Al contrario que Luis Cernuda o Rafael Alberti, que partieron al exilio, Vicente Aleixandre permaneció en España junto a Dámaso Alonso

Muere Vicente Aleixandre, premio novel e histórico poeta de la Generación del 27

HECHOS

El 13.12.1984 falleció D. Vicente Aleixandre.

14 - Diciembre - 1984

Vicente Aleixandre y la Generación del 27

Dámaso Alonso

En el verano de 1917, en las Navas del Marqués, nos encontramos e hicimos gran amistad Vicente Alelixandre y yo; le di el tomo de Poesía de Ruben Darío, que yo tenía desde el año anterior y Vicente adquirió un enorme entusiasmo con su lectura. En el mismo tomo (que aún conservo yo hoy) dejó con lápiz algunas señales de su exaltación por aquella poesía.

Yo, desde que había empezado a leer a Rubén, había comenzado a escribir versos con algo de estilo que deseaba parecido al del gran poeta. El curso 1917-1918 yo viví en la Universidad de los agustinos, en EL Escorial. La verdad es que estudiaba independiente (no asistía a clases). En la revista que allí se publicaba, y que yo en parte dirigía, imprimí bastantes de los poemas que hacía entonces. No los he vuelto a publicar nunca. He hecho bien por dejarlos perdido, porque la verdad es que me parece una justa y conveniente idea.

Desde 1925 residí en Madrid y se completaron los poetas grandes que había de ser amigos míos. Desde 1917, como ya he dicho, nos teníamos gran simpatía y amistad Vicente Aleixandre y yo. Desde mi estancias en vacaciones en 1922, por mediación de un compañero de mi colegio, me hice amigo de Rafael Alberti, que pronto, en paseos que íbamos con José Bergamín, comenzó a leernos los poemas suyos recién escritos. En 1923 empezó mi Intimidad con Pedro Salinas, que había enseñado en la Universidad de Cambridge, y quiso ponerme al lado de la vida universitaria inglesa, a donde yo tenía que ir en el otoño de ese año. En 1925 me llegó la amistad de Gerardo Diego, y en seguida la de Jorge Guillén, cuando yo asistí a sus oposiciones para cátedra de Universidad. Muy poco después comenzó mi conocimiento y mi cariño con Federico García Lorca. Importantes eran también Manolo Altolaguirre y Emilio Prados, a los que conocí en Málaga poco después.

Todos estos nombres se cuajaron conmigo en una amistad conjunta que llegó a una máxima intensificación en el año 1927. Nos reuníamos todas las veces posibles, en un café, o en la casa de un amigo, o de paseo por las calles o por el Retiro. Los que vivían ausentes, Gerardo Diego y Jorge Guillén, venían con frecuencia a Madrid. Todos nosotros coincidíamos en una misma cosa: un amor inmenso por la poesía. Hablábamos de la poesía española moderna y de las antiguas del Siglo de Oro y de la Edad Media. Comentábamos también las poesías extranjeras; unas veces las españolas o las extranjeras, con entusiasmo y admiración, otras veces con discusiones y críticas.

Ese año de 1927 celebramos con gran importancia la fecha del a muerte de Luis Góngora (en 1627). Hablábamos de la poesía de Góngora con enorme apetencia. Encargamos un funeral gongorino en la iglesia de Santa Bárbara, de Madrid. Fuimos creo que todos nosotros, también Miguel Artigas, biógrafo de Góngora (y el gran Amado Alonso, que, por casualidad, había venido de Buenos Aires) Nadie más: la iglesia, vacía (sólo allí, mi madre, por su cariño y su gran vocación religiosa).

Damaso Alonso

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