27 septiembre 1977

La organización marxista asegura que el asesinato es represalia de las ejecuciones de 1975

Terroristas del GRAPO (extrema izquierda) asesinan al capitán de Policía Armada Florentino Herguedas Carretero

Hechos

El 27.09.1977 fue asesinado el capitán de la Policía Armada, don Florentino Herguedas Carretero.

Lecturas

España tramitaba una Amnistía a todos los terroristas que hubieran cometido crímenes antes de junio de 1977. 

EL ASESINO

marti_luna  Juan Martín Luna, el miembro de los GRAPO que asesinó al capitán de la Policía Armada Florentino Herguedas, fue condenado a 37 años de prisión.

GRAPO_FranciscoBroton  Francisco Brotons, dirigente de los GRAPO y del Partido Comunista de España Reconstituido, fue la persona que escogió al capitán Herguedas como víctima y que ordenó a Martín Luna que lo asesinara. Fue condenado a 25 años de prisión.

28 Septiembre 1977

Plan de desestabilización

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

Leer

La violencia no es ciega. Por si faltaba algún dato, la sangre del capitán Hergedas Carretero otorga la prueba de que en España las fuerzas que atentan contra el interésde la nación obedecen a un plan premeditado y frío. Este se ha producido -calculadoramente- en el segundo aniversario de los fusilamientos de tres miembros del FRAP y dos de ETA, pretendiendo, sin duda, teñir el crimen de motivaciones políticas. Pero por encima de toda filosofía, la muerte del capitán Hergedas es un asesinato, sin otra explicación posible que la de la provocación política.La democracia española ha conocido ya demasiada sangre vertida. Pero hay que dejar más claro que nunca, que no existe relación de causa a efecto; que no ha sido la democracia quien ha causado esta cadena de víctimas, sino precisamente sus enemigos y que la incipiente democracia española se desangra en cada uno de estos muertos. El legítimo impacto emocional, que los atentados producen intenta por eso ser explotado por los terroristas.

En el clima de terror que alguien intenta provocar en el país, hay un hecho que es necesario destacar, además: con el capitán Hergedas, ya son diecinueve los funcionarios de las fuerzas de orden público que han caído víctimas de atentados, desde el 20 de noviembre de 1975, fecha de la muerte del general Franco. Ningún otro estamento del país puede presentar tan trágico balance ni tal cantidad de sangre vertida en defensa de la sociedad: las fuerzas de orden público están sufriendo en carne propia la acción de quienes intentan desestabilizar el proceso democrático español. Y las Fuerzas Armadas en su conjunto están siendo tomadas como la mejor de las dianas por los elementos provocadores. De este modo se ataca a uno de los centros neurálgicos de la nación; a una institución de cuya serenidad depende en gran parte que la nueva sociedad española encuentre asiento definitivo.

Hoy y aquí, en la España de 1977, no hay más que agravantes para este terrorismo calculado. Y ni siquiera consuela contemplar la unanimidad de todos los sectores de la nación, de todas las instituciones, de todos los partidos y sindicatos en manifestar su repulsa total y absoluta del asesinato. Es preciso que esta actitud adopte un carácter positivo, de marcha hacia adelante. Y que, en esta ocasión, el pueblo entero manifieste ante las fuerzas del orden no sólo su dolor y comprensión, sino su reconocimiento y su apoyo.

El Análisis

Sangre sobre la amnistía

JF Lamata

El 27 de septiembre de 1977, en plena tramitación parlamentaria de una amplia amnistía, el terrorismo volvió a recordar que no había tregua posible: el capitán de la Policía Armada, Florentino Herguedas Carretero, cayó asesinado en Madrid por un comando de los GRAPO liderado por Juan Martín Luna. La sangre corría de nuevo por las calles de una España que trataba de abrirse paso hacia la democracia, confirmando que el gesto de reconciliación política que suponía la amnistía no sería correspondido con la misma generosidad por quienes habían elegido las armas frente al diálogo.

El Gobierno de Adolfo Suárez confiaba en que la amnistía de octubre —que liberaba incluso a los responsables de los crímenes más atroces de ETA y de los GRAPO antes de enero de 1977, desde los asesinos de Carrero Blanco hasta los responsables de la matanza de la calle Correo— significara un “borrón y cuenta nueva” en la violencia política. Sin embargo, el asesinato del capitán Herguedas mostró que el terrorismo no entendía de pactos ni de gestos de concordia: para los grupos armados, la Transición no era una oportunidad, sino un campo de batalla.

El caso de Herguedas simboliza el precio que pagó la sociedad española en esos meses en los que se asentaban las instituciones democráticas. Tras la celebración de las primeras elecciones libres desde la guerra civil, mientras en el Congreso se trabajaba en consensos como la amnistía o los Pactos de la Moncloa, la sinrazón terrorista seguía segando vidas, tratando de imponer por el miedo lo que la mayoría de los ciudadanos quería conquistar mediante las urnas.

La amnistía, votada el 14 de octubre, salió adelante con amplio respaldo político porque se consideraba un pilar indispensable para asentar la reconciliación. Pero episodios como el crimen de Herguedas dejaron claro que la violencia terrorista no buscaba integrarse en ese marco, sino dinamitarlo. Ni ETA ni los GRAPO se dieron por aludidos: en lugar de cesar, redoblaron sus ataques, como prueba de que el terrorismo no se alimentaba de agravios pasados, sino de una estrategia de poder al margen de la democracia.

Recordar a Florentino Herguedas Carretero es subrayar el valor de quienes se convirtieron en víctimas de ese pulso a la libertad. Su asesinato, lejos de amedrentar a la sociedad, reforzó la convicción de que la democracia debía ser defendida no sólo en los escaños, sino también en la calle, frente a quienes pretendían torcer la voluntad de un país entero con balas y bombas. La amnistía fue una apuesta por la convivencia; el terrorismo, una demostración de que la violencia nunca quiso convivir con nadie.

J. F. Lamata