Search
El marqués echó en cara al escritor comunista que dejara morir a amigos suyos durante la Guerra Civil

Juan Ignacio Luca de Tena echa a Bergamín de España con un artículo en ABC echándole en cara su actitud en la Guerra Civil

HECHOS

En 1961 el escritor D. José Bergamín abandonó España después de que el diario ABC hubiera publicado varios artículos donde se le aludía.

¿Echó el marqués de Luca de Tena al Sr. Bergamín de España?  ¿Tiene tanto poder un artículo de opinión en un diario? En circunstancias normales no, pero en un país que acaba de padecer una Guerra Civil, tal vez sí sea verosímil, como lo fue el caso del Sr. Bergamín y, antes, el de doña Margarita Xirgu.

El Sr. Bergamín, que se alineó con el bando de la izquierda durante la Guerra Civil española, había retornado a España posteriormente sin que trascendiera demasiado, y tal vez así debería haber seguido siendo, de no ser porque a las manos del marqués de Luca de Tena, D. Juan Ignacio, una nota de que el Sr. Bergamín ‘le había puesto a parir’ en un diario extranjero.

Concretamente la referencia despectiva del Sr. Bergamín al marqués fue en un artículo publicado en EL NACIONAL de Venezuela donde se oponía radicalmente a una restauración de la Monarquía en España y agregaba:

“Esta solución anacrónica, provisional o definitiva (solución disolvente) no parecen verla con buenos ojos más que aquellos que lagrimean al escuchar y ver la representación escénica del as cursis figuraciones nostálgicas que les sirve a su gusto el actual Marqués de Luca de Tena”.

El artículo fue, posteriormente reproducido por otros diarios, incluyendo el izquierdista EL SIGLO de Chile, país donde el marqués de Luca de Tena tenía una gran implantación al haber sido embajador.

Don Juan Ignacio Luca de Tena publicó en su diario ABC (el marqués seguía siendo la cabeza visible de Prensa Española, empresa propietaria del periódico) un brutal artículo contra el Sr. Bergamín titulado ‘Contestación a Pepito Bergamín’ con el visto bueno del entonces director de ABC, D. Luis Calvo.

El artículo del marqués de Luca de Tena era brutal, porque desentierra abiertamente la Guerra Civil española, aludiendo a amigos personales asesinados por el bando de la izquierda, al que pertenecía el propio Sr. Bergamín que, según su versión, se negó a ayudarles al grito de ‘¡No me comprometáis!’. A pesar de lo espinoso que era remover aquello, dos décadas después, el Sr. Bergamín se atrevió a replicar, eso sí, sin aludir al tema de la Guerra Civil, sino al resto de puntos aludidos por el marqués.

El escritor de izquierdas terminaría su réplica con un ‘y nada más’, pero sí que iba a haber más, porque el marqués de Luca de Tena – ya fuera por el recuerdo de sus amigos fallecidos en la contienda o por resentimientos, no iba a dejar el tema contra el Sr. Bergamín, publicando un nuevo artículo anti-Sr. Bergamín el 11 de febrero.

Pero no fueron los artículos del marqués los únicos ataques en ABC contra el Sr. Bergamín, el 28 de enero, en la sección de noticias del diario el diario de Prensa Española lanzaba una nueva acusación contra el periódico titulando ‘Bergamín continúa obedeciendo al Partido Comunista’. Por si la acusación de seguir obedeciendo al comunismo, ABC usaba la declaración de del ex dirigente del POUM en el exilio D. Julián Gorkin, que acusaba desde Francia al Sr. Bergamín de haber apoyado la aniquilación del PCE, con el apoyo de la policía secreta de Stalin, la NKVD.

Tras aquella campaña el escritor – pese a que obtuvo algún apoyo notable como el de D. Dionisio Ridruejo – optaría por abandonar España. No regresaría hasta después de la muerte del dictador, general Franco y restauración de un sistema parlamentario.

31 - Enero - 1961

CONTESTACIÓN A PEPITO BERGAMÍN

Juan Ignacio Luca de Tena

ABC

"PEPITO PODRÁ LEER ESTAS LÍNEAS MÍAS EN EL SILLÓN DE SU CASA CON MÁS TRANQUILIDAD QUE AQUELLOS AMIGOS SUYOS A LO QUE ABANDONÓ COBARDEMENTE LEÍAN SUS PROCLAMAS EN 1936".

En El Siglo de Santiago de Chile órgano del partido comunista de aquel país, periódico que yo conozco muy bien, ha publicado recientemente un artículo, tan pedante como todos los suyos, el ex conocido escritor Pepito Bergamín. Aquel de ‘Cruz y Raya’; el del mono de miliciano y pistola al cinto en la Agrupación de Intelectuales Comunistas, con Alberti, Cruz Salido, Álvarez del Vayo y compañía, en las trágicas jornadas madrileñas de agosto y septiembre de 1936. En dicho artículo, Pepito propugna para España, con apremios tiempo e impaciencia de neurótico una tercera República. Como reconoce que no nos fue demasiado bien con las dos primeras, anhela una tercera, con un cambio profundo en la sociedad y gobierno del país. Hay en el mismo artículo unas frases despectivas y mortificantes para mi modesta persona, que no tengo por qué tolerarle. Deseo proclamar nuevamente aquí mi criterio – muy sincero – de que los hombres públicos tenemos la obligación de soportar cuantas críticas se hagan de nuestras actuaciones públicas, sean literarias o políticas; pero siempre que se formulen con buena educación. En España, desgraciadamente, las armas políticas preferidas por la mayoría de los españoles son la pistola y la mala educación. Ambas reprobables, a mi juicio. Ero, en este insólito ataque de Bergamín, concurren circunstancias o peripecias que, si su autor tuviese el más mínimo sentido de la delicadeza personal, hubieranle impedido referirse a mí en la forma en que lo ha hecho. Ya va de cuento…

Hace muchos años que Pepito Bergamín y yo nos conocemos. Algunos amigos míos lo eran suyos también, y muy íntimos. En Madrid, hasta el mismo día 12 de abril de 1931, convivíamos y nos tratábamos personalmente con cierto respeto, por lo menos aparente, los hombres de las más opuestas ideas. Al desaparecer esta apariencia de respeto, sobrevino la guerra civil. Cuando terminó, con el triunfo de las armas nacionales. Pepito Bergamín creyó oportuno salir de España. Pasaron los años. El exilio es duro y triste, por muy prodigas que sean las arcas del partido. Y al otro lado del Atlántico estaba la Patria, recuperándose de sus heridas, sin ‘paseos’ de madrugada y con la paz necesaria para poder esperar, en un piso burgués de Salamanca o Argüelles (arrellanado en una cómoda butaca y con un montón de libros predilectos a mano), una vejez sosegada. Y un buen día, con pocos de intervalo, José María Pemán en Cádiz y yo en Madrid, recibimos unas cartas en las cuales, con hipócritas frases de afecto, Pepito nos pedía, nos suplicaba que le avalásemos con nuestras firmas y solicitásemos su regreso a España. El insigne Pemán, que va por la vida derramando generosidad, tan mal correspondida muchas veces, firmó el aval y gestionó la entrada. Yo ni siquiera contesté a la carta.

Pero ahora va a saber Pepito Bergamín, gracias as u inelegante reacción contra mí, por qué no quise hacerle ese favor. No fue por ningún sentimiento político ni por lo que había representado en la España de la República ni en el Madrid rojo de la revolución. No. Algunos amigos de la más extrema izquierda tengo yo, con cuya amistad me honro, a quienes debo favores y juicios públicos excesivamente benévolos, siempre agradecidos por mí. De otros fui yo el favorecedor en cuanto pude. Y a todos quisiera ver reintegrados al seno de la Patria para gozar de cerca el regalo de su amistad. Pero lo que hizo Pepito Bergamín durante los primeros meses de la revolución fue para mí mucho peor que ser comunista. Abandonó a sus mejores amigos, a aquellos que habían sido para él como hermanos, en cuyas casas había compartido hasta el 18 de julio el yantar familiar; hombres que estaban perseguidos como alimañas por los analfabetos correligionarios que Bergamín tenía en los extramuros. Y cuando algún pariente o viejo amigo iban a implorarle protección para los perseguidos, el intelectual Pepito Bergamín, una de las personas que más influencia tenía en el Madrid rojo, se limitaba a alzar sus manos al Cielo, bien lavadas como las de Pilato, chillando con su más equívoco acento del Perchel malagueño: ‘¡No me comprometái…! ¡No me comprometái…!’

Conste, pues, que, si yo me negué a firmar el val que se me pedía, no fue por razones políticas de ningún género. Fue por pura repugnancia física; la que produce el contacto con algo blanco y viscoso.

Yo no pensaba contestar a Pepito Bergamín. ¡Ni eso! ¡Si fuera uno a recoger todas las tonterías que en España o fuera d ella se escriben contra uno…! Pero algunos compañeros cariñosos andan por ahí diciendo, reconozco que con frase poco intelectual, que Pepito, en su artículo del diario comunista chileno, ‘me ha puesto a parir’. Pues bien: ya he parido. Pero me queda el consuelo de pensar que Pepito podrá leer estas líneas mías, cómodamente arrellanado en el sillón burgués de su casa de Argüelles o Salamanca con más tranquilidad que leían los fraternales amigos suyos, a quienes abandonó cobardemente, las proclamas y delicadas disquisiciones políticas que él publicaba en los periódicos madrileños de agosto y septiembre de 1936.

Juan Ignacio Luca de Tena

11 - Febrero - 1961

RÉPLICA

Jose Bergamín

"NI SIQUIERA LLAMÉ CURSI AL MARQUÉS, SINO A SUS PIEZAS TEATRALES"

Muy señor mío: En ejercicio de mi derecho de defensa y acogiéndome a la legalidad vigente espero la publicación en su periódico de esta nota respuesta al artículo publicado por ABC el día 31 de enero de este año y firmado: Juan Ignacio Luca de Tena.

1. No soy colaborador del periódico El Siglo de Chile, cuya existencia y título desconocía hasta haber leído el artículo de ABC.

2. La primera y única vez que he citado el nombre de Juan Ignacio Luca de Tena en mis escritos (y hace más de cuarenta años que soy escritor) fue en un artículo mío publicado con fecha 12 de junio de 1960 en El Nacional, de Caracas (Venezuela). Se refería mi artículo, titulado ‘Si el tiempo no lo impide’, a una posible restauración de la dinastía borbónica en España. Y escribí: ‘Pero esta solución anacrónica, provisional o definitiva (solución disolvente) no parecen verla con buenos ojos más que aquellos que lagrimean al escuchar y ver la representación escénica del as cursis figuraciones nostálgicas que les sirve a su gusto el actual Marqués de Luca de Tena’. Ni siquiera llamé cursi al Marqués sino a sus piezas teatrales. Es una inofensiva apreciación que creo que comparten conmigo muchos españoles, inclusive monárquicos, y que no merece el grotesco ‘puesto a parir0 que dijeron al marqués sus amigos.

3. Es efectivamente cierto que escribí una amistosa carta a D. Juan Ignacio Luca de Tena, pero no suplicándole sino comunicándole que, requerido en el consulado de París para dar los nombres de tres españoles conocidos míos que respaldasen, a modo de aval, en su trámite correspondiente, mi petición de entrada en España, había dado el suyo al lado de D. José María Pemán y el de D. Antonio Garrigues. La carta terminaba con estas palabras de confianza: ‘No sé si he hecho bien acordándome de ti ahora tras tantos largos años de olvidos. Me gustaría saber que no te desagrada mi desapruebas este recuerdo. Y más confirmarlo pronto ahí, con un abrazo de tu amigo…’ Recibí una atenta respuesta del secretario del Marqués diciéndome que por encontrarse éste ausente de Madrid no podía contestarme y que le comunicaría mi carta en cuanto volviera. Como no hubiese tiempo para demorar mi petición me ofreció su firma mi amigo Salvador López de la Torre. Don Antonio Garrigues contestó a mi carta en la que igualmente le comunicaba que había dado su nombre, confirmándolo y ofreciéndome su amistad de siempre. A D. José María Pemán comuniqué del mismo modo que aceptaba el amistoso ofrecimiento que me había hecho en París de apoyar mi entrada en España. Me contestó ratificándome su firma y ofrecimiento con afectuosa cordialidad. No creo necesario ahora apelar al testimonio público de estos buenos amigos para aseverar lo que digo. Tampoco al de otros que pudieran recordar con veracidad mi conducta de 1936.

4. Me parece que basta con esto para deshacer los errores de hecho que contiene el artículo de ABC firmado por Juan Ignacio Luca de Tena. Nada más.

José Bergamín

11 - Febrero - 1961

CONTRARRÉPLICA

Juan Ignacio Luca de Tena

"BERGAMÍN ABANDONÓ A ÍNTIMOS Y FRATERNALES AMIGOS EN LOS TIEMPOS DRAMÁTICOS DEL MADRID ROJO"

Acerca de la nota en que el señor Bergamín dice rectificar mis errores, me interesa puntualizar lo siguiente:

Primero. Conozca o no conozca el señor Bergamín el periódico El Siglo, ello no tiene relación con el hecho de que en ese órgano comunista de Santiago de Chile se publicase el día 2 de enero de este año su artículo titulado ‘Si el tiempo no lo impide’. Lo único que el señor Bergamín aclara en este punto de su carta es que el artículo había aparecido antes en otro periódico hispanoamericano. El recorte que yo leí era de El Siglo como afirmé en mi artículo del 31 de enero de 1961, recorte que me fue espontáneamente enviado por la O. I. D.

Segundo. El artículo al que yo contestaba era exclusivamente político, y el señor Bergamín no se limitaba en él a rechazar para España una posible restauración de la Monarquía borbónica, como él dice ahora, sino que propugnaba el establecimiento de una tercera Republica y defendía a la primera y a la segunda. En este artículo, el señor Bergamín sólo aludía a una persona que soy yo, y lo hacía con frases que, como dije en mi contestación publicada en ABC, eran mortificantes y despectivas. En uso de mi derecho me pareció que no tenía por qué tolerárselo, ya que no se trataba de un artículo de crítica teatral, de los que tantos se me han dedicado sin que jamás haya replicado a ninguno. Se trataba de un artículo político en el que me aludía, sin duda en venganza por no haber firmado yo el aval que el Sr. Bergamín buscaba, pues, de haberlo firmado, ¿Habría escrito aquellas palabras el Sr. Bergamín? Si me negué a su deseo fue exclusivamente porque, en los tiempos dramáticos del Madrid rojo, cuando él tenía influencia decisiva, abandonó a íntimos y fraternales amigos, como estoy dispuesto a demostrar en cualquier momento, incluso con documentos escritos.

Juan Ignacio Luca de Tena

31 - Enero - 1961

Carta de Dionisio Ridruejo al marqués de Luca de Tena

Dionisio Ridruejo

Litoral

Querido amigo: sé que me expongo, al escribir esta carta, a no poder usar en adelante, y dirigiéndome a ti, las dos palabras con que la encabezo. Lo sentiría, pero antes que de mis amigos he querido ser siempre amigo de la verdad. Y la verdad ahora es que tu artículo de esta mañana en él ABC, dando injustay colérica respuesta a otro de José Bergamín publicado fuera de España, no corresponde al crédito de caballerosidad y corrección que invariablemente te veníamos otorgando cuantos te conocemos. Es un artículo brutal, una agresión lanzada contra un hombre indefenso desde posiciones de seguridad y privilegio, una delación del peor estilo.

Dices en tu carta que en España, desgraciadamente, las armas políticas preferidas por la mayoría de los españoles son la pistola y la mala educación. Pues bien, por una vez, al menos, estás con la mayoría, porque en cuanto a maneras gruesas, tu parle nada deja que desear, y en cuanto á la pistola, no puedes ignorar que las hay de muchas clases, y tú has esgrimido contra Bergamín una de las más eficaces. La elegante frase sobre la comodidad con que Bergamín podrá leer el lamentable desahogo de tu orgullo, me indica que no sabes ni te interesa saber en qué país vives.

Sin embargo, no son éstas las consideraciones que me obligan a escribir esta carta, pues, al fin y al cabo, esas son cuestiones que —si eres el hombre que creía— se convertirán en problema para tu conciencia.

Hay algo más grave. Lo que significa tu artículo es un pavo-soro testimonio sobre el tono convivencial de la vida española: tú, un español privilegiado, dueño del más importante instrumento de información del país, procurador, embajador, miembro del Consejo Privado del Rey, bienquisto por «1 poder, halagado por la fortuna, apoyado en un sector social todopoderoso, no puedes soportar que un escritor, desasistido de todas esas seguridades y ventajas, considere cursi una de tus obras dramáticas —a tanto ha llegado la mala educación y la inelegancia de Bergamín— y discrepe de tus ideas políticas, ´ sin sacar a colación la caja de los trucfíw,-sin sentarle en el banquillo en que se sustanciaron —unilateralmente— las responsabilidades de la guerra civil y sin apelar al hecho terminante de que tú eres uno de los vencedores, y él, uno de los vencidos. Si te dejas guiar de tu razón, acabarás comprendiendo que ello es harto más grave —no me avengo a emplear la palabra repugnante—, que cualquiera de las inhibiciones que, según tu versión, el extremoso clima de los primeros meses de la Revolución determinaron en el ánimo de tu antagonista. Inhibiciones sobre las que no me avengo a aceptar sin más ni más tu testimonio, porque me consta de casos singulares y bastante extremos en que Bergamín se empleó a fondo y con éxito a favor de los perseguidos.

Veintidós años después de terminada la guerra aún siguen, pues, en p´ie, los desdichados encastamientos y discriminaciones producidas por ella y. —la cosa es gravísima—, aún hay alguien que puede reprochar al prójimo adversario el mono de la pistola y las compañías terroristas sin hacer examen de conciencia y preguntarse si acaso él andaba por . las mismas fechas entre los ángeles de la guarda. Te confieso que este es un punto que me exaspera particularmente, y no sólo porque el reparto del drama español entre buenos y malos me parezca una injusticia o una hipocresía, sino porque creo que sólo cuando los españoles hagamos historia más bien que leyenda, y empleemos el humilde nosotros a la hora de recontar las culpas, este país tendrá ante sí algo que se parezca a un porvenir. Si nuestros antiguos antagonistas no pueden regresar a España —previa súplica a quienes disponen de la gracia del aval o; como si ´ dijéramos, de las llaves del reino— más que para gozar el regalo de tu amistad aplaudiendo tus obras, asintiendo a tus

opiniones o callándose, contritos de su pasado y avenidos a oír de él a todas horas versiones infamantes, habrá que decir que ese no es un panorama aceptable. Ni para los que habrían de sufrir la humillación ni para los que deberíamos envilecernos aceptándola.

Pero la cosa es aún más grave si consideramos que quien pone las cosas así no es sólo un hombre del pasado, sino que aspira a ser —por sus vinculaciones a la probable Monarquía española—, un hombre del futuro. ¡Hermoso futuro! José Bergamín conjetura de lo que está viendo en España —y me parece que es muy dueño de hacerlo—, una Tercera República española más bien que la restauración monárquica con la que tú cuentas. No le acompaño —como bien es sabido— en sus previsiones, si bien debo decir que para ello no me fundo en fus mismas esperanzas, sino en la hipótesis de una Monarquía democrática muy distinta de´ la restauración continuista que tú vas predicando. Pero te diré que si alguien trabaja en serio por esa Tercera República eres tú con tu discurso de Sevilla o con esta —infinitamente más desdichada— prueba del orgulloso desprecio y la enconada violencia con que buena parte de nuestra clase dirigente acredita aquello de que Dios ciega a los que quiere perder.

Agravios´como el que acabas de cometer no sólo ofenden a un hombre inteligente, digno y merecedor de respeto como .Bergamín, sino que atenían —como suele decirse— a la dignidad humana y a todos nos ofenden con él. Espero que comprendas que también a ti mismo; y que lo noble en estos casos no puede ser más que el desagravio público y la confesión sincera del error. Porque la cólera puede tener sus disculpas, pero la persistencia en el acto injusto, la posición de no enmendalla, no la tiene, y si acaso salva el honor externo, suele corromper el más íntimo e importante, cosa que no puedo desear para ti ni para nadie.

Acaso me haga ilusiones y lo más cierto es que las cosas queden como tú las dejas. Debo decirte que entonces entre tu amistad —superficial acaso, pero antigua— y la apenas iniciada con Bergamín, optaré por ésta, porque desde ´. hace tiempo estoy decidido a ponerme siempre junto a los que llevan la peor parte, esto es, junto a los que llevan la más honda razón, como, si no me equivoco, reza el Evangelio.

Dionisio Ridruejo

Varios escritores y columnistas han escrito sobre este trágico hecho, entre ellos D. Eduardo Haro Tecglen, el 15 de enero de 1996 en el diario EL PAÍS:

(…) Bergamín sí fue un rojo raro y católico, y tuvo que emprender su segundo exilio, veloz y asustado, lo debió a un artículo de Juan Ignacio Luca de Tena en ABC, quizá con algún apoyo literario de Luis Calvo – a quien tanto quise – llamándole asesino. También era extraño y cada vez comprendo más su gesto final de morir en el País Vasco envuelto en la ikurriña: sólo por no ser español. Es un gran fastidio que se renueva unas cuantas veces en una vida humana.

El Análisis

EL ODIO DE LA GUERRA SEGUÍA AHÍ

JF Lamata

La tragedia de la guerra no se queda en los muertas en el campo de batalla ni en las represiones de la retaguardia, sino en la destrucción radical de relaciones comunes y amistades. El caso de D. José Bergamín y D. Juan Ignacio Luca de Tena es sólo una de tantas amistadas reventadas por sus respectivos alineamientos con cada uno de los dos bandos. El Sr. Bergamín estaba con la izquierda y el marqués no era capaz de perdonarle que desde esa posición no intentara salvar de la muerte a presos de derecha. ¿Pero no va de eso la guerra, de izquierdistas matando a derechistas y derechistas matando a izquierdistas? Quizá el marqués se sintió capaz en la postguerra franquista de salvar la vida a través de su influencia algún amigo izquierdista que pudiera tener, pero es evidente que un montón de derechistas no pudieron – o no quisieron – hacerlo permitiendo que centenares de antiguos amigos suyos fueran fusilados por haber sido izquierdistas. Eso es la guerra, ese es el odio. Y el artículo del propietario de ABC venía a demostrar que en 1961 el odio seguía ahí.

J. F. Lamata

by BeHappy Co.