5 febrero 1967

Las elecciones son consideradas un simulacro y se considera que su gobierno seguirá siendo una dictadura familiar

Anastasio Somoza Debayle, tercer Somoza que asume la presidencia de Nicaragua tras su padre y su hermano

Hechos

  • Anastasio Somoza Debayle fue elegido presidente por primera vez el 5 de febrero de 1967, derrotando al candidato presidencial de la Unión Nacional Opositora (UNO), Fernando Agüero Rocha (conservador).

El Análisis

Nicaragua: una república en manos de una familia

JF Lamata

Con la toma de posesión de Anastasio Somoza Debayle, Nicaragua cierra un círculo que revela más continuidad que cambio. Aunque se celebran elecciones, y aunque se proclama un sistema republicano, los hechos muestran una realidad incuestionable: el país ha estado gobernado, directa o indirectamente, por la misma familia desde hace más de tres décadas. Tras la muerte del patriarca, Anastasio Somoza García, asesinado en 1956, el poder pasó a su hijo Luis Somoza Debayle. Ahora en 1967, el mismo año que muere Luis Somoza, ha llegado el turno del hermano menor, conocido como “Tachito”, mientras en los años intermedios gobernaron figuras que actuaron como simples administradores de transición bajo el control del aparato somocista.

El régimen de los Somoza ha mantenido una apariencia institucional que le ha servido tanto para blindar su poder como para conservar el apoyo de Estados Unidos. Washington ha visto en Nicaragua un socio estable, alineado y útil en la región, sobre todo frente al temor al avance del comunismo tras la revolución cubana. A cambio, ha tolerado la corrupción, el clientelismo y las limitaciones a las libertades políticas en el país. Las denuncias de fraude electoral son sistemáticas, la oposición se encuentra marginada y muchas voces disidentes han sido silenciadas. La Guardia Nacional —instrumento clave de este dominio— responde no al Estado, sino a la familia Somoza.

En estos años, Nicaragua ha vivido momentos de crecimiento económico, pero acompañados de una profunda desigualdad. La riqueza se concentra en unas pocas manos —muchas de ellas ligadas al clan gobernante— mientras vastas regiones del país viven en la pobreza y sin acceso a derechos básicos. La tierra, el capital, los medios de comunicación y las instituciones se encuentran cada vez más subordinados a una estructura de poder familiar. Con Anastasio Somoza Debayle en el poder, lo que se perpetúa no es una presidencia, sino una dinastía. El pueblo nicaragüense sigue esperando algo que se parezca, siquiera de lejos, a una auténtica democracia.

J. F. Lamata