13 septiembre 1943
El nuevo estado republicano fascista estará del lado de Adolf Hitler, mientras en el sur de Italia se mantiene otro gobierno que apoyará a los aliados
Alemania invade el norte de Italia y coloca a Musolini al frente de la autoproclamada ‘República de Saló’ fascista
Hechos
- El 13.09.1943 Alemania informó que había liberado al ‘Duce’ italiano Benito Mussolini.
- El 23.09.1943 fue proclamada en la zona de Italia ocupada por el ejército alemán la República Social de Italia con Benito Mussolini como Jefe de Estado.
Lecturas
Mussolini había sido destituido como Duce de Italia en julio de 1943.
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LAS SS DE HITLER LIBERARON A MUSSOLINI PARA RESTITUIRLE EN EL PODER
Entre las dos y las tres de la tarde de este 12 de septiembre de 1943 un comando de las S. S., la policía secreta del Partido Nacional Socialista Alemán de Heinrich Himmler, ha liberado a Mussolini de su prisión en el Gran Sasso y le ha puesto a bordo de un avión en el que se dirige hacia Alemania para entrevistarse con Hitler.
Desde el golpe de Estado palaciego que lo derrocó el 25 de julio, Mussolini permaneció bajo custodia en distintos puntos de Italia, ninguno considerado suficientemente seguro, hasta que el 28 de agosto fue trasladado al Gran Sasso y alojado en un hotel en Campo Imperatore, bajo la vigilancia del ejército y carabinieri.
El comando de las S. S. que lo liberó esta tarde, llegó a las carcanias del hotel en varios planeadores, y de inmediato emplazó ametralladoras apuntando al edificio. Aunque la rapidez de la maniobra sorprendió a la guarnición a cargo de la custodia, le fue posible tomar posiciones defensivas y cargar sus armas. Pero la presencia de un general italiano rehén de los alemanes, los disuadió de utilizarlas.
El capitán Skorzeny, de las S. S. pudo introducirse entonces en el hotel, del que salió pocos minutos después con Mussolini.
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LA REPÚBLICA DE SALÓ: UN ESTADO FASCISTA.
El nuevo Estado fue proclamado el 23 de septiembre de 1943. A pesar de que la República Social de Italia (República de Saló, fascista) reclamaba bajo su soberanía la mayor parte de los territorios italianos, la realidad es que su control político se redujo a una pequeña porción territorial en el norte de Italia. Por si fuera poco, la República de Saló solo recibió reconocimiento diplomático de Alemania, Japón y sus Estados títeres, lo que reflejó la escasa influencia del nuevo régimen. Mussolini fue su primer y único jefe de Estado, constituyendo la RSI la última encarnación del modelo fascista italiano. A pesar del poder teórico que ostentaba Mussolini, oficiales de alto rango como el embajador alemán Rudolf Rahn o el comandante de las fuerzas alemanas en Italia, el general Karl Wolff, eran los que tomaban las principales decisiones políticas y militares.
Una de las primeras medidas de Mussolini sería vengarse de algunos de sus traidores: entre ellos el conde de Ciano.
14 Septiembre 1943
Desde un macizo montañoso del sur de Italia, el Duce fue llevado por sus libertadores a un aeródromo alemán
La liberación de Mussolini por los paracaidistas y soldados del servicio de seguridad y de las SS armadas en un acontecimiento sensacional. La Agencia Reuter lo ha calificado de ‘uno de los hechos más arriesgados de esta guerra’, y el servicio de información británico de ‘golpe audaz y sensacional’. La prensa alemana de ayer tarde expresa el estado de espíritu de aquel pueblo en títulos como estos: “Adolfo Hitler ha cumplido su palabra”, “un acto de lealtad que conmueve a todo el mundo”; Deustche Algemeine Zeitung escribe: “Alemania saluda al Duce, a quien el Führer ha calificado una vez más de amigo en el último discurso del viernes: Berliner Abendausgabe: “El pueblo alemán saluda al Duce con alegría. La hazaña de las fuerzas alemanas que han liberado al Duce es única en la historia. Der Angriff: “Esta hazaña alemana es una de las más grandes que registra la Historia”; “Beliner Nachtausgabe”: “La Liberación del Duce ha causado más impresión que una victoria en el campo de la batalla”. En Tokio, el portavoz del Gobierno nipón declara: “La liberación de Mussolini es una feliz noticia para el pueblo japonés”.
El Análisis
La sorprendente liberación de Benito Mussolini por un comando especial de las SS en el Gran Sasso, ordenada directamente por Hitler, ha devuelto momentáneamente al Duce al escenario político. Pocos días después, tras su reunión con el Führer, se ha proclamado en el norte de Italia la llamada República Social Italiana, con capital oficiosa en Saló, a orillas del lago Garda. Aunque en lo formal se trata del renacimiento de un régimen fascista “puro”, en la práctica no es más que un gobierno títere, sostenido por la ocupación militar alemana, carente de autonomía, legitimidad o respaldo popular real.
El gesto tiene un evidente valor simbólico para Hitler, que no ha querido permitir que uno de sus grandes aliados históricos cayese en la ignominia. Para Mussolini, sin embargo, el precio de esta resurrección política es amargo: no controla Roma, no gobierna toda Italia, y ha dejado de ser un jefe de Estado soberano para convertirse en un instrumento de la Alemania nazi. Su nuevo régimen, la “República de Saló”, se enfrenta no solo a las tropas aliadas que avanzan desde el sur junto al gobierno del mariscal Badoglio, sino también a una incipiente resistencia partisana italiana, cada vez más activa y nutrida por antiguos militares, comunistas, socialistas y demócratas.
Italia, pues, ha entrado en una guerra civil no declarada, con dos gobiernos, dos ejércitos, y dos visiones irreconciliables de su futuro. Mussolini ha recuperado el poder, sí, pero no la gloria. Lo que una vez fue un régimen con ambición imperial, hoy sobrevive reducido a una sombra amparada por la Wehrmacht. Su presencia en Saló recuerda más a un general derrotado refugiado en la retaguardia que a un Duce destinado a volver a Roma. Y mientras tanto, el pueblo italiano sigue pagando con sangre y ruina el precio de las alianzas del pasado.
J. F. Lamata