27 abril 1945

Adolf Hitler desautoriza la oferta de Himmler y lo declara traidor

El líder de las S. S., Heinrich Himmler ofrece en nombre de Alemania la rendición incondicional a Reino Unido y Estados Unidos

Hechos

El 27.04.1945 Heinrich Himmler, jefe de las SS y ministro de Interior de Alemania, ofreció la rendición incondicional de su país a Gran Bretaña y Estados Unidos, estos rechazaron la oferta si no se hacía también ante la URSS.

Lecturas

Adolf Hitler ya había soportado la traición de Goering y ahora le toca afrontar la de Himmler.

bernardotte  El Conde Bernadotte, de Suiza, fue el encargado de mediar con Himmler para lograr la rendición de Alemania.

El 27 de abril de 1945 se conoció por un despacho de la agencia Reuter la noticia de una oferta de rendición alemana hecha por Heinrich Himmler, Reichführer de las S. S. al general de Estados Unidos, Dwight Eisenhower.

El enlace entre Himmler y Eisenhower estuvo a cargo del conde Folke Bernadotte, que preside la Cruz Roja sueca. Harry Truman, que ocupa desde hace 13 días – a causa de la muerte de Franklin Delano Roosevelt – la presidencia de Estados Unidos – se negó terminantemente a aceptar el ofrecimiento del jerarca nazi.

El primer ministro del Reino Unido, Winston Churchill, compartió plenamente la decisión de Truman.

Heinrich Himmler – ministro de Interior de Alemania, jefe de la Gestapo y de las S. S. – había iniciado los sondeos de paz a través del conde de Bernadotte, en una entrevista que ambos sostuvieron en Hohenlychen, en el mes de febrero.

Lo extraño es que la noticia no hubiese llegado hasta hoy al bunquer de Hitler, que estalló de indignación al enterarse de cómo le había traicionado su ‘fiel Heinrich’.

Adolf Hitler ha declarado traidor a Himmler y ha ordenado la inmediata ejecución de Hermann Fegelein, adjunto de Himmler que aún se encontraba en Berlín.-

El Eje se derrumba y 24 horas después de la traición de Himmler, se producirá la muerte pública de Mussolini.

El Análisis

La última intriga del Reichführer Himmler

JF Lamata

En los días finales del Tercer Reich, cuando Berlín arde bajo el fuego soviético y el mundo observa con expectación el derrumbe definitivo de la Alemania nazi, uno de los rostros más siniestros del régimen ha intentado ejecutar un desesperado acto de supervivencia política. Heinrich Himmler, Reichführer de las S.S., ministro del Interior y hasta hace nada uno de los hombres más leales al Führer, ha ofrecido una rendición incondicional a Estados Unidos y Reino Unido —deliberadamente excluyendo a la Unión Soviética— a través de una mediación secreta del conde sueco Folke Bernadotte. En su propuesta, Himmler se presenta como portavoz legítimo de un Estado cuyo líder, Adolf Hitler, da por muerto, enfermo o desaparecido en su búnker de Berlín.

Pero esta jugada, más que una negociación de paz realista, parece una intriga de poder desesperada. Himmler no habla en nombre de un Estado funcional ni controla todos los resortes militares que aún combaten en distintos frentes. Su gesto sugiere una tentativa de posicionarse como sucesor de Hitler, un “hombre fuerte” dispuesto a pactar con los Aliados Occidentales, quizá esperando que su imagen no esté tan contaminada fuera de Alemania como realmente lo está. Porque pocos, fuera de los servicios de inteligencia, conocen aún el alcance total de su responsabilidad en los campos de exterminio, en la persecución de los opositores, o en el régimen del terror instaurado en Europa ocupada.

Para Hitler, la noticia ha sido devastadora. Aislado y cada vez más paranoico en su refugio bajo tierra, ha reaccionado con una mezcla de furia y desesperación. La ejecución sumaria de Hermann Fegelein, oficial de las S.S. y cuñado de Eva Braun, es un reflejo del caos que reina en el corazón del poder nazi: ni siquiera los vínculos personales bastan ya para salvar a quienes son sospechosos de traición. Pero fuera del búnker, la realidad es que el Tercer Reich ya no existe como entidad coherente. Lo que queda son retazos de ambición, lealtades quebradas y luchas individuales por una salida imposible. Himmler ha mostrado su verdadero rostro: no el de un fanático ideológico dispuesto a morir por el Führer, sino el de un calculador dispuesto a vender cualquier fidelidad para salvarse del naufragio. No parece que su maniobra le garantice otra cosa que un lugar destacado en los juicios que se avecinan.

J. F. Lamata