9 mayo 1946

Italia: Humberto II se convierte en el nuevo rey tras la abdicación de su padre Víctor Manuel III en un intento de salvar la Monarquía tras haber apoyado la dictadura fascista

Hechos

El 9 de mayo de 1946 Humberto II se convirtió en el nuevo rey de Italia.

Lecturas

El nuevo rey de Italia Humberto II.

El rey de Italia, Víctor Manuel III abdicó hoy en favor de su hijo, que fue coronado de inmediato como Humberto II de Italia.

La primera medida del nuevo monarca consistió en confirmar en su cargo al gobierno presidido por el líder de la Democracia Cristiana, Alcide De Gasperi.

El secretario general del Partido Comunista de Italia, el stalinista Palmiro Togliatti – que acusa a la monarquía de complicidad con la dictadura de Mussolini – , sostiene que esta abdicación es ilegal, dado que Víctor Manuel III ya había abdicado antes cuando las tropas aliadas encabezadas por Reino Unido y Estados Unidos ocuparon Roma.

En marzo de 1946 Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Soviética acordaron celebrar un referendum sobre la monarquía el 2 de junio de 1946.

El Análisis

No saber retirarse a tiempo

JF Lamata

La abdicación de Víctor Manuel III en mayo de 1946 llega demasiado tarde para evitar lo que parece ya un destino inevitable para la monarquía italiana: su desaparición. La figura del monarca está demasiado unida a la tragedia del fascismo como para que su retirada de la vida pública pueda revertir el descrédito que pesa sobre la institución. Durante más de dos décadas, Víctor Manuel III fue el garante pasivo, y en ocasiones activo, del régimen de Benito Mussolini. Lo fue en 1922, al entregarle el poder; lo fue durante la brutal campaña colonial en Etiopía; lo fue cuando Italia se alió con la Alemania nazi; y lo fue aún cuando el país se sumió en la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial.

Su reacción en julio de 1943, cesando a Mussolini y pactando con los Aliados, fue tan tardía como insuficiente. En lugar de reconocer entonces que su papel estaba agotado y abdicar en favor de su hijo Humberto, quien al menos habría podido encarnar un nuevo comienzo libre de las máculas del pasado, eligió seguir aferrado al trono. La «luogotenenza» —la figura de Humberto como teniente general del Reino— fue una solución ambigua que no logró borrar el recuerdo de años de complicidad con el régimen fascista. Con cada día que Víctor Manuel permanecía en el poder, la Corona perdía más apoyo, tanto entre los italianos como entre los Aliados.

Hoy, cuando ya es inminente el referéndum que decidirá el futuro de la monarquía, Víctor Manuel entrega la Corona a su hijo Humberto II. Pero el gesto, que en otro momento podría haber salvado la institución, tiene ahora un sabor amargo y tardío. El nuevo rey asume el trono con dignidad y el propósito de defender una monarquía constitucional y pluralista. Sin embargo, la carga heredada es abrumadora. Los italianos —hastiados de la guerra, del fascismo y de quienes lo consintieron— decidirán pronto si aún queda espacio para la monarquía en la nueva Italia. Y si esta se pierde, la responsabilidad pesará menos sobre los hombros de Humberto II que sobre la obstinación de su padre. que no supo retirarse a tiempo.

J. F. Lamata