23 abril 1945

En 1939 Hitler había designado a Goering su sucesor en caso de que falleciera durante la guerra

Adolf Hitler destituye y degrada a Hermann Goering como ‘Mariscal del Reich’ por intentar reemplazarle argumentando que se encontraba sitiado en Berlín

Hechos

El 23 de abril de 1945 Hermann Goering fue relevado de sus funciones como Mariscal de Reich y sucesor de Hitler por orden de este, que además ordenó su detención y ejecución en caso de que fuera localizado por fuerzas leales a él.

Lecturas

Josep Goebbels y Martín Bormann coincidieron en considerar que Goering estaba intentando dar un ‘golpe de Estado’ para tomar el poder al anunciar que, en caso de que Hitler quedara incomunicado en Berlín, él debía asumir el poder.

Hitler va perdiendo figuras, tras perder a Rommel, ahora ha perdido a Goering.

Y el siguiente de la lista será Himmler. 

El Análisis

El ocaso del Tercer Reich: sucesión imposible

JF Lamata

Acorralado en su búnker de Berlín mientras los cañones soviéticos rugen cada vez más cerca, Adolf Hitler ha decretado en las últimas horas la destitución fulminante de Hermann Goering, su hasta ahora número dos y sucesor designado. Le ha despojado de todos sus cargos y ordenado su detención —e incluso ejecución— si sus leales lo encuentran. El motivo: una carta enviada por Goering desde Baviera, en la que, evocando el decreto de 1939 por el que Hitler lo nombraba sucesor en caso de incapacidad, le sugería que, dado su aislamiento, quizá correspondía que él asumiera ya el mando del Reich. Una misiva que, lejos de ser interpretada como un gesto de responsabilidad institucional en medio del colapso, fue tomada por Hitler —influido por sus últimos acólitos, Joseph Goebbels y Martin Bormann— como una traición intolerable.

El hecho revela no sólo el caos terminal en que se ha sumido el Tercer Reich, sino también el aislamiento psicológico y político de un dictador que ya no escucha a nadie salvo a los más fanáticos de su entorno. Con Rudolf Hess preso desde su extraña fuga a Escocia en 1941 y ahora Goering despojado de toda legitimidad, la sucesión de Hitler queda vacante en el momento más crítico del régimen. La posibilidad de una rendición negociada con los Aliados occidentales —una opción que algunos militares alemanes aún consideran como única salida para evitar la devastación total— queda definitivamente enterrada, mientras el Führer insiste en una resistencia inútil y apocalíptica.

La destitución de Goering marca simbólicamente el hundimiento definitivo del aparato nazi. Ni siquiera entre los suyos queda ya confianza o racionalidad, solo la lógica del pánico, las purgas y el hundimiento. El Reich que Hitler prometió para mil años se desploma, sin sucesor, sin dirección y sin más futuro que la ruina.

J. F. Lamata