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El líder de la derecha española tendrá el control del Ejército

Alejandro Lerroux forma un nuevo Gobierno con el líder de la CEDA, José Mª Gil Robles como ministro de la Guerra

HECHOS

El 6.05.1935 se formó un nuevo Gobierno presidido por D. Alejandro Lerroux con D. José María Gil Robles como ministro de la Guerra.

NUEVO GOBIERNO LERROUX

  • Presidente de la República: D. Niceto Alcalá Zamora
  • Presidente del Gobierno: D. Alejandro Lerroux (Partido Radical)
  • Guerra: D. José María Gil Robles (CEDA)
  • Estado: D. Juan José Rocha (Partido Radical)
  • Gobernación: D. Manuel Portela Valladares (Independiente)
  • Hacienda: D. J. Chapaprieta (Independiente)
  • Justicia: D. Cándido Casanueva (CEDA)
  • Marina: D. Antonio Royo Vilanova (Partido Agrario)
  • Obras Públicas: D. Manuel Marraco (Partido Radical)
  • Agricultura: D. Nicasi Velayos (Partido Agrario)
  • Industria y Comercio: D. Rafael Aizpún (CEDA)
  • Trabajo: D. Federico Salmón (CEDA)
  • Instrucción Pública: D. Joaquín Dualde (Partido Liberal Demócrata)
  • Comunicaciones: D. Luis Lucía (CEDA)
07 Mayo 1935

Editorial

ABC (Director: Juan Ignacio Luca de Tena)

Sin una nueva y mortal claudicación de la CEDA o sin la disolución de las Cortes, era ineludible la solución que, al fin, ha prevalecido en la crisis; pero ha estado eludida, no ha sido nada fácil y en algún momento nos ha parecido descartada. En la crisis de marzo estuvo el bloque tan dispuesto a gobernar como ahora; tan ineludible como ahora era la solución mayoritaria, y, sin embargo, vino el Gobierno de los treinta días, aunque para traerlo hubo que decretar la clausura de las Cortes. Decidió este Gobierno retirarse y todavía se intentó llevarlo a las Cortes, donde alguna dificultad podía temerse para la solución preparada por el bloque. Insistió el Gobierno dimisionario en su actitud y la crisis tomó un rumbo inesperado en el intento de una solución confusa que había de abarcar núcleos parlamentarios incongruentes, o, en último término, procurar la reconstitución del Gabinete dimisionario “con aportaciones y refuerzos de los demás partidos”. Todas estas evoluciones de la crisis desde marzo excluían al bloque; pero, como el bloque ha permanecido firme y se ha tenido en cuenta el estrago de la disolución intempestiva del Parlamento, al fin se ha impuesto la solución verdaderamente parlamentaria; ya se ve cuán trabajosamente, hasta colmar la evidencia de lo ineludible.-

07 Mayo 1935

Aún más hacia la derecha

LA LIBERTAD (Director: Antonio Hermosilla)

Los altibajos de las crisis en el segundo bienio van logrando ambiente de cosas de ‘Las mil y una noches’. Vivimos en el mágico reino de las maravillas.

Cae el gran visir porque dos y dos son cuatro y renace de súbito porque dos y dos son cinco. En término de horas, el gran visir electo aparece, desaparece y reaparece, ya con la consabida carga reformista del artículo 125, que es nuestro ‘convidado de piedra’ ya con el olivo de la concordia, ya con el duro roble de una concentración llena de ‘antis’ ceñudos. En fin, tanto influye lo maravilloso en el maremágnum este, que si el espectador no posee las dotes mágicas de los gins – quienes en la mitología oriental conocen de antemano las causas y los efectos – es probable y se quede sin discernir jamás porque todo resulta siempre uno y lo mismo, y de manera más tarde o más temprano, todos los caminos llevan a Roma.

O, si se quiere, a que subsistan unas Cortes antípodas de las Constituyentes, y cuyo lema se reduce a ‘Esterilidad, incompetencia, impopularidad y desamor a las esencias de la República’.

No pensemos en la lógica. Los episodios de ‘Las mil y unas noches’ no la toman en cuenta.

Por ello, lo que en 28 de marzo era imposible y deshacía el bloque, permite, después del primero de mayo y sin menoscabo de la seriedad evocada por D. Melquiades, que la triste realidad política vuelva de lleno al punto en que la interrumpió el Gobierno de los treinta días. Y, desde luego, con un Gabinete más derechista que el de Octubre, menos apto aún para la convivencia nacional y que señala otro decisivo salto hacia la conquista cabal del poder por la CEDA.

Ya tenemos en Guerra al Sr. Gil Robles, que se ha descubierto repentinas aptitudes para ministro de la Guerra. Junto a este visir marcial vence a otros visires de la CEDA, que si en número no son exactamente los que pedía su caudillo, son más, muchos más, de los que hubiera convenido a la República. El hecho señala, sin duda, lo culminante de esta increíble solución de la crisis. ¿Qué hubiera pensado de ello Cánovas del Castillo, el hábil consolidador del régimen que duró hasta 1931?

Que la solución esta, como la del 8 de abril, como la del 4 de octubre, no constituye sino una dilatoria para la única solución efectiva. ¿Qué los republicanos han de sentirse más lejos del nuevo Gabinete que del caído en la crisis de los indultos? ¿Qué a los radicales ha de parecerles amarguísmo trago lo que hoy colma las aspiraciones de la CEDA? Sin duda. Pero si París bien vale una misa, ¿no vale algo también conservar unas Cortes que, a últimos de año, han de promover la reforma de la Constitución republicana?

Pero – y queremos que conste ahí bien claro nuestro parecer – no confiamos poco ni mucho en la eficacia del nuevo Gobierno cuanto a la resolución de ninguno de los problemas nacionales. No sólo porque los agravó el derechismo. También porque nadie juega que la CEDA, los agrarios y sus flecos sean aptos para ejercer una política de conciliación nacional, base ineludible respecto a lo que debería hacerse. Ni por su origen, ni por sus programas, ni por sus pasiones se hallan, capacitados para emprender esa labor, pedida por todos los republicanos en sus consultas.

Lo prueba un hecho. Que el órgano periodístico de la CEDA señale como labor previa votar el Estatuto contra la Prensa. Con ese proemio, ¿Qué esperanzas de cambio puede haber?

Para el país republicano, esta llamada solución de la crisis – que deja en pie la crisis fundamental, que es de régimen – constituye un vivo desencanto. ¿Por qué se habían acogido a ilusiones de una mudanza tal como pide la saluda de la República? No. Es dudoso que ninguno se forjara esas ilusiones. Pero lo que no creían, y ello puede aseverarse en redondo, en que se saliera de la situación insostenible del 28 de marzo con una situación más impropia que la de entonces y que da el triunfo a lo vencido entonces.

Serenidad, pues, mucha serenidad.

07 Mayo 1935

Ante el Nuevo Gobierno

AHORA (Director: Luis Montiel)

El Presidente de la República, con su respeto al parlamento primero, expresando después su deseo de ensanchamiento de base de convivencia entre los partidos cuando haya de acometerse la revisión constitucional, con el fin de que el futuro Código político no responda a imposiciones coactivas fugaces, sino que sea obra cordial del mayor número posible, y dejando después libertad absoluta para el reparto de carteras y acoplamiento de nombres, ha demostrado que comprende y practica su misión y se halla a la altura de ella.

El Sr. Lerroux ha tenido una gran flexibilidad, que le acredita de gobernante. Ha sabido posponer afectos e intereses de partido a los que eran exigencias indeclinables del momento y ha dado cabida al Sr. Chapaprieta, en Hacienda, capacitado para un presupuesto de poda, y al Sr. Portela, que continúa en Gobernación, cartera, en la que ha prestado ya inestimables servicios al orden público.

El Sr. Gil Robles ha acreditado a su vez dotes de voluntad firme y perseverante, que son garantía  valiosa en la gobernación de los pueblos modernos.

Todo ha quedado bien. El programa lo imponen las circunstancias y algo apareció ya delineado en la nota de ‘los cuatro’. Si se atiende al paro obrero, a la nivelación presupuestaria y a la defensa nacional; si se logran realizar unas elecciones municipales y se mantiene la paz pública el Gobierno habrá hecho una excelente labor, de aquí a diciembre y entonces sería llegado el momento de la revisión constitucional. Ocho meses en esa forma sería un anticipo casi paradisiaco para las costumbres nuestras.

Es de esperar que así sea, porque el Gobierno no es una improvisación. Los jefes del bloque lo ofrecieron, lo han constituido con amplia libertad, con sus libres iniciativas, no embarazadas por ningún otro Poder, y hasta han elegido, no sólo los hombres, sino el momento. No es un Gobierno de forzamiento improvisado, sino deseado y previsto, que es lo que da mayor fuerza impulsora para actuar. El país lo espera y lo quiere. Se impone en todas partes el dinamismo, y España, ni puede ni debe ser excepción.

07 Mayo 1935

Nuestra posición ante el nuevo Gobierno

LA NACIÓN (Director: Manuel Delgado Barreto)

La crisis se ha resuelto como esperábamos y como únicamente podía solucionarse.

Se ha resuelto, al fin, después de treinta días de gobierno estéril que se han perdido sin necesidad. Porque no negará nadie que este mismo Gabinete, el actual, pudo formarse el día 6 de marzo último, economizando, en el terreno político, todos los estragos y resquemores que fatalmente se produjeron.

Desde el momento presente, las derechas ingresadas en la República controlan la acción del Gobierno. Tienen siete ministros; es decir, la mayoría. Se trata de hombres de derechas, procedentes de aquella coalición que triunfó el 19 de noviembre. Que triunfó el 19 de noviembre con un programa que se hallan en condiciones de realizar ahora. Si no lo realizan, será porque no quieren. Nos importa mucho en este sentido, afirmar que en el supuesto improbable de que estos hombres no hagan lo que deben hacer, fracasarán ellos con sus partidos, pero no se podrá decir que fracasan aquellos que, sin responsabilidades en el Gabinete actual, permanecen fieles a los postulados mínimos del programa del 19 de noviembre.

Los ministros de derechas cuentan con nuestra asistencia leal y aún fervorosa para llevar a la práctica los anhelos nacionales que sancionó el voto popular el 19 de noviembre. Colocamos el patriotismo por encima de toda consideración partidista. Pero nosotros no somos ministeriales.

Nosotros esperamos los actos, las decisiones del Gobierno y enjuiciaremos al Gobierno por su obra, con serenidad, sin acritudes, hasta con simpatía. No olvidamos que, pese a diferencias insalvables, hay unas creencias y unos sentimientos que nos unen, hoy por hoy, a la mayoría de los hombres que figuran en el Gabinete.

Fuera de él, nosotros y nuestros amigos, defendiendo con toda entereza ideales de todos conocidos, mantendremos la actitud de apoyo o de oposición que en cada momento aconsejen las circunstancias; es decir, propugnando lo que nos sea común y combatiendo lo que nos separe.

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