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Muere refugiado en España a los 84 años Otto Remer, ex guardaespaldas de Adolf Hitler

07 - Octubre - 1987

El hombre que «salvó» el Tercer Reich

Pedro G. Cuartango

Otto Remer murió el pasado sábado en un modesto apartamento de Marbella donde vivía con su mujer desde 1994. Había huido de Alemania tras ser condenado a dos años de cárcel por unas declaraciones antisemitas, en las que cuestionaba el genocidio de Auschwitz.

Remer había ingresado muy joven en las SS, donde alcanzó al final de la Segunda Guerra el grado de general. El 20 de julio de 1944, una fecha en la que pudo cambiar el curso de la historia en Europa, estaba al mando del Wachtbataillon Grossdeutchsland en Berlín.

Aquel día, el dictador nazi se encontraba en la Wolfschanze, el cuartel general de Prusia Oriental desde donde dirigía las operaciones en el frente ruso. Nadie sospechaba que un grupo de generales y oficiales habían planeado un atentado para poner fin a la vida del Führer.

Hitler había convocado a la plana mayor de los tres ejércitos y las SS para una crucial reunión. Estaban presentes el general Keitel, jefe de la Oficina de Guerra y principal consejero militar de Hitler, Brandt, Korten y otros altos oficiales. Asistía también el joven coronel, de 37 años, Von Stauffenberg, descendiente de una familia noble.

Von Stauffenberg introduce una bomba, colocada en un maletín, y abandona la estancia pocos minutos después. El artefacto queda a dos metros de las piernas de Hitler, junto a Keitel. Pero el general Brandt lo aparta para poder inclinarse sobre un mapa y lo traslada al otro extremo de la mesa. Instantes después, se produce una tremenda explosión y el barracón vuela por los aires.

Stauffenberg observa lo sucedido y telefonea a Berlín al mariscal Witzleben, cabeza de la conspiración y jefe de Estado de recambio. El coronel asegura que Hitler ha muerto.

En ese momento, Witzleben y varios generales dan las ordenes a sus tropas de tomar los ministerios de Berlín, mientras en la radio suenan marchas militares. Durante varias horas, los alemanes creen que el Führer ha muerto. El silencio del propio Hitler y sus allegados es interpretado como una confirmación.

Pero Hitler ha salido ileso. Magullado y aturdido, habla con Himmler y Goebbels, que toman la iniciativa contra los conspiradores, un puñado de militares y civiles que denigraban los crímenes del nazismo. Goebbels localiza a Remer y le pone en comunicación con Hitler, que le da órdenes de liberar los ministerios y marchar hacia la Bendlerstrasse, donde se halla al mando el general Fromm, sospechoso de ser el líder de la conjura.

Remer cumple escrupulosamente las indicaciones de Hitler y Goebbels. Cuando llega al cuartel de Fromm, se encuentra que éste ha mandado fusilar al general Olbricht y a Stauffenberg, recién llegado de Rastenburg. El general Von Beck se ha suicidado.

La investigación posterior, dirigida por Himmler, revela que otros muchos generales, como el propio Fromm, Von Kluge y Von Hassel, diplomáticos y políticos están implicados en la acción. Todos ellos son juzgados sumariamente y ejecutados. Hitler ordena que sean colgados de un gancho hasta morir. El convaleciente Rommel, héroe de Africa y sospechoso de estar detrás del atentado, se suicida dos meses despues. Cerca de 5.000 personas mueren en la purga. Remer es ascendido y se convierte en el jefe de la seguridad personal de Hitler.

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