18 diciembre 1981

Hoxha impone una purga contra los colaboradores de Shehu considerado hasta este momento como su heredero político

El dictador de Albania, Enver Hoxha, extermina a su ‘número 2’, el jefe de Gobierno Mehmed Shehu

Hechos

La noche del 17 al 18 de diciembre de 1981 murió el primer ministro de Albania, Mehmet Shehu.

Lecturas

Enver Hoxha es dictador absoluto de Albania desde 1946. 

¿MEHMET SHEHU, DE UN FIEL COLABORADOR A UN TRIPLE-ESPÍA?

MehmetShehu  La versión oficial de la República Popular de Albania es que Mehmet Shehu se suicidó de un disparo tras confesar que durante treinta años había sido un espía al servicio de Estados Unidos, la Unión Soviética y la Yugoslavia de Tito.

El ex ministro de Interior, Fecur Shehu (pariente director de Mehmet Shehu), el ex ministro de Defensa, Kadri Hazdiu y el ex ministro de Salud, Llambi Zichishti fueron igualmente asesinados por orden de Hoxha acusados de complicidad con el defenestrado ex primer ministro.

30 Diciembre 1981

Suicidio en Albania

Editorial (Director: Juan Luis Cebrián)

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Albania es un país deliberadamente secreto, aislado por unas fronteras impermeables para entrar o salir -sólo hay cuatro representaciones diplomáticas europeas en Tirana-, con un barrio prohibido donde vive la clase política dirigente, una policía eficaz en las represiones y una censura de Prensa absoluta. Silencio y opresión tratan de cubrir todas las contradicciones internas y externas. Es un régimen comunista que ha roto sus relaciones con todos los comunismos: el de la URSS, el de Yugoslavia y finalmente, en 1978, con China, que era su último aliado exterior. País ateo, practica su religión musulmana -como puede- el 75% de sus habitantes.No es extraño que en este país hermético haya pasado casi inadvertido para el mundo y casi para’sus propios habitantes un suceso de primer orden: el suicidio del primer ministro, Mehinet Shehu, personaje constante del régimen y segunda autoridad del país, después del también eterno primer secretario general del partido comunista (Partido del Trabajo de Albania), Enver Hoxa. Mehmet Shehu estuvo siempre comprometido en los grandes movimientos internacionales del país: la primera ruptura con la URSS y con Yugoslavia, la aproximación y posterior ruptura con China y el efilmero intento de aproximarse a Occidente después de su distanciamiento de China. Era el rostro visible de la política y el único viajero del Gobierno, cubriendo así el encierro de Enver Hoxa.

Es lógico que en un país deliberadamente secreto los sucesos tengan la respuesta del rumor y la especulación. Una de las versiones es la de que Shehu había caído en desgracia: en 1980 entregó el Ministerio de Defensa, cuya cartera asumía él mismo, al general Kadri Hazbiv. Se dijo entonces que era ya el principio de una pérdida de su larg o poder, y se habló de la posibilidad de que el Ejército estuviera tomando posiciones frente a un Gobierno demasiado inestable en su política internacional: el propio Shehu era militar -su empleo era el de coronel general-, pero estaba más considerado por los militares como político que como uno de los suyos (como sucede en la URS S con el general Leónidas Breznev,al que jamás se da su título militar). La hipótesis que se hace ahora es la de que Shehui ha sido asesinado, como principio de una serie de cambios que su presencia hacía imposible. La alternativa es que el suicidio se ha debido a la pérdida de un poder que consideraba vitalicio y a la amenaza de unos cambios políticos que hubieran podido hacer de él un prisionero -no sería el primer caso en este tipo de países, y el ejemplo de China es suficiente, en que se pasa directamente del poder a la cárcel-. De ser válidas cualquiera de estas dos afirmaciones, podría concluirse que el propio Enver Hoxa está en peligro: Mehmet Shehu ha sido continuamente su hombre de confianza y el encargado de llevar a la práctica su pensamiento político. Tampoco se puede excluir que Hoxa le haya sacrificado para conservar su propio poder, aunque sea de una manera nominal. La realidad es que todas estas especulacioneos no tienen más punto de apoyo que la propia personalidad truculenta y sangrienta de un régimen más psicopático que ideológico, en el que abundan estas situaciones: periódicamente ha habido en su historia reciente unas depuraciones mortales, con las que se han ido eliminando a los que no cambiaban de política al mismo ritmo que el régimen o a los que la cambiaban al mismo tiempo que él.

En todo caso, la explicación oficial del suicidio es la que se aplica siempre, en todos los países y hasta en todas las familias, para estos casos: una crisis nerviosa. No se explica cómo podía permanecer en tan alto cargo un personaje sometido a crisis nerviosas o de tal fragilidad psíquica. Aunque haya que contar también con el desengaño.

Shehu va a ser sustituido el 14 de enero en una reunión de la Asamblea Popular, una especie de parlamento con 250 diputados que se eligen cada cuatro años por sufragio universal. Pero sólo habrá un único candidato, naturalmente.

11 Noviembre 1982

Acusado de traición el ex primer ministro albanés

Juan Fernández Elorriaga

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El presidente albanés, Enver Hoxha, ha acusado de alta traición y triple espionaje al servicio de Estados Unidos, la KGB soviética y la UDB yugoslava a Mehmed Shehu, su ex primer ministro y brazo de hierro durante 27 años. Shehu se suicidió el pasado 18 de diciembre. Entonces se aclaró parcamente que Shehu había sido víctima «de una depresión de madrugada», pero ahora Hoxha ha precisado que «a Shehu no le quedaba más que una salida, la vergüenza del suicidio».Alumno del liceo técnico de Tirana, Shehu, nacido en 1913, se habría puesto al servicio de Estados Unidos tras regresar de las Brigadas Interncionales en la guerra de España. Más tarde, se pasó a la KGB soviética y terminaría su errática carrera de espía al servicio de la UDB yugoslava.

En sus críticas, Enver Hoxha, de 74 años de edad, presidente del único Estado oficialmente marxista-leninista-estalinista del mundo, ha resucitado el estilo más depurado de la crítica estalinista. Ha atacado a Shehu de forma que sorprendería a cualquier biógrafo del ex primer ministro, un devoto de Stalin que en cierta ocasión declaró al soviético Mikoyan que «el único error de Stalin fue haber vivido poco y no acabar con la pandilla de traidores que lo asediaban en el Kremlim».

Rumores persistentes procedentes de círculos extranjeros en Tirana, aseguran que el destronamiento oficial del primer ministro albanés suicida, puede preceder a otras estrepitosas caídas de cuadros albaneses que ya se encuentran lejos de las tareas de dirección. El general Shehu lideraba los servicios secretos albaneses, junto con su pariente Fecor Shehu, y no puede haber desaparecido sin dejar detrás un grupo de fieles. «Mehmed Shehu y sus acólitos se preparaban para actos de bandidaje al servicio de Washington, Belgrado y otras partes», asegura Hoxha, convencido de que su ex primer ministro se aprestaba a cumplir «la orden de la UDB yugoslava» de asesínarle».

El presidente albanés acusa también a los yugoslavos de haber patrocinado el desembarco frustrado en las costas albanesas el pasado 26 de septiembre de un comando de seguidores de Leka Zogu, pretendiente al trono de Albania, expulsado de España hace tres años y calificado por la propaganda oficial de «golfo y traficante de armas, drogas y mujeres». Pero Leka Zogu se manifestó en recientes entrevistas enemigo de la actual Yugoslavia. El Gobierno de Belgrado es el blanco de las más graves acusaciones de Hoxha principalmente por la cuestión de las minorías albanesas en la Servia yugoslava. Hoxha acusa a Yugoslavia de reprimir el nacionalismo albanés «de miles de jóvenes heroicos de Kosovo».

«Si los invasores ruso-búlgaros quisieran llegar a nuestros Alpes, saldrían en la misma situación en la que los alemanes salieron de Stalingrado», apunta Enver Hoxha, que se retiró del Pacto de Varsovia en 1968. Por su parte, el diario soviético Izvestia, le tendía una vez más la mano a Albania el pasado nueve de enero en un editorial en el que «los soviéticos felicitan a los albaneses el 36º aniversario de su República Popular».

Hoxha declaró recientemente que desea entablar «relaciones diplomáticas normales, sobre la base de la no ingerencia», con España, la República Federal de Alemania y el Reino Unido.

El Análisis

EL LENGUAJE DE LOS DICTADORES: EL AMIGO DE HOY ES EL TRAIDOR DE MAÑANA

JF Lamata

La noche del 17 al 18 de diciembre de 1981, Albania perdió a su primer ministro Mehmet Shehu, oficialmente por “suicidio”. Una muerte súbita y, según la versión de Enver Hoxha, causada por el descubrimiento de que Shehu era un triple agente —para Estados Unidos, la Unión Soviética y la Yugoslavia de Tito—. La acusación resulta tan desmesurada como increíble, y en la atmósfera opaca de Tirana, muchos ven en ella el simple guion de una purga política.

Shehu no era un disidente ni un reformista. Al contrario: fue la mano derecha de Hoxha desde el mismo nacimiento de la dictadura comunista albanesa tras la Segunda Guerra Mundial. Lo acompañó en cada viraje ideológico: primero en la ruptura con Tito para mostrar fidelidad a Stalin; luego, en el distanciamiento con Moscú tras la desestalinización de Jrushchov, que llevó a Albania a abandonar el Pacto de Varsovia en 1968; más tarde, en la alianza con la China maoísta, que se quebró al morir Mao y ver Pekín iniciar reformas “revisionistas”. Con cada ruptura, Albania se sumía más en el aislamiento, hasta convertirse en el país más herméticamente cerrado, pobre y atrasado de Europa.

Que un hombre que compartió y ejecutó cada una de estas decisiones estratégicas se convierta de repente en “traidor triple” no encaja en la lógica de la lealtad que Shehu mantuvo por décadas. La hipótesis más plausible es que su creciente peso en el Gobierno, o quizá discrepancias personales o políticas con Hoxha, despertaran las alarmas del paranoico dictador, que veía conspiraciones en cada sombra. El “suicidio” habría sido más bien un asesinato político, el mismo destino que poco después correrían figuras cercanas como el exministro del Interior Fecor Shehu (pariente del difunto), el exministro de Defensa Kadri Hazbiu o el exministro de Salud Llambi Zicishti, todos acusados de complicidad y eliminados sin piedad.

La muerte de Shehu no sólo es la historia de una purga interna, sino también el espejo de la Albania de Hoxha: un país atrapado en un stalinismo fosilizado, sin aliados, sin reformas, sin libertades y con un líder convencido de que la represión perpetua es la única garantía de supervivencia. En este clima, hasta el más leal servidor puede pasar, de la noche a la mañana, de ser pilar del régimen a “enemigo del pueblo” y desaparecer en la oscuridad.

J. F. Lamata