24 octubre 1945

El ex dictador de Noruega, Vidkun Quisling, líder fascista en aquel país, fusilado por su colaboración con los nazis

Hechos

El 24.10.1945 fue ejecutado Vidkun Quisling, máximo dirigente de Noruega entre 1940 y mayo de 1945, cuando el país estuvo ocupado por Alemania.

Lecturas

Por el delito de alta traición a Noruega ha sido condenado a muerte Vidkun Quisling, dictador de Noruega durante la invasión alemana en el periodo 1940-1945. Proclamado Jefe de Estado de Noruega en 1942 por los alemanes. 

Desde entonces los gobiernos que colaboran con los invasores son apodados como los ‘quislings’ por la prensa de todo el mundo (incluida la española).

La causa contra Quisling se había iniciado el 20 de agosto en el marco de las tareas encomendadas a la Comisión de Investigación, cuyo objeto era examinar la conducta de parlamentarios, miembros del gobierno, jueces de la Suprema Corte y funcionarios civiles y militares desde la ocupación alemana en 1940.

El Análisis

El traidor por antonomasia

JF Lamata

Octubre de 1945 ha marcado el final de Vidkun Quisling, fusilado en la fortaleza de Akershus tras ser hallado culpable de alta traición, colaboración con el enemigo e implicación directa en crímenes contra la población noruega durante la ocupación nazi. Su caída no ha sorprendido a nadie. La sentencia —ejecución— ha sido menos un castigo que una formalidad judicial, porque la Historia ya había dictado su veredicto: Quisling fue la encarnación misma del colaboracionismo.

Como otros líderes que se vendieron al III Reich —Pierre Laval en Francia, Ion Antonescu en Rumanía, Jozef Tiso en Eslovaquia o Ferenc Szálasi en Hungría—, Quisling gobernó en nombre del invasor, persiguió a sus compatriotas y facilitó la deportación de judíos y la represión de la resistencia. Pero él fue más allá: aspiró a una Noruega nazificada, y para ello no dudó en destruir su propio país. Hoy su nombre ha quedado como sinónimo universal de “traidor” y de “títere”, un lugar simbólico que quizá sea su castigo más duradero que la ejecución misma. Noruega, libre al fin, ha cerrado así una de las páginas más amargas de su historia.

J. F. Lamata