2 junio 1946
Al contrario que en el referendum de Grecia, donde ganaron los monárquicos, en Italia han ganado los republicanos por la Corona que permitió a Mussolini que el país se aliara a Hitler
Un referéndum en Italia acaba con la Monarquía del Rey Humberto e instala una República encabezada por la Democracia Cristiana de De Gasperi
Hechos
El 2 de junio de 1946 se celebró un referendum sobre la Monarquía o República, saliendo ganadora esta segunda opción.
Lecturas
El pueblo italiano ha resuelto adoptar en sustitución de la monarquía, la forma republicana de gobierno. Cuando el referéndum era inminente D. Víctor Manuel III abdicó en favor de su hijo sabiendo que si figura era lo que más desagrado causaba en amplios sectores, pero ya era demasiado tarde.
El resultado del referéndum ha sido:
- Votos a favor de la República – 12.182.855 votos.
- Votos a favor de la Monarquía – 10.362.709 votos.
En la misma convocatoria se eligió la Asamblea Constituyente, con el resultado de:
- 7.866.864 votos para la Democracia Cristiana.
- 4.606.509 votos para el Partido Socialista Italiano.
- 4.204.749 votos para el Partido Comunista.
El primer ministro De Gasperi (Democracia Cristiana) asumirá las funciones de jefe del estado, con las mismas atribuciones que el rey, hasta que la nueva Asamblea se reúna el 24 de junio para elegir presidente de la república.
Después de la ceremonia de proclamación de la república y transmisión de poderes, la familia real de Italia encabezada por el último rey, Humberto II, deberá abandonar Italia y exiliarse a Egipto.
De Gasperi es primer ministro de Italia desde noviembre de 1945.
El Análisis
El referéndum celebrado en junio de 1946 marca el punto final de la monarquía en Italia. Con más de 12 millones de votos frente a 10 millones favorables a su continuidad, los italianos han optado por dar paso a una república. No ha sido una victoria arrolladora, pero sí decisiva, y evidencia que la institución real aún contaba con un respaldo importante, especialmente en el sur del país. No obstante, ese apoyo no ha sido suficiente para contrarrestar la carga histórica que arrastraba la figura del rey Víctor Manuel III, quien durante dos décadas sostuvo sin reservas al régimen de Benito Mussolini.
La historia no se puede desandar, pero queda la amarga certeza de que otro desenlace habría sido posible si el anciano monarca hubiera abdicado en favor de su hijo Humberto cuando en 1943 cesó al Duce y pactó con los Aliados. A diferencia de su padre, Humberto II no estaba manchado por los años de connivencia con el fascismo y podría haber ofrecido una imagen renovada de una monarquía constitucional. Pero el tiempo perdido fue irrecuperable, y la abdicación sólo llegó cuando el descrédito era ya irreversible.
La Segunda Guerra Mundial ha sido un juicio implacable para las monarquías europeas. Han sobrevivido aquellas cuya legitimidad se reforzó enfrentando al totalitarismo —el rey Jorge VI en el Reino Unido, la reina Guillermina en los Países Bajos, Haakon VII en Noruega, Jorge II en Grecia—. Pero han caído aquellas que coquetearon con dictaduras: Italia se une así a Rumanía y Bulgaria en la lista de monarquías derrocadas. Bélgica, con su aún discutido rey Leopoldo III, permanece en vilo. Víctor Manuel III, al menos, puede agradecer que su giro de última hora en 1943 le haya salvado de acabar como Mussolini: colgado en una plaza por su propio pueblo. Pero el precio ha sido alto: el final de la dinastía que, desde Piamonte, reinó el país desde su creación.
J. F. Lamata