6 febrero 2004

Rodicio se considera una víctima de su cámara José Luis Márquez, de Alfredo Urdaci, Jiménez Losantos, el Gobierno Aznar y la embajada de Israel

TVE despide a la corresponsal en Jerusalén Ángela Rodicio por supuestas irregularidades en sus gastos que no acabarán en condena judicial

Hechos

El 27.12.2003 TVE suspendió a Dña. Ángela Rodicio como corresponsal tras una auditoría sobre sus gastos. El 6.02.2004 la periodista fue despedida, aunque el despido fue declarado improcedente el 10.06.2004.

Ángela Rodicio contra Jiménez Losantos

Ángela Rodicio

2005

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La madre de todas las señales, que no supe leer a tiempo, fue un artículo de Jiménez Losantos en el que me equiparaba, por mis efectos «destructores» de la voluntad aznarista, con Pilar Bardem. Hasta ese momento me había puesto por las nubes. Pero entonces pensó y dijo que las dos habíamos convocado al millón y medio de manifestantes contra la guerra en la Puerta del Sol de Madrid. Me llenó de orgullo la comparación, para qué negarlo, pero apuntaba ya la campaña que se desató la siguiente Navidad y que condujo a mi despido acusada, nada menos, que de robo del erario público. O sexo, o dinero, como en los mejores tiempos del fascismo. En aquel momento, el artículo de Jiménez Losantos, otro ex comunista reciclado, me sirvió para que me riese. (pág. 70) Lo mejor del asunto es que Federico Jiménez Losantos escribía sin recato que yo era pro Sadam. Como en su día Josef Goebbels, ministro de Información de Adolf Hitler, Losantos repetía siempre el elenco del «buen» ciudadano, el «buen» periodista, el «buen» juez, el «buen» empresario… desgranando las cualidades del «ario» puro. ¡Si por ario puro se entendía Adolf Hitler, tan rubio y tan alto; o él mismo, tan apuesto y con sus rasgos tan finos! (pág. 80)

Una destitución [19 diciembre 2003] que ya ha sido anunciada, hace menos de dos semanas, en su columna de El Mundo, por Goebbels Losantos. «Pido al director general de TVE la distitución de Angela Rodicio», había escrito, presumiblemente a instancias de alguien desde Moncloa –¿el secretario de comunicación?– y del mismo Urdaci. Me han llamado para advertirme. Ahora esta columna ha desaparecido de los archivos del diario. (pág. 179). Recuerdo las peticiones de destitución del pequeño Goebbels local en el diario El Mundo, en un artículo publicado pocos días antes del estallido del escándalo en el mismo diario al que luego filtrarían «fuentes solventes» mis supuestos delitos. El artículo de marras ha desaparecido muy curiosamente del archivo de El Mundo. Como tantas otras cosas. (pág. 354)

14 Noviembre 2001

Estrategas

Federico Jiménez Losantos

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¡Pues menos mal que los generales norteamericanos no sabían lo que hacían y estaban a punto de ser derrotados por los talibanes! Si llegan a ser un poco más listos se les acaba Afganistán y tienen que pensar ya en la India como Alejandro Magno.

Qué éxito el de nuestros estrategas progres, qué capacidad de análisis, qué vista de lince, que triunfo del ojímetro.

No servía para nada bombardear, no había retaguardia que romper, no servían para nada los desharrapados de la Alianza del Norte, los talibanes iban a cenar estas Navidades estofado de británico con tropezones de yanquis fritos.

Y, sobre todo, se iba a demostrar que frente a la potencia espiritual del que está dispuesto a morir, nada puede la superioridad tecnológica del que quiere vender cara su vida y quiere, qué cosa tan absurda, vencer sobreviviendo. Menos mal que esta guerra también la iban a perder los occidentales. Si llegan a tener alguna posibilidad de empatarla, se salen del mapa.

Pero no me preocupan demasiado los problemas laborales de nuestros fracasados estrategas, el desastre adivinatorio de estos generales de café y tertulia que pronosticaban un vietnam a la soviética para los analfabetos generales norteamericanos, con pocas estrellas y menos luces. Mañana mismo, o sea, ayer, reciclarán sus negros vaticinios y nos demostrarán que la victoria occidental que no se iba a producir es un espejismo, un absurdo efecto óptico, el preludio de la derrota que fatalmente se producirá.

Mientras los progres sigan siendo progres, o sea, hasta su extinción, se colocarán unos a otros y se cubrirán mutuamente las vergüenzas; ninguno acabará en el INEM. En cambio, me preocupa seriamente el problema de la transculturación de corresponsales, o sea, los coroneles tapioca y capitanas maizena que hemos destacado en Pakistán.

Con lo que nos ha costado islamizar los informativos de TVE, con todo lo que hemos invertido en chales y velos para adecuar el vestuario a la interminable guerra de civilizaciones que intrépidamente nos contaba Almudena Ariza, y ahora resulta que hay cola en las barberías de Kabul porque los mártires prefieren raparse a salvarse.Increíble.

Naturalmente, el descrédito de las huríes del Profeta impone el reciclaje de las huríes de Ferrari, que tendrán que volver al traje de chaqueta para no desentonar con las vampiresas de la Fox.

Es lo único que me entristece de la caída de Kabul: perderemos el perfil mahometano de nuestras informadoras.

Menos mal que en Jerusalén siempre nos quedará Angela Rodicio.Esa ciudadela no caerá como Jalalabad. Ni como Jericó.

07 Mayo 2002

'Informapufos'

Federico Jiménez Losantos

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Zapear informativos en las distintas cadenas de televisión españolas se ha convertido en un manjar para sibaritas de la politología.No de exquisiteces, desde luego, porque hay noticias que parecen redactadas con los pies y además con pocos dedos. También hay comentarios a imágenes espectaculares que son, por su incoherencia, espectáculo en sí mismos. Y abundan editoriales moralizadores o, mejor, moralinizadores a propósito de alguna exótica insignificancia, naturalmente fotogénica, que harían desternillarse de risa al sacristán de fray Gerundio de Campazas, alias Zotes. En las televisiones de España se ha producido el famoso «salto cualitativo» con que los marxistas explicaban el milagro intelectual de que un obrero analfabeto se convirtiera de la noche a la mañana en un héroe de las barricadas y, tras entrar en el Partido, en filósofo del pueblo, con 20 o 30 tomos de obras escogidas. Pero en el rojerío clásico el salto siempre era para avanzar, aunque el resultado fuera retroceder. Mao llamó El Gran Salto Adelante al mayor descalabro industrial de la China moderna, pero la intención, siquiera verbal, se mantenía.

Aquí, no. En la España Modelna de doña Birulés, la mutación de las teles no es de tipo lineal, adelante atrás, sino del género caótico. Como buena parte de las guapísimas y guapísimos, jovencísimas y jovencísimos locutores está claro que no entienden lo que otros han escrito para ellos o lo que escriben ellos antes de leerlo, todo lo que en su hermoso y maquillado entrecejo se frunce para acentuar la seriedad del aserto, lo desfruncen y deshacen la zarrapastrosa sintaxis y la atormentada prosodia del ininteligible mensaje. Y es que, como en el famoso secreto de la esfinge, detrás del misterio semántico lo que hay es, simplemente, nada. Ni tiene sentido lo que dicen, ni tienen sentido las imágenes que acompañan a lo dicho, ni tienen nada que ver unas imágenes con las siguientes, que, en vez de explicar, contrapesan y bloquean el mensaje principal.Reconozco que fui demasiado duro con las huríes de Ferrari cuando la cosa de Afganistán. A Angela Rodicio y Almudena Ariza bastaba verlas vestidas de musas del Islam para entender su mensaje.Los cuatro muertos de la morgue y los ocho milicianos en chanclas que componían el fondo del decorado eran simple adorno, necesario para evitar la impresión de vacío lunar que siempre espanta a la audiencia, nada más. Pero desde que no basta con el brochazo gráfico y hay que recurrir a los textos explicativos, el lío es morrocotudo. Cada párrafo corrige el anterior y cada noticia permite poner en duda a la siguiente. Es como si una guerra civil entre redactores indoctos hubiera arrasado los telediarios sembrando cada informativo de un centón de informapufos.

18 Febrero 2003

Teledesastres

Federico Jiménez Losantos

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Están algunos muy indignados con el tratamiento que ha dado TVE al conflicto iraquí en su versión Puerta del Sol. Poniendo como ejemplo de respeto a Telemadrid -que, efectivamente, parecía uno de los convocantes oficiosos de la manifestación- se critica en términos durísimos que la televisión pública nacional no diera en directo la marcha contra la guerra o al menos sus momentos más significativos. Y aunque el festejo me repele, debo reconocer que, en principio, tienen razón. Una televisión pública no puede discriminar un hecho informativo en función de su sectarismo o de su partidismo, puesto que su función no es la de establecer sobre la marcha esos criterios, sino informar. Punto.

Pero los autores del evento están felices a reventar y pronto olvidarán el último servicio de José Antonio Sánchez a la causa de la cosa que lo nombró. El PSOE habría hecho otro tanto, o sea, que no insistirá. Yo sí. Yo quiero poner un reparo de muy distinta naturaleza a la línea informativa de TVE. Seguramente, el sábado no atendió como debe hacerlo una televisión pública al suceso noticioso del día, pero, a cambio, la información que todos los días emite el Ente sobre el conflicto iraquí, incluyendo todos los escenarios conflictivos inmediatos o mediatos, desde Israel y Palestina a París y Nueva York, pasando por Washington, Berlín o Afganistán, es una continua llamada al alzamiento antioccidental, una permanente manipulación política de los discursos y los hechos exactamente en la línea del desvergonzado y totalitario manifiesto recitado por Almodóvar y compañía en el macrosuceso de marras y de masas. Si alguien pone en duda mi aserto, le pido una sencilla respuesta a una sencillísima pregunta: sinceramente, con la mano en el corazón, ¿de quién cree usted que está más cerca ‘Fátima’ Rodicio en su postura sobre Oriente Próximo: de Leonor Watling o de Ana Palacio?

Alfonso Rojo y Pérez-Reverte han dedicado en distintos libros muchas páginas a la intrépida reportera de TVE, en términos que yo no me atrevería a repetir. Pero un grano no haría granero, salvo que sea uno más en el silo. Y el Pirulí, en materia de política internacional, es un silo de progres de un antiamericano que tira de espaldas, rematado en la cúpula por un soviet gubernamental sin más ideología que la que destilan las llamadas de los ministros.De nuevo estamos ante el Error Aznar: renunciando a los principios, las ideas, a buscar la pluralidad deseable frente al aplastante dominio de lo progre, ¿de qué sirve censurar un día lo que se promueve todo el año? ¿Quién habrá llevado a más gente a la manifestación contra Bush y Aznar? ¿La Bardem o la Rodicio?

27 Diciembre 2003

La periodista puntualiza y aclara los hechos

Ángela Rodicio

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Texto enviado por Angela Rodicio a través del bufete de abogados Palacio y Asociados en relación a su destitución como corresponsal de TVE en Jerusalén.

 

-El día 18 de diciembre de 2003 hacia las once horas, estaba desempeñando las tareas propias de mi puesto en Hebrón cuando recibía una llamada de la Secretaría de don Alfredo Urdaci Iriarte, jefe de los Servicios Informativos de Televisión Española desde Madrid, citándome de forma urgente y perentoria para el día siguiente en Madrid, lo que me fue confirmado por el propio señor Urdaci Iriarte en la tarde del mismo día 18.

-Tras viajar al día siguiente a Madrid fui recibida a las 16.30 horas en su despacho por el propio señor Urdaci Iriarte, un vigilante de Seguridad, la jefa de Personal de la entidad, doña Milagros Hernández y el director gerente, don Manuel Estévez. El señor Urdaci me compelió en el acto para que firmara un documento redactado en inglés, sin tener tiempo para leerlo ni analizarlo, documento que ante la evidente presión y coacción del momento firmé y por el que concedía poderes a doña Inmaculada Pérez Minnoci, del Servicio de Gestión Económica y Financiera de Corresponsalías, para ejercitar las facultades propias de mi cargo en la mencionada corresponsalía, sin poder precisar en este momento el alcance de las facultades conferidas puesto que ni siquiera se me entregó copia del mencionado documento.

-Una vez obtenido el documento, el propio señor Urdaci me informó sorpresivamente, sin que antes se hubiera hecho referencia alguna a la cuestión, de que en ese mismo momento cesaba como jefe de la mencionada corresponsalía y que se me prohibía volver a la oficina de Jerusalén, sin que se me entregara documento alguno relativo a tal cese.

-Tras los acontecimientos reseñados, tuve conocimiento por medio del personal destacado en la mencionada corresponsalía de que el siguiente día 20 de diciembre doña Inmaculada Pérez Minnoci y doña Dolores de la Morena, en mi ausencia, han entrado en la mencionada oficina forzando la cerradura de mi despacho y cambiándola después, procediendo a una intervención sin previo aviso de los documentos de la misma, incluidos documentos de mi archivo personal sobre comunicaciones con Televisión Española. Todos estos hechos han sido denunciados por mí ante el Juzgado de Instrucción de guardia el pasado día 21 de diciembre de 2003, habiendo sido turnada la referida denuncia al Juzgado de Instrucción número 38, originando las diligencias previas número 8908/2003.

-Por otro lado el día 23 de diciembre se me intentó hacer entrega de una resolución del director general de RTVE de fecha 19 de diciembre de 2003 por la que, a propuesta del director del Area de Producción de Programas Informativos de TVE y por razones de organización, se establecía la reincorporación a mi puesto en la plantilla de origen con efectividad del día 19 de diciembre de 2003.

29 Diciembre 2003

Más Respeto

Manuel Martín Ferrand

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Desde que, hace treinta y muchos años, TVE desplegó a sus primeros corresponsales por el mundo – Wender, Hermida, Plaza, Gómez Borrero, Balbín, Pérez Pellón…. – la liquidación de sus gastos y dietas de viaje ha sido un complicado problema administrativo. Eso está en la historia del periodismo. Jack London escribió páginas tan brillantes, o más, que ‘Colmillo blanco’ o ‘La llamada de la selva’ para justificar ante sus editores los gastos sin factura de los viajes que alimentaron sus crónicas y novelas. Hasta es posible que se suicidara por no seguir explicando que alquilar un trineo en Alaska es de más difícil justificación que hacerlo con un coche en Avis o Hertz.

Ahora TVE ha puesto de patitas en la calle por problemas administrativos a una de sus mejores corresponsales, Ángela Rodicio. En arrolladora falta de respeto, incapaces de entender que para un periodista de raza es más fácil hacer una crónica desde un escenario bélico que cuadrar la cuenta de sus modestos viáticos, le ha aplicado la condena del despido antes de celebrar el juicio por sus supuestas faltas. Algo que no tendría justificación aunque la Rodicio hubiera hecho desaparecer de Jerusalén el mismísimo Muro de las Lamentaciones. Sus informaciones desde los lugares más conflictivos y arriesgado merecían, al menos, el beneficio de la duda. Más respeto.

Manuel Martín Ferrand

11 Enero 2004

LA OTRA VERDAD DE LA PERIODISTA

Ana María Ortiz

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Cuando el pasado 18 de diciembre, Ángela Rodicio, 40 años, la corresponsal de TVE en Jerusalén, emitía su crónica en el Telediario 2 probablemente no imaginaba que sería la última. «El primer ministro israelí amenazaba con mandar al Ejército a acabar con lo que él denominaba escuadrones de terroristas suicidas si los palestinos no toman medidas. Hoy en Naublus morían cinco en una redada», acababa su intervención a las 21.12 de la noche. Sí sabía que algo iba mal. Esa misma mañana, ha contado la periodista después en un comunicado, la habían llamado de la redacción en Madrid. Alfredo Urdaci, el jefe de los servicios informativos, le decían al otro lado del teléfono, quería verla urgentemente, en persona, en Prado del Rey.

La corresponsal, que estaba trabajando en Hebrón, cogió inmediatamente un vuelo a Madrid. Tras el encuentro, celebrado en la tarde del día siguiente, 19 de diciembre, Ángela Rodicio, una de las profesionales más contrastadas del medio, abandonaba las instalaciones de TVE desprovista de su cargo de corresponsal y de la tarjeta visa que la cadena había puesto a su nombre. El portazo ponía punto y aparte a un desencuentro que comenzó a gestarse en julio pasado.

Fue entonces, aseguran en TVE, cuando se observó que los gastos de la corresponsalía de Jerusalén eran demasiado abultados y se decidió enviar a Israel a personal del departamento de Gerencia para que estudiara con lupa las cuentas. Los informes que éstos trajeron bajo el brazo desencadenaron dos decisiones: «apartar de sus funciones» temporalmente a Ángela Rodicio mientras se aclaraban las «irregularidades económicas» detectadas y poner en marcha una segunda auditoría.

Joyas, ropa de grandes firmas, antigüedades, artículos de regalo, viajes, hoteles… Según ha sabido CRÓNICA, Ángela Rodicio habría gastado grandes sumas de dinero en compras personales (pagadas con la tarjeta de TVE) que luego habría justificado como gastos de la corresponsalía. Los auditores encontraron, por ejemplo, dos facturas por valor de 1.995 y 2.545 euros que Rodicio dijo haber gastado en el alquiler de dos equipos de cámara, pero que según los justificantes de la tarjeta de crédito corresponden a una jornada de compras, el 8 de agosto pasado, en Madrid. En la Boutique Prada Milano, dice el rastro dejado por la visa, Rodicio se dejó 1.995 euros, y los otros 2.545 fueron a parar a la caja de la exclusiva joyería Pomelatto.

Igualmente, el arreglo del aire del coche blindado con el que la periodista se mueve por Israel (1.140 euros), el cambio de la batería y de la caja de cambio (1.468,8 y 1057,73 euros respectivamente ) y la revisión del vehículo (681,85 euros), que Rodicio justificó con facturas, fueron gastados, según los extractos de la tarjeta de crédito, muy lejos de Jerusalén. Concretamente en la tienda londinense de pasminas Thehearne & Bear (1.140 euros), en el hotel romano Senato (681,85 euros), en Georgio Armani (1.468 euros) y en la Boutique de Cartier en el aeropuerto de Fumichino (1.057,73 euros), también en Roma.

Así las cosas, supuestamente, Ángela Rodicio habría utilizado la Visa de TVE para sus lujos. Luego, cuando le llegaban los justificantes de lo gastado con la tarjeta de crédito, estampaba las cantidades en facturas inventadas para cubrirse las espaldas.El paso de la periodista por la firma Gucci en Jerusalén en las notas de gastos enviadas a Madrid se habría transformado en un curso de árabe. Y tres plumas Montblanc, compradas también en la capital israelí, en pequeñas averías del ordenador.

Así, hasta completar 16.667 euros entre agosto y octubre de 2003.En todo el año pasado, se le acusa de haberse quedado con al menos 36.147 euros. En esa cantidad se incluyen también los 8.404 euros que, según TVE, debería tener la cuenta de caja de la corresponsalía y que el personal de la cadena, enviado el pasado 20 de diciembre, a Jerusalén encontró vacía.

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LA RESPUESTA DE RODICIO

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El viernes pasado, después de que TVE le comunicara de qué se le acusaba, Ángela Rodicio enviaba una nota a CRONICA a través de Palacio y Asociados, el despacho de abogados que le lleva el asunto. En ella asegura que el pasado 22 de diciembre -tres días después de su cese como corresponsal- se dirigió a la oficina de TVE en Jerusalén para depositar 10.000 dólares en su caja.Ante la imposibilidad de acceder al inmueble, dice, dejó la citada cantidad bajo la custodia del Cónsul General de España. Se quejaba también de que le hubieran retenido ilegalmente 8.000 euros de su nómina del mes de diciembre y de que se hubiera accedido de manera «ilegal» a los datos de su tarjeta de crédito personal «a través de Internet».

Ángela Rodicio además presentó una denuncia contra TVE el pasado 21 de diciembre, después de que el personal de la cadena entrara en la corresponsalía. «Han entrado en la mencionada oficina forzando la cerradura de mi despacho y cambiándola después, procediendo a una intervención sin previo aviso de los documentos de la misma, incluidos documentos de mi archivo personal sobre comunicaciones con Televisión Española», argumentaba su denuncia.

«Voy a esperar a que todo se resuelva en los tribunales», es todo cuanto responde por teléfono a CRÓNICA. Mientras la auditoría sigue su curso (el informe final será entregado a la Fiscalía para que actúe de oficio), la periodista, tras unos días de vacaciones en Italia, ha vuelto a Jerusalén, donde una compañera, Esther Vázquez, ocupa ya su puesto.

En su entorno aseguran que la corresponsal no es sino la «víctima de una persecución ideológica», que «su cobertura de la guerra de Irak no gustó mucho a la dirección de la casa» y que «la auditoría la ha desencadenado su mala relación con Urdaci». «No pertenecía a ninguna tribu política, ni en la vida política ni en la propia TVE. Y se quejaba de que esta independencia ideológica la desprotegía», dice un amigo.

Pero, frente a las informaciones que han apuntado estos días a que alguna de las crónicas de Ángela Rodicio podrían haber sido censuradas, el Comité Antimanipulación informativa de TVE, formado por trabajadores de la cadena, lo niega: «Durante la guerra de Irak fueron cambiadas informaciones elaboradas por los redactores de Madrid, pero a Ángela Rodicio nunca se le ha tocado nada». Según apuntan todos los datos, la posibilidad de una maniobra de Urdaci para provocar su destitución parece quedar descartada. En esta ocasión, la ya ex corresponsal no tendría excusa que justificara su actuación.

Un periodista de guerra que la conoce bien y la estima dice que Ángela Rodicio tiene una capacidad infinita para llevarse mal con la gente. Cierto es que no se puede decir que despierte muchas simpatías en la redacción de TVE. Tampoco entre periodistas de otros medios que han coincidido con ella.

«Es bastante diva», «tiene un carácter muy difícil», «es excesivamente competitiva», «ha digerido muy mal el éxito», «tiene gestos muy bajos con su propio equipo, hasta el punto de dejarlos sin hotel», dicen quienes la han tratado. Sobran los descalificativos cuando se pregunta por ella como compañera, pero la misma proporción de elogios surgen si se pide una definición de su valía como periodista. «Es lista, inteligente y brillante, y se mueve mucho y muy bien. No hay nadie en televisión que sepa más que ella de Oriente próximo», dice un cámara que ha trabajado con ella.

«Es una mujer muy valiente, tiene muchos recursos y se estudia muy a fondo los temas. Se relaciona bastante con la gente de los sitios donde va, camina por las calles, prueba la comida local… Teniendo en cuenta la de periodistas de hoteles que hay, en este sentido es admirable», dice un colega de otro medio.

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ROSTRO CON CREDIBILIDAD

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Ángela Rodríguez-González Rodicio (San Cristóbal de Regodeigón, Ourense, 1963) se licenció en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Tras pasar por las redacciones de El Faro de Vigo, La Voz de Galicia, El Independiente, la CNN o la BBC aterrizó definitivamente en TVE, como becaria, en 1988.En sólo dos años dio el gran salto. Tras la invasión de Kuwait, fue enviada a cubrir la Guerra del Golfo y pasó de ser una desconocida a convertirse en uno de los rostros con más credibilidad.

En una entrevista concedida a la revista Consumer, relataba así cómo fue su camino hacia el estrellato. «Cuando estudiaba, mis amigos me decían que me dedicara a escribir para periódicos, sobre cosas de cultura, porque era muy puntillosa y me iban esos temas. Es más, me comentaban que no me veían en una vida dura, porque pensaban que yo era muy fina, pero ahora son ellos los que viven en despachos estupendos, y yo quien se busca la vida y duerme en jergones. (…) Estalló la Guerra del Golfo y tuve la oportunidad de ir allí, y por el camino fui descubriendo que podía mantener la calma en los momentos más duros, que soy lúcida cuando la gente se vuelve muy confusa, que afronto situaciones y problemas con la mente fría».

Tras la primera Guerra del Golfo, en 1992 se hizo con la corresponsalía de TVE en el centro y Este de Europa. Tenía despacho en Budapest, pero siguió muy de cerca la guerra de Bosnia y pasó gran parte del tiempo en Sarajevo. Era entonces una de las pocas mujeres metidas a cronista bélica y la tribu de los corresponsales no la recibió precisamente con los brazos abiertos. «Pagué un precio muy alto por intentar introducirme, en plan profesional y sin ir de prima donna, en un mundo masculino de tribu de pata negra», decía Rodicio a Consumer.

En Territorio Comanche, Arturo Pérez Reverte le dedica párrafos muy duros: «Acudían todos, salvo la niña Rodicio, que después de sólo dos años de periodismo activo se había transformado directamente de modosa becaria en pozo de experiencia, y no necesitaba doctrina de nadie, ni siquiera cuando confundía los calibres, hablaba de los B-52 bombardeando en picado, o permitía que Márquez o los cámaras que trabajaban con ella le sacaran las castañas del fuego». «Como decían Miguel de la Fuente, Fermín, Álvaro Benavent y los que tuvieron el privilegio de vivir de cerca el asunto, trabajar con ella era igualito que hacerlo con Ava Gadner».

A la corresponsalía de Jerusalén de la que ahora se ve apartada, Ángela Rodicio llegó el 15 de Agosto de 2000. Se convertía así en responsable de una de las delegaciones con más peso dentro de la cadena. Entre las de larga distancia, sólo Nueva York, Bogotá y Jerusalén disponen de cámara propio. Con el suyo, José Luis Márquez, Ángela Rodicio tampoco parece haber hecho buenas migas. Cuentan que apenas se dirigen la palabra, lo justo, y que a veces llegan a comunicarse a través del traductor. Y eso que la pareja ya trabajó junta en la primera Guerra del Golfo, en 1991.

La corresponsalía la completan una administrativa y el chófer.El testimonio de este último ha sido clave en la investigación abierta a Rodicio. El pasado 21 de diciembre, ante una letrada de TVE, Haled Abu Laban, el conductor, declaraba que esa misma mañana Ángela Rodicio le había telefoneado para pedirle que dijera que la periodista le había prestado 5.000 dólares para pagar la construcción de su casa. Añadía también que el vehículo que conduce, el mismo que Rodicio dice haber reparado cuatro veces en los últimos meses, no había tenido que ser arreglado en un taller en los tres años y medio que él llevaba como chófer.

Pese a todas las sombras sobre la gestión de Rodicio, lo cierto es que al menos en 2001 su corresponsalía figuraba entre las que menos gastaban dentro de TVE: 193.500 euros frente a los 712.200 de Nueva York, los 550.500 de Bruselas o los 315.000 de París.

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RUTINA EN JERUSALÉN

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En los últimos tres años y medio, sólo ha abandonado Jerusalén para cubrir

la reciente Guerra de Irak. En Bagdad se la recuerda tirando de su pesada bolsa de Coronel Tapioca, siempre pendiente de la CNN, con la cama llena de papeles, o persiguiendo algún libro antiguo en las tiendas de la ciudad. Pero la imagen que todos los periodistas españoles tienen grabada de su paso por la guerra es el encontronazo que tuvo con Fran Sevilla a las puertas del hospital donde ingresaron a Couso. El enviado de RNE llevaba varias semanas sin chaleco antibalas. Nada se sabía del que le enviaba su emisora, y que debía haber llegado con los de TVE.Sevilla estalló de rabia cuando vio que lo tenía puesto el traductor de Ángela Rodicio. «Has puesto en peligro mi vida», le espetó.

En los días previos a los bombardeos, casi todos los españoles se reunían por las noches en la habitación de Antena 3. Ángela Rodicio siempre causaba baja. Siempre a su arie, sola. Como ahora, cuando se refugia de las acusaciones en Jerusalén. Y donde probablemente añore su rutina como corresponsal. «Voy a la compra un par de veces al mes, si me acuerdo, ya que la vida doméstica la solventas a salto de mata. Me levanto por la mañana, leo la prensa, veo los canales internacionales para saber cómo está el mundo, cómo va la cosa. Echo un vistazo a las flores. Leo. Yo leo muchísimo, es fundamental para hacer este trabajo. Después me voy acercando a la corresponsalía y en el camino aprovecho para hablar con la gente de la calle, las personas de mi ciudad».

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Con información de Gregorio Fernández

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Pies de fotos tituladas

LA ÚLTIMA CRÓNICA. El pasado 18 de diciembre la imagen de Ángela Rodicio, 40 años, aparecía por última vez en el Telediario. El día después, tras una reunión con la dirección de la cadena, era apartada de su cargo y acusada de «irregularidades económicas» en su gestión al frente de la corresponsalía.

¿SÓLO VACACIONES? Ángela Rodicio, apartada de la corresponsalía de TVE en Jerusalén, debería incorporarse a la plantilla de la cadena el 18 de enero, cuando acaben sus vacaciones. A la periodista, que lleva 15 años en TVE, se le renovó su contrato como responsable de la cadena en Israel hace sólo unos meses.

17 Febrero 2004

Angela

Carmen Rigalt

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No soy amiga de Angela Rodicio. En realidad Angela tiene pocos amigos. Es una mujer poco simpática, tímida, tal vez engreída, que refugia sus soledades en el trabajo. Eso explica que su expulsión de RTVE no haya despertado reacciones en su favor. Y explica también que yo esté ahora aquí hilvanando un pensamiento en voz alta. Si no lo hago, reviento.

He sido una telespectadora desbordada por el caudal de crónicas que esta mujer ha enviado desde los lugares conflictivos. Si RTVE obsequiara a sus corresponsales con pluses de productividad, Angela se habría hecho de oro. Sin embargo, pintan bastos para ella. Doy por buenas las cuentas que han publicado los periódicos.También doy por cierta la negligencia de Angela con las facturas (como la mayoría de los corresponsales, aunque eso no justifica las irregularidades), pero la campaña que RTVE ha emprendido contra ella es, por su desmesura, sospechosa. Sólo un país que trata a los banqueros como héroes es capaz también de tratar a una negligente como una asesina. Ya hemos desgraciado a Rodicio.La hemos bajado del pedestal para hacerla trizas. Su desliz de 37.000 euros es el primer agujerito tapado del déficit de RTVE: un billón, con b de barbaridad.

Rodicio cobraba 3.000 dólares al mes como corresponsal. Era, pues, una de las profesionales más baratas de la casa. Cuando llegó a la oficina de Jerusalén, sus compañeros -montadora, chofer, etcétera- tenían ingresos tres y cuatro veces superiores a los suyos. Se trataba de pagos hechos con justificantes anónimos a supuestas empresas de contratación de servicios, es decir, inexistentes. La periodista pidió una auditoría (con resultado satisfactorio) y promovió que se hicieran contratos a los colaboradores fijos. Más tarde medió ante la compañía de satélites con la que enviaba sus crónicas, para conseguir un descuento sustancioso.Dado su alto nivel de producción, les ahorró a su empresa decenas y decenas de miles de euros. Pero eso es letra de contabilidad, carne de números, y no me corresponde a mí desentrañarlos.

Los números son abarcables, las intenciones, no. Todo el mundo sabe en nuestra profesión que Angela no era una periodista cómoda.Al Gobierno le molestaban sus crónicas desde Bagdad, y fue en los aledaños del poder donde surgió el mote de Fátima Rodicio con el que se intentó desprestigiarla. Al fin, sus propias cuentas le han dado el puntillazo. Detrás de ese lío de cifras barrocas está la mano vengativa del poder. Y es que el poder siempre pasa factura.

Ángela Rodicio contra Alfredo Urdaci

Ángela Rodicio

2005

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El director de informativos es el ser más odiado en amplios estamentos sociales. Por una vez me alegro de estar con la mayoría. Aunque no le odie. Su grado de servilismo no conoce límites. (pág. 281)

Todos los periodistas acusamos el golpe [la muerte de Couso] con una fatiga general y mental, que llevaba a personalizar la guerra, algo de lo que siempre he huido por pudor profesional. En la conexión de la noche, tuve que responder a una de las habitualdes y tramposas preguntas retóricas de Urdaci:
–Buenas noches, Ángela… ¿No sabíais los periodistas, porque os lo había hecho llegar el ministro de Defensa, Federico Trillo, que el Palestina se hallaba entre los objetivos militares de la ofensiva aliada?
–Buenas noches a todos… (–Siempre subrayaba lo de todos, porque sí podía pasar gramatical e intelectualmente de él–) (…). Meses después, Miguel Ángel Moratinos y Javier Solana (…) me describían la cara de horror de Urdaci aquella noche. Entonces comencé a pensar que, definitivamente, tenía los días contados, Sobre todo, porque ni mi jefe directo, el sin labios, light, ni el mismo Urdaci, habían tenido ya no la deferencia, sino el detalle formal, de mencionar para nada mi labor durante aquellos meses; como si no hubiera existido, ni la guerra, ni yo misma. (pág. 106)

18 de diciembre de 2003. Me hallo en Hebrón para filmar las actividades de restauración del casco viejo. (…) Entonces recibí la llamada. Mi «viaje», también estaba a punto de terminar.
–Dicen en Madrid que tienes que presentarte el jefe de informativos mañana mismo por la mañana.
No podía entender tanta celeridad. (…) Entre medias Urdaci me había llamado.
–¿Cómo llevas el programa? Es muy importante que quede bien. Mañana nos vemos. ¿A qué hora llegas?
Era la segunda llamada de Urdaci en años. (…) No puedo estar en el despacho de Urdaci antes de las cuatro y media de la tarde. (…) No hace falta ser muy intuitiva. Es el acto final de una tragedia anunciada desde mucho tiempo atrás. Ahora está a punto de consumarse.  (…)
Urdaci, un joven prematuramente viejo, me acerca una hoja en la que hay una relación de gastos realizados con la tarjeta Visa de la empresa en Roma, el pasado mes de octubre. (…)
–Entréganos tu pasaporte y la tarjeta Visa de la empresa; no regreses a Israel. Firma este documento.
El documento, una página, está redactado en inglés. (…)
–¿Qué es esto? –me atrevo a preguntar. Las miradas de los tres [Urdaci, la jefa de personal y el director económico-financiero] reflejan una cierta preocupación que ahora interpreto como temor a que no accediera a sus deseos.
–Más te vale firmar. –Urdaci se dirige a ellos como si aquello estuviera totalmente bajo su control. (…)
Decido firmar pensando que me parece perfecto que Inmaculada [Inmaculada Pérez Minocci, administradora encargada de auditar ls cuentas de TVE en Israel] vuelva a comprobarlo todo una vez más.
–Estás cesada. –Apenas le paso el papel con mi firma estampada con un rotulador precario que se halla sobre la mesa, Urdaci pronuncia el veredicto, con tono triunfal. Se me niega el derecho, fundamental para cualquier trabajador, de disponer de una copia del documento.  (págs. 174 a 177)

Los abogados [José Manuel Gómez Benítez y su hermana Alicia, laboralista] piden por la vía judicial el «documento» que firmé en el despacho de Urdaci. Nunca lo entregarán. (pág. 279)

Cada vez que salgo de casa [en Jerusalén], me hago la loca pero veo que un coche blanco –Fiat, para continuar la tradición– me sigue. (…) Regreso a mi casa el día de Nochebuena sobre las once de la noche. Unos segundos después de haber cerrado la puerta a mis espaldas, el ruso del Fiat la aporrea gritando mi nombre. (…) Es muy tarde. Es Nochebuena. Estoy sola. No abro. A la mañana siguiente el ruso con la cazadora tres cuartos de piel negra vuelve a las andadas. Llamo al cónsul. Pienso que, al menos, puedo tener un testigo. Responde a mi llamada y viene pero, para entonces, el ruso se ha ido. No sin antes dejar pegada a mi puerta al nivel de la calle una hoja, el estilo de un «bando». Es una nota de la empresa donde se me comunica, después de una semana de acoso y derribo, ¡mi cese! (pág. 192)

Regreso a Televisión Española. Tras el cese, aguardo el despido, como habían adelantado las orcas por los pasillos. (…) Por el momento me han destinado a Informe Semanal. (…) El número dos de Urdaci, Pedro Roncal, me ha comunicado mi nuevo destino laboral confesando que no ha querido saber ni tomar cartas en aquel asunto tan «desagradable». (…) Al parecer, Urdaci y Roncal no se hablan dsede hace meses. Lo mismo me sugiere Baltasar Magro, el director del programa para el que tanto he trabajado todos estos años. Magro tampoco se fia de Urdaci. (pág. 272).

Febrero comienza con la recta final hacia mi despido. Se me ofrece una salida pactada, si reconozco deudas en mis tres años y medio como corresponsal en Jerusalén por valor de 36.000 euros, menos de la mitad del presupuesto de un mes sin mucha información en la oficina. (pág. 274)

4 de febrero de 2003. En un periódico de derechas se publica que mi empresa me ha despedido. Vuelven a insistir en los gastos de la tarjeta de crédito y me desprestigian desgranando la versión de la empresa, según la cual yo estoy dispuesta a irme, admitiendo implícitamente mi culpa. Llamo a Urdaci. Le pregunto que qué más pretende. Se lava las manos como Pilatos. Como si no fuera con él. Poco después su secretaria me convoca en su despacho para las cinco de la tarde. (…) Se trata de otra encerrona, como la de diciembre. (…) El jefe de administración de corresponsalías, José Miguel González, el antiproductor que siempre dice a todo que no para no dar clavo, actúa como si no tuviera que ver con él. (…) Dos de sus ayudantes asienten. Uno de ellos es una vieja amiga que me sugiere, primero, que si firmo mi propio despido, ponga la hora: las cinco y media; después pregunta si tengo buenos abogados. (…) Me había referido, anteriormente, que Mastuerzo [José Luis Márquez] era el espía de González y Urdaci, a quienes les chivaba todas mis idas y venidas. (…) Al mismo tiempo que recibo, por personas interpuestas, la comunicación de mi despido, supongo que Alfredo Urdaci está siguiendo (…) a José María Aznar hablando ante el Congreso norteamericano. (…) Ver a Aznar dándoselas de gran líder (…) sólo viene a subrayar más si cabe lo abyecto de mi desgracia; su «despreciable vileza», habría dicho Julio [Fuentes]. El día después los periódicos, menos El País que se ha mantenido siempre al margen, recogen la noticia del despido. (págs. 291 y 292).

Urdaci, con un sueldo de muchas decenas de millones de pesetas al año, se había blindado con una cláusula denominada «derecho de imagen», lo mismo que otros de la empresa, para comprender gastos de vestuario. En esos contratos se refleja cómo se adjudican partidas de dinero especiales a todos los que «salen en pantalla». Nunca, en quince años, se me ha ocurrido pedir absolutamente nada. Una estilista reclutada por el mismo jefe distribuye consejos y prendas de firmas de prestigio entre todos ellos. Las chaquetas de Urdaci suelen ser de Armani. (pág. 180)

24 Mayo 2005

Alfredo Urdaci responde a Ángela Rodicio

Alfredo Urdaci

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Vi en su libro que achaca su despido a una conspiración israelí. Eso es un delirio. Ella viene a decir que hubo una reunión en mi despacho con el embajador de Israel en España, en la que se pactó su sustitución. Pero en TVE hay controles de absolutamente todas las personas que entran y salen, y puedo asegurar que jamás ha entrado en mi despacho. Ni siquiera hablé con él por teléfono.

En cuanto a que Márquez estaba allí para vigilarla o espiarla, es un disparate. Para empezar, Márquez estaba en la delegación de TVE en Jerusalén mucho tiempo antes que ella, ya con Daniel Peral, actual jefe de Internacional. Yo no sabía que Ángela y José Luis Márquez tenían malas relaciones hasta que en una visita de ella a Madrid nos pidió que sacáramos a Márquez de allí, a lo que nos negamos, por supuesto.

Al parecer, ellos tenían malas relaciones desde hacía mucho tiempo, creo que desde que coincidieron en Bosnia. Y también se vieron en Budapest, en la época de María Antonia Iglesias, y aquello debió de acabar mal. Sí que se peleaban como niños, a veces él grababa imágenes muy buenas y ella no las utilizaba y tenían peleas constantes en las que yo tenía que poner paz a miles de kilómetros de distancia.

Pero decir que le habíamos pedido que la espiara o vigilara es una locura, un disparate. No había nada que vigilar, porque su vida privada no tenía el menos interés para nosotros, y en cuanto a sus cuentas, era ella quien tenía que dar cuentas, como administradora que era, además de corresponsal, cada mes.

Dice que le pedí a Federico Jiménez Losantos que pidiera su cese en una columna de El Mundo, pero ¿de verdad piensa que Federico puede hacer algo por orden del Gobierno o mía? Él siempre ha disparado contra la televisión pública, y en mí época recuerdo que escribió un artículo titulado “Las Huríes de TVE” en el que hablaba algo de Ángela Rodicio y criticaba, sobre todo, a Almudena Ariza por cubrirse con un pañuelo cuando cubría información desde Afganistán.

En cuanto a lo que ella llama “encerronas” en mi despacho, ella fue convocada en mi despacho por un tema económico, por lo que también estaban en esa reunión Milagros Hernández (jefa de Personal) y Manolo Esteve (gerente), que tenían que estar presentes por tratarse de una cuestión económica. Ella, además de corresponsal, era la administradora de las cuentas de TVE allí, por lo que se le pidió que firmara un poder a la abogada del caso para que pudiera acceder a ellas. Ángela Rodicio tenía que autorizar a otra persona.

{pag}El documento estaba en inglés porque era necesario para poder presentarlo en Israel. No puede calificarlo como una encerrona, ni dar a entender que como estaba en inglés no sabía lo que firmaba, porque ella sabe mucho más inglés que cualquiera de los que estábamos allí, y la reunión duró tres horas y media, así que tuvo tiempo suficiente para saber lo que firmaba.

La relación que yo tenía con ella era exactamente la misma que podía tener con cualquier otro corresponsal. Nunca podrá decir que se le censuraran sus crónicas o que se dejara de emitir alguna de ellas. De hecho trabajaba con total libertad e independencia y profesionalmente nunca se ha alegado nada contra ella. Lo que ha pasado ha sido exclusivamente por una cuestión económica. Los gastos de TVE en Israel se dispararon por tres o por cuatro veces cada mes.

En cuanto a la cuestión laboral, el juez le dio la razón calificando su despido como improcedente, pero su gestión de las cuentas sigue en manos del Tribunal de Cuentas.

Yo hice lo que tenía que hacer, que era cesarla como corresponsal. Le dije que dejaba de ser corresponsal pero que podía seguir en Madrid como redactora, siempre que devolviera todo el dinero que había cogido. Pero ella se negó, por lo que se le abrió un expediente que acabó en despido.

Durante esos años recibí muchas referencias de ella, de gente que había coincidido con ella en los lugares desde los que trabajaba, pero lo que me dijeron es información privada que no voy a desvelar. De todas formas, lo que pudieran haberme contado de ella nunca influyó a la hora de considerarla como una profesional, ni cuando decidí cesarla por este tema económico.

Nadie de la dirección filtró la información de su despido ni las causas a la prensa. Yo no tenía ningún interés en que saliera a la opinión pública. Es verdad que se podía haber llevado de forma más discreta, pero aún así, lo que se dijo fue lo que sucedió.