6 julio 2009
El programa estuvo dirigido por el propio consejero delegado de la cadena Melchor Miralles
Veo7 emite una entrevista de doce horas seguidas a Pedro Ruiz con el único objetivo de entrar en el Guiness con la ‘interview’ más larga de la historia
Hechos
Los días 4 y 5 de julio de 2009 la cadena VEO7 emite el especial ’12 Horas sin piedad’.
Lecturas
#Datos para el recuerdo
>Invitados. 62 personas preguntaron a Pedro en directo, 21 se dirigieron a él por teléfono o internet y ocho participantes no estaban previstos. En total le formularon 906 preguntas, una cada 48 segundos.
>Curiosidades. Pedro se cambió cinco veces de camisa, consumió tres botes de una bebida isotónica, fue tres veces al servicio, las maquilladoras le quitaron 10 veces brillos de la cara y le aplicaron colirio.
«¿Me cuentas un chiste verde?» le espetó Marbelys Zamora, coreógrafa de programa Fama, ¡a bailar! «No sé. Me he quedado en blanco. No tengo respuesta», contestó Pedro Ruiz visiblemente descolocado.
Fue la única pregunta de las 906 que le formularon, que el periodista y showman no contestó en la maratoniana entrevista -12 horas sin piedad-, que Veo7 ofreció en directo desde las 14.00 horas del sábado hasta la 02.00 horas de la madrugada del domingo. Objetivo: batir el récord Guinness de la entrevista más larga en televisión. Y lo lograron.
El escenario de la entrevista no era el usual plató de televisión, sino una habitación del Hotel Wellington de tonos claros y luz suave. Tres mesas blancas focalizaban la atención del escenario: una ocupada por Pedro Ruiz; otra, para el moderador; y, la tercera, para el invitado que iba a ejercer de entrevistador.
La primera pregunta se la hizo Melchor Miralles, director general de El Mundo Televisión y creador de esta idea. «¿Por qué haces esta locura»? Y Pedro Ruiz contestó: «¿Y por qué no? Tenía el fin de semana libre y estoy vivo».
A lo largo de las 12 horas por el Hotel Wellington pasaron 62 invitados. Entre ellos: José Mota, Ernesto Sáenz de Buruaga, Miguel Ángel Rodríguez, Florentino Fernández Flo, Blanca Marsillach, Ramón Trecet, Luis del Vall, Minerva Piquero, Albert Castrillón, José María García, Irene Villa, Raúl del Pozo, Ramoncín, Isabel Gemio, Marta Nebot, Rafael Amargo… y dos niñas. Además, 21 personas intervinieron por teléfono (Ortega Cano, Esteban González Pons…) e internet (Pedro J. Ramírez, Juan Fernando López Aguilar, Míriam Díaz Aroca, Raphael, Concha Velasco…) y, como la entrada del hotel era un hervidero de gente involucrada en el evento (cámaras, periodistas, azafatas, técnicos…), ocho paseantes decidieron -entre ellos un participante en la cabalgata del Día del Orgullo Gay- subir a la habitación y hacerle una pregunta a Pedro Ruiz. «Me hubiera gustado haber tenido a Santiago Carrillo y a un futbolista», confesó al final del programa
El periodista y showman, con su proverbial desenvoltura, labia característica y verbo fluido, ofreció respuestas para todos. «Creo que sólo Albert Castrillón, de Antena 3, le puso contra las cuerdas haciéndole preguntas muy directas sobre temas concretos, como la corrupción», recuerda Josu Aurrekoetxea, director de Contenidos de Veo7. Y el momento más divertido de la larga entrevista se produjo cuando el sagaz reportero televisivo Quique Jiménez Torito, le planteó una serie de preguntas en torno al mundo del sexo. «Pedro pasó por unos momentos de apuro y toda le gente que estaba en el set se descojonaba de risa», comenta Aurrekoetxea.
Pedro Ruiz contestó en una pregunta que no le importaría «ir de maleta de José Luis Sampedro, Emilio Calatayud (juez de Menores de Granada) o José Luis Aranguren». Y confesó su admiración por Fernando Fernán-Gómez, Joan Manuel Serrat, José Antonio Marina y Alejandro Amenábar.
Como era de prever, cantó. Y lo hizo con una tema de Joan Bautista Humet; también hizo gala de su facilidad para la imitación de voces y acentos (cubano y argentino) y una vez finalizado el programa intentó hacer el pino, pero no lo consiguió.
Ralph Hannah, comisionado de Guinness, ayudado por 11 jueces -uno cada hora-, certificó que la entrevista se había desarrollado tal y como establecen las normas -no hubo ni una amonestación- y entregó a Pedro Ruiz el certificado que le acredita como el protagonista de la entrevista más larga realizada enTV.
¿Intentarán Veo 7 y Pedro Ruiz superar en tiempos venideros su propio récord?
Doce horas sin piedad
06/07/2009
Nunca el título de un programa reflejó con mayor precisión el contenido del mismo. Porque ‘Doce horas sin piedad’ fue un telemaratón tan cruel como absurdo, organizado por Veo 7 (la televisión de juguete de El Mundo), que consistió en una entrevista de medio día de duración, con decenas de invitados y cientos de preguntas, a un mismo personaje. «Sólo Castro, Chávez o Pedro Ruiz serían capaces de protagonizar este reto», aseguró un Josu Aurrekoetxea, director general de contenidos de la cadena. Eligieron, imagino que sólo por cuestiones de presupuesto, a Pedro Ruiz. «Es una de las pocas personas en este país que tiene opinión sobre todo», aseguró Aurrekoetxea.
«Soy un clásico», dijo modestamente un Pedro Ruiz que llevaba cinco años sin ponerse delante de una cámara. Ahora sabemos por qué. Y también que, en buena lógica, deberían pasar por lo menos otros tantos para que vuelva a hacerlo. La historia de este esperpento audiovisual comenzó con una idea genial de Veo7 y Ruiz: entrar en el libro Guinness de los Récords. Podían haber elegido las fórmulas habituales para pasar a la historia de las plusmarcas imbéciles, como romper cien nueces con la rabadilla en menos de un minuto o comerse una docena de perritos calientes sin respirar. Pero, vaya por Dios, eligieron hacer un programa de televisión. ¿No tenemos ni la creatividad ni el talento como para hacer un espacio realmente original? Pues cogemos a un ególatra acabado y le entrevistamos el tiempo suficiente como para salir en el libro Guinness.
Cuesta trabajo imaginar un programa peor, puesto que en éste todo resultó de una mediocridad sonrojante. La decoración del plató del hotel Wellington, unos maquillajes dignos de Paco España, la iluminación, la dirección, la presentación, el contenido, la realización, la música (ese piano de bar de hotel), la publicidad y, por supuesto, los entrevistadores: Sáenz de Buruaga, Luis Cobos, Pipi Estrada, Ramoncín, Miguel Ángel Rodríguez, actrices de medio pelo, un tío con barbas vestido de mujer… Todo parecía de mala calidad, chusco, de saldo. Incluso las reflexiones del protagonista: «He leído suficiente, pero mucho menos de lo que la gente pueda pensar al escucharme».
«Por la boca muere el pez» tampoco hubiese sido un mal título para este programa. Un espacio de doce horas (o de cinco minutos) con Pedro Ruiz está condenado a ser patético: se trata de una apuesta perdedora sólo asumible por una televisión sin futuro, puesto que Ruiz pertenece a esa cuadrilla de personajes pedantes, demagogos, prepotentes y vanidosos que destacaron cuando sólo había una televisión, y sucumbieron al surgir la competencia. Fósiles audiovisuales que nos recuerdan una forma de hacer televisión vieja, decrépita, acabada. «Es muy importante que todo el mundo sepa que Pedro Ruiz no ha cobrado ni un céntimo de euro por este trabajo», aseguró de forma innecesaria Miralles. Y digo innecesaria porque es evidente que Ruiz se encuentra en un momento de su carrera en el que tiene que pagar por hacer televisión.
¿En 2009 puede interesarle a alguien lo que piense Pedro Ruiz? El único atractivo del programa era científico: ¿Resistiría doce horas la próstata del veterano presentador? ¿Soportarían sus esfínteres tan largo reto televisivo? ¿Estaría sondado durante el programa o se vaciaría en una cuña? Afortunadamente el señor Hannah, juez de Guinness encargado de auditar el esperpento, tenía un gran corazón: le permitió visitar el baño durante unos minutos cada hora.
A las dos de la madrugada del sábado Pedro Ruiz y Veo7 entraron en el libro Guinness. «Atrévanse a ser ustedes», dijo el primero justo antes de hacer el pino. Enhorabuena. Habían conseguido el récord con la entrevista más larga, aburrida, absurda, casposa, intrascendente y peor realizada de la historia de la televisión española.