Como Directora-Propietaria logró el liderazgo de prensa, radio y televisión, pero también vivió el hostigamiento por parte de los partidarios del kirchnerismo

Muere Ernestina Herrera de Noble, co-propietaria y matriarca del Grupo Clarín, imperio mediático de la Argentina

HECHOS

El 14-06-2017 falleció Ernestina Herrera, viuda de Roberto Noble, directora de Clarín.

15 - Junio - 2017

Creyó siempre en un periodismo independiente y un país más inclusivo

Hector Horacio Magnetto

He compartido con Ernestina Herrera de Noble nada menos que 45 años de vida y de trabajo. Demasiados para pretender reflejarlos en estas líneas.

Pero quiero que en esta despedida esté presente mi reconocimiento y mi admiración hacia una mujer valiente que fue fiel a sus convicciones y que supo entender en toda su dimensión el legado que recibió.

Una mujer que creyó en el ejercicio de un periodismo independiente y masivo orientado a la construcción de un país más desarrollado e inclusivo.

Y que apostó siempre a generar un espacio argentino de relevancia en el mundo de los medios.

Dejó que los periodistas de Clarín hicieran su trabajo. Lo alentó y lo sostuvo.

Ella sabía que promover ese periodismo tiene costos personales que asumió sin dramatizar y sin victimizarse. Supo que era el precio para no resignar la libertad y la autonomía de decir y publicar lo que pensamos. No contestó a los ataques.

Tuvo protagonismo, nunca exceso de protagonismo. Construyó su trayectoria generando trayectorias. Está a la vista y no necesita ser detallado. Decía: quienes hacen un diario no tienen que ser noticia.

Entendió que la mejor contribución de quien conduce es preparar organizaciones que nos trasciendan. Que puedan cumplir su misión más allá de las personas que tengan al frente. Defendió el trabajo y el esfuerzo de la gente, de quienes trabajamos con ella. Y vio cumplido su propósito profesional: la construcción de un multimedios moderno, competitivo y siempre dispuesto a innovar. Ni en eso ni en el resto jamás se dio por vencida.

15 - Junio - 2017

Una historia en medio de la Historia

Ricardo Kirschbaum

Si algo queda claro al recorrer el medio siglo que Ernestina Herrera de Noble dirigió Clarín es que en esas 5 décadas atravesó de todo.

De todo quiere decir: 2 dictaduras militares, la locura violenta de los años 70 y la locura asesina del terrorismo de Estado, la guerra por Malvinas, la recuperación democrática y la esperanza democrática.

También quiere decir: amotinamientos carapintadas, el peronismo liberal de Menem y el peronismo populista de los Kirchner, que necesitaron silenciar denuncias de corrupción y persiguieron a los medios buscando desacreditarlos. Buscando convertirlos en apéndices del poder. De su poder. No estuvieron lejos de conseguirlo.

De todo quiere decir: los desaparecidos y el Nunca Más, los 4 presidentes en un día y el “Que se vayan todos”. Hiperinflaciones y maxidevaluaciones, el crecimiento de la pobreza y de la desigualdad y el enorme drama de la inseguridad que aún continúan.

Ninguna cosa la tocó tanto y tan profundamente como la persecución despiadada contra sus hijos. La extorsión había comenzado antes, en tiempos de Menem, con el mismo uso mafioso del Estado y la misma metodología del aparato de inteligencia. Hasta consiguieron que un juez la metiera presa.

Con el invento de que los 2 chicos eran hijos de desaparecidos y sin pruebas, la ex presidente Cristina Kirchner calificó a Herrera de Noble de apropiadora. Y con una orden de la jueza Arroyo Salgado agentes de la ex SIDE obligaron a los hermanos a desnudarse para tomarles muestras. Las pruebas de ADN frustraron el trabajo sucio. Ni Cristina pidió disculpas ni la jueza reconoció su error.

Los piquetes se repitieron en la planta de impresión para que el diario no llegara a sus lectores. Y hubo otros piquetes: el de prohibirles a anunciantes publicar avisos para asfixiar a Clarín.

Otro invento fue que la compra de Papel Prensa había sido ilegítima. En un episodio sacado de una película de la mafia y con Guillermo Moreno, el mismo que adulteró las estadísticas del INDEC, como actor principal, intentaron apropiarse de Papel Prensa como se habían apropiado de la imprenta Ciccone de la mano de Amado Boudou.

La lista es muy larga: la ley de Medios para desguazar a Clarín, la propaganda pagada con plata pública sobre “Clarín miente” para calificar de mentirosos desde la dirección hacia todos y el operativo de intimidación de un centenar de inspectores de la AFIP y de la ex SIDE en Clarín detrás del mismo propósito: desacreditar al diario. Herrera de Noble dejó simplemente que la gente de Clarín hiciera su trabajo como siempre.

Uno de sus aciertos fue la profesionalización del equipo empresario y periodístico, al que no sólo le permitió crecer en el diario y este hacer crecer a la compañía, sino que les dio poder de decisión y autonomía.

Supuso -y supuso bien- que esa dirección estratégica iba a darle a Clarín independencia para el ejercicio pleno del periodismo. Aseguraba así, como lo fue ella con el legado que recibió, una continuidad para el futuro.

Incorporar la compleja modernidad periodística en medio de estas batallas logró hacerse en base una estrategia que pudo desarrollarse libremente para convertir a Clarín en lo que es hoy.

El ejercicio del periodismo en los últimos 50 años fue muy difícil, con aciertos memorables y también con errores evidentes. En ese recorrido está su impronta.

15 - Julio - 2017

Ernestina Herrera de Noble: la mujer que consolidó un imperio

José Claudio Escribano

Ernestina Herrera recibió a la muerte de su esposo, Roberto Noble, en enero de 1969, un diario con raigambre popular -uno de los dos de mayor circulación en el país, junto al vespertino La Razón-, pero endeudado en forma tal que los riesgos acechaban por segunda vez su continuidad, como había sucedido a fines de los años 50. Al cabo de casi medio siglo de una dirección en cuyos años más activos se observó cómo la firmeza del mando se investía de una irrenunciable sobriedad en el estilo personal, Ernestina Herrera deja aquella herencia potenciada en un emporio de la información y las comunicaciones de relieve internacional.

Si no es de curso ordinario que empresas expuestas a los vaivenes de la vida institucional, como las que tienen el corazón de las actividades en la generación de contenidos periodísticos, sigan una trayectoria ascendente tan pronunciada después de que se producen relevos de la magnitud que afrontó Clarín en 1969, tampoco lo es que todo eso haya ocurrido en medio de una revolución tecnológica que ha trastocado hasta los cimientos la creación máxima de Roberto Noble, que primero fue político y luego periodista. Ahora es de grado menor la participación del diario de papel en los ingresos globales del conglomerado en el que Clarín navega todavía, por impulso de marca y tradiciones, como la nave insignia de una flota cada vez más vasta y compleja.

Roberto Noble había fundado Clarín en agosto de 1945, en medio de los últimos y pavorosos remezones de la Segunda Guerra Mundial. Tanto sus páginas como las de los otros diarios se poblaban con los ecos dramáticos de las bombas atómicas lanzadas días antes sobre Hiroshima y Nagasaki. La fundación de Clarín fue uno de esos arrestos a la vieja usanza del periodismo vernáculo, en el que se arriesgaba hasta el último centavo de un patrimonio personal. A todo o nada. Con las peripecias inevitables en una aventura con no poco de temeraria, pero con el tino de aprovechar el espacio vacío que la confiscación de La Prensa, en febrero de 1951, dejó para quien supiera conquistar el mercado de los avisos clasificados, en el que el periódico de los Paz había prevalecido durante décadas, Noble ganó en menos de diez años una batalla decisiva para la suerte de Clarín. La de los avisos clasificados, como piso de una fuerte identidad comercial que el diario preservaría por mucho tiempo más.

Noble había conocido el fracaso con emprendimientos periodísticos anteriores y capitalizó errores cometidos. Se conocía con Ernestina Herrera desde 1946. Decidieron casarse en 1962, a pocos meses de la caída del presidente Arturo Frondizi, cuyo desarrollismo económico había sostenido con denuedo, incluso con editoriales a doble página, con la firma propia al pie de los textos, algo nada habitual en periodismo, a fin de refirmar su involucramiento con las líneas centrales del gobierno de la Unión Cívica Radical Intransigente.

No sorprendió así que a su muerte la viuda convocara, para asesorarla en la gestión de Clarín, a Rogelio Frigerio. Noble y Frigerio habían sido amigos y confidentes personales, y resultaba harto difícil hallar en la constelación política y empresaria argentina un nombre más asociado que el de Frigerio con los postulados de una política económica desarrollista. En la nomenclatura lingüística de la época esto se traducía en una apuesta frontal por las inversiones en petróleo y petroquímica y por el establecimiento de un mercado local con protecciones rotundas para los emprendimientos fabriles que entraran en el rango de prioridades en relación con la inversión nacional o extranjera. Fue el caso paradigmático de la industria automotriz, beneficiada con una política arancelaria de la que podía decirse que tocaba el cielo.

La gravitación de Frigerio en la promoción de ese tipo de concepciones económicas y financieras había sido tal que los críticos categorizaban la influencia de sus ideas aun por encima de las del presidente derrocado en marzo de 1962. A éste los militares lo encerraron en Martín García; a Frigerio perdieron la oportunidad de apresarlo como se proponían por unos minutos apenas, cuando se escapó en un avión para refugiarse en Montevideo. Peligraban para él tanto la libertad como la vida.

Con aquel acompañamiento, que garantizaba hacia afuera la lealtad hacia el ideario desarrollista, la señora de Noble asumió la dirección de Clarín. Hacia adentro, Frigerio cumpliría un papel de no menor significación, procurando asistirla en el robustecimiento de la estructura empresarial y en la resolución, en un trámite azaroso que se prolongó por años, de los temas derivados de la sucesión de Roberto Noble, en los que intervinieron abogados de su confianza. Casi desde esos mismos tiempos del primer cambio en la conducción de Clarín, comenzó el ascenso, lento primero, seguro y eficaz siempre, de tres jóvenes veinteañeros, liderados por Héctor Magnetto. El trío se integraba con José Aranda y Lucio Pagliaro.Entre ellos, conferirían a Clarín, con el respaldo de la señora de Noble, de la que al fin fueron socios, los atributos por los que el Grupo ha trascendido en la contemporaneidad ante sucesivos gobiernos y la atención de la opinión pública. Pasaron algunos años más y la influencia directa de Frigerio al lado de la señora de Noble se difuminó, hasta perderse.

Aquellas tres figuras, vinculadas por afectos compartidos desde los años de estudiantes, han sido desde entonces, en particular en el caso de Magnetto, la cara visible, la encarnadura incuestionable de lo que es hoy el Grupo Clarín: un conjunto de no menos de 90 empresas de medios de comunicación y de servicios, con gravitación no sólo en la prensa gráfica, sino también en las de la más diversa índole nacidas bajo el irrefutable imperio digital.

Ninguna de las figuras actuantes en el primer plano de Clarín se ha caracterizado por una voluntad deliberada de sobreexponerse; por el contrario, ha sido la condición propia de los cargos ejercidos, y en particular la evolución de los hechos políticos e institucionales en que se han visto involucrados los protagonistas, lo que ha puesto sus nombres frente a la consideración pública. La directora nunca rehuyó en circunstancias especiales hacer oír su voz respecto de los acontecimientos que se abatían contra sus empresas o su persona, herida con brutalidad por las denuncias sin fundamento de que sus dos hijos, Marcela y Felipe Noble Herrera, eran en realidad hijos de desaparecidos bajo el terror del Estado, en los años 70.

En 2002 el juez Roberto Marquevich la detuvo sin haberle tomado siquiera una declaración, en decisión gravísima que LA NACION descalificó con reiteración. La Cámara Federal de San Isidro dejó sin efecto la medida, pero el juicio sobre la identidad cuestionada se prolongó hasta no hace mucho, con lentitud impropia de una justicia efectiva -es decir, que sea justicia- y con allanamiento de domicilios y pruebas genéticas a las que los hijos legítimamente adoptados por Ernestina Herrera fueron sometidos compulsivamente. Un nuevo terror del Estado, de complexión civil, no militar, y de grado político y moral, tomó por objetivo dilecto a la señora de Noble, hasta el punto de que desde las más altas instancias gubernamentales se amenazó con recurrir a tribunales internacionales si no prosperaba judicialmente la causa contra ella.

El asunto terminó como comenzó: como una fabulación persecutoria, pero con daños de una crueldad que no concedió por años sosiego a madre ni a hijos.

Comenzó en 2002, en circunstancias más oscuras que el origen de otros ataques a Clarín y su gente, pero fue explotado de la forma exacerbada que se ha expuesto por un régimen que no daba cuartel a quienes catalogaba como adversarios. Ernestina Herrera se limitó a agradecer en nombre propio y de su familia el apoyo, que había sentido conmovedor, en lo más duro de los ataques padecidos. Con igual dignidad se plantó en 2009, al celebrarse un aniversario de su diario, para advertir que “ningún apriete” torcería su compromiso de servir a la sociedad. “Sufrimos embates -dijo- por defender nuestra integridad periodística.”

El asedio resuelto del kirchnerismo contra Clarín se abrió, en efecto, en 2008. La reconstrucción objetiva de los hechos establece una coincidencia directa, casi simultánea, con el momento en que el campo se rebeló contra el impuesto confiscatorio a la soja dispuesto por la presidenta Kirchner y su ministro de Economía, Martín Lousteau, a través de la célebre resolución 125. No hubo intermitencias en el fuego graneado contra Clarín del oficialismo, en respuesta a la amplia cobertura realizada por sus medios televisivos, en particular TN, de la protesta agraria en pueblos, ciudades y al borde de caminos. Se enviaron una mañana más de un centenar de inspectores impositivos a una de sus sedes, en clara señal de amedrentamiento, y se procuró quebrantar Cablevisión y otras de sus empresas en el emporio televisivo con una ley amañada y, además, con una autoridad de aplicación dispuesta a ir más allá de lo que el legislador hubiera olvidado hacer con tal de conformar los objetivos oficialistas.

En 1995, al conmemorarse el cincuentenario de Clarín, Ernestina Noble había dicho: “Abogamos por el fortalecimiento y la independencia de los poderes, por el efectivo equilibrio del sistema y por el resguardo de los intereses de la sociedad”. Aún más valor práctico que el que entonces había otorgado a sus palabras, expuestas en aquella ocasión como manifestación de principios, ha de haberles conferido durante el suspenso que medió hasta que la Corte Suprema de Justicia de la Nación, a pesar del reconocimiento de constitucionalidad que hizo de la ley de servicios de comunicación audiovisual, terminó condicionando esa declaración al cumplimiento, en casos concretos que llegaran a conocimiento de la Justicia, de presupuestos de rango superior sin los cuales caerían la libertad de expresión, las de trabajo y comercio, el derecho propiedad…

La independencia última de la Justicia, con todas las reservas que todavía pueden hacerse a su debido funcionamiento, había sido el obstáculo institucional contra el que se estrellaría la obsesión hegemónica del régimen cerrado el 10 de diciembre de 2015. Fue tal la entereza con la cual los medios del Grupo Clarín afrontaron en todos los terrenos la ofensiva gubernamental ejercida contra ellos a partir de 2009 que lograron casi el milagro de que cesaran críticas que, por razones ajenas a las del kirchnerismo, desde otros sectores de la opinión pública podían formulársele como suelen formularse en cualquier parte, a raíz de lo que dicen, cómo lo dicen o dejan de decir, los periodistas o las empresas periodísticas. Con la larga mirada de casi un siglo y medio de existencia pudo pensarse en LA NACION que Clarín se había encontrado, al cabo de largo tiempo, ante su mejor hora.

Ernestina Herrera tuvo un claro sentido de que sin independencia económica peligra la independencia de opinión de los medios que aspiran a ser libres. Que esto no atañe a elevarlos a la estatura de un cuarto poder, sino a tener el poder suficiente para actuar como instrumento confiable de contralor de los organismos del Estado, o de otros, incluso privados, que por su desenvolvimiento puedan afectar la marcha regular de la sociedad. Apoyó así con entusiasmo la participación de Clarín en Papel Prensa, de modo de asegurar el flujo ordinario de un insumo que prácticamente se importaba en su totalidad y colocaba a la prensa nacional a merced de avatares, como guerras o crisis económicas internacionales, que inferían la secuela del desabastecimiento.

Sabía que la tensión entre los poderes políticos y los medios independientes va a existir siempre, inevitablemente, porque eso se corresponde con el orden natural de las cosas y que un medio que se precie no está sólo para informar: está también para opinar, entretener, educar y constituirse en expresión categórica de una cultura popular. “¿Qué es Clarín?”, se preguntó alguna vez. “Es Sabato, Borges, Troilo, Boca, River, el barrio, Goyeneche, Fito Páez, Piazzolla, trabajo, empresa, profesional, joven, mujer, viajes, cultura”, precisamente.

Había sido condecorada por Francia con la Legión de Honor, por España con la Orden a la Lealtad Isabel la Católica y por Italia con la orden al mérito civil en grado de comendador. Además de los hijos, Marcela y Felipe, tenía tres nietos: Mora, Olivia y León. Había nacido en Buenos Aires, el 7 de junio de 1925.

17 - Junio - 2017

De Roberto a Ernestina

Jorge Fontevecchia

Recuerdo la tapa del diario Clarín cuando Roberto Noble murió. Tenía 13 años, una edad en la que no se leen diarios; sin embargo, quedó en mi memoria. Quizá porque la tapa completa del diario fue dedicada a una persona, como la muerte de un jefe de Estado en vida o más, porque mis padres compraban Clarín y la sorpresa de ellos se trasladó a mí como curiosidad. Tal vez, como dice Freud sobre muchos recuerdos infantiles, son pura imaginación retrospectiva fijada en la adultez, y creé un recuerdo que nunca existió y por alguna razón quería tener. Pero en cualquier caso, al pedir la foto al centro de documentación de Editorial Perfil, comprobé que recordaba bien la importancia de aquella tapa: era enorme como la imagen que tenía de Roberto Noble, el hombre que jugó todo su patrimonio para fundar un diario.

La muerte ahora de su viuda, Ernestina de Noble, a casi cinco décadas, ocupando un espacio incomparablemente menor en la tapa del diario, me hizo preguntarme si fue más importante en Clarín su fundador y conductor los primeros 24 años o su continuadora y potenciadora, los siguientes 48 años.

Roberto Noble murió a los 67 años, en pleno ejercicio de la dirección del diario y la empresa. Ernestina murió a los 92 años y hace décadas que Clarín es conducido por Héctor Magnetto. La desaparición de Roberto Noble significó una pérdida ejecutiva traumática para Clarín mientras que la de Ernestina no modifica su día a día, lo que, lejos de minimizar su papel, lo agranda porque a ella le tocó asumir el manejo de una organización sin líder mientras que hoy la pérdida es del campo emocional.

Tampoco minimiza el papel de Ernestina que haya sido Héctor Magnetto quien transformó un diario en un multimedio y ahora en una empresa de telecomunicaciones. Porque fue el diario Clarín que a comienzos de los años 90, con ganancias de alrededor de 100 millones de dólares anuales, permitió financiar el desarrollo de medios audiovisuales. El éxito del diario Clarín en el período preaudiovisual, de 1969 a 1990, posibilitó acumular recursos de todo tipo para dar el salto a la segunda fase, como ahora los recursos acumulados por Cablevisión/Fibertel le permiten pasar a la tercera fase, la telefónica.

Y en 1969 no era fácil que condujera Clarín una mujer de 44 años, casada formalmente apenas dos años antes con un Roberto Noble 23 años mayor que ella, generando todo tipo de comprensibles suspicacias, quien –además– seis meses antes había sufrido un ACV.

Tampoco reduce su importancia que Héctor Magnetto haya sido también artífice importante del crecimiento del diario entre 1969 y 1990, porque primero Magnetto ingresa a Clarín más de tres años después de que Ernestina lo dirigiera sin su ayuda, y al ingresar tenía sólo 28 años y por más precoz que fuera, no podría haber tenido la sabiduría del Magnetto más maduro.

En síntesis, no se puede minimizar el papel de Ernestina diciendo que era bailarina de flamenco, o “una viuda negra” que se aprovechó de una persona convaleciente casándolo poco más de un año antes de su muerte. Forzosamente, ella tuvo que haber tenido atributos que fueron esenciales para que Clarín se transformara en lo que es hoy. Carácter, persistencia, determinación y otros atributos de la inteligencia emocional que no se aprenden en ninguna institución educativa. Y el don de haber sabido elegir muy bien a sus colaboradores.

Ernestina es la última representante de una época de viudas célebres junto a Amalia de Fortabat e Isabel Perón. Comparte con ellas su longevidad: Amalia de Fortabat vivió 91 años e Isabel Perón cumplió 86 años. También la diferencia de edad con su maridos: Amalia de Fortabat tenía 27 años menos que Alfredo Fortabat, e Isabel Perón, 36 años menos que Juan Perón. Y la cantidad de años que sobrevivieron a sus maridos: Amalia de Fortabat vivió 36 años más e Isabel Perón lleva 43 años tras la muerte del ex presidente.

Probablemente hayan sido producto de una época de la medicina y el derecho irrepetible porque, justo en las décadas que ellas sobrevivieron a su maridos, la medicina tuvo avances que aumentaron la longevidad significativamente y el Código Civil introdujo acuerdos matrimoniales con división de bienes. No debe ser una casualidad que durante el final del siglo pasado la mayor fortuna económica (Fortabat), la de mayor influencia mediática (Noble) y la mayor herencia política (Perón) hayan sido de tres mujeres viudas. Reconociéndole a Ernestina y Amalia de Fortabat que, aunque partieron de bases inmensas, supieron multiplicar lo recibido de sus maridos. La ida de Ernestina de Noble representa el fin de una época, tanto para la construcción de valor como de poder.

Otra viuda con la que Ernestina comparte distinción es Katharine Graham, quien condujo The Washington Post entre 1963 y 2001 y soportó estoica las presiones de Nixon durante el Watergate. Ernestina, en la segunda mitad del kirchnerismo, la pasó aun peor y además fue presa en 2002, en medio de la campaña electoral con la que Menem trató de volver a ser presidente. Por presiones mucho menores otros dueños de medios vendieron. Magnetto, quien comparte la misma firmeza, pudo haber sido el constructor de muchas de las fortalezas de Clarín, pero la capacidad de resistencia de Ernestina de Noble es un mérito propio que nadie le podrá quitar.

by BeHappy Co.