7 octubre 1944
La versión oficial dada por el Gobierno de Hitler es que murió 'en accidente de automóvil'
El prestigioso mariscal alemán Erwin Rommel, ‘zorro del desierto’ se suicida tras ser implicado en el atentado a Hitler
Hechos
El 15.10.1945 Berlín informó del fallecimiento del mariscal Erwin Rommel.
Lecturas
Este 14 de octubre de 1944 una delegación compuesta por los generales Burgdorf y Maisel se ha presentado en el domicilio del mariscal Erwin Rommel, en Herrlingen, donde el célebre jefe militar alemán gozaba de un permiso de convalecencia. Como se sabe, Rommel había sufrido graves heridas durante la batalla de Normandia, entre estas una fractura de cráneo. La delegación ofreció a Rommel que eligiese entre dos posibilidades: ingerir el frasco de veneno que le llevaban o comparecer en un juicio a puerta cerrada entre el Tribunal de Berlín mientras que el EJército se ocuparía de su esposa y de su hijo.
Poco tiempo antes, sometido a los duros interrogatorios de la Gestapo, el general K. H. Stülpnagel – que se encontraba gravemente herido – había confesado que el mariscal Rommel se contaba entre quienes habían urdido un complot para dar muerte a Adolf Hitler: el atentado de von Stauffenberg.
Rommel subió al coche de la delegación militar y, durante el trayecto bebió el veneno. El mariscal, de 43 años, gozaba en Alemania de un enorme prestigio. De origen humilde – lo que contrastaba con el origen social de la mayoría de jefes militares alemanes – tuvo una brillante actuación al frente de la 7ª división blindada durante la campaña de Francia, y luego como comandante del Africa Korps. Su deseo de poner fin a la guerra en el Oeste parece haberle inducido a participar en la conjura fracasada el 20 de julio último.
Por orden del propio Hitler, los restos de Rommel serán sepultados con honores nacionales; a la ceremonia asistirán su viuda y su hijo. El gobierno intentará por todos los medios que las causas de la muerte de Rommel permanezcan en secreto, aunque ya lo saben los aliados.
La decadencia del III Reich continuará con la degradación de Goering.
17 Octubre 1944
Rommel
Durante una larga temporada el mariscal Erwin Rommel era el más popular entre todos los militares alemanes. Era ‘el africano’. La lucha en el desierto, con sus horizontes infinitos, en que los avances se cuentan por decenas y centenares de kilómetros, y donde la guerra de posiciones es imposible, habla mucho más a la imaginación que otras campañas menos brillantes, menos veloces, menos intrépidas. Fue en el norte de África, en el inmenso desierto de Libia, donde Rommel se dio a concoer al mundo, cuando desde Bengasi voló en una carrera triunfal ininterrumpida hasta cerca de Alejandría y el delta del Nilo, pasando por Tobruk (donde consiguió el bastón de mariscal) Sidi el Barranj (donde había fracasado Graziani) y Marsal Matruh. Era algo fantástico, casi inimaginable. Pero El Alamein, las dos banderas, Rommel se paró. Se suponía que, a la larga no podría permanecer en la posición desértica, tan lejos de sus bases, con una sola ruta para los abastecimientos. O conseguía entrar en Alejandría, o tendría que retirarse hasta la frontera de Cirenaica. Mussolini revela ahora en sus memorias que también él había aconsejado al mariscal alemán que se retirara, pero Rommel no lo hizo y vaciló tanto, que dio tiempo a su digno rival, el general (hoy también mariscal) Montgomery, para atacarlo. La posición sólo admitía ataque frontal; la depresión del suelo imposibilitaba movimientos de flanco. Con una preparación metódica y terrible de artillería, el general británico asombró al mundo con su triunfo rotundo, de tal modo, que los ingleses emprendieron en sentido inverso el mismo camino que Rommel, pero esta vez mucho más lejos aún que Bengasi. Sí, mucho más lejos, a través de Tripolitania, y rompiendo la línea de Mareth en la frontera de Túnez, a donde había llegado tras otro vuelo desértico, el general francés Ledrec, después de haber recorrido miles de kilómetros desde el lago Chad. Siguió luego la lucha contra Rommel en Túnez. De Africa del Norte, el legendario octavo Ejército de Montgomery saltó a Sicilia, de Sicilia a la Italia continental, y cuando ya estaba asegurado el triunfo, el general británico se despidió de sus tropas para preparar otra empresa más importante aún: la invasión del Continente. Dos grandes figuras de la presente guerra, dos figuras que provocan admiración y exaltan el espíritu, Rommel y Montgomery han surgido en el norte de África.
En Normandia volvieron a enfrentarse, pero ya sin las posibilidades infinitas del desierto. Por el contrario, Rommel defendía el sector de Caen en circunstancias enteramente opuesta. En Caen se luchaba por cada huerto, porque los alemanes lo consideraban la puerta de Paris. Los dos adversarios de El Alamein tuvieron que sacrificar centenares de vidas por cada metro cuadrado de terreno. Y allí terminó la brillante carrera del mariscal Rommel. Quizá en el buen momento, antes de que descendeira su estrella quedó herido normalmente en un accidente de automóvil.
El Análisis
El 14 de octubre de 1944, Alemania anunció la muerte del mariscal Erwin Rommel como consecuencia de un accidente de automóvil. Sin embargo, con el paso de las semanas, se ha hecho evidente que aquella versión oficial no era más que una tapadera cuidadosamente construida por el régimen. Rommel no murió en un accidente, sino que fue forzado a suicidarse, con una cápsula de veneno entregada por emisarios directos del alto mando nazi. La causa: su vinculación con el atentado del 20 de julio contra Hitler, la llamada “Operación Valquiria”.
Aunque Rommel no participó directamente en la conspiración de Stauffenberg, es innegable que estaba al tanto de las intenciones de algunos de los conjurados, y que compartía con ellos el diagnóstico de que la guerra estaba perdida y que Hitler llevaba a Alemania al abismo. El mariscal, héroe en África y respetado incluso por sus enemigos, gozaba de un prestigio inmenso entre el pueblo alemán y dentro del ejército, hasta el punto de que Hitler prefirió encubrir su final antes que arriesgarse a reconocer que su general más admirado se había apartado del Führer, decepcionado por su locura militar y política.
Rommel eligió una muerte silenciosa, negociando la seguridad de su familia a cambio de su vida. No hubo juicio, ni escándalo, ni ejecución pública. Solo un funeral de Estado, con todos los honores, y una mentira oficial para mantener intacta la imagen del régimen. Su muerte, sin embargo, es el símbolo más claro de que incluso entre los más altos mandos del Tercer Reich comenzaba a quebrarse la lealtad, y de que el mito de infalibilidad de Hitler ya no podía sostenerse ni siquiera dentro de sus propias filas.
J. F. Lamata