Search
Los tres últimos presidentes de Brasil, Lula, Dilma y Temer, están con procesos judiciales acusados de corrupción.

Elecciones Brasil 2018 – Jair Bolsonaro elegido presidente de Brasil a pesar de una campaña mediática internacional en su controla

HECHOS

El 28.10.2018 se celebraron elecciones presidenciales en Brasil.

04 - Noviembre - 2019

La ultraderecha

Álvaro Vargas Llosa

Nadie más feliz que la izquierda por el triunfo de Bolsonaro. La orgía de titulares y declaraciones de políticos, periodistas y especies peores anunciando el apogeo de la «ultraderecha» nos dice más sobre la izquierda que sobre la derecha. No sabemos si Bolsonaro intentará ser un gobernante misógino, homofóbico, racista y autoritario, y si, en caso de exhibir tales instintos, las instituciones brasileñas, que han demostrado madurez, se lo permitirán. Estar en guardia frente a dicho peligro es lo menos que se puede exigir de esas instituciones. Pero el frenesí de la izquierda ante lo sucedido indica que ella necesita que Brasil sea a partir de ahora un bastión de la ultraderecha. Así disimulará su principalísima responsabilidad en el comportamiento de los votantes de aquel país.

La izquierda mundial hizo de Lula da Silva y Hugo Chávez dos iconos dignos de la era bizantina. Cuando Chávez se volvió impresentable, se aferró a Lula. Pero Lula, que no era un dictador ni había estatizado la economía, había dado muestras suficientes de corrupción y de conducta manirrota y dirigismo mercantilista (en el sentido antiguo de privilegiar intereses privados cercanos al Gobierno) como para advertir lo que se venía. Lo que vino fueron las siete plagas de Egipto, morales y económicas. Los mayores perjudicados fueron aquellos pobres a los que Lula había artificialmente elevado hasta la clase media. La izquierda, en lugar de denunciar a Lula por defraudar atrozmente la tradición socialista con su elitismo (otra forma de llamar al mercantilismo como sistema económico y al contubernio inmoral entre el interés público y ciertos intereses privados), denunció conspiraciones de la ultraderecha contra él y su sucesora, Dilma Rousseff (quien había presidido la empresa estatal, Petrobras, que fue eje de un vertiginoso sistema de corrupción vinculado a la obra pública, asunto que como mínimo exigía tomarle cuentas políticas, como se las hubiera tomado la izquierda a la ultraderecha de haber estado ella en semejante brete).

Todo esto desembocó en lo que tenía que desembocar porque los brasileños no son marcianos sino, como los angustiados bípedos de otros lares, seres a los que situaciones traumáticas pueden empujar a comportamientos electorales que en circunstancias distintas no serían concebibles. Ello, independientemente de que Bolsonaro resulte siendo un gobernante de ultraderecha o no y, si intentara serlo, de que las instituciones y la gente se lo permitiesen. La contribución de la izquierda icónica del siglo XXI, la brasileña, al fenómeno Bolsonaro ha sido abrumadora.

A veces los ultras resultan menos ultras de lo que se teme, casi siempre por una de dos razones. La primera es el peso de la responsabilidad; es el caso de Syryza en Grecia, que precisamente por no resultar tan ultra en el poder perdió al ala más radical de la coalición, reconvertida en Unidad Popular. La segunda es el corsé institucional; es el caso de Trump, en gran parte gracias a la saludable democracia estadounidense. A veces, los ultras sí resultan tan ultras como lo parecían, según lo prueban Viktor Orbán en Hungría o, para citar un personaje más extremo, Rodrigo Duterte en Filipinas.

No sabemos lo que sucederá con Bolsonaro. Sí sabemos que la izquierda mundial, pillada en falta grosera en Brasil, cree haber encontrado en Bolsonaro la forma de disipar las miasmas de su conciencia. No me refiero a las culpas de haber creído en Lula, lo que en un comienzo era razonable, sino de haber actuado, cuando la estafa era evidente, con total falta de integridad, defendiendo lo indefendible. Ahora, en lugar de hacer un examen de conciencia, practica el placer justificatorio de gritar, en pleno Halloween, ¡ahí viene la ultraderecha!

by BeHappy Co.