28 julio 1993

Los partidarios de la disolución encabezados por José Ramón Caso y Alejandro Rebollo abandonarán el partido

6º Congreso del CDS – La formación decide, inesperadamente, no disolverse y continuar liderada por Calvo Ortega

Hechos

Votación sobre la disolución del CDS:

  • A favor: 126 delegados
  • En contra: 399 delegados

 

Lecturas

EL CAMBIO POR SORPRESA DEL PRESIDENTE

En las elecciones generales de 1993 el partido político Centro Democrático y Social (CDS) quedó fuera del Congreso de los Diputados al pasar de 14 escaños a 0. Ya antes (1991) había perdido representación en la práctica totalidad de Parlamentos Autonómicos y ayuntamientos de capitales de provincias en los que estaba, entre ellos lo de Madrid. Ante aquello se convocó un congreso extraordinario para julio de 1993 con el objetivo de disolver el partido.

Con el fundador del partido, D. Adolfo Suárez, desvinculado de este y retirado de la política, dirigentes destacados como D. José Ramón Caso, el último portavoz parlamentario y el secretario general D. José Luis Gómez Calcerrada, eran partidarios de la disolución.

Sin embargo cuando llegó el día del congreso el presidente del partido y eurodiputado D. Rafael Calvo Ortega (que ocupa la presidencia desde septiembre de 1991) anunció que él sí defendía la continuidad del partido. Y en el momento de la votación se produjo un inesperado vuelco:

Votación sobre la disolución del CDS:

  • A favor: 126 delegados
  • En contra: 399 delegados

Presumiblemente todos los dirigentes partidarios de la disolución se retirarán del partido lo que dejará a D. Rafael Calvo Ortega como único activo político del partido.

JOSÉ LUIS GÓMEZ CALCERRADA DEJA LA SECRETARÍA GENERAL

calcerrada_1 El Secretario General del CDS, D. José Luis Gómez Calcerrada abandona el cargo que quedará temporalmente vacante asumiendo sus funciones el propio Sr. Calvo Ortega.

El CDS quedará también fuera del Parlamento Europeo en las elecciones europeas de 1994.

En septiembre de 1994 el CDS cambiará de marca electoral y pasará a ser Unión Centrista.

D. Rafael Calvo Ortega seguirá al frente del partido, convertido ya en un ‘partido fantasma’, hasta octubre de 1998. 

18 Julio 1993

CDS, fantasma político

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

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Las tesis, entre románticas y cerriles, de Rafael Calvo Ortega se impusieron finalmente y la mayoría de los compromisarios del Centro Democrático y Social presentes en el Congreso Extraordinario rechazaron su disolución. Lo que sigue, sin embargo, es una especie de fantasma político de futuro harto problemático. De hecho, el congreso tuvo cierto aire de desbandada. Significativamente abandonaron el barco el ex secretario general Caso y el ex diputado Rebollo, y numerosos partidarios de la disolución dejaron la sala antes de que se procediera a votar. Es triste la deriva de un partido como el CDS, parte de cuyo capital político podría haberse salvado si Calvo Ortega hubiera aceptado la oferta de incluir como independientes a candidatos en las listas del PP. Y más triste todavía que el propio líder lo reconozca ahora, cuando ya no tiene remedio.

20 Julio 1993

Otra oportunidad

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

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EL CENTRO Democrático y Social (CDS) no se rinde y, en lucha contra los elementos electorales que el pasado 6 de junio le expulsaron del Parlamento, ha decidido seguir y probar suerte en una postrera oportunidad. ¿Cuestión de voluntarismo o decisión realista basada en un análisis correcto de las posibilidades de subsistencia de un partido de centro político que se define como tal?Aparentemente, existen más razones para tirar la toalla que para empeñarse en mantener izada la bandera del centrismo en un escenario político dominado por los valores del centro y cuyo dominio es disputado por el socialismo pragmático de González y la derecha refúndada de Aznar como fuente segura de fuerza electoral. Así lo han entendido la mayoría de los ex diputados del CDS y los dirigentes que más han luchado en los últimos años por la supervivencia del partido. Pero la mayoría de los compromisarios reunidos en un congreso extraordinario el pasado fin de semana en Madrid han decidido que no es el momento de dar por muerto el proyecto centrista concebido por Suárez y se han dado de plazo hasta el próximo otoño para estudiar una posible refundación del partido.

Será un más difícil todavía en la zigzagueante y atormentada trayectoria del CDS, caracterizada por el goteo permanente de cuadros y militantes, por los movimientos pendulares en sus alianzas, por sus vacilaciones entre el modesto papel de partido bisagra y su aspiración a la alternancia, y, en definitiva, por su fracaso en la búsqueda desesperada de un espacio político propio y definitivo. En su actual situación (reducida su base electoral a 413.000 votos, con una deuda de 2.200 millones de pesetas y con unos cuadros directivos de aluvión), el único aval de futuro del CDS apenas es algo más que el esfuerzo y la entrega de su presidente, Rafael Calvo Ortega. Pero, dada la desmesura del empeño, habrá que ver si Calvo Ortega es el Moisés que conducirá al partido a la tan deseada tierra de promisión o el Quijote que, en alas del idealismo y de las mejores intenciones, le hace toparse definitivamente con los molinos de viento de la realidad.

En todo caso, la tentativa de salvamento del CDS sólo merece apoyo y simpatía. Y, aunque fracasara, constituiría un final más acorde con la historia y los valores del antiguo partido de Suárez que su absorción por el partido de Fraga y Aznar, como hubiera sucedido de cuajar la operación de incluir candidatos del CDS como independientes en las listas del PP durante las últimas elecciones. Dentro del actual bipartidismo, marcado por la dificil vuelta a las mayorías absolutas, la existencia de un partido bisagra es políticamente deseable, como expresión del pluralismo y como opción de gobernabilidad. Si el CDS consiguiera articularse como tal, la estabilidad política saldría ganando en el futuro. Ello depende, sin embargo, de dos condiciones casi imposibles: que el CDS fuera capaz de definir una centralidad programática equidistante entre las grandes formaciones existentes a su derecha y a su izquierda y que éstas evolucionasen en el sentido de recuperar sus primitivas señas de identidad.

El Análisis

CALVO ORTEGA OPTA POR LA MUERTE LENTA Y DOLOROSA

JF Lamata

Rafael Calvo Ortega podía haber optado por integrar el CDS en el PP que le ofrecía generosos puestos en sus listas como ya había hecho con Rafael Arias Salgado, Rosa Posada, López Amor y tantos otros, lo rechazó, pese a que esa opción le hubiera granjeado un cómodo puesto bien remunerado.

Rafael Calvo Ortega podía haber optado por limitarse a disolver el partido tras quedarse fuera del Congreso en las elecciones de 1993. Un final triste, pero digno, con un elegante funeral y un féretro político como el que Landelino Lavilla dio a la UCD, pero también rechazó esa opción.

Elogió la vía más humillante: que el partido no se disolviera y siguiera vivo sin electorado, como un muerto viviente cuya única labor fuera estar presente como papeleta vacía en los sucesivos comicios. El CDS pasaba a ocupar el mismo papel que las papeletas de las diversas ‘Falanges’ o los diversos ‘Partidos Comunistas escindidos’. El final más lento, doloroso y humillante para un partido político.

J. F. Lamata