25 mayo 2012

Será condenado a 18 meses de prisión

Vatileaks: Detenido el mayordomo del Papa Benedicto, Paolo Gabriele ‘El Cuervo’, acusado de filtrar documentos a la prensa

Hechos

El 25 de mayo de 2012 se hizo pública la detención en El Vaticano de D. Paolo Gabriele, empleado del Papa.

Lecturas

La publicación del libro Su Santidad: los papeles secretos de Benedicto XVI (en italiano: Sua Santità. Le carte segrete di Benedetto XVI) libro publicado por el periodista italiano Gianluigi Nuzzi en el que se incluían cartas personales del Papa Benedicto desató un escándalo apodado en prensa como ‘vatileaks’.

Aparentemente el libro buscaba dañar especialmente al cardenal y obispo D. Tarcisio Bertone, presentado como la persona que influía negativamente en Benedicto XVI impidiendo reformas y contribuyendo a la cultura de tapar escándalos.

El origen del escándalo estaba en el mayordomo del Papa, D. Paolo Gabriele, apodado el Cuervo, que era quien había robado cartas y documentos del Papa Benedicto para entregárselos a Gianluigi Nuzzi.

26 Mayo 2012

El filtrador era el mayordomo

Irene Hernández Velasco

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ESPÍAS EN LA IGLESIA

La filtración a los medios de centenares de documentos reservados de la Santa Sede ha sido bautizada como 'Vatileaks', según el término acuñado por Federico Lombardi, el portavoz de la Santa Sede. Algunos de los papeles más comprometedores son las cartas enviadas el año pasado al Papa y al secretario de Estado vaticano, Tarcisio Bertone, por el arzobispo Carlo Maria Viganò, por el entonces 'número dos' de las finanzas vaticanas, en las que se denunciaban «numerosos casos de corrupción». Viganò fue apartado y enviado como nuncio a Washington.

ATENTADO

Complot contra el Papa

Otro de los papeles es un legajo anónimo, escrito en alemán y calificado de estrictamente confidencial. Fue entregado en mano en la Secretaría de Estado vaticana por el cardenal colombiano Darío Castrillón. En él se habla de un complot para asesinar al Papa.

ESPAÑA

ETA y el alto el fuego

Entre los textos sacados de la Santa Sede se encuentra también una carta redactada por el secretario de Estado Bertone para rechazar un encuentro en la nunciatura de Madrid con miembros de ETA de cara a la declaración de un alto en fuego de la banda terrorista.

LEGIONARIOS DE CRISTO

Marcial Maciel

La documentación incluye además unos apuntes que hacen referencia a cómo Rafael Moreno, el secretario de Marcial Maciel, supuestamente informó ya en el año 2003 a Juan Pablo II de los abusos cometidos por su superior. El Papa, sin embargo, no le creyó.

En el Vaticano se le conocía, con manifiesto desprecio, como el cuervo o el topo. Hablamos de la persona que en los últimos meses se ha dedicado a sacar de los archivos secretos de la Santa Sede centenares de documentos confidenciales, cuyo contenido ha sido aireado públicamente por varios medios de comunicación y ha expuesto a la luz numerosos trapos sucios de la Santa Sede. El presunto cuervo, el enemigo publico número uno del Vaticano, fue detenido ayer.

Se trata de una persona muy próxima a Benedicto XVI: el laico Paolo Gabriele, el mayordomo del Papa, su ayuda de cámara. El presunto culpable de Vatileaks, la mayor filtración de documentos reservados registrada en el Vaticano, fue detenido por la mañana e interrogado por el promotor de justicia vaticano, el fiscal Nicola Picardi.

Gabriele tiene 46 años, es romano, está casado, tiene tres hijos y ya estuvo al servicio de Juan Pablo II. Paoletto, como le conocen muchos en el Vaticano, está considerado como uno de los miembros de la familia pontificia de Ratzinger dada su enorme proximidad al Papa, detrás del cual se mueve constantemente como si fuera una sombra. Además de ayudar al Pontífice a la hora de vestirse o de abrirle la cama por las noches, Gabriele le acompañaba en sus citas diarias, como las audiencias públicas y privadas, así como en sus viajes. Entre sus obligaciones se encontraba asimismo la de servir a Ratzinger a la hora de comer, aunque el Papa con frecuencia le invitaba a sentarse con él a la mesa.

El presunto cuervo está desde ayer a disposición de las autoridades judiciales vaticanas. Según indicaba Federico Lombardi, el portavoz de la Santa Sede, el detenido habría sido pillado in fraganti «en posesión ilícita» de documentos reservados. En el apartamento privado de Gabriele, en el Vaticano, en la via di Porta Angelica, la gendarmería de la Santa Sede habría hallado ingentes cantidades de papeles reservados sacados a escondidas. Además, todos los documentos filtrados tenían una cosa en común: el haber pasado por el escritorio de Benedicto XVI.

La Santa Sede hacía tiempo que trataba de dar con el cuervo y para ello hace semanas puso en marcha una comisión cardenalicia capitaneada por Julián Herranz, miembro del Opus Dei y ex presidente del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos. La Santa Sede, además, anunció su intención de perseguir por vía judicial tanto a «los responsables del robo de documentos» como a las personas que les hayan podido encubrir o que hayan difundido el contenido de esos papeles.

La revelaciones del Vatileaks hace ya meses que sacuden al Vaticano. Sin embargo, la guinda al escándalo llegó hace sólo unos días con la publicación en Italia de Su Santidad: Las cartas secretas de Benedicto XVI. Se trata de un libro escrito por Gianluigi Nuzzi, el periodista en cuyas manos han caído los papeles confidenciales.

Gianluigi Nuzzi sostiene que los documentos habrían sido sacados del Vaticano no por un único individuo, sino por «un pequeño grupo de personas con funciones y cometidos distintos, unidas por una misma decisión: sacar a la luz papeles que desvelan tramas inéditas, críticas y asuntos de la Iglesia». En ese sentido, en el Vaticano hay quien sospecha que otro de los topos podría ser Ettore Gotti Tedeschi, el presidente del Banco Vaticano que el jueves fue destituido. El ya ex banquero de Dios ha amenazado con querellarse contra cualquiera que se atreva a acusarle de eso.

Pero Nuzzi también revela que su principal fuente en toda esta trama era María, nombre en clave de un católico devoto que trabaja desde hace tiempo en el Vaticano y que según la Santa Sede sería Paolo Gabriele. «María no me ha pasado los papeles por dinero ni por ambición. Lo único que desea es que los mercaderes sean expulsados del templo y que el Vaticano deje de estar dominado por intereses y ambiciones personales», asegura a EL MUNDO.

Nuzzi y María nunca han intercambiado un solo e-mail, ni una sola llamada de teléfono. Se veían los jueves en el lugar que acordaban en el encuentro anterior. Algunas veces María no acudía a la cita y enviaba a otra persona. En otras ocasiones, no se presentaba nadie. En ese caso, Nuzzi acudía al jueves siguiente al mismo lugar y a la misma hora. Un día, recuerda el periodista, María se presentó a la cita con las manos vacías. Pero, al percibir su decepción, sonrió, y se quitó la chaqueta. En el forro de la misma llevaba cuidadosamente pegados varios documentos reservados.

13 Agosto 2012

Los hitos del ‘Vaticanleaks’

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

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El escándalo estalló el febrero pasado con la filtración de documentos secretos

Febrero de 2012. Las filtraciones a varios medios italianos de documentos secretos (desde cartas a un supuesto complot para matar a Benedicto XVI) conmocionan al Vaticano. Los documentos filtrados ponen al descubierto las luchas de poder dentro de la Curia. El portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, admite que la Iglesia está sufriendo su propio Vaticanleaks. El diario L’Osservatore Romano describe al Papa como “un pastor rodeado de lobos”.

 23 de mayo. Cae el “topo del Vaticano”. Las investigaciones capitaneadas por el cardenal español Julián Herranz llevan hasta Paolo Gabriele, de 46 años, ayudante de cámara del Papa y una de las personas de su máxima confianza. Gabriele, un hombre muy devoto, casado y con tres hijos, presta declaración ante Nicola Picardi, fiscal general del Vaticano. La gendarmería halla en su casa “cajas repletas de documentos y los medios necesarios” para reproducirlos.

27 de mayo. Paolo Gabriele designa a dos abogados. La gendarmería vaticana investiga sus cuentas bancarias, busca cómplices e intenta averiguar el móvil de las filtraciones. La hipótesis dominante es que se trata de desacreditar al secretario de Estado, Tarsicio Bertone, amigo y mano derecha del Papa, dentro de la lucha por la sucesión. En las cartas y documentos difundidos, Bertone aparece como un hombre ambicioso y todopoderoso, cada vez más alejado de Benedicto XVI y que hace y deshace a su antojo.

3 de junio. La detención de Gabriele no pone fin a las filtraciones. El diario La Repubblica publica otras tres cartas. El anónimo remitente acusa a Bertone y a Georg Gänswein, secretario personal de Benedicto XVI, de ser los “verdaderos responsables” de las fugas de información, y dice que Gabriele es un chivo expiatorio. Los rumores se acumulan en la prensa italiana. El Papa lamenta el trato que el caso recibe en los medios, que “amplifican deducciones gratuitas” y dañan la imagen de la Santa Sede. También se pronuncia días más tarde el cardenal Tarsicio Bertone, que acusa a los periodistas de ser los responsables del clima de “mezquindad, mentiras y calumnias”. “Se inventan fábulas y leyendas”, dice Bertone.

21 de julio. El juez de instrucción, Piero Bonnet, ordena que Paolo Gabriele pase a arresto domiciliario. Además, el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, anuncia que la comisión cardenalicia nombrada por Benedicto XVI para investigar el asunto, ya ha entregado su informe al Papa.

13 de agosto. El juez Piero Bonet ordena el procesamiento de Paolo Gabriele por el robo con agravantes de documentos secretos de la Santa Sede. El magistrado pide que también sea juzgado Claudio Sciarpelletti, un programador informático de 48 años empleado en la Secretaría de Estado de la Santa Sede. El informático supuestamente ayudó a Gabriele en el tráfico de documentos. Estas son las principales novedades que cierran la fase de instrucción del caso de la enorme filtración de documentos en el Vaticano.

30 Septiembre 2012

Justicia divina

Rubén Amón

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Al mayordomo pontificio podrían caerle cuatro años de prisión a cuenta de haber expoliado el secreter de Benedicto XVI, aunque el indulto se antoja cada vez más verosímil por la colaboración del acusado -inducida con las artes intimidatorias del cardenal Herranz- y porque Ratzinger debería aplicar de oficio la indulgencia hacia la oveja descarriada.

Siempre y cuando no prevalezca el cinismo del tótem democristiano Giuilio Andreotti. Que está vivo camino de la centuria, que frecuenta todas las mañanas la misa de siete y que relativiza el verbo de Jesús a propósito de la tolerancia a los excesos del prójimo: «Cuando Cristo nos pidió que ofreciéramos la otra mejilla, sabía que sólo teníamos una más».Es el de Paoletto un proceso bastante pintoresco porque el Vaticano, amén de una monarquía absoluta electiva, es una teocracia. El Papa puede administrar la última palabra en los asuntos legislativos, ejecutivos y judiciales, aunque el indiscreto mayordomo tendrá delante tres jueces civiles y deberá expiar la pena en una cárcel romana ya que el Vaticano carece de una penitenciaría convencional.

Otra cuestión es la celda de la gendarmería en que Paoletto ha permanecido tres meses en arbitrarias condiciones cautelares -el resto del tiempo ha estado en un no menos discrecional arresto domiciliario- y la aplicación de un Código Penal que apenas se retoca desde 1889. Sorprenda o no, el texto en cuestión enmendaba hasta hace una década la regla mosaica del quinto mandamiento, pues la pena de muerte no fue suprimida hasta 2001. Real y cristianamente nunca llegó a aplicarse durante el siglo XX, y desde 1961 sólo se contemplaba para casos extremos de magnicidio.

Estuvo a punto de ocurrir con la pistola de Ali Agca en la plaza de San Pedro, soberanísimo territorio vaticano, aunque la complejidad geopolítica del atentado y las implicaciones en la seguridad del propio Estado italiano dieron lugar a que la Santa Sede se aviniera a trasladar el expediente a la Roma civil.

La paradoja radicó en que Agca fue indultado en 2000 por el presidente de la República Carlo Azeglio Ciampi no en respuesta a su comportamiento ejemplar ni a los 19 años expiados en prisión -muchos en una celda de aislamiento, permanentemente vigilado- sino porque el tercer secreto de Fátima convertía al terrorista turco en un mero instrumento del destino, tal como sostenía el Vaticano después de haber descifrado la profecía de Cova de Iria: «El obispo de blanco que cae a tierra».

Semejante extravagancia demuestra la influencia del cielo en la tierra y redunda en la peculiaridad de la justicia vaticana. Tan peculiar que no existen leyes sobre el tráfico o posesión de drogas -delitos de nuevo cuño- ni penas sobre el proxenetismo y la prostitución -delitos de antiguo cuño-, aunque los funcionarios de la Santa Sede trabajan de manera estajanovista -un millar de procedimientos anuales- porque la avalancha de turistas, 18 millones al año, sobrentiende a su vez la proliferación de delitos a cuenta de los carteristas.

Técnicamente, el Vaticano no es un Estado de derecho por la concentración de poder del Sumo Pontífice y la ausencia de garantías procesales, aunque la anomalía de una aplicación de la justicia sui generis resulta en este caso providencial para el porvenir al aire libre de Paoletto. Revelar secretos de Estado le habría costado 30 años de cárcel de haber cometido el delito a unos metros de San Pedro.

30 Octubre 2012

¿'Garganta profunda'?

Rafael Navarro-Valls

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Navarro Valls es catedrático, académico y autor de 'Entre la Casa Blanca y el Vaticano'.

Para el hombre medio, el Derecho se asemeja a un enigmático castillo, rodeado de niebla. A veces, ésta se disipa, los espectadores se acercan y el telón se levanta. Es lo que está sucediendo con el juicio cuya segunda sesión tuvo lugar ayer en la Ciudad del Vaticano.

Del singular escenario judicial destaca el tribunal, que ha pasado de ocuparse de la microcriminalidad habitual (pequeños rateros que actúan entre los turistas vaticanos) a un caso enfocado desde todos los ángulos por las networks internacionales. Un tribunal laico, que utiliza un derecho contenido en el Código penal de la época más liberal de Italia, en el que la dignidad del encausado es defendida con uñas y dientes. Por eso su presidente ha ordenado una investigación en cuanto se ha hablado de «malos tratos».

La gravedad del caso enjuiciado no radica tanto en lo que técnicamente se llama «hurto doméstico», cuanto en la violación de la privacidad de quienes escribían en conciencia a quien debe por su misión evaluar conciencias, esto es, el Papa. Lo ha reconocido con dolor el propio acusado. El Cuervo vaticano (Paoletto, el mayordomo) es una especie de Garganta profunda que utilizó pólvora de salvas, pues lo robado -y posteriormente filtrado- simplemente trasluce un modo de trabajar en la Curia vaticana en la que quien tiene o cree tener algo que decir lo dice o, más bien, lo escribe y lo hace llegar al Papa. Muy distinto a ese cartucho de dinamita que fue el Wartergate, y que explotó en un escándalo que conmovió los cimientos de la Presidencia de Nixon.

La abogada defensora está ejerciendo bien su cometido. Se agarra a cualquier posibilidad de defensa. Por eso ha llevado al acusado a hablar de «malos tratos», lo que desvía la atención del acusado al acusador. Malos tratos muy dudosos, dado que durante todo el tiempo de internamiento, Paoletto dispuso de asistencia legal y médica. También hábil el recurso de negar el delito, pero no los hechos. Un modo sutil de confesar de facto, pero no de iure.

Por lo demás, el horizonte judicial de este proceso apunta al perdón. Cuando Ali Agca fue condenado a cadena perpetua por la judicatura italiana, la intercesión de Juan Pablo II (al que intentó asesinar) favoreció la conmutación de la pena. También ahora la tendencia pontificia de atemperar la justicia con la misericordia probablemente actuará de nuevo. Por cierto, ustedes se preguntarán por qué el delito del turco Ali Agca -cometido en territorio vaticano- fue juzgado por jueces italianos y éste, el del mayordomo infiel, lo es por un Tribunal del Vaticano. La razón estriba en la interpretación judicial de una disposición del Tratado Lateranense (que crea el Estado de la Ciudad del Vaticano) por la que la Plaza de San Pedro, no obstante ser territorio vaticano, está bajo la vigilancia policial italiana.

Si ésta arresta allí a un delincuente, cae bajo la jurisdicción italiana, sin necesidad de autorización de la Santa Sede. No ha sido el caso de Paoletto, descubierto por un puzzle de gendarmería vaticana, comisión de cardenales y el propio secretario del Papa. Por eso, éste ha sido llamado como testigo. Nada del otro mundo, contra lo que parecen sugerir los titulares.

Rafael Navarro-Valls

24 Diciembre 2012

El Perdón

Juan Manuel de Prada

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EL indulto de Benedicto XVI a Paolo Gabriele no es sólo una medida de gracia, al estilo de los indultos que excepcionalmente otorgan los jefes de Estado; es también un acto de perdón, pues el principal ofendido por la conducta de su mayordomo fue el propio Papa. Gabriele, según se probó durante el juicio que lo condenó a dieciocho meses de cárcel, robó diversos documentos confidenciales y correspondencia privada entre el Papa y su secretario personal, que luego entregó para su divulgación al periodista Gianluigi Nuzzi. Gabriele alegó que había sustraído tales documentos con el propósito de combatir la hipocresía y la corrupción de ciertos personajes que merodean por el Vaticano. No sabemos en qué medida tal propósito se habrá cumplido; en cambio, parece evidente que la publicación de tales documentos ha contribuido a divulgar la imagen del Vaticano como nido de intrigas y maquinaciones.

Si algo distingue el papado de Benedicto XVI es, precisamente, su esfuerzo constante por combatir la «suciedad» que anida en el seno de la propia Iglesia, según proclamara en las meditaciones del Vía Crucis de 2005, cuando todavía era cardenal. Su lucha sin ambages contra la pederastia o contra la opacidad financiera así lo demuestran; y la propia publicación de los documentos sustraídos por Gabriele confirman esta inquietud papal. El indulto otorgado por Benedicto XVI a su mayordomo creo que debe interpretarse en este mismo sentido: más allá del mal objetivo que la divulgación de tales documentos haya ocasionado, el Papa no tiene miedo a la verdad; y su empeño por combatir intrigas y maquinaciones es palmario e incesante. Pero la conducta de Gabriele, más allá de sus implicaciones penales, fue también una ofensa personal contra Benedicto XVI, cuya confianza defraudó del modo más rastrero y taimado. Y Benedicto XVI no ha querido concederle tan sólo el indulto, condonándole la pena de cárcel; ha querido también mostrarle su perdón.

En el primer volumen de su trilogía sobre Jesús, Benedicto XVI propone una jugosa meditación sobre el Padrenuestro. Al llegar a la quinta petición («Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden»), escribe: «La ofensa es una realidad, una fuerza objetiva que ha causado una destrucción que se ha de remediar. Por eso el perdón debe ser algo más que ignorar, que tratar de olvidar. La ofensa tiene que ser subsanada, reparada y, así, superada. El perdón cuesta algo, ante todo al que perdona: tiene que superar en su interior el daño recibido, debe como cauterizarlo dentro de sí, y con ello renovarse a sí mismo, de modo que luego ese proceso de transformación, de purificación interior, alcance también al otro, al culpable, y así ambos, sufriendo hasta el fondo el mal y superándolo, salgan renovados». Y concluye: «Superar la culpa exige el precio de comprometer el corazón, y aún más, entregar toda nuestra existencia. Y ni siquiera basta esto: sólo se puede conseguir mediante la comunión con Aquel que ha cargado con todas nuestras culpas».

En el indulto de Paolo Gabriele hay más, mucho más, que la concesión de una medida de gracia. Hay una exhortación moral al perdón, en un tiempo en que las ofensas tienden a enquistarse, y una lección teológica profunda, pues para perdonar las ofensas no bastan nuestras propias fuerzas, ni siquiera cuando uno es Papa. Perdonando a su mayordomo, Benedicto XVI nos ofrece, en vísperas de
la Navidad, una catequesis alumbradora sobre el misterio de un Dios que se hace hombre para cargar con nuestras culpas. Feliz Navidad a todos.