20 diciembre 1943
Bolivia: Revolución derriba la dictadura de Enrique Peñaranda y designa a Gualberto Villarroel como nuevo dictador
Hechos
El 20.12.1943 fue depuesto el presidente de Bolivia.
Lecturas
En 1932 se produjo una guerra entre entre Bolivia y Paraguay.
Este 20 de diciembre de 1943 un movimiento revolucionario civicomilitar ha derrocado al presidente de Bolivia, general Enrique Peñaranda. Ha asumido el poder al frente de una Junta Revolucionaria el general Gualberto Villarroel que será el nuevo dictador.
El golpe, incruento, fue cuidadosamente planeado por miembros del MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario) que preside Víctor Paz Estenssoro, con el apoyo sustancial de militares pertenecientes a la logia secreta Radepa, uno de cuyos fundadores es precisamente el general Villarroel.
La reacción represiva de Peñaranda contra las manifestaciones de descontento popular y su política de entreguismo al capital extranjero han sido las principales causas del movimiento revolucionario.
El Análisis
El 20 de diciembre de 1943, Bolivia vivió un nuevo giro brusco en su convulsa vida política: el derrocamiento del general Enrique Peñaranda, presidente desde 1940, a manos de un movimiento revolucionario cívico-militar que entregó el poder al general Gualberto Villarroel. Peñaranda, héroe de la Guerra del Chaco, había llegado al poder con el apoyo de la vieja oligarquía minera y de Washington en plena Segunda Guerra Mundial, pero su mandato pronto se desgastó entre acusaciones de corrupción, represión y la imagen de un gobernante demasiado dependiente de los intereses norteamericanos y de los barones del estaño.
Frente a él se alzó la figura de Villarroel, también militar chaqueño, que encabezó una alianza con el emergente Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), un partido joven, populista y de corte nacionalista. Su llegada al poder, aunque nacida de un golpe, se presentó como la esperanza de una política más cercana al pueblo: promesas de justicia social, reformas laborales y mayor independencia económica. Sin embargo, también mostró desde el inicio la impronta autoritaria que marcaría su breve gobierno, con métodos duros y una desconfianza hacia las instituciones liberales tradicionales.
La caída de Peñaranda y el ascenso de Villarroel reflejan las tensiones de una Bolivia atrapada entre el peso del viejo orden oligárquico y el empuje de fuerzas nuevas que exigían cambios. La Junta Revolucionaria que ahora gobierna abre una etapa incierta: ¿será Villarroel un reformista dispuesto a transformar el país o simplemente otro dictador con uniforme distinto? Lo único seguro es que este cambio no cierra la larga historia de inestabilidad política boliviana, sino que añade un capítulo más en la pugna entre caudillos, cuarteles y pueblos cansados de promesas incumplidas.
J. F. Lamata