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José María Rodríguez de Francisco y Covadonga Soto apoyaron la moción de censura del PP tras abandonar UPL, partido que desde 2003 gobernaba la ciudad en coalición con el PSOE

Mario Amilivia (PP) recupera la alcaldía de León derrocando a Francisco Fernández (PSOE) gracias al apoyo de dos tránsfugas

HECHOS

En diciembre de 2004 el ayuntamiento de León aprobó la moción de censura contra el alcalde D. Francisco Fernández (PSOE) que fue reemplazada por D. Mario Amilivia (PP)  por los 14 (los 12 del PP y 2 que abandonaron UPL).

Leon2004_1 D. Mario Amilibia (PP) recupera la alcaldía. Justifica la moción de censura en que la ciudad recupere la estabilidad.

Leon2004_4 D. Francisco Fernández (PSOE) no ganó las elecciones, pero logró acceder a la alcaldía mediante un pacto con la UPL. La ruptura de acuerdo con dos concejales de este partido le dejaron en una situación de bloqueo.

Leon2004_2 El Sr. De Francisco, el que fuera líder indiscutible y fundador de UPL, ha roto con su antigua formación para pactar con el Partido Popular.

Leon2004_3 D. Javier Chamorro, el nuevo líder de UPL considera a su antiguo líder un tránsfuga que se ha vendido al PP.

05 Diciembre 2004

Y ahora, qué

Fernando Aller

Lo mejor del relevo registrado en la alcaldía de León fue, sin duda, el talante demostrado por los dos máximos protagonistas: el alcalde saliente y el que retoma la vara de mando. Noo todos los ediles estuvieron a la misma altura. Javier Chamorro se escudó en los insultos proferidos hace más de un año por José María Rodríguez de Francisco contra Mario Amilivia – en una entrevista publicada por este periódico – para asumir como propios los insultos y las descalificaciones. No es de recibo utilizar este lenguaje dentro de lo que ha de ser templo de la democracia y consecuentemente, lugar sagrado para el debate y el contraste de pareceres. El salón de Plenos de un Ayuntamiento es casa de todos los ciudadanos y nadie puede utilizar la representación que otorga el concejal para la descalificación zafia. Quien no lo interprete así, denigra al representado.

Resultó sorprendente. Uno sabe que ese no es el talante del concejal Chamorro y se inclina a pensar que alguien, escudado en el anonimato, le escribió unas líneas que no sup rechazar o bien que asumió entusiasmado en un momento de febril cabreo al verse abogado, en razón a las matemáticas de los votos, a ocupar uno de los escaños de la oposición.

Los exabruptos causaron mayor sorpresa porque el Pleno estaba discurriendo con normalidad, porque el alcalde saliente, que tenía tantos o más motivos para estar disgustado pronunció unas palabras cargadas de sumo respeto hacia el adversario y de sentido común. Francisco Fernández se alzó ante todos con una gran talla moral. Supo sobreponerse a la adversidad, agradeció colaboraciones prestadas y comprometió un trabajo duro desde la oposición, en el convencimiento de que recuperará la Alcaldía después de las próximas elecciones municipales. Es evidente que en el Pleno del viernes supo colocar el primer ladrillo de la escalera.

El mismo tono conciliador expresó Amilivia tras ser investido alcalde. Reconoció logros en la gestión de los adversarios (algo infrecuente en la vida política actual) y advirtió que nadie ha de ver algo personal contra Francisco Fernández, sino que la moción respondía a un compromiso personal irrenunciable con los ciudadanos, quienes en su día le otorgaron una victoria electoral en las urnas.

Pronósticos

Las preguntas que algunos se hacían tras el Pleno resultan lógicas. ¿Qué va a pasar? ¿Cuánto tiempo va a durar la situación actual? ¿Romperá De Francisco el idilio que ahora le une al PP? ¿Influirá el cambio de alcalde en la respuesta del Gobierno presidido por Rodríguez Zapatero a León? A la primera pregunta se puede responder que el vencedor indiscutible del proceso vivido es Mario Amilivia. La Ley no prevé una segunda moción de censura en un mismo mandato. Consecuentemente, en el supuesto de que llegara a producirse la ruptura con Rodríguez de Francisco, Amilivia se mantendría como alcalde, con el único inconveniente de que se vería obligado buscar apoyos puntuales para sacar adelante determinados asuntos que requieran del a mayoría absoluta del Pleno. Tampoco sería cuestión en exceso compleja. Una vez ahuyentados los riesgos consustanciales de un sistema político que otroga a los concejales llave un poder que está muy por encima de los votos que representan.

El futuro del leonesismo

A nadie se le oculta que lo ocurrido tendrá también profundas repercusiones en la configuración del leonesismo como fuerza política. El próximo día 18 tendremos dos fotos para aproximarnos a ese futuro. La UPL celebra su tradicional cena de Navidad. Al mismo tiempo, De Francisco reunirá a los seguidores que le quieran acompañar en la formación de un nuevo partido leonesista. ¿Tienen cabida ambas formaciones? ¿Sobrevivirá una de las dos o los últimos acontecimientos, las luchas internas y posteriores fracturas del a UPL, convertirán en añicos la representación leonesistas en las instituciones públicas?

Incógnitas difíciles de despejar en estos momentos. Se puede pensar que l UPL no lo tendrá fácil. Convertida en apéndice de la oposición, es evidente que el protagonismo indiscutible del PSOE anulará – o restará relevancia – a la presencia de los tres concejales leonesistas. Tampoco resultará alentador para Joaquín Otero verse obligado a competir por titulares de prensa con su otrora compañero De Francisco en las Cortes de Fuensaldaña.

Dosis de morbo en mayor medida tiene el pronóstico sobre el futuro político que le aguarda a éste último. ¿Será capaz José María Rodríguez de Francisco de continuar avanzando en su resurrección cual Ave Fénix? ¿Tendrá que pagar alguna factura por sus permanentes piruetas polítics, o su mesianismo y su corte de seguidores, tan fieles como incondicionales, le garantizan la supervivencia? Están abiertas las respuestas.

Fernando Aller

 

04 Diciembre 2004

León como síntoma

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

El prestigio de los políticos españoles es superior al de los de la España caciquil de la Restauración. Sin embargo, no habría que descartar una pronta equiparación si prosigue la degradación de la vida política. Ayer, como culminación de un proceso impresentable, una moción de censura apoyada por dos tránsfugas de un partido local arrebató la alcaldía de León al socialista Francisco Fernández para dársela a Mario Amilivia, del PP. El desprestigio deriva, sobre todo, de la tranquilidad y buena conciencia con que los dirigentes de ese partido han amparado la operación.

El punto 2 del Pacto Antitransfuguismo, suscrito por el PP y otros 12 partidos en 1998, compromete a los firmantes a «impedir la utilización de tránsfugas para constituir, mantener o cambiar mayorías de gobierno en las instituciones públicas». Eso es lo que ha ocurrido en León, donde dos tránsfugas procedentes de la Unión del Pueblo Leonés han sumado sus votos a los del PP para cambiar la mayoría que venía gobernando la ciudad desde las municipales del año pasado. Por supuesto, siempre hay algún pretexto, pero los esgrimidos por la dirección del PP para negarse a suspender la moción de censura, como le exigían los demás firmantes del Pacto de 1998, son fútiles: que su partido había sido el más votado, y que no se trata propiamente de transfuguismo porque los dos que apoyaban la moción habían sido expulsados de su partido.

Los intercambios de descalificaciones recientes entre el nuevo alcalde y el tránsfuga principal -se han llamado entre sí payaso, fascista o cáncer del PP, entre otras lindezas- fueron recordados en el pleno de ayer, añadiendo sordidez a este proceso, en el que tampoco han faltado acusaciones de soborno y otras formas de corrupción. Lo peor de la política a escala local, personificado por el tránsfuga en jefe de la operación, se ha dado cita en el caso. Hay antecedentes de operaciones similares en beneficio del PSOE, pero es la primera que ocurre desde las elecciones últimas en una capital de provincia, y la primera ocasión en que la reunión de la Comisión de Seguimiento reunida para tratar el caso se limita a constatar su impotencia ante la negativa del PP a aplicar lo que la letra y el espítitu del pacto señalan.

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