Search
Estaba considerado el jefe de la oposición al Gobierno de la II República que regentaba el Frente Popular

El líder de la derecha española José Calvo Sotelo es asesinado como ‘venganza’ al asesinato del socialista José Castillo

HECHOS

El 13.07.1936 fue asesinado el diputado D. José Calvo Sotelo, del Bloque Nacional.

El 13 de julio de 1936 el Diputado de Las Cortes, miembro de Renovación Española y líder del Bloque Nacional, D. José Calvo Sotelo, fue asesinado. Y lo que era más relevante, era asesinado por Guardias de Asalto de la República, la policía legal de la II República.

ASESINADO A MANOS DE MIEMBROS DE LA GUARDIA OFICIAL DE LA REPÚBLICA

 El Teniente de los Guardias de Asalto, Sr. Leon Lupión, ordenó a una brigada de las Guardias de Asalto republicanas que a bordo de la camioneta 17 detuvieran a sospechosos por el asesinato del socialista D. José Castillo.

 José del Rey Hernández y Fernando Condes Romero encabezaban la patrulla de Guardias de Asalto republicana que acudió a la casa de D. José Calvo Sotelo, y, a pesar de tener este inmunidad parlamentario, se lo llevaron detenido anunciando a su familia que lo llevaban a la Dirección General de Seguridad. Pero, en lugar de eso, en el mismo vehículo, el guardia de asalto que iba con ellos, Luis Victoriano Cuenca, que fuera escolta de D. Indalecio Prieto, lo asesinara con dos tiros en la nuca. Este guardia, junto a sus dos compañeros dejaron el cadáver tirado sobre un cementerio.  Ni Cuenca, ni Lupión, ni Del Rey, ni Condesfueron procesados ni se realizó sobre ellos investigación alguna por aquel asesinato.

 El líder socialista D. Indalecio Prieto, miembro destacado de la ejecutiva del PSOE, fue señalado desde la derecha por aquel crimen al saberse que el autor material del atentado había formado parte de su grupo de escoltas personales.

LEÓN LUPIÓN SOBRE LA FURGONETA DE GUARDIAS DE ASALTO QUE MATÓ A CALVO SOTELO

SERRANO SUÑER ASEGURA QUE EL ASESINATO DE CALVO SOTELO FUE LO QUE DECIDIÓ A FRANCO

11 - Abril - 1939

Cómo fue asesinado Calvo Sotelo

Aniceto Castro Piñeiro

(Guardia de Asalto miembro de la Camioneta 17)

Como fue asesinado Calvo Sotelo

La segunda compañía.

Un guardia de Asalto, Aniceto Castro Piñeiro, prisionero de nuestras tropas en el frente de Madrid, ha contado en un excelente reportaje de Carlos Sáenz, como fue asesinado D. José Calvo Sotelo.

Aniceto Castro Piñeiro pertenecía a la segunda compañía llamada ‘de especialidades’ – secciones de ametralladoras, morteros y gases – que mandaba el capitán Moreno Navarro; el grupo estaba a las órdenes del comandante Burillo. La segunda compañía pasaba por muy revolucionaria; casi todos sus componentes pertenecían a partidos políticos de extrema izquierda. Cuando un guardia de otra compañía tenía altercados o incidentes con sus superiores pedía el traslado a la segunda compañía.

Allí estaba en su propia salsa.

La noche del 12 de junio.

Cuando fue muerto el teniente José Castillo – asesinato preparado por el Gobierno Casares para provocar una reacción en la fuerza pública – en la segunda compañía se produjo un gran revuelo. El teniente Castillo tenía, entre aquellos hombres, fama de avanzado. Se produjeron grandes protestas. Los cabos Francisco Conde y Mariano García eran los más exaltados. “Hay que fusilar a todos los fascistas”, decían, “es preciso acabar con ellos. Ya lo vengaremos”.

Hubo discusiones violentas, comentarios y puños en alto. Y en este estado de excitación llegó la noche del 12 al 13 de julio.

Se encontraba en el edificio de la compañía en la calle de Pontejos el capitán Condes, de la Guardia Civil. Iba de paisano. Con él llegó un tipo siniestro, pistolero de oficio, fue el encargado de pertenecer materialmente el crimen. Condés y el pistolero se reunieron con los jefes.

Comenzaron a circular rumores entre los guardias. Se decía que aquella noche iban a realizarles numerosas detenciones de personas de derechas.

Se forma la patrulla

A la una de la madrugada partieron varios guardias a practicar servicios de detenciones. Aproximadamente a las dos salió del despacho el teniente Andrés León Lupión, quien dirigiéndose a los guardias que allí estaban dijo:

– A ver tres de vosotros. Montad en la camioneta.

Y dirigiéndose al guardia José del Rey le entregó un papel que parecía una de las órdenes de detención que por aquellos días se daban.

Subieron los tres guardias a la camioneta. Subieron también y tomaron asiento al lado del chófer, el capitán Condés y el guardia José del Rey. Subieron otros guardias de paisano y otros individuos, entre ellos el pistolero, que está comprobado, pertenecía a la escolta de Indalecio Prieto [Luis Cuenca].

En la calle Velázquez

Desde la calle de Pontejos, por Alcalá, se dirigió la camioneta a la calle de Velázquez, deteniéndose ante la casa de Calvo Sotelo. El sereno interrogó al chófer:

– ¿Vienen ustedes a detener a Calvo Sotelo?

– Abra usted la puerta – le dijo un guardia – y no hable, y lárguese pronto si no quiere que le peguemos cuatro tiros…

Entonces, el capitánn Condés, a quien por orden del teniente León Lupión debían de obedecer los guardias, mandó que los guardias que llevaban pistolas ametralladoras rodearan el edificio, mientras otros se situaban en las bocacalles próximas. El capitán Condés, acompañado del guardia José del Rey y del pistolero, penetró en el domicilio del Sr. Calvo Sotelo. Un cuarto de hora aproximadamente, tardaron en bajar. Lo hicieron los tres, acompañados del señor Calvo Sotelo, que vestía traje gris y llevaba un maletín de mano.

Le hicieron subir a la camioneta y tomar asiento en el tercer departamento de la misma, mirando hacia adelante. Al lado izquierdo se sentó el guardia Castro Piñeiro y a la derecha otro guardia. En el asiento de enfrente no había nadie. El pistolero [Luis Cuenca] se situó en el departamento continuo, precisamente detrás del Sr. Calvo Sotelo… La camioneta partió veloz.

El crimen

La camioneta se dirigió calle de Velázquez abajo. Aun no llevaría recorridos 500 metros – o sea hacia el cruce de Ayala – cuando sonó un disparo dentro de la misma camioneta. D. José Calvo Sotelo, sin exhalar un grito, sin una sola queja de dolor, cayó sobre el asiento delantero, desplomándose sobre el piso de la camioneta. Dos individuos apretaron con los pies sobre el cuerpo de la víctima para que cupiera entre los asientos. Instantes después el pistolero se levantó y, arrodillándose sobre el asiento disparó otro tiro sobre la cabeza de Calvo Sotelo.

–          Ya cayó uno de los de Castillo – comento.

Al cementerio

La camioneta siguió por la calle de Velázquez, con su terrible carga. Se dirigió hacia el cementerio del Este. El capitán Condé se dio a conocer a los guardas. Pasó la camioneta, que quedó bajo los arcos de entrada. El capitán dijo:

–          A ver, bajad eso:

El cadaver quedó sobre las losas, debajo de los arcos.

“El que hable morirá como murió ese perro”

Cuando la camioneta iba de regreso hacia Pontejos, el chófer, dirigiéndose al capitán Condés y a los demás, dijo:

–          Supongo que no me delataréis.

–          No te preocupes – contestó el guardia Del Rey – El que lo diga se suicida. Le mataremos como hemos matado a este perro.

El pistolero y Condes entraron en la oficina. El pistolero salió del brazo del comandante Burillo. La cmaioneta hubo que limpiarla: Se encargó de ello el guardia Tomás Pérez.

Lo mandó el ministro de la Gobernación

A los dos días el teniente Barleta llamó a los tres guardias que habían ido en la camioneta la noche del asesinato y les dijo:

– No os preocupéis, que nada puede pasaros. Lo sucedido lo ha ordenado el director general de Seguridad y a éste se lo mandó el ministro de la Gobernación. Así que lo sabe todo el Gobierno y lo saben vuestros jefes. Ellos son los responsables.

Escuetamente este es el relato verdadero del asesinato del gran español. Un crimen de Estado, con premeditación y, alevosía. En la tierra de España recibía el cuerpo del mártir, que, semilla en buena tierra, iba a dar la cosecha fecunda de los que se alzaron en armas para salvar a la Patria del a Horda.

Aniceto Castro Piñeiro

CONTEXTO MEDIÁTICO

El señor Calvo Sotelo se había convertido en la figura más detestada por las izquierdas superando al señor Gil Robles. Don José Calvo Sotelo había sido ministro de la dictadura y tenía unas intervenciones parlamentarias marcadas por cierta arrogancia y pedantería. Partidario de la dictadura, los “plenos poderes” como los llamaba, el Sr. Calvo Sotelo defendía reiteradamente en Las Cortes a los falangistas, que por aquella época estaban un tanto violentos, y si no que se lo digan al señor Jiménez Asua. “Este hombre ha acaba de pronunciar su último discurso” es la frase que la historia ha atribuído a doña Isidora Ibarruri, Dolores la Pasionaria, dirigida al señor Calvo Sotelo, pero sin entrar a valorar esa frase, en el periódico MUNDO OBRERO, el periódico del Partido Comunista – SEIC se encuentran artículos que se asemejan bastante a una amenaza (SEIC significaba “Sección Española de la Internacional Comunista”, la III Internacional que controlaba la URSS de Stalin para coordinar a sus satélites):

castillo_calvo_sotelo

La defensa que hizo ayer hizo Calvo Sotelo en la Diputación permanente de los crímenes fascistas es toda una caracterización política de ese lacayo de dictadores, incubado bajo la bota del general majo y chulón, que tiranizó al país durante siete años, que sueña con el solio dictadural. Exaltó y justificó el terrorismo como intrumento de lucha. Y está defensa del fascista Sotelo (…) protestó por las detenciones de asesinos. Estos miserables, además de una buena pistola y un buen salario, cuentan en la cámara con un buen abogado. La organización es perfecta: cuentas corrientes en bancos cotizaciones en organismos de contratación, como Renovación, Jap y ese Bloque Nacional (…). La destrucción de todo esto es tarea inmediata del Frente Popular. Con ese miserable Calvo Sotelo a la cabeza (MUNDO OBRERO, 15-5-1936)

El preámbulo al horror terminará el 13 de julio de 1936 cuando un grupo de falangistas asesina al Teniente de Asalto, don José Castillo, de ideas socialistas. Ante la indignación socialista, el Gobierno (parece ser que el ministerio del señor Prieto), autorizó la detención de todos los sospechosos. Inexplicablemente, los nombres del señor Gil Robles y del señor Calvo Sotelo aparecieron en esa lista. El primero tuvo la suerte de no estar en su casa, pero el segundo fue sacado de la cama y detenido, pese a llevar inmunidad parlamentaria, pero no fue a parar a una prisión, sino a un cementerio, donde aquellos guardias depositaron su cadaver tras haberle pegado un par de tiros. La prensa del día 14 recogía las dos muertes:

Acaba de morir el líder de la oposición, el líder de la derecha, aparentemente por elementos izquierdistas, pero también ha muerto un socialista a manos de unos fascistas, en un momento de tanta sensibilidad, el tratamiento informativo es más frágil que nunca. El ABC publica el día 14 un gran retrato del señor Calvo Sotelo sin ningún tipo de titular y al día siguiente publica, también en portada, su esquela, parece pués, que en el ABC el Sr. Castillo no existe, al igual que en MUNDO OBRERO no existe el Sr. Calvo Sotelo. EL SOL publica en grande la muerte del diputado, pero también menciona en pequeño la del teniente sin el más mínimo titular (actitud habitual del citado periódico en los momentos de mayor tensión), mientras que el AHORA concede la portada a las dos víctimas de manera casi simétrica con el titular “Los execrables crímenes de ayer”. EL LIBERAL decide destacar, en vez de a las víctimas, la defensa del régimen, por lo que su titular es “la República impondrá su ley y habrá de hacerlo con espíritu liberal, aunque inflexible en la justicia”.

¿Contra quién podrá repercutir lo ocurrido al señor Calvo Sotelo? Contra la República no. La República es obra de la voluntad popular (…) porque SI FUERA PRECISO responder al terrorismo con el terrorismo no hay nadie como el Gobierno para imponer, por cualquier procedimiento, la voluntad nacional (EL LIBERAL, 14-7-1936)

El mejor editorial referente al tenso asunto, sobre las dos “Españas” es el que publicó LA VANGUARDIA el 18 de julio:

Debo suponer que España entre vibra a estas horas ante los asesinatos de los señores Castillo y Calvo Sotelo. Pero ¿vibra por igual? ¿Tiene idéntico volumen, exacta equivalencia la protesta ante uno y otro hecho? (…) Si hacemos examen del mundo que nos rodea sin hipocresía, habremos de contestar rotundamente: no. (…) Bárbamente encendida, la sociedad española tiene dos pesas y dos medidas. Si cae muerto un militante de la derecha, sólo se estremecen sus correligionarios. Si la víctima es de la izquierda únicamente se sublevan los suyos. (…) Los comentarios son todavía más desalmados. He aquí dos que conozco referentes a la muerte del señor Calvo Sotelo. Un hombre de izquierdas “Es natural, al torero le ha cogido el toro”. Unas damas católicas enfurecidas: “¡Cinco han de caer ahora del otro lado! ¡Y de los gordos!” (…) Cuando la revolución de Asturias, un miserable entra armado en el domicilio de un anciano e inerme magistrado y respondiendo a móviles de venganza, por causas privadas, le asesina. Los revolucionarios no muestran extremada indignación (…). Falta la conciencia pública por el advenimiento de Lenin, de Trotsky, de Mussollini y de Hitler (…) Una resurrección de de la conciencia pública, limpia, serena, inflexible, pondría término a la barbarie del ambiente. ¿Barbarie dije? En el momento de escribir estas palabras, en las inmediaciones de mi casa estalla un tiroteo… (LA VANGUARDIA, 18-7-1936)

El “tiroteo” del que habla LA VANGUARDIA, es ya una de las primeras batallas de la Guerra Civil Española, que tan insistentemente había sido mencionada en editoriales, finalmente, era una realidad. Anticomunistas contra antifascistas…

by BeHappy Co.