1 junio 1946
El ex dictador de Rumanía, Ion Antonescu, condenado a muerte y ejecutado por su colaboración con los nazis
Hechos
Ion Antonescu, jefe de Gobierno de Rumanía entre 1940 y 1944 fue condenado a muerte el 18.05.1946.
Lecturas
A las 6 de la tarde de este 1 de junio de 1946 han sido fusilados en Bucarest, el mariscal Ion Antonescu, Mihail Antonescu, Vasiliu y Alexianu. Antonescu fue el dictador absoluto de Rumanía durante la segunda guerra mundial, aliado de Hitler.
Se ha dictado así cumplimiento a la sentencia dictada el 17 de mayo por un tribunal popular (comunista).
El tribuna había rechazado, el 28 de mayo, las peticiones de clemencia presentadas por el mariscal Vasiliu y Alexianu, ministros en el gobierno de Antonescu.
La máxima pena se basa en haber cometido crímenes de guerra y la responsabilidad en este desastre por haberse aliado con la Alemania nazi de Hitler, perdedora de esta Segunda Guerra Mundial.
El Análisis
Con los fusiles descargados esta tarde en el patio de la prisión militar de Jilava, Rumanía ha cerrado un capítulo doloroso de su historia reciente. Ion Antonescu, el mariscal que gobernó el país con mano férrea entre 1940 y 1944, ha pagado con su vida el precio de haberse aliado con el Tercer Reich. Junto a él, Mihail Antonescu, su ministro de Exteriores, y los ministros Vasiliu y Alexianu, han sido ejecutados tras la condena dictada el pasado 17 de mayo por un tribunal popular rumano, bajo un clima político ya abiertamente alineado con la órbita soviética. No hubo clemencia: los crímenes de guerra, la represión brutal y la participación activa en el Holocausto pesaron más que cualquier servicio prestado a la patria.
Antonescu, como Laval en Francia, Quisling en Noruega, Szálasi en Hungria o Tiso en Eslovaquia, apostó por Hitler, convencido de que la victoria del Eje permitiría a Rumanía recuperar territorios y prestigio. Pero el mariscal no fue sólo un aliado: fue un entusiasta colaborador de la causa nazi, implicando al país en una guerra devastadora y en políticas de exterminio contra judíos y minorías. Su caída en 1944, tras ser arrestado por el rey Miguel I, lo convirtió en un cadáver político a la espera de juicio. Hoy, con su ejecución, se oficializa lo que la historia ya había escrito: que aliarse con la barbarie y perder no solo trae la derrota, sino también la depuración.
J. F. Lamata