20 mayo 1961

El Gobierno le sancionó y Emilio Romero le replicó desde PUEBLO

El joven periodista Anson (ABC) pide al dictador Franco que ‘se retire a Yuste’ y ceda la jefatura de Estado al conde de Barcelona

Hechos

El 20 de mayo de 1961 se produjo en el Hotel Fénix de Madrid un homenaje a D. Luis María Anson. El homenajeado asegura que ahí pronunció firmes declaraciones contra la dictadura y a favor de reinstaurar la Monarquía, por los que fue sancionado.

Lecturas

El colaborador del diario privado ABC  Luis María Anson Oliart pide públicamente al Jefe del Gobierno y del Estado que se retire al monasterio de Yuste siguiendo el ejemplo de Carlos V. Eso causa un editorial de réplica de Emilio Romero Gómez en el diario público Pueblo: “No hay Yustes”.

A pesar de su juventud, en 1961, D. Luis María Anson ya había demostrado que era un periodista todo-terreno, tanto como escritor como periodista, de los que en la segunda mitad del siglo XX sólo podemos encontrar a cuatro (Sres. Romero, Cebrián y Ramírez). El incidente de 1961 fue el que sirvió para que el Sr. Anson demostrara que no tenía miedo a la dictadura que encabezaba el general Franco en España.

El Sr. Anson no provenía del izquierdismo, sino de una de uno de los sectores que había apoyado a la derecha durante la Guerra Civil Española: la de los monárquicos. El dictador había intentado mantener buena relaciones con ellos y, con los ojos puestos en el pequeño Don Juan Carlos de Borbón, había permitido que este se formara en Madrid. No obstante, el Conde de Barcelona, Don Juan de Borbón, había decidido en la década de los sesenta reivindicar sus derechos como el heredero designado por el último Rey, Alfonso XIII, antes de morir y el periodista D. Luis María Anson iba a ser uno de sus principales apoyos.

MuñozAlonso
Muñoz Alonso, director general de la Prensa del Gobierno franquista en 1961

La cena fastuosa de D. Luis María Anson había sido convocada en el Hotel Fénix de Madrid como un homenaje al propio Sr. Anson tras haber ganado el premio Luca de Tena, pero a él asistieron destacadas figuras monárquicas como la Duquesa de Alba. Y en el discurso de agradecimiento el Sr. Anson se dirigió al general Franco y le exigió que se retirara a Yuste para que, con el retorno de la libertad, se volviera a escuchar sobre las losas cargadas de Historia del Palacio Real los pasos amigos del Monarca que llega.

Aunque, naturalmente, ningún periódico se hizo eco de aquel discurso – tampoco hubieran podido, puesto que en 1961 aún estaba vigente la censura – aquel discurso no le iba a salir gratis al periodista.

Según relataría el propio Sr. Anson, al día siguiente (21.05.1961) tuvo que comparecer ante el despacho del director general de la prensa franquista, el profesor D. Adolfo Muñoz Alonso, que le recibió junto a su secretario D. Jaime Campmany. De acuerdo a su versión el profesor Muñoz Alonso le dijo que podría seguir escribiendo pero que, durante un año, la censura tacharía su firma. Además Muñoz Alonso le impuso la multa de 60.000 pesetas, cantitad nada despreciable en aquella época. El Sr. Anson sólo pudo reunir ese dinero gracias a otro destacado monárquico opositor al franquisto, D. Joaquín Satrústegui

También hubo una réplica a la ‘petición’ del Sr. Anson de que el dictador se retirara a Yuste, la realizó el director de PUEBLO, D. Emilio Romero, uno de los enemigos del Sr. Anson – a pesar de que coincidieran luego en la Escuela de Periodismo – publicaba un artículo titulado ‘El Discurso de Franco’, en el que, a pesar de no citarse ni una sola vez el nombre del Sr. Anson, la referencia es clara.

04 Junio 1961

EL DISCURSO DE FRANCO

Emilio Romero

"ALGUNOS AMIGOS DE PEMÁN SE EMPECINAN POR PARTIDIZAR COSAS COMO LA MONARQUÍA"

Leer
El discurso de Franco en la apertura de la nueva etapa legislativa es un documento histórico de primera fila. El más grande y sereno alegato del Régimen fundado por él. En cuanto a las pistas para nuestro consumo interior, bien claras aparecen. Franco es un constructor, y por su libre decisión no está dispuesto a dejar el edificio a medio terminar. Vamos, que no hay Yustes. La bandera social parece que no va a ser sustituida por banderines de zarandajas democapitalistas. La adhesión de los pueblos andaluces a su persona no le ha hecho desoír, por entre la multitud de sentimientos, voces de esperanza para el remedio de injusticia intolerable, enquistadas o perpetuadas allí. Todos coinciden – en asegurar que ha venido contento, pero caliente.

Vamos a tener otra ley de Prensa. Viene más liberal, pero no liberal. Los que escribimos vamos a andar más sueltos pero más agarrados a nuestra partícular responsabilidad, mediante una exigencia de rigor, de información y de rectitud. Nuestra constitución abierta de leyes Fundamentales va a dar entrada a otra más, a la del propio sistema político de España con la reunión de los elementos básicos anteriores, más los que faltaban. La perspectiva de lo realizado, y lo que se anuncia, reduce a grotesco el programa de los empresarios de revueltas; a papeles aburridos, los manifiestos de la emigración; a lúgubres salmodias, las impaciencias restaruacionistas de todo color, y a peripatético soliloquios, las andanzas particulares de algunas desenterrados. Cuando una realidad política tan fuerte como la actual en su aparato de poder y en la adhesiones populares no se conservatiza en las ideas, ni se denuncia de pereza en su dinamicidad, todas las maquinaciones contra ella resultan inútiles. Frente al deseo avalado por un cuarto de siglo de realizaciones, de elevar a este pueblo nuestro en el disfrute de los bienes a nivel de los más adelantados países europeos, cualquier bizantinismo sobre legitimidades resulta ineficaz. No hay nada que hacer. España necesita larga paz, ninguna revisión a su proceso constituyente, obtener todavía más confianza de los de abajo, ninguna sensación de interinidad de sus organismos políticos, buenos modos con el extranjero y larga vida para el General Franco.
Pemán se refería recientemente a ese fenómeno de envejecimiento progresivo de la representación política basado en los partidos hasta convertir algunas naciones de gran emoción liberal en discutibles países totalitarios, con la existencia prácticamente, de un solo partido. Le preguntaron a Kruschef en Nueva York, a propósito de las últimas elecciones presidenciales, por quién se inclinaban sus preferencias, si por Kennedy, o por Nixon; y su respuesta tuvo tanta socarronería como agudeza: ‘Son dos zapatos – dijo – del mismo pie’. ¿Se atrevería alguien a defender que Inglaterra está gobernada en las decisiones – que son las que cuentan – por otra cosa que por la firmeza y las creencias del partido conservador? Ocurre que el partido conservador más que un partido es un movimiento, y así como en las postrimerías del siglo pasado tuvieron los conservadores ingleses la perspicacia de aprobar una legislación sindical, en tiempo de las nacionalizaciones socialistas se erigieron en campeones de la libertad de la persona humana – amenazada por la técnica política del socialismo – sin que después, cuando alcanzaron el Poder, destruyeran todo lo socialista porque muchas cosas eran válidas y actuales. ¿Quién gobierna Francia sino un movimiento de opiniones, de creencias y de objetivos comunes? Ocurre que mientras Pemán hace una semblanza certera de nuestro mundo moderno, parecida a la que hiciera Edgar Faure como responso a la IV República, algunos de sus amigos se empecinen por partidizar las cosas indivisibles, como la Monarquía – necesitada de todas las adhesiones – y descomponer la fecunda síntesis de unidad a la que hemos llegado. Las últimas palabras del discurso de Franco tiene el viejo aroma de aquellas afirmaciones aparecidas por los años treinta en las voces más nuevas y más proféticas de la generación que unos años después llevaría adelante la tarea fundacional de un nuevo Estado: ‘Frente a los añorantes, somos de nuestro tiempo; frente a los iconosocialistas y desarraigados, somos continuadores de la tradición operante; frente a los mercaderes de la política somos servidores de los ideales; frente al intelectualismo, crítico y estéril, somos realizadores; frente a los escépticos, somos creyentes; frente a los pragmáticos sin principios, somos leales, a una doctrina, frente al anacronismo liberal, somos actuales’.

No solamente resulta un milagro en este país que un gobernante con veinticinco años en el Poder registre en la calle una adhesión sin precedentes, sino que tenga la magia de dotar de brío y de intrepidez el anuncio de una nueva etapa – dentro de una continuidad política – con todas las exigencias que ello comporta.

Ninguna alianza parecida a aquella de Viena ha podido interrumpir el periodo más constructivo del pueblo español. El discurso de Franco es toda una plataforma de lanzamiento para el hallazgo de una moral de seguridad y esperanza.

Emilio Romero

"Mis conversaciones con Franco"

Francisco Franco

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10-06-1961

Comento con Franco la cena del hotel Fénix, celebrada el 20 de mayo último, en honor de Anson, por habérsele concedido el premio Luca de Tena. Franco dice:

“Es lamentable que con un permiso concedido para una reunión de carácter literario ésta se haya convertido en un mitin político. También deploro la actitud de los militares, los generales que asistieron al acto. Hubieran debido marcharse al ver el carácter político que se daba al homenaje de Anson. No sólo no lo hicieron, sino que se quedaron hasta el final encantados”.

El Análisis

LA DERECHA SE DIVIDE

JF Lamata

La declaración de guerra del joven monárquico D. Luis María Anson demostraba que, en 1961, la unión de todas las familias de la derecha que había permitido al general Franco construir su dictadura en 1939, empezaba a fragmentarse. Teniendo en cuenta, además, que de todas las familias que construían el franquismo, la rebelión de la familia monárquica era la que más podía molestar al dictador, puesto que – aunque esta intentara disfrazarse con la camiseta de de falangista o de fascista – el origen político del general Franco  no dejaba de ser monárquico.

J. F. Lamata

En su artículo D. Emilio Romero  intenta no enfrentarse abiertamente contra todo los monárquicos, por eso dedica claros elogios a D. José María Pemán (el más ilustre columnista monárquico del momento), pero acto seguido alude a ‘algunos amigos de Pemán empecinados en partidizar la Monarquía’, en clara referencia al Sr. Anson.

A parte de repetir que ‘no hay Yustes’, carga contra el democapitalismo, en alusión a la democracia parlamentaria capitalista, sistema que – en aquel momento – despreciada por el Sr. Romero.