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El Gobierno de Estados Unidos no permitió a Marcos salir de Hawai

Tercer intento de Golpe de Estado contra la presidenta de Filipinas, Cory Aquino, liderado por el ex presidente Marcos

HECHOS

  • El 26.01.1987 militares filipinos tomaron las instalaciones del Canal 7
  • El 29.1.1987 Ferdinand Marcos denunció que Estados Unidos no le había permitido volver a Filipinas.

echeverria El General Jimmy Echeverría fue señalado como uno de los cabecillas de aquella intentona golpista para echar a Cory Aquino de la presidencia de Filipinas y restituir a Ferdinand Marcos.

30 Enero 1987

Marcos intentó encabezar el golpe de Estado en Filipinas

José María Carrascal

“Me siento un prisionero”, declaraba ayer Ferdinadn Marcos a la Prensa norteamericana, para añadir: “Quise abandonar los Estados Unidos para ir a mi país y dos funcionarios del departamento de Estado me lo impidieron”. Es el último giro de una revuelta que empezó en Filipinas y ha venido a acabar en Honolulu

Al parecer, todo empezó con una compra de zapatos de Imelda Marcos en la ciudad donde ahora residen. Pero no eran zapatazos de lujo, sino botas, junto a informes de campaña, por valor de 2.000 dolares, adquiridos en el almacén especializado en equipo militar. Ello despertó sospechas del cónsul filipino en hawai, Tomás Gómez, que tiene a la pareja sometida a seguimiento. Y lo que se enteró después le alarmó aún más: que había llegado un Boeing 707 a aquel aeorpuerto para llevar a un pasajero importante a Asia.

El aparato pertenecía a la Par Airways y había sido feltado por un hombre de negocios libanés, actualmente bajo proceso por venta ilícita de armas y que ha hecho algunos negocios con el millonario saudí Kashogui.

Era bastante para hacer sonar los timbres de alarma, sobre todo a la vista de que en Manila algunos centenares de solados se habían sublevado, y el cónsul llamó la atención de las autoridades norteamericanas. Qué pasó exactamente entonces, no lo sabemos, Marcos, como han oído, asegura que se le prohibió la salida. “Este es un país libre y todo el que quiere salir puede hacerlo”, ha dicho su portavoz.

Lo más probable es que la presión fuera indirecta. Que se advirtiera a Marcos que si salía no podría volver, y a la Pam Airways, que no podía garantizársele que su aparato podría aterrizar en Manila e incluso que le sería devuelto. Ante lo que tanto el ex presidente como la compañía aérea decidieron echarse atrás, sobre todo visto que la rebelión en Filipinas no prosperaba. Con lo que Marcos al menos “no perdía la cara” ante sus leales ni el derecho de asilo del que aquí goza.

Lo que es a la postre lo definitivo en esta crisis. Los intentos de golpe en Filipinas se suceden, pero ninguno cuaja, no porque muchos de aquellos militares no tengan ganas de deponer a la presidenta Aquino, sino porque saben que no pueden contar con el respaldo de Washington. Y sin el respaldo de Washington, no hay posibilidad de que una rebelión allí tenga éxito.

Filipinas con una enorme deuda exterior, necesita el apoyo norteamericano, sin el que sus miltiares no tendrían ni balas que disparar cuando se les acaben las que tienen. Es por lo que puede levantarse algún capitán, comandante, coronel. Pero cuando llega a los generales, dicen que no.

Y Washington no tiene el menor interés en retirar su apoyo a Corazón Aquino. Aparte de que violaría su política de ir sustituyendo dictaduras amigas por democracias, pocas cosas necesita hoy menos la Administración Reagan que un nuevo problema en Filipinas.

Aqunue Marcos dice que seguirá tratando de volver a su país y que está ncluso dispuesto a arriesgar su vida por ello. Vamos a ver si este reciente lance es el final de un cpaítulo de su carrera política o la última página del libro de ella.

29 Agosto 1987

Golpe en Manila

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

EL GOLPE militar (que se produjo anteayer en Filipinas todavía no ha sido totalmente derrotado por las fuerzas leales al Gobierno de Corazón Aquino. Si en Manila la situación parece controlada, son peligrosas las ramificaciones en otros lugares, como Cebú.En este momento el primer deber de España, que el Gobierno ha sabido interpretar con acierto, es afirmar nuestra completa solidaridad con la democracia filipina, y, concretamente con la presidenta, Corazón Aquino, que en tres ocasiones ha obtenido el apoyo en las urnas de la inmensa mayoría de los filipinos. Los sacrificios que ha sufrido en sus familiares más próximos, con el asesinato de su marido en 1983, ayer con las graves heridas que ha recibido su hijo durante el asalto rebelde al palacio presidencial, realzan el simbolismo de su personalidad como la representación más alta de la lucha por la libertad y la democracia.

Mucha gente se pregunta con razón cómo es posible que Filipinas haya llegado a la dramática situación presente. Es preciso reconocer que las raíces de la democracia en Filipinas son muy débiles, y la situación en los días que precedieron el golpe militar lo pone de relieve. Este golpe, mucho más grave que todos los anteriores, se ha producido en un momento en que el descontento de las masas populares se manifestaba en acciones de protesta y en huelgas.

La realidad es que el encuentro entre el poder y el pueblo, que se materializó con un empuje extraordinario en las gigantescas acciones de masas de febrero de 1986, decisivas para la caída de la dictadura de Marcos, no se ha plasmado luego en el terreno de la legalidad democrática. La palabra democracia, para una gran parte de esas masas, condenadas a la miseria, estaba asociada con un mínimo de mejoras de tipo social. Pero Aquino no ha podido llevar a la práctica los cambios sociales que el pueblo esperaba.

Este problema ha sido más grave aún en el campo.

Poner fin a las guerrillas comunistas, que se mantienen desde hace 18 años con influencia en extensas zonas rurales, suponía como primera condición una re forma agraria efectiva. La presidenta Aquino logró imponer las negociaciones con la guerrilla, a pesar de fuertes resistencias en su Gobierno. Se estableció un año el fuego de dos meses, importante para el éxito del referéndum constitucional. Pero se cortaron luego. La corriente que entre los comunistas defendió el paso a la lucha legal ha quedado marginada por los partidarios de la línea armada. Su principal representante, Rolando Olalia, presidente del Partido del Pueblo y del sindicato Primero de Mayo, fue asesinado por la ultraderecha en noviembre pasado, con complicidades nunca descubiertas. La guerrilla comunista, como en tiempos de Marcos, sigue apoyándose en el descontento de las zonas rurales y su existencia debilita gravemente la democracia. Si Aquino no ha podido abrir la democracia hacia las amplias capas populares condenadas a condiciones sociales de miseria, ha sido sobre todo a causa de la hipoteca de los militares sobre el poder. Hipoteca que arranca del momento mismo de la caída de Marcos, cuando fue posible el paso del poder a Corazón Aquino, gracias al abandono del dictador por el ministro de defensa, Ponce Enrile, de otros jefes, como el general Fidel Ramos, y de oficiales de los Ram-boys, entre los que se encontraba el coronel Honasan -jefe del último golpe-. Los diversos golpes militares, lejos de llevar a un reforzamiento del poder civil, han tenido un efecto contrario. Desde la salida del Gobierno de Ponce Enrile a finales de 1986, el verdadero poder está en manos del general Ramos.

A ello ha ayudado la política de EE UU, Temeroso de que Aquino pudiese inclinarse hacia el ala progresista entre sus partidarios, Washington ha puesto su máxima confianza en el general Ramos. El apoyo de EE UU a la democracia filipina es decisivo para ésta. Pero a la vez es un apoyo que entraña servidumbres penosas. Por otro lado, Filipinas ha sido el país de la impunidad para las rebeliones y para los terroristas de la extrema derecha. No han sido juzgados los responsables de los intentos de golpes. No se conocen los culpables del asesinato de Benigno Aquino. Igual ocurre con el del líder Rolando Olalia. Y, en términos más generales, la consecuencia más grave de la hipoteca militar ha sido que en el Ejército han seguido ocupando mandos importantes los peores enemigos de la democracia, como lo ha confirmado este golpe.

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