11 julio 2009

La vicepresidenta del Congreso de los Diputados replica al columnista de XL SEMANAL

Teresa Cunillera (PSC-PSOE) protesta por el artículo de Arturo Pérez-Reverte despreciando a la clase política con el título de ‘Esa Gentuza’

Hechos

En el número correspondiente a la semana del 11 de julio de 2009 de la revista XL Semanal (suplemento dominical de periódicos del Grupo Vocento) salió publicado el artículo ‘Esa Gentuza’ de D. Arturo Pérez-Reverte.

11 Julio 2009

Esa Gentuza

Arturo Pérez Reverte

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Paso a menudo por la carrera de San Jerónimo, caminando por la acera opuesta a las Cortes, y a veces coincido con la salida de los diputados del Congreso. Hay coches oficiales con sus conductores y escoltas, periodistas dando los últimos canutazos junto a la verja, y un tropel de individuos de ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas, saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar. No identifico a casi ninguno, y apenas veo los telediarios; pero al pájaro se le conoce por la cagada. Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica. No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos. Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida. Desconociendo lo que es madrugar para fichar a las nueve de la mañana, o buscar curro fuera de la protección del partido político al que se afiliaron sabiamente desde jovencitos. Sin miedo a la cola del paro. Sin escrúpulos y sin vergüenza. Y en cada ocasión, cuando me cruzo con ese desfile insultante, con ese espectáculo de prepotencia absurda, experimento un intenso desagrado; un malestar íntimo, hecho de indignación y desprecio. No es un acto reflexivo, como digo. Sólo visceral. Desprovisto de razón. Un estallido de cólera interior. Las ganas de acercarme a cualquiera de ellos y ciscarme en su puta madre.

Sé que esto es excesivo. Que siempre hay justos en Sodoma. Gente honrada. Políticos decentes cuya existencia es necesaria. No digo que no. Pero hablo hoy de sentimientos, no de razones. De impulsos. Yo no elijo cómo me siento. Cómo me salta el automático. Algo debe de ocurrir, sin embargo, cuando a un ciudadano de 57 años y en uso correcto de sus facultades mentales, con la vida resuelta, cultura adecuada, inteligencia media y conocimiento amplio y razonable del mundo, se le sube la pólvora al campanario mientras asiste al desfile de los diputados españoles saliendo de las Cortes. Cuando la náusea y la cólera son tan intensas. Eso me preocupa, por supuesto. Sigo caminando carrera de San Jerónimo abajo, y me pregunto qué está pasando. Hasta qué punto los años, la vida que llevé en otro tiempo, los libros que he leído, el panorama actual, me hacen ver las cosas de modo tan siniestro. Tan agresivo y pesimista. Por qué creo ver sólo gentuza cuando los miro, pese a saber que entre ellos hay gente perfectamente honorable. Por qué, de admirar y respetar a quienes ocuparon esos mismos escaños hace veinte o treinta años, he pasado a despreciar de este modo a sus mediocres reyezuelos sucesores. Por qué unas cuantas docenas de analfabetos irresponsables y pagados de sí mismos, sin distinción de partido ni ideología, pueden amargarme en un instante, de este modo, la tarde, el día, el país y la vida.

Quizá porque los conozco, concluyo. No uno por uno, claro, sino a la tropa. La casta general. Los he visto durante años, aquí y afuera. Estuve en los bosques de cruces de madera, en los callejones sin salida a donde llevan sus irresponsabilidades, sus corruptelas, sus ambiciones. Su incultura atroz y su falta de escrúpulos. Conozco las consecuencias. Y sé cómo lo hacen ahora, adaptándose a su tiempo y su momento. Lo sabe cualquiera que se fije. Que lea y mire. Algún día, si tengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lo montan. Cómo y dónde comen y a costa de quién. Cómo se reparten las dietas, los privilegios y los coches oficiales. Cómo organizan entre ellos, en comisiones y visitas institucionales que a nadie importan una mierda, descarados e inútiles viajes turísticos que pagan los contribuyentes. Cómo se han trajinado –ahí no hay discrepancias ideológicas– el privilegio de cobrar la máxima pensión pública de jubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 de trabajo honrado que necesita un ciudadano común. Cómo quienes llegan a ministros tendrán, al jubilarse, sólidas pensiones compatibles con cualquier trabajo público o privado, pensiones vitalicias cuando lleguen a la edad de jubilación forzosa, e indemnizaciones mensuales del 100% de su salario al cesar en el cargo, cobradas completas y sin hacer cola en ventanillas, desde el primer día.

De cualquier modo, por hoy es suficiente. Y se acaba la página. Tenía ganas de echar la pota, eso es todo. De desahogarme dándole a la tecla, y es lo que he hecho. Otro día seré más coherente. Más razonable y objetivo. Quizás. Ahora, por lo menos, mientras camino por la carrera de San Jerónimo, algunos sabrán lo que tengo en la cabeza cuando me cruzo con ellos.

26 Julio 2009

¿Cuál es su fórmula?

Teresa Cunillera

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El señor Pérez-Reverte, en ‘Esa gentuza’, se ha permitido un desahogo cargado de lo que él llama ‘sentimiento, pero que se traduce en insulto y desprecio a los diputados y las diputadas con los que se cruza en la carrera de San Jerónimo. Pertenezco a ‘esa gentuza’ de una manera honesta, dedicada y orgullosa de poder ejercer esa función que me han encargado los españoles. Quiero pensar que el señor académico lo que tiene es un desconocimiento supino de lo que supone el trabajo y la dedicación de los parlamentarios españoles. Señor Pérez-Reverte, no me puedo creer que usted pueda distinguir en la carrera de San Jerónimo quiénes son diputados y quiénes no. Tenga cuidado cuando quiera ‘ciscarse en la p… madre’ de alguien, no vaya a ser que no sea parlamentario y se lo tome con menos paciencia y resignación con que nos tomamos, en general, nosotros los insultos que algunos, como usted, tienen a bien dedicarnos cuando les conviene, o cuando a lo peor no tienen ideas mejores sobre las que escribir y por ello acuden al recurso fácil de meterse con los políticos.

No se lo digo con sentimiento, porque los sentimientos, al menos en mi caso, los guardo para mi familia, a la que puedo dedicar menos tiempo del que quisiera; para mis amigos, a los que veo menos de lo que quisiera; y para los ciudadanos a los que represento, a los que dedico lo mejor de mi trabajo. Se lo digo desde la razón, porque espero más de quien como escritor nos ha dado grandes momentos de lectura y por tanto de conocimiento, de quien como académico puede hacer mucho por la sociedad. Espero de quien es referente para muchos ciudadanos y ciudadanas más reflexión, más crítica, más crítica serena y razonada y menos exabruptos. Y le digo más, si ‘esa gentuza’ le molestamos tanto, si le apetece tanto insultarnos a nosotros y a nuestras madres, una vez consiga que todos hagamos acto de contricción, ¿qué nos sugiere? ¿Qué nos vayamos? ¿Cuál es su formula y su propuesta? Es un camino que otros recorrieron ya en el pasado y el final de ese camino lleva a situaciones que estoy segura usted ni ignora ni desea.

No me atrevería a pedirle respeto, porque ya veo que sería muy difícil, pero sí le voy a pedir aquello que alguien que puede dirigirse a tantos ciudadanos y ciudadanas se le debe pedir: rigor y educación.

Teresa Cunillera i Mestres (Vicepresidenta del Congreso de los Diputados, diputada por Lleida).