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Su vinculación con el promotor José Luis Gómez Pinto Fontán propietario de un Jaguar que conducía el diputado, clave en su caída

José María Mohedano forzado a dimitir como Secretario del Grupo Parlamentario del PSOE por el ‘escándalo del Jaguar’

HECHOS

  • El 22.07.1993 D. José María Mohedano anunció su renuncia como secretario general del Grupo Parlamentario Socialista (grupo formado por los diputados del PSOE y PSC)

ANTONIO ROMERO (IU) CARGA CONTRA MOHEDANO

antonio_romero El diputado de Izquierda Unida y dirigente del PCE, D. Antonio Romero declaró ante el escándalo por el Jaguar del Sr. Mohedano que no se sentía sorprendido: «Una de las críticas que se le hacían, incluso cuando estaba en nuestras filas [Mohedano fue militante del PCE] era su afición al lujo».

MOHEDANO LLAMÓ ‘BOCAZAS’ A SU COMPAÑERO DE PARTIDO LEGUINA

Joaquin_Leguina D. Joaquín Leguina, presidente de la Comunidad de Madrid, dijo ante el escándalo que D. José María Mohedano:»Si es cierto lo publicado», puntualizó, «debería abandonar la política». Leguina matizó que hay que conceder a Mohedano el beneficio de la duda.

«Creo que don Joaquín Leguina», contestó Mohedano desde la cadena SER, «a veces es un poco bocazas en el sentido de hablar cuando no se sabe lo que se está diciendo, y olvida asuntos fundamentales de derecho con tal de hacer alguna broma».

22 Julio 1993

Una nueva forma de entender la política

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

La renuncia de José María Mohedano a su cargo de secretario general del Grupo Parlamentario Socialista, anunciada ayer, es, sin duda, paradigmática del nuevo estilo político que el presidente Felipe González sintetizó en su frase de aplicar «el cambio sobre el cambio» en la etapa surgida tras las elecciones generales del 6 de junio. Formalmente, la renuncia cerrará su ciclo en la reunión que el grupo parlamentario celebrará hoy y en la que, presumiblemente, se elegirá su sustituto. La renuncia al cargo citado no supone la del escaño parlamentario por Valencia.El asunto del diputado socialista surgió a la luz pública por sus estrechas vinculaciones profesionales con José Luis Pinto Fontán o Gómez-Pinto Fontán, un empresario de la construcción e industrial, titular de un currículo en el que se entreveran las irregularidades urbanísticas, los impagos a los acreedores y la frustración de buena parte de quienes compraron alguno de sus pisos. Las actuaciones del abogado Mohedano se atienen, sin duda, a la legalidad vigente, y así lo manifestó en su comparecencia ante la prensa. Y es importante subrayarlo no sólo en atención al rotundo historial democrático del protagonista -destacado antifranquista y defensor de los derechos humanos-, sino en honor a la verdad y en desprecio de todo intento de linchamiento. No se trata de forzar la realidad para deslizar insinuaciones maliciosas sobre cómo, cuándo y dónde habría podido cometer alguna ilegalidad. En tanto que abogado o asesor del empresario Gómez-Pinto Fontán, es muy dueño de utilizar, o no, un vehículo de lujo cuya titularidad no le corresponde. También pueden entrar en el terreno estrictamente profesional las visitas a alcaldes o dirigentes autonómicos socialistas para indagar la posibilidad de ampliar los negocios de su asesorado. E incluso, si fuese necesario, coadyuvar a la consecución de créditos para dichos negocios en las entidades privadas, públicas o semipúblicas que se estimen convenientes. Todo ello entra dentro de la legalidad pese a que sean actividades tangenciales al ejercicio de la abogacía estrictamente considerado.

Lo que distingue a José María Mohedano del resto de sus compañeros de la abogacía es precisamente su condición de diputado electo y secretario general del grupo parlamentario del partido que ha conseguido el mayor número de escaños y, por ello, responsable de la formación del Gobierno. Es precisamente esa zona de penumbra en la que resulta difícil deslindar dónde acaba lo profesional y dónde la actuación política que se ha clarificado con su renuncia. Es un gesto que desde un punto de vista estrictamente judicial puede resultar innecesario, pero despeja cualquier duda sobre la promesa de enmendar errores pasados.

A nadie se le escapa que buena parte de las razones que explican la pérdida de votos socialistas el pasado 6-J surgen de los escándalos sobre la financiación irregular del partido y el tráfico de influencias. Pero si eso es difícilmente rebatible, no lo es menos que frente al descubrimiento de nuevos escándalos, o a la profundización de los mismos, la actitud de la cúpula del PSOE fue, básicamente, torpe. Su primera reacción se basó en negar la mayor: no existe responsabilidad judicial, luego no existe corrupción. Después se construyó un esquema teórico pueril en el que todo se debía a una campaña orquestada y planificada por los enemigos del partido y, sin duda, del sistema. Es decir, se acudió al fácil remedo de la satanización de quien estorba. Finalmente llegó la rectificación: Felipe González anunció el comienzo de una nueva etapa, el cambio sobre el cambio. Su punto de no retorno fue el encuentro con los estudiantes y alborotadores de la Universidad Autónoma de Madrid -el pasado 25 de marzo-, cuando asumió públicamente que, además de las posibles responsabilidades penales que se derivaran de las investigaciones judiciales sobre el caso Filesa,existían responsabilidades políticas y que él sería el primero en analizarlas, discutirlas y aceptarlas con todas sus consecuencias.

Por todo ello, este asunto se ha convertido en piedra de toque de la nueva etapa socialista, tanto en lo que se refiere a la compatibilización de la gestión pública y los intereses privados como en lo que atañe a la seriedad de los dirigentes políticos a la hora de explicar sus actividades. Con la renuncia de Mohedano, la promesa de González sobre el rigor y la transparencia política en su nuevo mandato logra una coherencia indiscutible, pero también la vida democrática consigue una credibilidad y unos hábitos cívicos que la ciudadanía ha reclamado diáfanamente de la mejor manera posible: con sus votos. Se trata, pues, de la solución correcta en el momento oportuno.

23 Julio 1993

El gesto

Francisco Umbral

Yo creo que lo de Mohedano, aunque muy justificado, ha sido un gesto. Después de tanta filosofia del cambio (primero se dijo «filosofía», luego «discurso», ahora «cultura»), Felipe González ha comprendido que necesitaban un gesto, un hecho, un detalle para avalar las palabras, palabras, palabras. Lo de ahora con Mohedano ha sido como lo de antañazo con Rumasa, las torres de Colón y Ruiz Mateos: un alarde socialista para calentar/confirmar al gentío. Después vendría la nada. El gesto no se ha repetido en once años, sino todo lo contrario, que han pactado con el capital, o sea. Entonces eligieron al más tonto y culpable (culpables son todos), RuizMateos, y ahora también han elegido al más tonto, Mohedano (una peña literaria le confirió una vez el título de «Tonto del Año»), para su gran ademán regeneracionista. Aznar, muy a tiempo, ya ha pedido que hagan lo mismo con Filesa y lleguen hasta González. No es que Mohedano no sea culpable, o muy sospechoso, como lo era RuizMateos, porque entonces no tendría sentido la operación, sino que entre los sospechosos se busca al que tiene menos peligro. Parece que el propio presidente había nombrado a Mohedano, pero luego alguien, buscando/buscando un gesto de autorregeneración deslumbrante, ha dado con Mohedano, que pasaba por allí casualmente, hombre, con su Jaguar. Los periódicos, con ingenuidad o buen juego democrático, se manifiestan esperanzados con el gesto, pero uno cree que, como cuando Rumasa, no habrá más Mohedanos, más víctimas, más depurados. En FG hay que denunciar una política de gestos. Pero he hablado de una peña literaria que, tiempo ha, nombrara a Mohedano Tonto del Año. En esa peña había algunos intelectuales y «creadores de opinión», como se dice ahora, que tenían y tiene poder suficiente para seguir persiguiendo a Mohedano. De ahí puede haber partido la sugerencia letal. Antes de las vacaciones, y roborando sus propias palabras renovadoras, FG necesitaba un gesto, un detalle, un alarde, una cosa, para que no todo se quede en blablablá. Mohedano, que no es carne guerrista ni pescado renovador, ha resultado el buco emisario, el chivo expiatorio. Mucho nos tememos que aquí se acaben los procesos depuradores, el cambio del cambio, el cambio sobre el cambio, la renovación, el mensaje descifrado (como si el pueblo hablase en tam/tam: creen que la gente somos pieles rojas) y el copón. FG es muy buen político y no quiere cruzar el mar rojo de agosto dejando sólo tras de sí una estela de palabras y buenos propósitos. Había que descender a los hechos. Tras la depuración de Mohedano viene el luminoso vacío de agosto (aunque dice que no se van a tomar vacaciones), y del caso Mohedano podemos vivir los españoles tirandillo hasta navidades, por lo menos. ¿Por qué no se aplica la misma urgencia y rigor a Juan Guerra, Aída Alvarez, Mariano Rubio (que agotó dignamente su mandato) y en este plan? El PSOE y el Gobierno, para no depurarse a sí mismos, depuran a Mohedano. Mas su propio ademán les ha traicionado. Ahora se inervan los casos de Amedo y Domínguez, dormidos en el Valle de Josafat de la justicia mediatizada. Juan Guerra todavía no ha comido el ilustre y cervantino rancho de las cárceles. Doña Aída sigue despendolando por ahí sus hermosos lujos, y de Cachemira chales. Mariano Rubio tiene un buen pasar. Un buen pasar tipo Boyer, claro. Y todos con contrato blindado y perro blindado. Luego no han elegido a Mohedano por culpable, que quizá lo sea, sino por tonto. La propia urgencia del Gobierno/Partido en hacer justicia a Mohedano es lo que les traiciona, pues que contrasta con el letargo,fa tardanza y el relajo de todos los otros casos pendientes. La justicia se diferencia de los gestos en que los gestos son centelleantes, como sacar una espada, pero se acaban ahí. La justicia política, perezosona como mi gata, queda para el otoño. ¿Qué otoño?

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