28 abril 1996

Jordi Pujol (CiU) y Xabier Arzallus acordaron que los nacionalistas vascos catalanes respalden a Aznar

Pacto del Majestic: los diputados de Jordi Pujol (Convergencia i Unió) permitirán con su voto que Aznar y el PP gobiernen en España

Hechos

  • El 28.04.1996 D. José María Aznar (presidente del Partido Popular), D. Jordi Pujol (presidente de Convergencia Democrática de Catalunya) y D. Josep Antoni Durán Lleida (presidente del Comité de Gobierno de Unió Democrática de Catalunya) firmaron un pacto de gobierno para la legislatura 1996-2000.

Lecturas

El Consejo Nacional de Convergencia Democrática de Catalunya presidido por D. Jordi Pujol aprobó el pacto con el Partido Popular con el 80% de los votos a favor. De igual modo el Consejo Nacional de Unió Democrática de Catalunya cuyo comité de gobierno presidía D. Josep Antoni Durán Lleida, respaldó con un 86% de sus votos el mismo pacto por el que las dos formaciones coaligadas del nacionalismo catalán se comprometían a sostener a D. José María Aznar como presidente del Gobierno español durante cuatro años.

AZNAR (PP) EL PRESIDENTE AMIGO DE LOS NACIONALISTAS

Arzallus_Aznar_PP_1996 Valenti_Puig_1996_AznarPP  D. José María Aznar ha logrado el acuerdo también con los otros partidos nacionalistas, tradicionales enemigos de la derecha nacional y aliados del PSOE en la legislatura anterior, el propio Sr. Aznar gestionó con los primeras filas del PNV, D. Xabier Arzallus  y Coalición Canaria, D. Manuel Hermoso.

EUFORIA DE LOS TERTULIANOS AFINES AL PP

Pedrojota_RamirezCOPE  El tertuliano de la COPE y director de EL MUNDO, D. Pedro J. Ramírez era firme defensor del pacto PP-CiU

D. Fernando Sánchez Dragó (COPE)- «¡Este es un día para que repiquen las campanadas del patriotismo español; no hay lugar para el escepticismo y la crítica porque se ha enterrado el hacha de guerra entre las dos Españas, la central y la periférica, las que unieron Isabel y Fernando de manera ficticia».

D. Manuel Martín Ferrand (COPE) – «Pujol es una pieza inseparable de la corona de Aragón, mientras que Aznar encarna a Castilla. La unidad de España radica en su diversidad».

D. Pedro J. Ramírez (COPE) – «En la foto de los grandes protagonistas del pacto aparece el nieto de un ilustre prohombre del franquismo, Aznar, y el nieto político de un fusilado por Franco como fue Carrasco i Formiguera, Durán Lleida. Es decir que se ha roto el último gran tabú».

D. Pablo Castellano (Onda Cero) – «Felicito a los negociadores porque el documento es trascendental y comporta un compromiso serio de modernización del país».

Se diferenció de esas posturas D. Antonio Herrero el conductor de la tertulia, que echó en cara al Sr. Ramírez y al Sr. Martín Ferrand en su programa del 29 de abril que antes de las elecciones de 1996 habían mantenido posiciones contrarias a las que ahora defendían.

MALESTAR EN CATALUNYA RADIO

Antoni_Bassas Pujol_1992  El 6.05.1996 D. Jordi Pujol era entrevistado en Catalunya Radio en el programa de D. Antoni Bassas. Muchos oyentes llamaron para protestar al líder nacionalista catalán por su decisión de apoyar al Sr. Aznar en lugar de al PSOE: «Nos sentimos traicionados», dijo un anónimo, «recibí la noticia del pacto con lágrimas y aún tengo el corazón dolorido», dijo otra. La respuesta del Sr. Pujol fue clara: «El president de la Generalitat tiene la obligación de actuar con la cabeza y no con el corazón».

El propio D. Antoni Bassas planteó sus dudas sobre el pacto por considerar que el PP era un partido enemigo de la lengua catalana: «¿Por qué la cuestión de la lengua no ha sido tratada en el pacto?». «Porque no», respondió el Sr. Pujol.

EL PAÍS ECHA EN CARA A LOS DIARIOS ABC Y EL MUNDO QUE AHORA DEFIENDAN A PUJOL

antipujolismoAp  El diario EL PAÍS del Grupo PRISA, fue el principal enemigo mediático del pacto entre el PP y CiU. Para intentar sabotearlo recordó como los llamados ‘medios afines’ al Partido Popular, el periódico EL MUNDO que dirigía D. Pedro J. Ramírez y el diario ABC que dirigía D. Luis María Anson, habían estado tres años arremetiendo contra el Sr. Pujol y como ahora, desde que se hizo necesario para el Sr. Aznar, habían pasado a elogiarle.

30 Abril 1996

Acuerdo a debate

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Leer

También eL Partido Nacionalista Vasco (PNV) dará su voto afirmativo a la investidura de José María Aznar. No es poco éxito el que se apunta el líder del PP al aglutinar a todo el centro-derecha, máxime cuando un día antes de las elecciones del 3 de marzo sus relaciones con los nacionalistas no eran precisamente las más amistosas posibles. Desde entonces, mucho han trabajado los populares para poder llegar a este acuerdo que anoche refrendaban los nacionalistas vascos, y del que todavía se ignora el contenido concreto.Pero como demostración de esa labor llevada a cabo durante todo este mes, sirva el documento que sella el acuerdo con los nacionalistas catalanes, del que conviene destacar, en primer lugar, el mérito de su existencia. Es un texto que permite a los ciudadanos saber a qué atenerse y, eventualmente, reprochar los incumplimientos a sus autores. El PP ha hecho honor al compromiso de transparencia que asumió al iniciar las conversaciones, pese a la relativa opacidad del desarrollo de las mismas. Hace tres años, el pacto entre el PSOE y los nacionalistas catalanes no culminó con un texto público. La investidura se pactó sobre la base de las líneas maestras del discurso del candidato, en el que se recogía el esbozo de un acuerdo que sólo se concretaría en tomo a los presupuestos para 1994. Posteriormente, en febrero de 1995, en el debate sobre el estado de la nación, se aprobó una declaración política que hacía las veces de programa conjunto de gobernabilidad para un año (y al que, sin embargo, Pujol pondría fin pocos meses después).

En cuanto a la presentación pública del acuerdo con Pujol, es evidente que hay un avance, e incluso puede darse por bueno. el tiempo invertido en ultimarlo si el motivo del retraso ha sido la voluntad de plasmar lo acordado por escrito. Sin ser un pacto de legislatura, es más que un acuerdo para la investidura. Carece, en todo caso, de la formalidad de un acuerdo que comprometa directamente al socio minoritario en las responsabilidades de gobierno. Seguramente era poco realista esperar de Pujol un compromiso mayor que el contraído con Felipe González. Pero un atento observador de la realidad europea como el presidente de la Generalitat no puede ignorar que es bastante insólito un pacto tan descompensado entre derechos y responsabilidades. A pesar del carácter escrito del compromiso, su falta de concreción temporal otorga a los nacionalistas la posibilidad de renegociar sus apoyos en vísperas de cada debate presupuestario, e incluso de romperlo sin otro motivo que la propia conveniencia (electoral, por ejemplo). Resulta significativo que Pujol haya eludido poner su firma al pie del documento.

En todo caso, de acuerdo con su teoría del despegue en tres fases, es posible que el tiempo permita formas más comprometidas de colaboración. El presidente de la Generalitat pidió tiempo para convencer a sus bases de que era inevitable (y podría ser conveniente) un pacto con quienes días antes les excomulgaban. Pero, puesto que la excomunión era recíproca, Pujol debería comprender a su vez que un mayor compromiso por su parte en la gobernabilidad de España facilitaría mucho la comprensión por parte del electorado del PP -y otros sectores de la opinión pública española- de los motivos que justifican que un partido que representa al 6% del electorado sea tan influyente en la política general.

El PP ha cambiado, y seguramente para bien, pero tendrá que explicar por qué. Nadie puede creerse que el acuerdo con CiU y PNV, como se empeñan en decir algunos de sus portavoces, es un simple cumplimiento de su programa electoral y del discurso realizado durante la campaña. El presidente del Congreso ha fijado ya las fechas para el debate de investidura. Aznar tendrá el 3 de mayo ocasión de clarificar qué parte de su programa ha debido cancelar por necesidades del pacto y qué parte sigue vigente, y si los puntos suscritos con CiU son todo el programa de gobierno o sólo una parte de él.

El documento difundido no sólo contiene acuerdos sobre las materias exigidas por Pujol, sino también compromisos de carácter general. La prioridad concedida a la creación de empleo estable, los criterios de convergencia económica, especialmente la reducción del déficit público sin merma de los servicios públicos, el mantenimiento del Estado de bienestar o la vertebración de España y el afianzamiento del Estado autonómico son objetivos compartidos por el PP y CiU y de cuyo cumplimiento responden solidariamente. Cumplir todos estos compromisos al mismo tiempo parece tarea harto complicada, pero es él reto que Aznar ha asumido, y a la luz de su cumplimiento será juzgado.

Corresponsabilidad y déficit

El elemento fundamental es, con todo, el nuevo sistema de financiación autonómica. En 1993 se abrió el camino hacia la corresponsabilidad fiscal al aceptar una relación entre lo recaudado en cada comunidad y su capacidad de gasto. Con el mecanismo anterior, cada comunidad participaba en una determinada proporción en los ingresos totales del Estado, por lo que sus disponibilidades crecían a la misma tasa. Con el nuevo sistema, los recursos dependen en parte de lo recaudado en el propio territorio, por lo que crecerán en mayor medida en las comunidades más dinámicas: aquellas en las que se produzca un mayor crecimiento económíco o una mayor eficiencia recaudatoria.Las protestas de las comunidades pobres -que exigían que el cambio resulte neutral en cuanto al total de fondos disponibles en cada autonomía- forzaron la inclusión de un tope al excedente alcanzable por esa vía. Ello anuló el efecto perseguido por CiU. Ahora se suprime ese tope, se amplía el tramo que se trasvasa a las comunidades autónomas y se les reconoce una cierta capacidad normativa: podrán aumentar o reducir las tarifas generales, los tipos aplicables, el número de tramos y las deducciones… en relación a la parte cedida del IRPF. Ello supone introducir un factor de corresponsabilidad no sólo en el gasto, sino también en los ingresos.

Desde el PSOE, y también desde Izquierda Unida (IU), se ha acusado al acuerdo de ser incompatible con la reducción del déficit y de ser insolidario con las comunidades más pobres. La idea de que toda mejora en la situación de una comunidad implica. necesariamente un perjuicio para las demás no tiene en cuenta los beneficios asociados a la mayor eficiencia del sistema. Pero es cierto que si el resultado es un aumento del déficit total de las administraciones públicas, el sistema habrá fracasado. Lo que corresponde a la oposición es vigilar que tal cosa no ocurra; que el aumento de los fondos de libre disposición de las autonomías -que ya gastan el 27% del total- no implique la necesidad de recortar en la misma proporción las disponibilidades de la Administración central en capítulos como las pensiones o las inversiones en infraestructuras.

Pero una cuestión como la que aspiraba a resolver (o encauzar) el Estado autonómico no puede juzgarse con criterios sólo económicos. La opción por la generalización adoptada en su día pudo ser’ discutible, pero una vez consolidada no admite marcha atrás sin desatar una dinámica de agravios comparativos. El programa del PP contenía algunas propuestas interesantes sobre ese problema que no figuran en el texto pactado con CiU, que recoge, en cambio, reivindicaciones discutibles: la transferencia de los puertos, el control sobre las costas o competencias sobre el tráfico. Algunas de estas cuestiones pueden causar fricciones con comunidades vecinas, pero la preocupación prioritaria es si el sistema de financiación de las autonomías permite al mismo tiempo reducir el déficit público, satisfacer las exigencias de Pújol y no crear un agravio permanente respecto a las comunidades, menos desarrolladas. Temas más que suficientes para un apasionante debate de investidura.

10 Marzo 1996

La milagrosa rehabilitación de Jordi Pujol, 'president'

Miquel González

Leer
De cómo, según 'Abc' y 'El Mundo', los mismos que extorsionaban al PSOE son hoy socios fiables para Aznar

Los resultados electorales han tenido milagrosos efectos. Y no sólo entre la clase política. También, en las desconcertadas páginas de la prensa que con más vehemencia militó en la marea triunfal del PP que auguraban las desenfocadas encuestas. La rana con la que el director de EL MUNDO, Pedro J. Ramírez, representaba al presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, el pasado 10 de septiembre, se ha trocado en príncipe. El «pequeño dictador» al que aludía Luis María Ansón en el ABC del 16 de noviembre tiene hoy una «espléndida blografía antifranquista de lucha por la libertad». Los tribunales de papel, que dictaron condena inapelable contra el nacionalismo catalán por su apoyo al PSOE, le han rehabilitado con todos los honores como probable socio del Gobierno de Aznar. Eso sí, sin que nadie pague las costas el proceso sumarísimo. El periódico ectrónico del futuro, afortunadamente, abolirá las embarazosas hemerotecas.

El consejero de la Presidencia de la Generalitat, Xavier Trias, se confesaba el miércoles «perplejo» ante la portada de ABC. No le sorprendía el titular que ocupaba la parte inferior («Lo normal es que Pujol, de centro derecha, llegue a un acuerdo con Aznar, que es lo mismo; lo anormal es que apoyara al PSOE»), sino el comentario sobre el partido del Barça con el PSV Eindhoven, en el que los jugadores de Cruyff habrían hecho gala, según ABC, de «un importante derroche de coraje».  LA VANGUARDIA o EL PERIÓDICO de Catalunya, poco sospechosos de animosidad hacia el Barça, destacaban ese día la «apreciable superioridad» del equipo holandés, que puso «contra las cuerdas a los azulgranas».Sólo el maquiavelismo, pudo llevar a Trias a relacionar las dos noticias que ocupaban la portada del diario dirigido por Luis María Ansón y a sospechar que pretendía, con inmerecidos halagos a su club, ablandar a los deseados socios de gobierno de Aznar.

No es Trias el único dirigente de CiU que muestra una escocida suceptibilidad hacia ABC. «El señor Ansón», ha declarado el portavoz nacionalista en el Congreso, Joaquim Molins, «pasó de nombrar Español del año al presidente Pujol a un furibundo ataque a Cataluña. Pujol no había cambiado, al contrario, había ejercido aquello que llevó a Ansón a nombrarle Español del año: participar en la gobernabilidad del Estado, pero de la manera en que no le gusta al señor Anson».

Ciertamente, Molins no había leído la cita de Cánovas del Castillo que Abcreprodujo el jueves como pórtico de su sección Nacional: «Decir política equivale a decir ciencia de lo mudable, de lo relativo y contingente [ … ]»

Si lo hubiese hecho, seguramente no habría dado mayor trascendencia a los epítetos que Ansón hal prodigado a Pujol. Por ejemplo, en su comentario de portada del pasado 16 de noviembre, tres días antes de las elecciones catalanas, titulado Pujol se ha convertido en un pequeño dictador: «Jordi Pujol controla hasta la naúsea la inmensa mayoría de los medios de comunicación catalanes. […] Pujol dedica una parte considerable de los presupuestos […] a perpetuarse en el poder con la creación de un generoso pesebre para escritores, intelectuales, artistas […] Pujol puede obtener mejor o peor resultado en las elecciones. Pero no puede perder. Juega con ventaja. Se ha convertido en un pequeño dictador. Ha transformado CiU en un remedo del PRI mexicano».

Aunque directamente no le llamó dictador, ABC acusó a Pujol, el 12 de septiembre de 1993, de actuar «igual que Franco, pero al revés», por emprender, a su juicio, la «persecución del castellano en Cataluña» mediante la política educativa de inmersión lingüística.

Con todo, fue el respaldo de CiU al Gobierno los últimos dos años y medio lo que provocó las invectivas más virulentas. El pacto era, según ABC,«conchabamiento»

(19-11-95), «indecente mercadeo» (22-11-95) y «complicidad con la destrucción felipista del Estado de Derecho y su deletérea apoteosis de la corrupción» (291-10-95).

Más que apoyo, lo que CiU daba al Gobierno era «auxilio parasitario» (9-2-95), pues González no puso «limite alguno a las desbocadas exigencias» de sus socios, «insaciables en su voracidad desmembradora», sino que se postró «de rodillas ante Pujol» para «claudicar vergozosamente».

Resumiendo: «En la almoneda en que se ha convertido el Poder en España en los últimos años, Pujol ha sacado tajada de un puñado de votos [con los que]tiene prisionero a Felipe González y le somete a un continuo vasallaje rayano en la extorsión» (9-3-95).

Claro que, como advertía Ansón el 7 de febrero de 1995, «Aznar podría en el futuro encontrarse en una situación no tan distinta de aquella en la que hoy se encuentra González». Para evitarlo, nada mejor que el amplio triunfo. del PP que predecían los sondeos y que, el 16 de enero, no hace dos meses, hacía decir a Ovidio, sosia del director de Abc: «Puede estar muy cercano el momento en que [a Pujol] Ya no le será posible chalanear con González, a quien ha exprimido a su antojo, de espaldas a los intereses de la mayoría de los españoles».

Ya al final de la campaña (28-2-96), con motivo del mitin de Aznar en Barcelona, el diario contraponía las «servidumbres vergonzantes [y] claudicaciones sistemáticas» de González con la actitud del líder del PP, «reivindicando un gran proyecto nacional español […] sin ceder al chantaje emocional de los nacionalismos».

La resaca del 3 de marzo fue pesada, pero no impidió al director de ABC escribir esa misma noche, en un rasgo quizá de acendrada sinceridad, que «uno de los factores que más decisivamente ha dañado a González -su obligada dependencia de los particularismos- vuelve a estar presente».

¿Qué hacer? «Por encima de maniobras de poder debe prevalecer la voluntad política, alta y noble, de considerar preferentemente los intereses nacionales. […] El compromiso representado por una eventual entrada de CiU en el Gobierno de Aznar supondría una coalición fuerte […] Para no incurrir en los vicios que se achacaron [?] al anterior apoyo de CiU a González», dicho acuerdo debe ser «estable, transparente y con condiciones conocidas» (5-3-96). Aunque, claro, siempre habrá malpensados y «cualquier transacción con los partidos territoriales será intensamente utilizada contra ellos» (7-3-96).

«El pacto entre dos partidos de ideología común, que pertenecen a la misma Internacional, como el PP y CiU, es la vuelta a la normalidad», publicó Ansónel miércoles, olvidándose quizá de lo que él mismo dijo: «A nadie se le oculta que tanto para UDC como, sobre todo, para el PNV, el factor nacionalista es mucho más definidor que el ideológico» (841-95).

En fin, «hay que mirar hacia el futuro y olvidar muchas cosa¡» (83-96). Pujol no es ya el pequeño dictador o el cómplice, sino que tiene «una espléndida biografía antifranquista de lucha por la libertad y contra la dictadura». «Durante largos años recibió de este periódico permanentes elogios bien merecidos», recordaba el viernes el director de ABC y, si bien es verdad que «las cañas se tomaron lanzas cuando decidió apoyar a González para garantizar lo que él llamó entonces gobernabilidad de España […], ahora la situación ha cambiado y la política exige adaptarse a ella». Por arte de la aritmética electoral, las lanzas se han vuelto a convertir en incensarios.

PILLADO POR LA HEMEROTECA

«En los acuerdos secretos González-Pujol estará la clave. ¿En qué consistirá? Lo ignoramos. Debe pertenecer al dominio de la política de alcantarillas» (ABC 21-9-915). La ignorancia que confesaba Ansón no era compartida por el director de EL MUNDO, Pedro J. Ramírez, quien el 23 de junio de: 1994 escribía: «Pujol intercambia votos por gas». Efectivamente, el precio de la compra de Enagas por Gas Natural -«no es otro que la continuidad del apoyo parlamentario que CiU viene prestando a González».Según EL MUNDO, no se trata de la única ventaja obtenida por Pujol. Los Presupuestos de 1995 fueron fruto del «peaje económico que [el Gobierno] paga a CiU por su apoyo político» (30-9-94). Es más, «Pujol ni siquiera ha necesitado ir a Madrid para poner la. mano, como habitualmente se le reprocha. Ha sido el ministro de Economía el que ha tenido que acudir a su despacho para pactar» (57-94). En definitiva, «CIU está sacando el mejor partido de la situación» (14-6-94), por la disposicion de González a conceder «arbitrarios favores políticos a cambio de apoyo parlamentario». (15-7-94)

«¿Por dónde tienen cogido a Pujol?», se preguntaba EL MUNDO (26-6-95), sin ofrecer respuesta a tan -inquietante cuestión. Sí revelaba, al menos, que CiU «tiene al PSOE cogido por el cuello» (45-94). No sorprende, por tanto, que Ramírez, que se adelantó a Ansón al calificar a CiU de«PRI con barretina» (20-3-95), celebrara el «descalabro pujolista» (20-11-95) en las elecciones catalanas y que, en vísperas de las generales, recordara a sus lectores que CiU contribuyó a ‘justificar y apuntalar los desmanes» de González (2-3-96).

Más difícil resulta explicar que, 72 horas después, EL MUNDO aconsejara a Aznar el mismo pacto que tanto criticó a González. Pero todo se explica: «A CiU le reprochamos que ayudara a sobrevivir a un Gobierno responsable de tanta corrupción. Y al PSOE, que hubiera reclamado los votos de la izquierda para hacer luego una política de derechas. Ninguno de esos dos reproches podría dirigirse en principio 1 a un pacto entre PP y CiU». (5-3-96)

Si acaso no pudo leer el editorial, el presidente catalán conoció de primera mano lo que pensaba Ramirez. «Un periodista muy conocido de un diario joven de Madrid, de los que se metieron tanto contra mí, contra mi mujer, contra mis hijos y contra CiU, me llamó para pedirme responsabilidad y seny», contó Pujol.

11 Marzo 1996

Patéticas manipulaciones del diario que intentó encarcelar a Pujol

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

Leer

Habrá que hacer inventario de las decenas de miles de millones que Polanco y su grupo han recolectado durante el felipismo gracias a  favores, adjudicaciones y privilegios políticos. La inminencia de la pérdida de tales prebendas está llevando estos días a EL PAÍS a proponer soluciones extraconstitucionales con tal de impedir la investidura de Aznar y a desplegar un nuevo recital de manipulaciones para tratar de desprestigiar a la prensa independiente, cuyas revelaciones han permitido que los ciudadanos hayan desalojado del poder al felipismo. Reciente aún el patinazo que supuso extractar los artículos del director de EL MUNDO, para intentar hacerle decir lo contrario de lo que decía sobre los GAL, EL PAÍS divulgaba ayer un catálogo de supuestos agravios que nuestro periódico habría dirigido contra Pujol. Tan grotesca era la recopilación que, junto a pequeñas citas sacadas de contexto y la atribución a Pedro J. Ramírez de una reciente llamada a Pujol que jamás ha tenido lugar, el máximo reproche consistía en haber representado al presidente catalán en una ilustración alegórica bajo la forma de rana (a merced del escorpión González). No deja de ser un sarcasmo que el diario que más activamente trató de meter a Pujol en la cárcel sirviendo con todo tipo de descalificaciones editoriales a la estrategia del PSOE en el caso Banca Catalana invoque como ejemplo de periodismo ofensivo la ingenua caricatura del batracio. EL MUNDO podrá acertar o quivocarse, ser justo o injusto en tal o cual apreciación, pero todo lo ha hecho siempre gratis. EL PAÍS en cambio a supeditado su línea editorial e informativa a los grandes pelotazos económicos de su propietario. EL MUNDO no quita ni una coma de sus reproches a CIU por haber prolongado artificialmente la agonía de un gobierno responsable de graves casos de corrupción. Es lógico que EL PAÍS nos eche en cara tal actitud, pues sólo gracias a la supervivencia de ese Gobierno ahora derribado por las urnas fue posible su pacto con Telefónica para explotar la televisión por cable. La desfachatez polanquista de pretender presentar esas críticas al encubrimiento de la corrupción como ataques al nacionalismo catalán fue ayer significiativamente compartida por el director de un diario de Barcelona cuyo alineamiento con EL PAÍS pone en entredicho tanto ante estamentos periódicos como políticos la sinceridad de otros planteamientos teóricamente prevalentes.

11 Marzo 1996

EL PAÍS, nervioso

ABC (Director: Luis María Anson)

Leer

El nerviosismo que domina en los últimos días a EL PAÍS revela que la negociación entre Aznar y los nacionalistas marcha bien. Después de presentar la derrota de González en las elecciones generales del 3 de marzo como una victoria de su ídolo, el diario EL PAÍS dedicaba ayer toda una página a atizar por la vía periodística su campaña para quebrar el entendimiento Aznar-Pujol. Recibimos tanta desmesura a cinco columnas como un honor. Cuando EL PAÍS, al servicio rendido del PSOE, se dedicaba a lanzar insidias, manipulaciones e intoxicaciones contra Pujol en los momentos difíciles de la campaña emprendida por González y Guerra en el asunto Banca Catalana, ABC asumió en solitario la defensa de la honradez del líder catalán. Durante diez años – desde 1983 a 1993 – hemos dedicado decenas de portadas y editoriales al elogio de la política de Pujol, haciéndole a la vez no pocas críticas, porque éste es periódico independiente. En julio de 1993, Pujol decidió apoyar a González, a pesar de ser el PSOE contrario a la ideología de su partido, alegando la gobernación de España y apuntalando a un Gobierno acosado por la corrupción y la ineficacia. Dos años después, Jordi Pujol, consciente del desastre al que había llegado González, se negó a aprobar la ley de Presupuestos, provocando las elecciones generales que el líder socialista no quería. Desde 1993 a 1995, Pujol, a pesar de la admiración con que siempre le hemos distinguido, ha recibido de ABC las críticas que la coherencia del periódico exigía. Ahora, el líder catalán está haciendo gestos inequívocos de procurar el entendimiento con un partido mayoritario salido de las urnas y que, a diferencia del PSOE en 1993, pertenece al mismo espectro ideológico que CiU. Como esto es razonable y coherente, cuenta con el apoyo de ABC y de los españoles que mayoritariamente han votado en contra del felipismo, un estilo de gobernar que, aun auspiciado por EL PAÍS, debe ser erradicado de la vida española. Sobre estas líneas, a la izquierda, la página con que ayer honró a nuestro periódico el diario EL PAÍS. A la derecha, una portada de ABC que se hizo célebre, en la que el dibujante caricaturizaba una prepotente frase de Guerra contra Pujol durante la campaña electoral de 1984.