muy dura, pero se manejaba en segundos niveles: Carlos Floriano o Ramón Moreno eran sus arietes. Prácticamente nadie en la prensa se hacía eco del asunto. Y así estaba previsto que quedara. De hecho, a los dirigentes que no compartían esta campaña, sobre todo ahora que el PP tiene derecho de veto sobre el director general de RTVE, les decían que era una cosa menor, que la cúpula nunca entraría en eso.

Hasta que llegó la entrevista en TVE a Dolores de Cospedal. Y de forma imprevista, la secretaria general se vio frente a la necesidad de defender esa campaña contra TVE. Y lo hizo como en ella es habitual: entrando a matar sin miramientos. La campaña, hasta entonces en sordina, ha pasado al primer plano. Y cada miembro de la cúpula que se acerca a un micrófono sube un poco el nivel marcado por su secretaria general, a la que nadie puede desautorizar. Primero fue Soraya Sáenz de Santamaría y ayer Ana Mato. Rajoy no tiene ese problema: simplemente evita las preguntas, y así no entra en ninguna polémica.

Lo que no aclaran en el PP es cuál es su modelo de televisión. El partido tiene un grupo de trabajo sobre el asunto, pero más allá de una reducción de costes, ya planteada, no hay propuesta alternativa para RTVE.

Como modelo, en público ningún dirigente nacional se atreve a defender a Telemadrid o Canal 9. En privado, algunos incluso admiten que el control gubernamental de ambas les abochorna, sobre todo por el tratamiento del caso Gürtel, aunque añaden que las autonómicas en manos del PSOE son iguales. A lo más que llegan, como Sáenz de Santamaría el miércoles, es a plantear que las autonómicas deberían dar entrada a la gestión privada. Pero sobre RTVE no hay alternativa, aunque sí dejan claro en el PP que no la privatizarán.