3 diciembre 2021

Antonio Maestre la acusa de introducir un discurso fascista

Ana Iris Simón reivindica la tolerancia con ideas ajenas reivindicando los amigos de juventud y es acusada de legitimar la equidistancia ante el fascismo

Hechos

  • El 3.12.2021 Dña. Ana Iris Simón publica el artículo Tan jóvenes y tan viejos en EL PAÍS.

Lecturas

La periodista y tertuliana trans Dña. Elizabeth Duval y el periodista D. Raúl Solís, fueron dos de las personas que tuitearon contra el artículo de Dña. Ana Iris Simón.

03 Junio 2021

Antonio Maestre y la pureza de la izquierda

Juan Soto Ivars

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Según Maestre, la gente de izquierdas debe tener mucho cuidado con dejarse ver cerca de elementos fascista​s, hasta el punto de ir a promocionar sus libros en espacios limpios

Antonio Maestre señaló públicamente el martes en Twitter a Ana Iris Simón por haber concedido una entrevista en «un canal fascista» de YouTube. Su conducta fue deprimente, pero creo que responde a una estrategia, y eso me interesa más. Quería marcarla con un estigma para volverla intocable. Me pareció un intento de minar su creciente prestigio, que por algún motivo él debe de considerar peligroso. Según Maestre (el mismo al que vemos debatir con Eduardo Inda en La Sexta), la gente de izquierdas debe tener mucho cuidado con dejarse ver cerca de elementos fascistas, hasta el punto de ir a promocionar sus libros en espacios limpios, y si es posible consensuados con algún comité del que yo, al menos, no tengo la más mínima noticia.

Lo que venía a decir, con una arrogancia detectable por los sismógrafos, es que cualquier cosa que Maestre considere “hacer el juego al enemigo” queda totalmente prohibida para los autores progresistas. Esto me lo dijo, de hecho, literalmente: «No se da entrevistas a neofascistas«. Punto. ¿De dónde ha recibido esa autoridad? ¿De qué soviet o productora audiovisual le ha llovido? Maestre tiene un talento particular para encontrar fascistas: el problema es que ahora piensa que el fascismo se contagia. Desde ‘La Marea’, ha hecho un trabajo concienzudo destapando ‘skinheads’ inscritos en Vox, y ha logrado que algunos fueran expulsados. Dejó demostrado, o eso creyó él, que Ana Iris Simón estaba concediendo una entrevista en el canal de extrema derecha. Aunque en su investigación sobre el neofascismo en Youtube se le escaparon algunos detalles: por ejemplo que Iñaki López, su jefe en La Sexta Noche, también apareció en el mismo canal. Ahora bien: ¿y qué? ¿Acusar a Simón por ello? ¿Prohibírselo? ¿También a Iñaki López?

Aunque en el caso de que fuera cierto que el canal tiene esa línea, la insinuación de que una autora se contagia de la ideología de aquellos que la entrevistan es un truco baratísimo. Simón es la escritora que más debates está provocando, y es normal que gente de lo más variopinta se la haya rifado. Ha concedido entrevistas a quien se las ha pedido, desde Juan Carlos Monedero a Carlos Herrera, pasando por toda clase de medios de izquierdas, derechas, centro-centrado y caza y pesca. Aunque al principio parecía celebrada sólo por los conservadores, una parte de la izquierda se puso las pilas. Señalarla por dejarse ver en un canal de YouTube específico es absolutamente ridículo. Y además, un argumento típico de cazador de brujas. “¡La vieron a usted con el diablo a tal hora, en tal sitio! ¿Niega usted que estuvo con el diablo?”. Ni siquiera atacaba Maestre las palabras de Simón en la entrevista, no: la atacaba por prestarse a hablar de su libro con Satanás.

Pero lo de Maestre no ha sido el arrebato de un día. Él y algunos gorilas de puerta llevan tiempo tratando de demostrar el crecimiento de una izquierda ‘rojiparda’ en España, muy peligrosa para los derechos de las minorías, y concomitante con el fascismo. Según ellos, el problema es que esa izquierda maneja ideas que son cosa de fachas, como la familia, las fronteras, lo material o la industrialización. Les debió tocar la cabeza leer Limónov y ahora ven nazbols por todas partes. De este fenómeno espectral encuentran ejemplos en las palabras de Ana Iris Simón, que habría sido un elemento galvanizador, y en un cóctel tan disparatado como el que sale si juntas a gente tan dispar como Jorge Verstrynge, Santiago Armesilla (Razón Comunista), Roberto Vaquero (Frente Obrero) o Daniel Bernabé.

Pero la amenaza fantasma no se queda ahí: está en cualquier «camarada» cuyas ideas no encajen con la ortodoxia. Son las viejas trifulcas del Frente Popular de Judea contra el Frente Judaico Popular, el clásico purismo. Tormentas en vasos de agua, intentos de controlar los límites del club más exigente del mundo, luchas por el territorio. ¡Aquí mando yo, parecen decir, y es izquierda auténtica lo que a mí me sale de los cojones! ¿Existe realmente hoy una izquierda que hace el juego al fascismo? Pues mire, lo dudo. También a los trotskistas los acusaban de ello.

El club más exigente del mundo

Recuerdos del pasado: hubo un tiempo en que yo mismo sufría, queriendo que me consideraran un chiquito de izquierdas, ante las insinuaciones cada vez más extendidas de que era, en realidad, un puto facha y además medio retrasado mental. Para mí este desprestigio era duro, pero inevitable: lo que se me exigía para ponerle fin me parecía demasiado caro. Era como tener que estar bailando en un lugar indeterminado, entre las letras de los Reincidentes y los laberínticos párrafos de Marcuse. Advertí en seguida, en cuanto empecé a hacerme conocido, que debía tener extremo cuidado con decir ciertas cosas, con denunciar ciertas memeces y, sobre todo, con dejarme ver con según quiénes. Para el que vive en la obsesión de ser aceptado por los caprichosos guardianes de la pureza, la libertad es secundaria. Así que acabé tirando la toalla, dejó de importarme. Fue un momento precioso.

Uno compra la libertad pagando, a menudo, el precio de la reputación. Dejó de importarme la percepción que los demás tuvieran de mi ideología, y hoy estas cosas me divierten. Pero, desde donde estoy, reconozco el truco que tratan de hacer con Simón, y me da rabia. Porque es la caza de los herejes, calcada de los tiempos antiguos y actualizada en toda clase de momentos de histeria política. El hereje es el que sigue perteneciendo a la fe, pero, de manera contumaz, cuestiona la ortodoxia. Se le ataca con más violencia que al infiel, puesto que su mera existencia pone en peligro los límites simbólicos del grupo. Se le intentará convencer mediante el miedo y la extorsión, y, si no se amilana, se le expulsará y difamará. Esto lo he desarrollado a fondo en mi último libro, así que no os aburriré más.

Este ha sido el tratamiento que ciertos grupos de ortodoxos han empleado contra Víctor Lenore, Daniel Bernabé, Mimunt HamidoEsteban Hernández, los del Jacobino, miembros de Más Madrid y vaya usted a saber cuántos otros más. Se trata de inhabilitar la discusión sobre temas espinosos a base de descalificaciones, órdenes perentorias en Twitter y sambenitos amenazantes. Así, ideas perfectamente razonables se convierten en pruebas de la existencia del demonio. Las acusaciones son ridículas, como lo fueron en los procesos de la Unión Soviética, pero intramuros funcionan. Porque el miedo del izquierdista a ser considerado un facha hace magia. Y los hay que callan para permanecer. Y los hay que tienen mucho cuidado, no ya de verse con verdaderos fascistas, sino de hacer un retuit. Viven en una aldea, entre visillos. Y gente que nunca se equivoca los vigila.

Así le va a la izquierda, por cierto. Desde las filas del tribunal del pedigrí se ha tildado de enemigos o sospechosos a personas que trataron, con absoluta honestidad, de ejercer una crítica sincera y constructiva. Simón puso el foco en la familia y la renuencia emancipadora a tener hijos, Bernabé en la trampa neoliberal que supone el discurso de la diversidad, Hamido en el absurdo del feminismo islámico, Lenore en la frivolidad del activismo hípster y algunos problemas asociados a la inmigración, Hernández en la ingenuidad de mantener un marco de acción local en un tiempo de globalización absoluta, los del Jacobino o Hásel Paris en la debilidad de una izquierda proclive a simpatizar con el nacionalismo periférico y entrampada en lo simbólico frente a lo material, etcétera. Ahora resulta que todo eso son argumentos ultraderechistas, te dicen los ortodoxos. ¡Y luego se sorprenden si gente normal vota a la ultraderecha!

En fin, da igual. Es un circo de pulgas, pasión de tertulianos. No hay más que ver los resultados electorales para constatar que esa izquierda auténtica sólo le importa a los que defienden su pureza. No sé si, como dice Maestre, todo está en Bourdieu. Donde seguro que hay algo es en Camus.

03 Diciembre 2021

Tan jóvenes y tan viejos

Ana Iris Simón

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La amistad va más de tolerar que de querer cambiar, de comprender que de exigir; es lo contrario al presentismo pero requiere presencia, que muchas veces se basa en querer al otro a pesar de y no por sus pareceres y opiniones

Llevo con los mismos 12 amigos desde que, con 12 años, nos conocimos en el instituto. Sin necesidad de cuotas ni de cursillos de deconstrucción de roles de género siempre hemos sido cinco chicas y siete chicos, lo que en la adolescencia, os podéis imaginar, dio mucho juego.

Llevamos más de media vida juntos, así que nos hemos abrazado en festivales y en tanatorios, en bodas y en rupturas amorosas. Nos hemos visto llorar y reír, hemos discutido y nos hemos reconciliado, hemos pedido perdón y hemos perdonado. Juntos hemos aprendido que la amistad, con los años y como casi todo, se va convirtiendo en lo contrario a lo que uno pensaba que era en la adolescencia, cuando la empezó a descubrir. Que va más de tolerar que de querer cambiar, de comprender que de exigir; que es lo contrario al presentismo pero requiere presencia, que muchas veces se basa en querer al otro a pesar de y no por sus pareceres y opiniones sobre lo divino y lo humano. Y que eso es el amor.

Después han llegado otros, claro, amigos de la universidad o del trabajo, colegas que se hacen por afinidades relativas al ocio, al parecer político e incluso a la clase social, pero es con mis 12 amigos de siempre con quienes hablo como si me hablara a mí misma: conozco los niños que fueron, así que sé por qué se acabaron convirtiendo en los adultos que son. Eso siempre es jugar con ventaja.

La semana que viene celebraremos el cumpleaños de los últimos en alcanzar la treintena, Cynthia y Banegas, y este año que acaba se nos ha casado la primera y la primera —yo— ha tenido un crío. Como ni la juventud ni la vida adulta son lo que eran, como ya no existe el imperativo de ir tachando de la lista una serie de rituales de paso que le convierten a uno en un hombre hecho y derecho sino que lo que vivimos es casi lo contrario, la recomendación encarecida de huir de ellos, mis amigos y yo nunca habíamos tenido vidas tan dispares.

Los hay con trabajos estables, con empleos precarios e incluso en paro. Hay casados, parejas de hecho y hay quien sigue usando Tinder. Hay quien comparte piso, quien vive con su pareja y quien aún está en casa de sus padres, porque en muchos casos el imperativo no es solo social sino material. Algunos no es que no quieran, es que no pueden conquistar lo que hasta ayer significaba la adultez: dejar de depender económicamente de los padres, poder, si uno quiere, convertirse en uno.

La canción de Sabina, esa que dice “tan jóvenes y tan viejos”, nunca había tenido tanto sentido. Hoy uno cumple 30 y no sabe muy bien qué es. Nos pasa como a mi hermano de crío, que como quería ser mayor se inventaba tramos de edad que no existían: con siete años decía de él que era un joven adolescente y que mi padre, con cuarenta y pico, era un maduro interesante. Esto último probablemente fuera verdad.

La juventud ya no es un estado del alma, como decía aquel, sino un imperativo, pero las canas salen por mucho que uno se empeñe en seguir usando gorra pasados los 30. En el año en que los hemos cumplido, pienso en mis 12 amigos y en que cada vez contamos más anécdotas y fabricamos menos, pero al fin y al cabo eso es la vida. Y pienso, también, en el privilegio que ha sido y es crecer con ellos.

25 Mayo 2021

La izquierda lepenista y la nostalgia de un ensueño

Antonio Maestre

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No hay nada más reaccionario y falsario que mitificar la nostalgia de los 70 y 80 y la vida de nuestros padres. Claro que tu vida es mejor que la de tus padres, porque tienes un colchón de estabilidad que te han dado ellos, a los que acudir cuando se rompe la red que tú te has tejido.

El mayor pecado de Unidas Podemos es uno del que se habla muy poco, haber dado espacio a Jorge Verstrynge como representante intelectual del partido en sus inicios dejando vía libre a su último intento de inculcar las ideas de la ‘Nouvelle Droite’ en España. Después de fracasar para instaurar el fascismo español en Alianza Popular esperó su momento y lo encontró por la amistad con Pablo Iglesias para valerse de un altavoz como portavoz oficioso y aprovechar cada minuto para inocular poco a poco las ideas reaccionarias contra la migración en parte de la izquierda. Verstrynge es listo y conoce muy bien las fronteras difusas que el pensamiento fascista tiene con la izquierda para crear una confusión ideológica que en tiempos líquidos es fácilmente asible por gente sin escrúpulos y despistados con ínfulas.

Hay una línea trazada, un hilo pardo que une a Alain de Benoist, Jorge Verstrynge, Hogar Social Madrid y Jorge Buxadé. Un bloque de pensamiento empeñado en continuar los adoradores del artículo-manifiesto que firmaron Anguita, Monereo e Illueca y que ellos mismos, excluyendo a Monereo, acabaron matizando al darse cuenta del peligro que suponía vincularse de manera tan directa a postulados próximos al neofascismo. Una corriente ideológica que encuentra su máxima expresión en la ardua e insistente tarea del frente anti-diversidad y del empeño de Daniel Bernabé por reducir al absurdo su propio trabajo ensayístico hasta convertirse en una caricatura que compró la perversión que se hacía de su mensaje en redes y que ahora, haciendo cuña en El Confidencial, busca explicarle a la izquierda institucional la necesidad de instaurar en España su marginalidad convertida en izquierda lepenista. «Travail, Famille, Patrie», el lema de la Francia colaboracionista de Vichy que firmaría cualquiera de los arriba indicados como núcleo fundamental de su corpus de pensamiento.

Así es su izquierda. Una izquierda tradicionalista que quiere contraponerse a la multicultural y que exige obviar las políticas de identidad para centrarse en lo material, pero que paradójicamente gasta su tiempo hasta lo obsesivo en nimios debates identitarios a los que nadie presta más atención que ellos. Porque no hay nadie que se fije más en las disputas culturales que aquellos que exigen medidas materiales hasta llegar a ridiculizar la importancia para las minorías de los avances en los derechos que igualan en ciudadanía a colectivos históricamente oprimidos. Una izquierda que exige un discurso obrerista que atienda a las mismas inquietudes que la extrema derecha pero sin capacidad para movilizar y capitalizar los beneficios de comprarle el marco a la ultraderecha. Una izquierda que apela únicamente a una clase obrera cada vez más atomizada pero jugando en el campo de batalla de la derecha radical. Un desastre estratégico absoluto que solo es válido cuando se mitifica un pasado de derrotas. Una izquierda que se postula como solución a la llegada de ultraderecha, cuando con sus ideas no haría falta que llegara.

El discurso de Ana Iris Simón ante Pedro Sánchez ha vuelto a poner en el debate público las frágiles fronteras que existen entre el nacional-sindicalismo y el progresismo y lo fácil que es colar un mensaje reaccionario que podría firmar cualquier carlista, falangista o lepenista apelando a la pureza que la izquierda debe defender. Están muy estudiados y teorizados los resquicios sobre los que se sustenta el discurso obrerista de la extrema derecha para cooptar el mensaje proteccionista de derechos de la izquierda como para que un mensaje tan simple y obvio pueda engañar. Ignoro si Ana Iris Simón es consciente de las implicaciones de su discurso o es simplemente víctima de él. No estoy aquí para juzgar sus intenciones, sino solo lo que implica su pensamiento porque es el que durante años han estado inoculando en el espacio europeo la ‘Nouvelle Droite’ y el gran filósofo francés, icono del Frente Nacional, Alain de Benoist.

Todo lo expuesto por Ana Iris Simón de forma condensada está en el ‘Manifiesto por un renacimiento europeo’, la obra fundacional de la extrema derecha lepenista firmada por Alain de Benoist y Charles Champeter que marca los principios teóricos del pensamiento que la izquierda tradicionalista está defendiendo. Un manifiesto que evalúa la inmigración como un fenómeno negativo que convierte al migrante en mercancía deslocalizable y se muestra a favor de políticas de restricción migratoria huyendo de la etiqueta de racista en favor de un antirracismo diferencialista contrario a la asimilación y la exclusión. Es decir, para de Benoist no existen razas superiores a otras pero cada una debe desarrollarse por separado en sus áreas de expresión territorial y cultural. En definitiva, no son racistas, son ordenados. El argumento tópico de la extrema derecha que dice no tener nada en contra de los inmigrantes pero quiere que se queden en su propio país. Es importante incidir en el tema de la inmigración porque es lo que a la izquierda le diferencia del Lepenismo. Si acoges sus postulados en esa materia ya estás en sus filas.

Ese es el problema fundamental del discurso de Ana Iris Simón y de quienes lo alaban. Tradición y revolución. Un discurso que apela a los valores de la familia, la natalidad, lo rural y bucólico, la nostalgia de un pasado idealizado exigiendo certidumbre, seguridad y orden pero excluyendo de los derechos del estado del bienestar a los migrantes puede ser muchas cosas pero nunca será progresista. No es solo conservador, es reaccionario. Lo es por cómo se presenta, por cuáles son los objetivos y cuáles son los obstáculos que impiden alcanzarlo. Un discurso de repliegue nacional, identitario y que busca cerrarse en sí mismo ante el abismo que le depara el futuro.

Casa, trabajo y seguridad. Es la máxima aspiración de la clase obrera. Todas la queremos. Pero de toda la clase obrera, sin exclusión. Lo que diferencia a una persona de izquierdas de un nazi de Bastión Frontal es considerar a un migrante de Senegal perceptor de pleno derecho de los mismos beneficios que una chica de Soria o un abuelo de Cáceres. No le den más vueltas, esa es la posición clave que marca la diferencia entre un marxista y un falangista. Si cuando hablas de inmigración no te fijas en dotar de seguridad laboral y estabilidad al temporero de Almería y pones el foco en que tendrían que quedarse en su país para pagar unas pensiones inexistentes en vez de las nuestras, estás culpando a la inmigración de que ese puesto de trabajo ocupado por un negro no sea de un joven de El Ejido. Porque la izquierda no ubica a cada raza en su país, se ocupa de que estén donde estén no les exploten y tengan dignidad y unos derechos humanos y laborales decentes. Claro que no hay que ver a los migrantes como divisas, sino como seres humanos sujetos de derechos. Si diferencias entre migrantes y nacionales no eres de izquierdas, solo un chovinista del estado del bienestar replicando el discurso de la ‘Nouvelle Droite’; en vez de defenderlos quieres que no existan.

Exportar de fuera la natalidad en vez de importarla dentro, dijo Simón. Es que no hay que elegir, no importa de dónde sean los bebés nacidos porque no existe el derecho a tener descendencia. Mantener la pirámide de población con una base amplia con niños españoles de color blanco no es una medida de izquierdas, sino racista, por eso no importa de qué color sean los niños que llenan nuestras guarderías, que sí tienen que ser gratuitas sin importar de dónde sean los progenitores. El reemplazo demográfico es una teoría racista de la extrema derecha que la izquierda no solo no tiene que adoptar, sino que tiene que combatir como parte indispensable de su pensamiento.

Pagar las pensiones de sus padres o de sus abuelos es el argumento del ordenado que no se atreve a mostrar lo racista que es decidir cuál es el lugar de cada ciudadano. Los lepenistas, falangistas, carlistas y neofascistas pocas veces se atreven a explicitar que no quieren compartir espacio con negros, magrebíes o latinos por su raza, en su lugar argumentan que no hay recursos suficientes para todos y así tienen que desarrollar su propio país. No se le roba la mano de obra a quien no tiene obra, porque la manera que los migrantes tienen de pagarle el bienestar a su familia es con las remesas de divisas que consiguen en los países donde sí existe trabajo, porque ellos no tienen pensiones, y su manera de sobrevivir es compartir espacio y trabajo con nosotros. El mientras tanto. Si hay algo más indigno que robar la posibilidad a un migrante de venir a ganarse la vida a nuestro país para ayudar a su familia en el suyo es intentar vestirlo de obra de samaritano.

 

Es relevante el adanismo de algunos autores que quieren reinventar el pensamiento marxista hablando de los problemas de la diversidad sin mencionar a Claus Offe o de la familia sin partir de la obra de Friedrich Engels. La familia, claro que la familia es importante. Adoramos a las nuestras, en muchos casos son el único capital social de la clase trabajadora. Pero que la familia es un sujeto político causante de los mecanismos de opresión económicos, de clase y género está teorizado desde el siglo XIX. No hay nada más posmoderno que querer ocultar doscientos años de cultura y pensamiento y pretender convertirse en intelectual usando un mensaje natalista sin dotarlo de una reelaboración profunda del pensamiento reaccionario anclado en el concepto tradicional de familia. Pretender cambiar cientos de años de superestructura por desear muy fuerte tener un hijo y nostalgia de tu pueblo.

No hay nada más reaccionario y falsario que mitificar la nostalgia de los 70 y 80 y la vida de nuestros padres. La inmensa mayoría que tiene envidia de una estabilidad y certidumbres ficticias y ensoñadas basadas en un modelo de familia en el que el padre trabajaba de sol a sol para pagar las letras de una hipoteca mientras la madre no salía de casa pariendo, cuidando y limpiando para, como mucho, tener una semana de vacaciones en la costa no cambiaría un solo mes de su vida por la de sus padres. Gente que se gana la vida, mal, pero se la gana, escribiendo columnas y libros antes de los 30 considera que vive peor que sus padres porque no tiene hipoteca. Todos y cada uno de los logros de la vida que eres, de los viajes que tienes y de las fiestas que te das se deben a miles de renuncias de tus padres, madres, abuelos y abuelas.

Claro que tu vida es mejor que la de tus padres, porque tienes un colchón de estabilidad que te han dado ellos a los que acudir cuando se rompe la red que tú te has tejido. Ese es el privilegio que tus padres no tuvieron, la carrera que estudiaste a base de horas extras de tu padre y cuidados de tu madre es la que ahora te permite intelectualizar tu precariedad. Porque ellos lo fueron más aún, pero no tenían tiempo para pensarlo. Fuiste feliz y romantizaste la vida de tu infancia porque te construyeron un nido que no te dejó ver la vida de mierda que han tenido y que es mucho peor que la que te permite hablar en un foro de tanta representatividad. Si algo debes a tus padres es no idealizar su sacrificio diciendo que envidias lo que ellos jamás tuvieron. Una izquierda tradicionalista que exige volver a un pasado idílico inventado y le roba la memoria del sacrificio a su padre y a su madre nunca puede ser vanguardia.