29 noviembre 1945

Italia: La Democracia Cristiana toma el poder con Alcide De Gasperi como primer ministro en plena posguerra

Hechos

El 29 de noviembre de 1945 De Gasperi asumió el cargo de primer ministro.

Lecturas

En junio de 1946 Italia puso fin a la Monarquía. 

El democratacristiano Alcide De Gasperi, ministro del gobierno recientemente disuelto, ha sido designado este 29 de noviembre de 1945 nuevo primer ministro de Italia y deberá constituir un nuevo gabinete.

De Gasperi sustituye a Ferruccio Parri, que el sábado 24 comunicó su decisión de abandonar el poder. Parri, a su vez, había reemplazado el 13 de junio a Bonomi en un país que no logra la estabilidad desde su delicado papel en la Segunda Guerra Mundial.

Para De Gasperi, la principal tarea consistirá en organizar un referéndum, en el que los italianos decidan qué forma de gobierno prefieren.

De Gasperi morirá en 1954. 

El Análisis

Italia, De Gasperi y el comienzo de la reconstrucción

JF Lamata

El 29 de noviembre de 1945 Alcide De Gasperi ha asumido la presidencia del Consejo de Ministros de Italia, en un momento en que el país trata aún de recomponerse de los estragos de la guerra y de veinte años de fascismo. Desde la caída de Mussolini en 1943 y la posterior partición de la nación —al sur el reino de Víctor Manuel III y al norte la República de Saló sostenida por los nazis—, Italia vivió dos años de sangrienta guerra civil, ocupación extranjera y ruina económica. La derrota del Eje y la Liberación han abierto un tiempo nuevo, pero las heridas siguen vivas en la sociedad.

De Gasperi no llega desde la improvisación, sino de una larga militancia política. Nacido en Trentino cuando aún pertenecía al Imperio austrohúngaro, fue diputado popular en los años veinte, perseguido por el fascismo y finalmente refugiado en la Biblioteca Vaticana. Ese vínculo explica la estrecha relación entre su figura y la Iglesia católica. Su partido, la Democracia Cristiana, es la formación llamada a liderar la reconstrucción italiana, amparada en la influencia moral del Vaticano y con apoyos como el del Papa Pío XII y el entonces influyente Giovanni Battista Montini, futuro Pablo VI.

El tablero político que se abre es complejo. El fascismo no ha desaparecido del todo: sobrevive en el Movimiento Social Italiano, con jóvenes dirigentes como Giorgio Almirante. Al mismo tiempo, el comunismo, bajo el mando de Palmiro Togliatti y con clara obediencia a Moscú, constituye un bloque poderoso, organizado y con arraigo en la clase obrera y campesina. Pero, en este difícil equilibrio, el verdadero hombre fuerte de la nueva Italia es De Gasperi, que encarna la apuesta por una democracia parlamentaria anclada en los valores cristianos. Su tarea no será sencilla: reconstruir un país devastado, reconciliar a una nación partida en dos y evitar que la sombra de los totalitarismos vuelva a oscurecer la vida italiana.

J. F. Lamata