Jesús Polanco, considerado cercano a José María de Areilza, asume el cargo de Consejero Delegado del Grupo PRISA reemplazando a Carlos Mendo

Se resuelve la incógnita: Juan Luis Cebrián será el primer director de EL PAÍS tras lograr el apoyo de Manuel Fraga

HECHOS

El 18.12.1975 el diario de la tarde INFORMACIONES desveló que el director del nuevo periódico EL PAÍS (que saldría en mayo de 1976) sería D. Juan Luis Cebrián, hasta ese momento subdirector de INFORMACIONES.

Desde que en 1972 comenzara la gestación del diario EL PAÍS con la constitución de su empresa editora, el Grupo PRISA por un grupo encabezado por D. José Ortega Spottorno, D. Carlos Mendo y D. Dario Valcárcel, el resto de la prensa seguía con mucho interés aquel periódico. Que, por la cantidad de ‘padrinos’ que tenía (entre ellos los prestigiosos políticos D. Manuel Fraga Iribarne y D. José María de Areilza conde de Motrico, parecía tener muchas posibilidades para hacerse con el liderazgo de la prensa. Pero la gran duda de un periódico cuya aparición se retrasó varios años por la oposición del presidente del Gobierno, D. Carlos Arias Navarro, era que periodista asumiría la dirección de ese periódico.

LA ELECCIÓN DEL DIRECTOR EN MANOS DE FRAGA:

fraga_gentleman A pesar de que por esas mismas fechas el presidente del Grupo PRISA, D. José Ortega Spottorno había negado en una carta al director de la revista BLANCO Y NEGRO, D. Luis María Anson, que D. Manuel Fraga (en ese momento embajador en Londres) fuera la persona que controlaba el diario EL PAÍS.

Pero la realidad era muy diferente: los fraguistas encabezados por D. Manuel Milián Mestre controlaban el 21% de las acciones, lo que les convertía en los mayoritarios del periódico, por delante del grupo de los de areilza que tenían al rededor del 15%. Por tanto era el Sr. Fraga el que tenía en sus manos la designación del director, es por ello por lo que el vox populi señalaba a D. Carlos Mendo (el periodista amigo del Sr. Fraga) como la persona con más probabilidades de ser director.

Por esas fechas la revista GENTLEMAN dirigida por el joven D. Juan Luis Cebrián, periodista procedente del franquismo, pero ya claramente alineado con el reformismo, realizó un amplio reportaje sobre el Sr. Fraga en un tono muy elogioso, reportaje que fue fundamental para meter en la cabeza del Sr. Fraga que la persona idónea para hacerse con la dirección del nuevo periódico debía ser alguien joven, y ese joven no podía ser otro que D. Juan Luis Cebrián.  D. Manuel Milián Mestre aseguró en una entrevista a J. F. Lamata, además, que el Sr. Cebrián y el Sr. Ortega Spottorno consiguieron calentar la cabeza al Sr. Fraga advirtiéndole de defectos que podía tener el Sr. Mendo como que fuera ‘borrachín’. Fuera como fuere, D. Manuel Fraga optó por apoyar a D. Juan Luis Cebrián para que este fuera el nuevo director del diario EL PAÍS.

D. Manuel Milian Mestre (accionista de EL PAÍS) en una entrevista a J. F. Lamata explica como consiguió D. Juan Luis Cebrián arrebatar al Sr. Mendo la dirección de EL PAÍS:

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cebrian_informacionesByNCeb El diario INFORMACIONES, del que D. Juan Luis Cebrián era subdirector, fue el primero en hacerse eco de que su, hasta entonces, periodista, les abandonaba para dirigir el nuevo periódico EL PAÍS (para el que el Sr. Cebrián ficharía a muchos periodistas provenientes de INFORMACIONES). La revista BLANCO Y NEGR dirigida por D. Luis María Anson informó de su nombramiento calificándole como ‘Un hombre de Fraga’.

Ya estaba todo preparado para que EL PAÍS, diera la luz, sería en mayo de 1976.

EL NUEVO CONSEJERO DELEGADO:

polanco_joven Poco antes de la designación de D. Juan Luis Cebrián como director, el Grupo PRISA decidió relevar a D. Carlos Mendo como consejero delegado del Grupo PRISA. Cargo que pasó a ocupar D. Jesús Polanco, un editor de libros de texto que había aportado gran parte de capital para la constitución de la empresa y poco a poco iba comprando más acciones de la compañía.

EL GRAN DERROTADO: CARLOS MENDO
carlosmendo 
El gran derrotado en aquel proceso de entre septiembre y diciembre de 1975 era D. Carlos Mendo, que se había visto apartado del cargo de consejero delegado del grupo y también de director por decisión del que, se suponía, era su amigo, D. Manuel Fraga Iribarne.

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EL CONSEJO DE ADMINISTRACIÓN DE LA EMPRESA EDITORA DE EL PAÍS, EL GRUPO PRISA

El Consejo de Administración de PRISA está integrado por las siguientes personas:

D. José Ortega Spottorno (presidente), D. Jesús Polanco (consejero-delegado), D. Juan José de Carlos, D. Sebastián Carpi, D. Arturo Carpintero, D. Alfonso de Cossío, D. Francisco Giménez Torres, D. Ramón Jordán de Urríes, D. Javier de Lorenzo, D. Julián Marías, D. Antonio Menchaca, D. Carlos Mendo, D. Manuel Milián Mestre, D. Joaquín Muñoz, D. Alvaro Noguera, D. Miguel Ortega, D. Fernando Pérez Mínguez, D. Antonio de Senillosa, D. Ramón Tamames, D. Darío Valcárcel y D. José Vergara.

Ciertamente eran muchos los que podían pensar que el Sr. Cebrián era un admirador del Sr. Fraga, dado que había publicado en INFORMACIONES varios artículos al político, en ese momento embajador en Londres, el último de ellos con el título ‘¿Qué hará Fraga?’ tan sólo semana y media antes de la votación por el consejo, el 5 diciembre. Por ello los enemigos del Sr. Cebrián al atacar al Sr. Cebrián (a partir del año 1994) usarían con frecuencia la referencia a que ‘fue nombrado por el Sr. Fraga’). En realidad tal frase no puede pasar por una exageración: el Sr. Fraga como accionista apoyó al Sr. Cebrián, pero no tenía poder legal suficiente para hacer un nombramiento de esa naturaleza, aunque su apoyo tuviera innegable peso en especial porque hacía algo de mucho más valor: debilitar, o mejor dicho, directamente anular la candidatura del ‘fraguista’ D. Carlos Mendo, algo mucho más valioso en aquella batalla como comentó el accionista D. Manuel Milián Mestre en una entrevista a J. F. Lamata en PERIODISTA DIGITAL el 3.02.2012.

Sin el apoyo de ‘su padrino político’ el Sr. Mendo apenas intentaría tener una mínima influencia en PRISA como miembro del Consejo de Administración y de su Junta de Fundadores hasta que el 28 de octubre de 1977 optó por romper con PRISA y abandonar todos sus puestos para intentar ocupar un puesto directivo en el ABC, a través de Prensa Española. Tampoco lo conseguiría y terminaría retornando a EL PAÍS como colaborador raso.

18 - Diciembre - 1975

JUAN LUIS CEBRIÁN

Editorial (Director: Jesús de la Serna)

Es de caballeros congratularse de los éxitos ajenos. En San Roque número 7, deseamos serlo y nos felicitamos del éxito de un próximo colega – EL PAÍS – que ha ocmenzado su última fase de su andadura hacia los quioscos con tan buen tino que se ha fijado en uno de los subdirectores de INFORMACIONES para el cargo de director. Si no tuviéramos en alta estima esa virtud de la caballerosidad, estaríamos enfadados con nuestros compañeros de EL PAÍS por habernos sustraído a nuestro ‘joven Maura’ (excuse por una vez el lector un chiste privado, íntimo), tractor todo terreno de esta casa y brillantísimo profesional. Ese periódico de gran calado que sin duda será EL PAÍS, ya nos debe algo, y la deuda nos enorgullece.

Que INFORMACIONES deje escapar a profesionales como Juan Luis Cebrián, prueba una vez más la calidad de nuestra veta. Que en esa cantera se tallen profesionales como Juan Luis Cebrián nos revalida y enorgullece. Todos – por supuesto – somos prescindibles en este duro trabajo de hombro con hombro de proporcionar una buena información a la sociedad española, pero prescindir de hombres como Juan Luis Cebrián aún constituye un lujo que pocos periódicos pueden permitirse.

Juan Luis Cebrián se va a EL PAÍS con sus esperanzados treinta y un años a cuestas y un ‘curriruclum’ que a la mayoría de sus compañeros nos llevará una vida completar. Cuando accedió a esta casa como redactor-jefe de Información general todavía era ‘el joven Juan Luis…’ a los veintitrés años. Su meteórica y meritoria carrera profesional debería haberle aportado algún aire senatorial, pero continúa siendo, y probablemente lo será por mucho tiempo, ‘el joven Juan Luis’.

Con su imagen frágil, asténica, nerviosa, dejará de sorprendernos en las mañanas cuando accede fresco a la Redacción, tras una jornada anterior que incluye poco sueño, cincuenta llamadas telefónicas, la realización de un periódico, el haber almorzado con un ministro y el haber cenado con el ministrable que le sustituirá. En preciso haber trabajado largamente junto a él para maldecirle cordialmente cuando a la una de la tarde aún tiene energías para empezar a mesarse nerviosamente los bigotes frente a la platina, cerrar las galeras del periódico como un escuálido magode plomo de linotipia y repartir ideas y juego de trabajo para el día siguiente.

Los compañeros que en breve harán EL PAÍS tendrán la oportunidad (si no conocen aún a este profesional de excepción) de agotarse tras el trabjo bien hecho y verle a continuación, aún fresco, discutir con datos de primera mano la situación financiera de los diarios de Fleet Street o las deficiencias y aciertos de las televisiones estadounidenses. Pero será una charla breve: tendrá esperando una comida detrabajo o el avión que habrá de llevarle a comprobar personalmente la evolución de la política interior de cualquier país europeo.

Juan Luis Cebrián nos deja siete años de trabajo realizado a conciencia y que están reflejados en lo mejor de INFORMACIONES. Todo un equipo de hombres hace posible este periódico, pero vamos a echar en falta su talento, su preparación, su empuje y su increíble experiencia profesional. Cuando EL PAÍS amanezca en los quioscos, los demás periódicos lo acogerán con gacetillas editoriales de afecto y bienvenida. Nosotros no tendremos necesidad de augurar al futuro colega ningún éxito, por cuanto el primero se lo acaba de apuntar ofreciendo la dirección a nuestro Juan Luis Cebrián.

Memorias

Rafael Pérez Escolar

Antes de mis salida de Banesto, en una de las reuniones periódicos que celebrábamos en casa de Bérgamo, los martes de Bérgamo, como decíamos entonces, Víctor de la Serna propuso el nombramiento de Juan Luis Cebrián, al que no conocíamos ninguno de los asistentes, como director adjunto del periódico. Se trataba, según dijo, de un joven periodista que mantenía una excelente relación con Jesús de la Serna, quien se veía desbordado en sus tareas. La pregunta de los banqueros fue inevitable: “Pero este señor ¿se identifica con las ideas que nos han llevado a sacar otra vez el periódico?”. Quedaron en que yo hablara con el interesado., para lo que tuvo lugar un almuerzo en el hotel Suecia al que acudí con Víctor de la Serna. Apareció entonces ante nosotros un hombre joven de aspecto macilento, que delataba cierta agitación mientras se mostraba dogmático al exponer sus puntos de vista, lo que hacía con lenguaje precario e indeciso. Víctor centró con oportunidad y sin rodeos el carácter del periódico y pudimos comprobar la identificación incondicional del aspirante con los principios que habían inspirado la resurrección del INFORMACIONES. Incluso de la economía de mercado. En el siguiente martes informé favorablemente de los criterios que con tanta convicción había expuesto durante el almuerzo el pretendiente a formar parte del periódico.

Más tarde, cuando decidí poner mi granito de arena para la transición, se me ocurrió trasladarme a Londres para mantener con Manuel Fraga una larga conversación mientras paseábamos muy de mañana por Hyde Park. Propuse a Víctor y a Jesús de la Serna que una persona cualficiada del periódico, acompañada de un fotógrafo se trasladase a Inglaterra para redactar un eprotaje con la entrevista que yo me proponía mantener con el embajador. Aspiraba a que Fraga dejara constancia de su propósito irrevocable de una verdadera democracia. El periodista designado fue Juan Luis Cebrián, que con un fotógrafo de la casa nos acompañó durante más de dos horas en nuestro peripatético coloquio por el parque. Pero su trabajo resultó un remedo del parto de los montes. Era tan pobre de concepto y tan alejado de la realidad que, con figurosa sujeción a lo que había sucedido en la mañana londinese, rehice de cabo a rabo el reportaje, que ocupó cuatro páginas del periódico, aunque, como es lógico, atribuyese su autoría a Juan Luis Cebrián, de lo que ha quedado constancia en las hemerotecas.

En EL PAÍS, después de las incertidumbres iniciales, ya empezaban a calentar motores. Se especulaba sobre quién iba a ser el director del periódico, y un buen día Jesús Polanco me expuso sus dudas sobre la opción más conveniente en torno a dos candidatos: Miguel Delibes y Juan Luis Cebrián. Me pronuncié más o menos en estos términos: “Delibes es un formidable escritor pero desconozco su capacidad para dirigir un periódico. A su vez Juan Luis Cebrián escribe mal y habla peor, lo que se nota a la legua a pesar de su constante esfuerzo para disimular sus limitaciones literarias, pero cuenta con una innegable ventaja: ha convivido con la redacción de INFORMACIONES; por lo que podrá reclutar fácilmente a sus componentes, Jesús de la Serna incluido”. Luego pudo verse que mi pronósitco se cumplió al pie de la letra. A pesar de la densa prosa con que de vez en cuanto nos bombardeaba su director, EL PAÍS salió a la luz con dignidad, a expensas sobre todo de la brillante colaboración de aquellos que, cuando trabajaban en el INFORMACIONES de los banqueros, éstos no supieron no quisieron apreciar.

Así es que, miren ustedes por donde, yo intervine de manera decisiva para que contrataran a Juan Luis Cebrián en INFORMACIONES, lo que le permitió luego alcanzar la dirección de EL PAÍS, a l oque tambiéncontribuí, aunque en tono mucho menor, haciendo hincapié ante Jesús Polanco. Reconozco que no pude pensar entonces en las veleidades prosoviéticas que durante los años setenta entretuvieron las preocupaciones de Juan Luis Cebrián como director del periódico, lo que fue motivo de sobrado para que buena parte de los fundadores mostraran su disconformidad, incluso mediante la venta de sus acciones. Si bien el director compensó esa tendencia ideológica al entrar en el consejo de administración de Bankinter, de la mano dadivosa de Jaime Botín, lo que no tiene nada de recusable si se tiene en cuenta que un marxista, según se ha dicho, no viene obligado a hacer voto de pobreza.

El Análisis

UN ERROR DE FRAGA, UN ACIERTO PARA EL PAÍS

JF Lamata

La elección de D. Juan Luis Cebrián para la dirección de EL PAÍS fue un error para D. Manuel Fraga, en el sentido de que (al contrario de lo que, según él, se le prometio) el Sr. Cebrián nunca apoyaría desde las páginas del diario de PRISA al político en ninguno de sus proyectos a lo largo de su carrera, si no que incluso le combatiría: EL PAÍS atacó duramente a Alianza Popular desde su fundación mientras elogiaba con simpatía al PSOE.

Pero fue en cambio aquella elección si fue un acierto empresarial. D. Juan Luis Cebrián sería, junto a D. Jesús Polanco, el padre del mayor éxito periodístico de la historia de nuestro país, que deseaba tener un periódico generalista con una línea editorial progresista orientada en el centro-izquierda.

J. F. Lamata

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