12 julio 1936

Había sido condenado por su participación en 'la Revolución de Asturias' de 1934

El teniente socialista José Castillo es asesinado por pistoleros derechistas tras haber sido amenazado reiteradamente

Hechos

El 12 de julio de 1936 fue asesinado D: José del Castillo Sáenz de Tejada

Lecturas

Esta noche se ha producido un grave homicidio. A las nueve ha sido asesinado el teniente de la guardia de asalto don José Castillo cuando salía de su domicilio en la calle Augusto Figueroa, en Madrid, en dirección el trabajo. Según los testigos, el hecho lo llevaron a cabo cuatro hombres armados de a cabo cuatro hombres armados de revólveres, que se dispersaron entre el gentío una vez realizada la acción.

El teniente Castillo es así el segundo oficial del Partido Socialista Obrero Español asesinado en los últimos meses, ya que en el pasado mes de mayo cayó muerto el capitán D. Carlos Farando también a manos de pistoleros de Falange Española de las JONS. Esto induce a pensar que los falangistas también han asesinado al teniente de asalto Sr. Castillo. Aunque la posibilidad se halla avalada por otras pruebas. En abril pasado el teniente Sr. Castillo dirigía las fuerzas de los guardias de asalto que reprimieron disturbios durante la celebración del 5º aniversario de la II República, y en los que resultó muerto el teniente de la Guardia Civil Sr. De los Reyes. A raíz de estos sucesos la Falange señaló al Sr. Castilllo como objetivo a batir. El hecho de que el Sr. Castillo pasara a instruir a las milicias del PSOE no hizo más que aumentar la inquina de los falangistas que acusaban al Sr. Castillo de haber cometido crímenes durante la revolución de octubre de 1934.

En junio el teniente Castillo se casó lo que aprovecharon sus enemigos para atacarle enviándole la víspera un anónimo a la novia diciéndole que por qué se casaba con alguien que pronto sería un cadáver. Ahora la situación se presenta complicada. La actitud de sus compañeros de armas socialistas no parece conciliadora. Las críticas al gobierno no se han hecho esperar. Pero también los guardias de asalto han conseguido que el ministro de Gobernación, señor Moles, los autorice a detener a cientos de derechistas que aún se hallan en libertad. Aunque los guardias de asalto han dado su palabra de honor de detener sólo a aquellos que aparecen en la lista presentada, y que los detenidos serán entregados a la autoridad competente, las expectativas no son muy halagüeñas.

La muerte del teniente Castillo puede significar el inicio de una oleada de violencia que sería muy difícil de frenar.

En unos momentos en que los rumores de conspiración militar son cada vez más insistente, lo menos oportuno es un enfrentamiento directo entre izquierdistas y derechistas.

El resultado será el asesinato de D. José Calvo Sotelo. 

 

El Análisis

El crimen de José Castillo y el abismo entre dos Españas

JF Lamata

La sangre de un hombre joven, teniente de la Guardia de Asalto, socialista y comprometido con su causa, se ha derramado en las calles de Madrid. José Castillo Sáenz de Tejada ha sido asesinado vilmente, y con él se tensa aún más el nudo de odio que ya asfixia a España. Era instructor de milicias del PSOE, estaba señalado por la extrema derecha desde hacía tiempo, y era —no lo olvidemos— uno de los suyos: un servidor del orden público.

Media España llora su muerte como una injusticia intolerable. Se habla de cobardía, de crimen político, de una caza impune contra quienes representan los ideales del Frente Popular. Para sus compañeros, sus alumnos y su partido, Castillo es un mártir más en la lista creciente de víctimas de una violencia que no cesa. Pero lo más inquietante es que la otra media España no se indigna. A lo sumo, calla. Y en demasiados casos, celebra. Para ellos, José Castillo no era un agente del orden, sino un enemigo; alguien que participó activamente en la represión de la insurrección de octubre de 1934, cuando la revolución asturiana fue sofocada por la fuerza. Su muerte es, para muchos en la derecha radical, un acto de “justicia” extralegal, una venganza. La legalidad no importa ya: lo que impera es el ajuste de cuentas.

No nos engañemos. Este crimen no es uno más en la escalada de violencia: es un síntoma profundo de la fractura nacional. No se trata ya de diferencias ideológicas ni de disputas políticas. Se trata de dos países superpuestos, de dos visiones irreconciliables de España, que ya no discuten, sino que se exterminan. Cuando un país celebra los muertos de sus conciudadanos como triunfos propios, la democracia es ya un cadáver en vida. La muerte de José Castillo no es sólo la tragedia de un hombre abatido: es la radiografía de una sociedad en la que cada crimen prepara el siguiente, y en la que los vivos caminan con la mirada puesta en el abismo. España se desliza, inconsciente o resignada, hacia una confrontación que todos dicen temer pero que nadie parece dispuesto a evitar.

J. F. Lamata