22 octubre 1945
Un intento para apartarle del poder sólo ha conseguido reforzarle
Argentina: El dictador Edelmiro J. Farrell cede el control de su Gobierno al coronel Juan Domingo Perón
Hechos
Fue noticia el 22.10.1945.
Lecturas
Edelmiro J. Farrell, presidente de la República Argentina ha anunciado la formación de un nuevo gobierno, constituido esta vez íntegramente por partidarios del coronel Perón.
Se pone fin así a la crisis gubernamental que desde hace meses padece Argentina, como consecuencia de las presiones que la oposición antiperonista ha venido ejerciendo sobre el general Farrell, dictador de Argentina desde que en 1943 sustituyera al general Ramírez.
Al asumir la presidencia Farrell designó vicepresidente y ministro de la Guerra al coronel Perón, con quien le unía una vieja amistad, y le permitió conservar su cargo al frente de la secretaría de Trabajo y Previsión.
Los partidos políticos tradicionales, tanto de derecha como de izquierda, veían con desconfianza que el poder se iba concentrando en manos de Perón, ya líder indiscutido de las clases populares. Comenzó así una escalada opositora que se fue contagiando a algunos sectores del ejército.
A fines de septiembre se frustró en Córdoba un alzamiento, que debía dirigir el general Rawson. Como consecuencia del intento de golpe, Farrell decretó el estado de sitio, encarceló a dirigentes políticos e hizo detener a unos 2.000 estudiantes que habían tomado tres facultadores de la universidad de Buenos Aires. También fue impuesta una estricta censura de prensa.
La tensión fue en aumento hasta que el 8 de octubre en una reunión de jefes militares se decidió exigir a Farrell la renuncia de Perón a todos sus cargos. Impotente para sostenerle, Farrell le transmitió la decisión, que fue acatada sin objeciones por Perón.
Antes de retirarse; habló a los trabajadores de la Secretaría de Trabajo y su discurso fue transmitido por la red de radiodifusión. Para la clase obrera fue evidente, a partir de ese momento la amenaza que se cernía sobre las conquistas laborales promovidas por Perón.
En la madrugada del 12 de octubre de 1945 Perón fue detenido y trasladado a la isla de Martín García. Así pretendía Farrell preservarle la vida. Pero el confinamiento convirtió a Perón en un mártir, y mientras todo parecía encaminado a formar un gabinete con figuras anteriores al 43, el malestar popular fue creciendo hasta desbordarse el 17 de octubre.
En las primeras horas de ese día, miles de hombres y mujeres comenzaron a avanzar hacia el centro de la ciudad de Buenos Aires. La policía no les puso demasiados obstáculos. A medianoche, la multitud colmaba la plaza de Mayo y las calles adyacente, gritando el nombre de Perón. Farrell salió al balcón de la Casa Rosada para anunciarles que Perón hablaría.
Y habló, pero las ovaciones ahogaron sus palabras. La muchedumbre no se disolvió hasta la madrugada. Perón ha triunfado. Los militares anti-Perón dieron marcha atrás. Farrell podía formar un nuevo gobierno ‘peronista’.
Perón se convertirá en presidente de Argentina tras ganar las elecciones de 1946
El Análisis
En Argentina, la dictadura militar ha cambiado de cara, pero no de esencia. El coronel Juan Domingo Perón, que hasta hace días parecía políticamente enterrado en la isla de Martín García, ha regresado triunfal entre vítores y multitudes. Lo que parecía una crisis interna del Ejército se ha convertido en una puesta en escena donde los uniformes ceden paso a los discursos, pero no a las urnas. El nuevo Gobierno, completamente peronista, no es el fruto de un consenso político, sino de una presión popular bien canalizada por un hábil coronel que sabe hablarle al pueblo —y mandar desde las alturas.
Perón ha construido su poder con eficacia: entregó mejoras laborales, se rodeó de sindicatos agradecidos y supo hacerse mártir cuando le fue conveniente. La oposición, fragmentada y elitista, no ha entendido que la política del siglo XX ya no se gana en salones sino en las plazas. Pero que una muchedumbre grite no significa que haya democracia. Las detenciones de estudiantes, la censura de prensa y el estado de sitio no son precisamente los pilares de un nuevo régimen libre.
Argentina se lanza ahora a un experimento singular: un militar en nombre de los trabajadores, un líder fuerte que dice hablar por todos. Lo que está por verse es si esta nueva fórmula terminará siendo una salida al atraso o simplemente otra versión del autoritarismo de siempre, sólo que con pancartas y aplausos.
J. F. Lamata