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Los enfrentamientos entre chavistas y opositores durante aquella jornada causaron más de 40 muertos

Venezuela condena al opositor Leopoldo López a 13 años de cárcel por instigar las manifestaciones de febrero de 2014

HECHOS

El 12.09.2015 se hizo pública la condena a D. Leopoldo López a la pena de 3 años, 9 meses, 7 días y 12 horas de cárcel.

CARTA DE LEOPOLDO LÓPEZ AL PUEBLO VENEZOLANO TRAS SU CONDENA

«El que se cansa pierde…

¡Y yo nunca me voy a cansar de luchar por Venezuela!

Venezolanos:

Hace más de un año, cuando supe que la élite corrupta que gobierna a Venezuela había ordenado meterme preso con la vana intención de que yo abandonara el país, no dudé un solo segundo en dar un paso al frente para darle la cara a la dictadura y enfrentar el juicio infame que se me estaba planteando. Esa decisión la tomé plenamente consciente de a qué me estaba enfrentando y de cuáles eran las consecuencias.

Por eso hoy, cuando he sido condenado por la infamia y la mentira de una élite que no tiene escrúpulos cuando de defender sus groseros privilegios se trata, quiero decirles que no me arrepiento en lo más mínimo de la decisión que tomé. Y no me arrepiento por una razón muy sencilla y poderosa: las grandes causas ameritan grandes sacrificios.

Yo estoy convencido de la bondad de nuestra causa que no es otra que la liberación de todo un pueblo que hoy sufre las dolorosas consecuencias de un modelo que fracasó en lo económico, en lo político y en lo social. Una causa justa y democrática que busca una Venezuela de paz, de bienestar y de progreso. Una causa humana que desea que todos los derechos sean para todas las personas, sin exclusiones ni privilegios. Pero sobre todo una causa moral una, que nos obliga a estar del lado de las víctimas y nunca del lado los victimarios.

Esta sentencia no va dirigida sólo en mi contra sino que busca derrumbarnos anímicamente a todos los que luchamos por tener un mejor país. Con el corazón les digo que en estos momentos nadie puede estar más indignado, nadie más tentado a caer en la desmoralización y en la frustración que yo. Pero lejos de ello les confieso que estoy más fuerte y más tranquilo que nunca, y decidido a levantarme una y otra vez hasta lograr pacífica y democráticamente el cambio que tanto necesita nuestro país. Por eso el único acto de solidaridad que pido ante mi sentencia es que no se rindan, porque como una vez dijo Ghandi:

“Los caminos de la verdad y el amor siempre han triunfado. A lo largo de la historia ha habido siempre tiranos y asesinos que por un tiempo pueden parecer invencibles, pero al final caen”.

Para que Venezuela salga adelante debemos cambiar el sistema. Pero para que eso suceda debemos quitarle el poder a la élite corrupta que nos gobierna. El próximo 6 de diciembre tenemos una excelente oportunidad para avanzar en esa dirección. Ese día, con irreverencia, con revire democrático, salgamos con toda nuestra fuerza a votar y a defender en todos y cada uno de los centros electorales y en la propia calle, la voluntad de cambio que de manera arrolladora la inmensa mayoría de los venezolanos vamos a expresar en las urnas.

Finalmente a mi amada Lilian, dale a nuestros hijos un mensaje muy especial: van a escuchar de boca de algunos que su papá es culpable y que estaré preso por muchos años más. No es cierto. Hoy su papá es más libre que nunca. Mi alma, mis ideas y mi amor por ustedes vuelan alto, muy alto, en el cielo de nuestra hermosa Venezuela.

Estoy aquí y no me iré a ningún lado. No podrán separarnos. Les prometo que muy pronto todos juntos viviremos en la mejor Venezuela donde reiremos, jugaremos y cantaremos sin sentir miedo.

En estos momentos difíciles quiero recordar al líder pacifista Martin Luther King y decir: “Si no puedes volar, corre; si no puedes correr, camina; si no puedes caminar, arrástrate. Pero hagas lo que hagas, tienes que seguir hacia adelante”.

Venezuela saldrá adelante, yo les juro que vamos a vencer.

Fuerza y Fe, Venezuela

Leopoldo López

Cárcel Militar de Ramo Verde».

Preso político sentenciado a 13 años, y 9 meses de prisión por la dictadura venezolana

07 Septiembre 2015

Maduro, el preso de Leopoldo López

Jorge Tuto Quiroga

Imaginemos una pesadilla fantasmagórica. El Presidente Trump inicia la deportación violenta y brutal de millones de latinos, mientras marca y derrumba con tractores las casas de los que hablamos español. Pero va más allá, dictamina la expulsión del periodista Jorge Ramos por no ser “imparcial”, detiene a Gobernadores opositores que protestan contra sus medidas y confina en el cuartel militar de Fort Benning a la líder opositora Hillary Clinton.

La pesadilla se pone peor. La OEA, convocada por México, rechaza tratar el tema porque la mitad de los países respaldan a Trump, o prefieren cobardemente “abstenerse”, condonando este abuso de lesa humanidad.

Esta situación no es imaginaria. Un Presidente en funciones, con pelo negro y no rubio-rojo, con bigote, en castellano y de verdad, acaba de ejecutar estas acciones en Venezuela contra colombianos en la frontera; abusos que hace tiempo comete contra alcaldes, opositores democráticos, periodistas y el pueblo entero dentro de su país. El muro represivo de Maduro, siempre interno y ahora externo, está marcando una de las páginas más vergonzosas de nuestra historia.

Medios de prensa han comparado las imágenes de Cúcuta con las de gente de Siria escapando a Europa. Pero allá huyen voluntariamente de la violencia, en Venezuela están siendo expulsados a golpes, separando a padres de hijos, a niños de sus madres, a familias de sus enseres, a dos pueblos hermanados por la geografía y la historia. Es inadmisible que la monolítica unidad latinoamericana que reprocha las propuestas xenófobas de Trump, calle ante las acciones crueles de Maduro, quien está implementando hoy lo que el magnate inmobiliario promete para mañana.

El muro represivo de Maduro, siempre interno y ahora externo, está marcando una de las páginas más vergonzosas de nuestra historia
Es triste constatar como los resabios de la poderosa petro-chequera venezolana todavía pueden amedrentar la defensa de la democracia en la OEA, chantajear la paz en Colombia y reprimir a valerosos líderes opositores como Leopoldo López. Este símbolo icónico condiciona el accionar del régimen de Maduro en Venezuela hace mucho tiempo. Dicen que Leopoldo está detenido por el régimen de Maduro hace año y medio. La verdad está en las antípodas: Maduro está preso de la valentía y el coraje de Leopoldo.

Es así. Un régimen decrépito, moribundo y agonizante que destrozó el país más rico de nuestra América; que se dice “Bolivariano” mientras expulsa a colombianos; que pregona “socialismo” mientras los pobres pasan penurias, los mercados están vacíos de productos y las cuentas bancarias de los gobernantes se llenan en el exterior; que pregona democracia mientras instaura una dictadura. Pues ese régimen está periclitando y temblando ante un hombre, ante su voluntad inquebrantable y su lucha que no claudica. Hace tiempo que Maduro está recluido y Leopoldo más libre que nunca.

Venezuela sufre una inflación desbocada, una criminalidad escalofriante, un desabastecimiento Subsahariano y una represión norcoreana. Por eso, Maduro intentó postergar las elecciones parlamentarias de Diciembre. La huelga de Leopoldo y Ceballos le torcieron el brazo: se vota el 6 de diciembre. Para no ser derrotado Maduro intentó todo y nada funciona: inhabilitación de adversarios políticos, agresión externa a Guyana y ahora expulsión de colombianos. Todo fue infructuoso, si la OEA envía una misión de observación electoral Maduro pierde, la democracia vuelve y la libertad triunfa.

Es inadmisible que la monolítica unidad latinoamericana que reprocha las propuestas xenófobas de Trump, calle ante las acciones crueles de Maduro

Este 10 de Septiembre se define la situación judicial de Leopoldo, no apegada al derecho sino bajo dictamen del capricho. El régimen necesita, sin prueba alguna, ampliar la fenecida inhabilitación administrativa de Leopoldo hacia una de tipo penal y política, que infructuosamente intente eliminar la viabilidad electoral del hombre que lo puede derrotar democráticamente.

Todo estaba listo el 4 de septiembre para sentenciarlo, pero Maduro titubeó y no jaló el gatillo jurídico: si condena duramente a Leopoldo pierde votos para comicios del 6 de diciembre, si lo libera también pierde. Maduro, el rehén de Leopoldo, difirió la sentencia una semana para ver las encuestas, preguntar a la Habana, consultar con su jefe Diosdado Cabello (el Presidente del Congreso que manda en Venezuela hasta que pierda su cargo en las elecciones venideras) y pedir auxilio a Brasil y Argentina. Leopoldo está en Ramo Verde, pero el preso es Maduro.

Si la OEA envía una misión de observación electoral Maduro pierde, la democracia vuelve y la libertad triunfa
La situación es crítica pero el desenlace predecible. Leopoldo quedará libre: esta semana jurídicamente, el 6 de diciembre electoralmente, o una semana antes que Maduro escape y pida asilo en Teherán o Pyongyang. Así será. Lo dijo Nelson Mandela: todo parece imposible hasta que se lo logra.

Hace doscientos años parecía imposible, hasta que un venezolano montó su caballo, atravesó los Andes y nos legó libertad e independencia a cinco países sudamericanos. Ocho generaciones después otro venezolano, descendiente del Libertador, trepó las paredes de su celda en Ramo Verde, golpeó los barrotes de la ventana y gritó “estamos del lado correcto de la historia”.

Por eso, aunque parezca imposible, Leopoldo lo va a lograr: cambio y democracia para su Patria Venezuela y ejemplo de libertad para América Latina.

12 Septiembre 2015

Nunca obedecieron leyes los golpistas: Venezuela y Leopoldo López

Juan Carlos Monedero

España es un país que ha sufrido con una dureza cruel el dolor del terrorismo. Mirando hacia atrás hasta nos parece mentira.  Nos estremecía la frialdad de los encapuchados, su inclemencia, su desprecio por la vida. Decían que tenían razones y una parte no pequeña del pueblo vasco les apoyaba. Nunca entendimos la connivencia de otros países con los terroristas, y si pensamos hoy que hubo que comprar trenes de alta velocidad a un país vecino para que dejara de ser santuario material y simbólico de los que atentaban contra nuestra legalidad nos sobrecogemos. Los países tienen que ayudarse a respetar la legalidad, no lo contrario. Hubo episodios terribles en la lucha contra el terrorismo que nos equipararon con los del gatillo, el coche bomba y la extorsión. Aún no sabemos quién es el señor X pero no será porque no nos han dado indicios. En la lucha contra el terrorismo España se equivocó muchas veces y eso dio alas a que la justificación de la violencia -“estamos en guerra con el estado”- tuviera mas aceptación. Endurecimos las leyes a niveles inaceptables en democracia -hemos recuperado ideas premodernas, como la cadena perpetua, que niegan nuestra propia Constitución que establece que la pena busca la redención del preso-, y hemos mantenido en la carcel por años a personas sin ninguna vinculación con la violencia solo porque dijimos que la organización juvenil en la que estaban tenía alguna confusa ligazón con una banda armada. Hubo torturas – así lo sancionaron tribunales internacionales- y miramos para otro lado. El terrorismo nos mató también la humanidad. Debiéramos estar en la primera línea contando nuestras enseñanzas para que nadie las repita. Tanto nos ha ocupado la lucha contra el terrorismo, causante de cientos de asesinatos en nuestro país, que tenemos en la cárcel a una persona acusada de poner en marcha un proceso político para que los terroristas dejaran de matar y amenazar, aunque el partido que buscaba fundar sea hoy legal, esté en las instituciones y haya sido refrendado en su legalidad por las más altas instancias judiciales españolas. Somos muy sensibles a todo lo que tenga que ver con el terrorismo. Uno de los asuntos que más nos preocupó después de los coches bomba y los tiros en la nuca fue la llamada “kale borroka”,  la lucha callejera, que convertía nuestras ciudades en batallas campales con cientos de heridos, algún muerto y una sensación de miedo que suspendía la democracia. Comparemos. Ahora solo falta imaginar que en las últimas elecciones generales alguien hubiera llamado a desconocer el resultado de las urnas porque no le gustó lo que votó el pueblo y hubiera invitado a sus seguidores a tomar las calles con violencia para revertir el resultado electoral. Imaginemos que alguien vinculado en algún momento a algún movimiento golpista o terrorista hubiera salido en televisión la noche de las elecciones pidiendo tomar las calles y sembrar el caos hasta que el gobierno elegido renunciara. Imaginemos que después de esa noche hubiéramos dejado en las calles de Bilbao, de Barcelona, de Madrid o de Sevilla ni más ni menos que 43 muertos, cientos de heridos y millones de euros perdidos en destrozos materiales. ¿Qué diríamos en España si eso hubiera ocurrido y hubiera un responsable político claro? ¿Qué pediría La Razón, el ABC, El Mundo o El Pais para ese responsable? ¿Qué dirían las televisiones y las radios? Porque eso es lo que pasó en Venezuela en las últimas elecciones. La persona que llamó a la “kale borroka” se llama Leopoldo López, implicado en el intento de golpe de estado de 2002 y que nunca ha estado dispuesto a aceptar la legalidad vigente en Venezuela. Las leyes venezolanas, sometidas a la jurisdicción latinoamericana e internacional, han condenado a trece años de cárcel a López por ser el instigador de esos hecho que terminaron con cuarenta y tres seres humanos muertos -no uno ni dos ni diez, sino cuarenta y tres- por la irresponsabilidad de una persona que desprecia las leyes.

Hemos sufrido mucho el terrorismo en España y me estremece ver nuestra insensibilidad de tanta gente con las víctimas del terrorismo en Venezuela. No entiendo que el Parlamento español no haya recibido a las victimas del terrorismo de aquellos días (y lo haya hecho con la esposa del delincuente),  que los familiares de los 43 asesinados no hayan sido consolados ni por el PP ni por el PSOE y que la presión mediática y política nos haga perder tanto corazón que nos haga olvidarnos de quiénes fueron las victimas y quiénes los verdugos. ¿Podríamos imaginarnos que un Parlamento europeo o latinoamericano recibiera a familiares de los terroristas de ETA con honores y no atendiera a familiares de policías, guardias civiles, militares, políticos o civiles victimas del terror? ¿Qué estamos haciendo? ¿Cómo podemos estar alimentando a los que quieren hacer en Venezuela otra Ucrania u otra Libia? ¿Es que no aprendemos de todo lo que implica desestabilizar los países?

Hemos sufrido tanto por la locura asesina de los terroristas que hoy debiéramos ser los primeros en poner nuestro esfuerzo para frenar cualquier  intento de sembrar el terror y de desconocer por la fuerza cualquier Constitución democrática. Si no entendemos que nuestro compromiso en cualquier momento y lugar es con la democracia  y en contra de cualquier tipo de atajo violento habremos desperdiciado la posibilidad de sacar enseñanzas de humanidad de tanto dolor como el que hemos sufrido. Y los que tienen dos varas de medir con la muerte nos arrastrarán a sus infiernos.

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