18 septiembre 1956

Estaba considerado un firme aliado de los Estados Unidos de América

Asesinado el dictador de Nicaragua, Anastasio Somoza García. Le reemplazará su hijo Luis Somoza

Hechos

El 29.09.1956 Falleció Anastasio Somoza García, Presidente de Nicaragua, que fue reemplazado por su hijo, Luis Somoza Debayle.

Lecturas

Augusto César Sandino murió asesinado por Somoza en 1934.

Luis Somoza Debayle, hijo de Anastasio Somoza García, es desde este 29 de septiembre de 1956 hasta el 1 de mayo de 1957 nuevo presidente de Nicaragua con poderes de dictador. Concluirá así el mandato de su padre muerto esta madrugada como consecuencia de sus graves heridas: Somoza García fue abatido a tiros el 21 de este mes por uno de los invitados a una fiesta en la ciudad de León, a la que asistian el dictador y su hijo, Anastasio, jefe de la Guardia Nacional.

Somoza fue ingresado en el hospital norteamericano Gorgas, en Balboa, dentro de la zona del canal de Panamá. Sometido a una operación quirúrgica para extraerle las balas, pareció experimentar una ligera mejoría, pero no tardó en empeorar.

En vista de su estado, el Congreso – formado por somocista – decidió el nombramiento de su hijo Luis, que es, además, presidente de la Cámara de Diputados.


ESTADOS UNIDOS EXPRESA SU LAMENTO POR LA MUERTE DEL DICTADOR

eisenhower

«La nación y yo, personalmente, lamenta la muerte del presidente Somoza de Nicaragua como consecuencia del ataque cobarde de un asesino. El presidente Somoza hizo constar siempre pública y privadamente su amistad por los Estados Unidos, una amistad que persistió hasta el momento de su muerte«. (Dwight D. Eisenhower, presidente de EEUU)

30 Septiembre 1956

DON TACHO

LA VANGUARDIA (Director: Luis de Galinsoga)

Leer

Tacho Somoza, el hombre fuerte de Nicaragua y el más duro de los gobernantes de América central, ha sucumbido a las heridas recibidas en el atentado que perpetró contra él hace unos días su compatriota el periodista Rigoberto López Pérez, que acababa de volver del exilio y que murió tras el magnicidio entonces frustrado. Si  el carácter del desaparecido Presidente pudiese ser definido con un solo trazo, tal vez el mismo quede contenido en la exclamación que pronunció, apenas recobraba la consciencia, cuando le dijeron que su agresor no existía ya: «¡Que pena que haya muerto! ¡Hubiera sido mejor cogerlo vivo!».

Esto creemos que revela ya bastante y explica sin más su permanencia de cuatro lustros en el poder, que ha ejercido desde 1936, dejando a salvo el interregno de 1947-1950, durante el cual, sin embargo, si no ocupó la primera magistratura de su nación de verdad es que siguió mandando, bien como jefe del Ejército, bien como patricio temido a través de presidentes – Argüello el primero – que él designaba o deponía según su criterio.

Como en tantos otros casos que ofrece la política centro y sudamericana, Anastasio Somoza, convencido de la excelencia de sus ideas personalistas, puede decirse que ha ejercido una suerte de cesarismo ilustrado, y en verdad Nicaragua ha conocido bajo su égida tranquilidad interior que no estaba exenta, empero, de las asechanzas de una oposición muy vigorosa por parte, principalmente, de la fracción conservadora del país cuyo líder era el general Emiliano Chamorro y que contaba con una fuerza indudable a pesar de que sus elementos más significados hace ya años que viven en el destierro.

Anastasio Somoza – ‘Don Tacho’ – sin duda recordando precedentes que no fueron beneficiosos para anteriores figuras de Nicaragua ni para el propio país había sabido cultivar la amistad de los Estados Unidos, aunque él declaraba, con no poca zumba que si bien personalmente era muy amigo de los norteamericanos, como jefe del Poder Ejecutivo de su nación pretendía continuamente apartar de su alma tal sentimiento de amistad, por lo menos mientras los Estados Unidos fueran tan fuertes. Especie de paradoja que le permitía llegar, no obstante, a realidades concretas que subrayó mediante actos tan decisivos como su actitud durante la segunda guerra mundial, en la que por decreto presidencial simple y puro, declaró la guerra a las potencias del Eje.

De carácter bronco, repetimos, son famosas sus actitudes en determinados momentos. Verbigracia, aquel reto a duelo de revolver que dirigió al presidente Figueres de Costa Rica Uno de los incidentes fronterizos estimaba el podían dirimirse perfectamente a pistoletazos entre las dos autoridades supremas de cada país en la línea divisoria común.

Con todo, el programa de Gobierno que Somoza ha procurado llevar a cabo apoyándose en las fuerzas de su partido y en no pocos epígonos creados por su evidente nepotismo – un hijo suyo asume desde hace tiempo la jefatura suprema del Ejército – ha mantenido teóricamente el respeto a las instituciones democráticas y ha procurado el desarrollo de la justicia social y el desenvolvimiento de la cultura nacional y popular.

El alma de un centauro de América, letrado y con chaquetas de blanca seda.

El Análisis

Somoza ha muerto, pero el somocismo sigue vivo

JF Lamata

Anastasio Somoza García ha caído bajo las balas de un joven poeta solitario, Rigoberto López Pérez. No es habitual que las dictaduras latinoamericanas mueran de muerte súbita, pero cuando ocurre, el estruendo deja al descubierto las grietas del poder. Somoza gobernó Nicaragua como un feudo personal desde 1936, tras consolidarse como jefe de la Guardia Nacional. Se disfrazó de presidente electo, pero fue un caudillo de libro: manipulador, clientelista, implacable. Lo respaldaban Estados Unidos y un aparato represivo eficiente. Lo sostenía una red de intereses económicos familiares que convirtió al Estado en negocio privado.

¿Fue esta muerte una venganza aplazada de la historia? ¿El eco tardío del asesinato de Sandino, aquel rebelde al que Somoza mandó matar en 1934 para abrirse paso al poder? Puede que sí. Pero esta vez, a diferencia de entonces, el mártir es el dictador. La diferencia es que donde Sandino cayó y su causa revivió, Somoza cae pero su régimen sobrevive. Porque con él no muere el somocismo: sus hijos —Luis y Anastasio hijo— y su entorno seguirán dirigiendo el país como si nada hubiera pasado. Washington ya ha hecho saber que su apoyo permanece intacto.

Así que Nicaragua amanece sin Somoza, pero no sin su sombra. El sistema sigue siendo el mismo: una república de papel bajo un poder familiar blindado por la fuerza y el beneplácito extranjero. La bala que mató al dictador no alcanzó al régimen. Queda ver si la historia volverá a intentarlo.

J. F. Lamata